Najwa Nimri: Una voz renacida (Archivo/Ladosis #16, Marzo 2011)

Najwa Nimri: Una voz renacida (Archivo/Ladosis #16, Marzo 2011)

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Najwa Nimri

La española Najwa es mejor conocida por su faceta de actriz en películas de Alejandro Amenábar, Julio Medem, Icíar Bollaín y otros directores. Sin embargo, en paralelo ha desarrollado una interesante e inusual carrera como cantante, tanto con el dúo Najwajean (junto a Carlos Jean) como en solitario. Su disco El último primate, fue el primero que cantó en español, tras un proceso que la dejó sin voz durante 5 meses y la obligó a reinventarse. La “española de nombre extraño” pasó por Caracas durante ese período y dejó huella.

Juan Carlos Ballesta/Mabe Chacín

 

¿Quién es Najwa? ¿De dónde viene ese nombre tan raro? Esas preguntas eran comunes a finales de los años 90 –e incluso todavía– cuando la española comenzaba a ganar terreno en el cine español. Najwa Nimri Urruticoechea –de padre jordano y madre navarra– ganó notoriedad gracias a “Abre los ojos” (1997), el film de Alejandro Amenábar que años más tarde fue versionado en Hollywood. Es probable que aquellos que vieron y celebraron varias de sus exitosas películas, entre ellas dos maravillas de Julio Medem, “Los amantes del círculo polar” (1998) y “Lucía y el Sexo” (2001), no sospecharan que Najwa, sin hacer mucho ruido, desarrollaba en paralelo una carrera como cantante que comenzó discográficamente apenas un poco después de haber rodado su primera película, “Salto al vacío” (1995), dirigida por su ex esposo Daniel Calparsoro.

Najwa –éxtasis en árabe–, es una mujer inquieta, de esas que en principio uno cree lejanas pero que en realidad resultan muy cercanas, como si uno la conociera de toda la vida. La Najwa que conocimos en Caracas es como aquel personaje creado por Woody Allen en “La Rosa Púrpura del Cairo” que se introducía en la pantalla y se metía en la película, pero al contrario. De la pantalla a la mesa de una arepera caraqueña hay sólo un brinco transoceánico. Su naturalidad se percibe apenas se la tiene enfrente, no se cohíbe para hablar ni para pedir “una cachapa con quesillo”. Ella vive la fama a su manera, sin demasiados protocolos. Su personalidad no llega a apabullar, pero si es de las que marca territorio, aún sin proponérselo.

Najwa NimriCon Carlos Jean formó el grupo Najwajean, con el que editó No Blood (1998), Selection (2002), Ten Years After (2007) y Till it Breaks (2008), discos con base electrónica y cantados en inglés. Además, las bandas sonoras de “Asfalto” (2000) y “Guerreros” (2002). Najwa ha también editado varios discos con su nombre, Carefully (2001), Mayday (2003), Walkabout (2006) y el más reciente y sorprendente, El último primate (2010), con el que se atrevió, al fin, a cantar en español.

Nawja estuvo en Caracas cuatro días, que aprovechó para ofrecer un fabuloso concierto (ver Ladosis #15). Su cercanía sorprende y agrada. Es una mujer conversadora, fuma solo cuando se monta en una tarima o en entrevistas como ésta.

Lo primero, ¿cómo se pronuncia tu nombre?

Me llaman “Nayua” y otra gente me llama “Nasjua”. Pero se pronuncia “Nashua”, así siempre me ha llamado mi padre, el resto del planeta ha pronunciado mal mi nombre Si no eres árabe no haces la pronunciación exacta, entonces “Nayua” es lo más cercano. Así que me he acostumbrado a escuchar mi nombre de muchas maneras: Aiwa, Nausea, Najua (risas).

Es una muy agradable sorpresa que hayas venido a Caracas a cantar. Mucha gente te conoce por tus películas pero no te asocian a la música.

Mi primer disco es anterior a “Los amantes del Círculo Polar”. Eso es lo que no sabe la gente. Siempre me preguntan si empecé después de tener éxito en el cine, pero ya yo venía haciendo música. Lo que pasa es que no actuaba en directo.

Tardaste unos años en actuar en directo. ¿Por qué?

No sé. Timidez.

De hecho empezaste después del tercer disco, ¿por qué te costaba abrirte al público?

