Peter Gabriel “IV” (Security): 35 años de miedo, transculturización, celos y dolor

Peter Gabriel “IV” (Security): 35 años de miedo, transculturización, celos y dolor

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Security

Peter Gabriel

IV (Security)

Charisma/Geffen. 1982. Inglaterra

 

Si existe un artista cuya evolución siempre ha sido a pasos agigantados, ese es Peter Gabriel. Su inevitable salida de Génesis en 1975 fue el umbral de una carrera que nos ha cautivado con cada álbum en los cuales siempre nos sorprende a través de la experimentación sonora, empleando con mesura elementos de la electrónica, rítmicas tribales, sonoridades acústicas y una lírica que va desde las más profundas reflexiones jungianas hasta las más sólidas sentencias en defensa de una sociedad, cuando menos, más justa.

Hacia 1982, su música estaba profundamente enraizada en lo que llamamos world music, que no es otra cosa más que las músicas folklóricas y tradicionales del mundo con la intervención o no de sonoridades electrónicas. Sin embargo, más allá de estas siempre controversiales e incompletas definiciones, la música de Gabriel siempre ha estado a la vanguardia y este cuarto álbum publicado hace 35 años es un buen ejemplo.

Mientras el mundo musical parecía ahogarse en aquello llamado new wave, con toda una parafernalia electrónica que tuvo gran esplendor en los 80 bajo la etiqueta de synth pop, el llamado ‘arcángel’ nos acariciaba los oídos con tambores africanos y cantos tribales que ya eran apreciados en temas como “Biko” de su álbum predecesor PG III (Melt) editado en 1980.

En esta colección de ocho temas Gabriel, casi de un modo narrativo nos canta: “Mirando hacia afuera por la ventana, veo claramente el polvo rojo, en lo alto sobre la roja roca, yace una sombra con la flecha. Aquí la tierra es fuerte, fuerte bajo mis pies, se alimenta de sangre, se alimenta del calor. Son los primeros versos de “The Rhtyhm of the Heat” (El ritmo del calor), un excelente inicio donde el teclado de Larry Fast y la compañía de danza Ekome con sus tambores de Ghana, desatan una avalancha de percusión con toda la intensidad del más puro sacrificio. John Ellis, en la voz de fondo, es uno de los ocho invitados a este excepcional trabajo musical. Gabriel ha basado esta composición en una experiencia que tuvo Carl Jung al observar a unos africanos tocar tambores.

En “San Jacinto” Gabriel nos cuenta sobre el miedo y el dolor del indio americano quien ve su cultura desplazada por la abrumadora sociedad blanca moderna: “Densa nube – vapor que se eleva – silbante piedra sobre el sudoroso fuego – a mi alrededor – ropa de búfalo – salvia en manojo – frote de piel”. Los sonidos iniciales de este tema reflejan inocencia y un lúdico carácter. Tras esos versos San Jacinto impregna de cierto dramatismo a esta extraña pieza, simple en su planteamiento y con una sonoridad muy particular que se evidencia en los acordes de John Ellis y la invocación del gran líder y curandero apache, Gerónimo. Destaca el hecho de ser una anécdota contada por un apache a Peter Gabriel la que inspira la letra de este tema.

Los dos temas siguientes son más up tempo. “I Have the Touch” (Tengo el tacto):“Cualquier ocasión social, es un hola, cómo estás, todas esas presentaciones, jamás fallo mi seña, así que antes de una pregunta o una duda, mi mano se sale… y tengo el tacto.” A esta pieza le sigue “The Family and the Fishing Net” (La familia y la red de pescar) en la cual destaca el saxo de Robert Laneri  y el teclado de Stephen Paine como invitados. Gabriel, quien había tocado tambores en la segunda pieza, tiene en este tema instantes ligeramente surreales: “La luz repta a través de sus túneles secretos, absorbida hacia el abierto espacio, ardiendo en inesperados destellos, drenando sangre de rostros bien alimentados”. Es una analogía entre un ritual vudú y una boda moderna encubierta por la magia de Peter.

