Bombai-16, el encanto de la música india (Feb 17, 2018)

Bombai-16, el encanto de la música india (Feb 17, 2018)

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Mumbai 16

Bombai-16

Clínica de música india

Prados del Este – East 153-A, Caracas

(Febrero 16, 2018)

 

La música india es una de las más fascinantes del planeta. En apariencia, sus instrumentos son verdaderas obras de arte que atraen de inmediato al espectador. Bien sea el sarod, la tambura, el sitar o el tablá, por mencionar a algunos, nuestro órgano visual es cautivado de inmediato por una belleza que, más allá de lo exótico, es el reflejo de una cultura milenaria que ha sufrido cambios muy importantes con el paso del tiempo. Tan trascendental como su apariencia e historia, son sus sonidos. Sonidos que, en manos expertas, evocan y dibujan historias fantásticas de príncipes y princesas, de obras arquitectónicas como el Taj Mahal o los feligreses hindúes a orillas del Ganges en la ciudad sagrada de Varanasi. ¿Y qué decir de criaturas como la vaca, el mono, el tigre, el elefante y la cobra, todos venerados por los indios?

En Venezuela esas manos expertas están resumidas en un valioso proyecto llamado Bombai-16, nombre que une a dos portadores de esta cultura ancestral. Ellos son el ejecutante del tablá Dhá Maharaj –quien recientemente concedió una interesante entrevista a la revista Ladosis–  y el sitarista y bajista Manuel “Churro” Churión. Su proyecto musical está enraizado en la música del norte de India conocida como Hindustaní Sangeet y tiene como meta despertar el interés por la música y la cultura india a través de clínicas, talleres y conciertos. Dhá es el director del Hindustaní Sangeet School y ha llevado a cabo este proyecto junto al conocido bajista, y ejecutante del sitar, Manuel Churión. Dhá es también, el autor de El fascinante mundo del tablá publicado en 2017 por la Embajada de India en Caracas.

A poco más de la hora pautada, una pequeña alfombra esperaba por Dhá y “El Churro”, quienes al llegar, con ceremoniosa calma, comenzaron  por desplegar sus instrumentos mientras conversaban con varios de los asistentes. Dhá iniciaría con algunas palabras antes de ejecutar, junto a Manuel, la primera de tres “invenciones espontáneas”. Un silencio sepulcral fue la evidencia de una audiencia totalmente sintonizada con una música exigente en el mejor estilo de las improvisaciones de  los conciertos solos del pianista Keith Jarrett. Dhá y Manuel fueron poco a poco destilando un sonido caracterizado, en esta ocasión, por el tablá, el sitar y el sonido de una tambura que emanaba de un aparato eléctrico. Manuel explicaba que “la tambura produce un efecto como si se tocara al aire las cuerdas del cuatro venezolano, creando así un fondo sonoro sobre el cual están el tablá y el sitar”.

A lo largo del recital, Manuel fue explicando las características de su instrumento, tanto en su aspecto físico como en su calidad y cualidades sonoras, tono, timbre, material etc…Comentaba también sobre las frases,  los ciclos y en particular como iba surgiendo o desarrollándose la relación con el tablá de Dhá.

Al término de cada interpretación los asistentes, hipnóticamente seducidos por la música, no vacilaban en hacer interesantes preguntas sobre las diferencias de la música occidental en relación a la música india. Entre los asistentes estaban Magaly Maduro y Carlos Rojas Zoccolo, cantante y percusionista de Pimenteira Brasil; el joven pianista clásico y también roquero Ángel Milano (Trinidad) quien ahora figura como uno de los destacados alumnos del maestro del jazz Gerry Weil; y el legendario arpista venezolano y pionero de la fusión de la música venezolana con elementos electrónicos, Alexis Rossell. Algunas de las preguntas estaban relacionadas con la oralidad de la tradición de la música india y los aspectos ceremoniosos involucrados en ella, cada uno explicado por ambos músicos con sobrada sencillez para comprender la relación entre sitar y tablá. Términos como microtonalidad, ragas, talas, puddi, bayan y dayan se iban colando en las sabias explicaciones de Dhá y Manuel.

Esta presentación fue posible gracias al patrocinio del Hindustaní Sangeet School y revista Ladosis.

Leonardo Bigott (texto y fotos)