Primero, porque antes de formar el dúo con Carlos Jean venía tocando en barcitos con una banda de soul que hacía versiones de Aretha Franklin. Imitaba el “Respect” de Aretha y me cansé. Dije: “Joder, voy a cantar en mi timbre. Yo tengo una voz grave y no voy a seguir esforzándome, ésta no es mi voz”. Entonces, en toda mi búsqueda no sabía si quería hacer discos, lo que quería era encontrar mi voz. Finalmente encontré a Carlos y no quería hacer nada que tuviera que ver con alguna imitación sistemática. El pop español no me gustaba, todos los referentes que tenía cercanos no me estimulaban lo más mínimo. Necesitaba estar aislada, venía de estar con una banda de soul, con un montón de gente en el local y quería estar sola. Entonces, la electrónica viene por la necesidad de soledad. Recién teníamos teléfonos móviles, parece mentira, pero así es la vaina, recién teníamos móviles y en España había muy poca gente operando tan rápido en ordenador. Me lo encontré en las afueras de Madrid y me metí en su casa, me puse los audífonos y dije: “Esto es la gloria”. Me escucho a mí, lo escucho al él, no escucho a nadie más. Y yo no quería escuchar a la gente, solamente quería escucharme a mí.

Najwa NimriQuerías romper con lo que estabas haciendo.

Quería estar sola, no quería estar con 800 músicos. Obviamente pasan los años y eso vuelve a caer. He regresado a lo orgánico porque he conocido a los músicos y he salido en directo. Y cuando salí en directo me di cuenta de que tenía que cantar en mi idioma. Antes, como no tenía el público enfrente no me importaba el idioma, y estaba buscando mi voz.

¿Pensabas que cantando en inglés el proceso para encontrar tu estilo se te haría más fácil?

Todo lo que me gustaba tenía que ver con lo anglosajón. Entonces cantas en inglés por inercia, ni siquiera sabía hablar inglés bien, lo hablo mejor ahora. Se notó mucho en Until it Breaks. Mi acento hizo mucha gracia a la gente que sí hablaba inglés, porque se notaba alguien que no intentaba ocultar su acento. Todo ha sido parte de un proceso.

Cuando empezaste a cantar en inglés coincidiste con varios grupos del pop español que también cantaban en inglés, como Manta Ray, y que poco a poco empezaron a cantar en español.

Yo salí del mismo sello. En ese momento hubo un movimiento real donde se empezó a hacer cine y surgieron otros sellos.

¿Se te hacía más fácil componer en inglés que ahora en español?

Era una cosa muy inconsciente. No me enfrentaba nunca a la realidad, vivía en un reducto donde me traían y me llevaban a rodar al set. Después del primer álbum rodé con el que era mi marido otras dos películas, aunque la música siempre estaba en mi vida de una manera imponente, la gente me empezó a ubicar en el cine de una manera muy concreta, dentro y fuera de España. Y después de hacer “Los amantes de círculo polar” la gente no reconocía tanto mi música. Primero, porque no tocaba en directo y sólo me veían en el cine. Entonces, de alguna manera, todo el proceso de creación ha sido muy sintético, por así decirlo. Todo había sido muy privado.

¿Cómo sientes que ha sido la recepción de tu nuevo disco ahora que cantas en su idioma?

Ese era el escollo. Cuando acabé el álbum dije “igual nos comemos una rosca y lo poco que teníamos ganado lo perdemos”. Pero no ha sido así, porque éste es un álbum honesto. Tiene que ver con mi operación de garganta donde perdí la voz por cinco meses. Me hicieron una traqueotomía y me dijeron que no volvería a cantar e iba a hablar mal. Terminé Until it Breaks, luego decidí operarme, no pude salir de gira porque me quedé muda. De todo éste drama salió “Me tiene que doler”. Y bueno, me dije “voy a hacer una liturgia, voy a hacer un disco de éste mi mundito, de lo que me pasó”.

Algunos dijeron que era como un encuentro con Lucifer.

Se refieren a la canción “Siento el diablo en mí”, que era en inglés y la traduje al español, la cual habla de las malas influencias. Pasarla al español me costó la vida. La canción “Me tiene que doler” la cogió Bebe para hacer otra canción jonda, directamente al corazón, pero no la metió en su álbum y la rescaté. A partir de ahí cogí el hilo. Quería hipnotizar y luego dar una patada. Ese es el camino sónico a donde quiero llegar. Es largo y estoy entrando en él ahora, el castellano ya lo estoy masticando. Ya puedo improvisar en inglés mientras estoy cantando en español. También puedo escribir en castellano sin miedo de si me va a cuadrar o no.

¿Cómo ha funcionado la relación con tu público más cercano?

Lo que ha pasado es que no me he quemado. Lo maravilloso es que “estuve pero sigo estando”. No me tengo que seguir reinventando. Siempre estoy en una búsqueda, siempre hay algo nuevo porque no lo he quemado. Hay muchos sitios en España donde todavía no he tocado. Es maravilloso tener 39 y no haber hecho ni la mitad. Empieza el caminazo, ahora.

Es una sorpresa escuchar lo de la traqueotomía. No ha trascendido mucho.

Claro, no hablo mucho de eso. Aquí tengo la cicatriz. Pasé al castellano por esto.