En “Shock the Monkey” (Golpea al mono), la canción más exitosa del disco, Gabriel refleja las ansiedades personales a través de la observación de la conducta de un simio. El tema exalta la reflexión sobre los celos: “Cuando huya, cúbreme, a través del fuego, cúbreme, algo del árbol me golpeó, ahora estoy de rodillas, cúbreme querida, por favor, mono, mono, mono, no sabes cuándo golpearás al mono”. Implícitamente hay elementos sicológicos en este tema que nos recuerdan aquellos momentos de esplendor en The Lamb Lies Down on Broadway (1974), su último disco con Genesis, una obra cargada de elementos surreales narrada a través de Rael, el alter ego de Gabriel. El mono encarna un elemento biográfico aunque el teclista Larry Fast aseveró que se refería a “Bush negro”. Luego de este tema, Peter Gabriel explora la sanación a través de la confianza en “Lay Your Hands on Me” (Posa tus manos en mí), con Peter Hammill (Van Der Graaf Generator) en los coros y Morris Pert (Brand X) en los timbales. Aquí Gabriel nos canta: “Sentado en la esquina de una parrillera de jardín, con flores plásticas en la quieta ventana, no más milagros, ni panes ni pescados, he estado tan ocupado lavando platos, la reacción se va a lo más alto, puedo sin estímulos”. Si bien los versos parecen dislocados, todo se va armando perfectamente hasta llegar al coro: “Estoy dispuesto, posa tus manos en mí, estoy listo, posa tus manos en mí, creo, posa tus manos en mí.

Wallflower” (Alhelí) es un amargo tema de actualidad para nuestro país, pues es el Peter Gabriel que aboga por los derechos humanos –es miembro de Amnistía Internacional– quien acá narra el modo en el cual fueron y son tratados los prisioneros políticos en las cárceles latinoamericanas. En el presente, la década a la cual pertenece este álbum, es conocida como la década perdida debido a los cambios económicos que trajeron como consecuencias fuertes protestas a lo largo y ancho del continente. No fuimos una excepción y hoy de modo más acentuado, la historia se repite. Gabriel relata con su característica voz:“6×6 de pared a pared, persianas en las ventanas, sin nada de luz, húmedo en el piso vas húmedo a la cama, tratan de enloquecerte, te alimentan de chatarra y te alimentan de mentiras, nada que puedas hacer, el día es largo, tu mente trabaja a sobretiempo, tu cuerpo no es demasiado fuerte”. El álbum continúa con “Kiss of Life” (Beso de la vida), la culminación de este trabajo donde Gabriel ya no usaría sólo su nombre para titular sus álbumes. El piano al fondo es de David Lord, y Morris Pert retorna a la percusión. La música, al igual que el tema anterior, nos lleva de vuelta al primer álbum de Peter, un sonido menos espaciado y más melodioso. En la penúltima estrofa el arcángel nos cuenta:“En el océano yace el cuerpo en la arena, una gran mujer se sienta a su lado, cabeza en mano, con el calor de su piel y el fuego de su aliento, sopla fuerte, se retarda en lo profundo de la boca de la muerte.”

Este álbum representa el cierre de un ciclo de exploración musical rica en ritmos que duró un lustro, con grandes momentos como “Solsbury Hill”, “Here Comes the Flood”, “DIY”, “White Shadows”, “On the Air”, “Games Without Frontiers”, “Intruder, “I Don´t Remember” y “Exposure”, por mencionar algunos. So (1986), sería el siguiente paso de un Gabriel más accesible y acompañado por una legión de músicos en lo que sería su gran éxito comercial pero poseedor de unas excelentes composiciones. Ese trabajo llegó a su treinta aniversario en mayo del pasado año.

Mi línea final honra a Gabriel como uno de los contribuyentes e impulsores más relevantes del movimiento del world-music que iniciara a principios de los 80 y que consolidara a finales de esa década con la creación del sello Real World Records y el Festival WOMAD.

Leonardo Bigott