¿Cómo hiciste para enfrentar 6 películas en el 2010 con ese problema?

Fue un año muy movido donde todo estuvo a punto de brillar muchísimo y brilló a medias. El cine es como el champaña, suben las burbujas y bajan de la misma manera, y el bajón me gusta, igual que la subida. Es más, me incomoda bastante la subida, porque tienes que estar como permanentemente contenta y dando unas gracias que me incomodan, por eso a veces me dicen antipática. No me gusta estar girando siempre sobre mi misma y decir lo maravilloso que es el planeta porque no me lo parece.

¿Cómo equilibras tu agenda entre el cine y la música?

No tengo agenda.

¿Qué tal te ubicas en el contexto musical español?

Operación Triunfo lo quitaron porque a nadie le importaba un carajo. Ha sido como un rayo de esperanza. Tuvo un momento en que salieron varios que aún siguen trabajando, pero ya fue. La gente lo que quería ver era el reality, no quería ver a la gente cantar. Se acabó el reality y acabó el programa. A la gente no le interesaban esos cantantes que no tenían nada que contar. Quiero decir que, el que tenga algo que decir lo dirá. Y ahí me ubico.

¿Qué figuras de actriz/cantante o viceversa has admirado o te gustan?

Juliette Lewis consiguió ser quien quería ser en el escenario. Siempre fue una trash aunque vaya a los desfiles de moda e intente llegar el establishment hollywoodense (risas) que requiere que pases de tu faceta más canalla. Ella consiguió explotarla descalza en el escenario. Más allá de si su música era buena o no, consiguió expresarse. Entonces, cuando veo que la persona que está en búsqueda consigue con la música hacer todo lo que no puede hacer con el cine, digo ¡Olé!

¿Qué cantantes te impresionan actualmente? ¿Qué estás escuchando?

Escucho a James Blake, como todo el mundo. Ha redescubierto los silencios y ha demostrado que se puede hacer canción de autor sin ser un fastidio, con dubstep, sin guitarras, sin nada. Tiene un buen entendimiento de la electrónica, es como un gospel con vocoder. Te quedas medio loco con él, porque viene del corazón, no es electrónica, es música. Una vuelta de tuerca desde la sencillez.

Mientras Najwa canta una estrofa de “Limit to your love”, con el Ávila al fondo, pensamos en la nueva canción de autor y en el paradigma que fue el disco Dummy de Portishead en 1994 y ahora este debut de James Blake. Lo decimos y discutimos en voz alta.

No lo había pensado, pero es así tal cual. Y en su último tienen “The Rip” para engancharte con aquel y luego las demás es como si te dijeran “hacemos lo que nos da la gana”, sin concesión. Beth Gibbons es una tótem, como lo es PJ Harvey, cuyo disco anterior, White Chalk, me inspiró. Nunca he oído algo tan femenino, es como un disco para todas las abuelas que te deja paralizada. La vi tocándolo en directo, ella sola con el arpa, y fue increíble, canta muy bien

Quizá un aspecto importante que se ha recuperado en Blake y en Harvey es la simplicidad, y el uso de la repetición como elemento hipnótico. En ese sentido El último primate también es un disco de ruptura para ti.

Es lo que quiero trabajar en el siguiente disco, esa idea de mantra. En El último primate lo intentamos, aunque terminó siendo otro disco. Empezó siendo una liturgia, iba a ser sinfónico.

¿Y qué otras cosas te mueven actualmente y cuáles no te atrapan?

Estoy metida en Black Sabbath, con Paranoid. Lo he descubierto tarde y me enganchó ese disco. Me gusta mucho Fiona Apple. Y debo decir que Lady Gaga no me llega para nada, he decidido ignorarla. Aún no he podido entrarle a Nick Cave y me preocupa porque toda la gente que me importa le adora. Tampoco Bob Dylan me atrapa.

¿Por qué no se nota mucho en tu música la herencia cultural paterna?

Tendría que estudiar más para poder adentrarme. Pero me encanta la música árabe. Todas esas vueltas de misterio vienen de oriente. Al mundo árabe lo entiendo más con el arpa y el xilófono que con la guitarra. Sin embargo, aunque no se nota en mi música lo llevo en el latido.

¿Cómo surgió lo de venir a Caracas?

Hubo muchas propuestas desde hace más de un año. A raíz de este álbum en español fuimos a París, Budapest, Buenos Aires y México. Las pocas salidas que he tenido han coincidido con El último primate. Y no es que lo pensara pero ahora sólo quiero venir a Latinoamérica. A México lo amo, lo tengo como prioridad. Estuve en conversaciones con el sello Noise Lab, hay muchas salas y un gran movimiento. Espero que Venezuela también mole y pueda regresar.

https://youtu.be/KPUutp9DCgI
Foto: Eva San Juan

Najwa Nimri