Pink Floyd Exhibition: Medio siglo de iconografía y música inmortal

Pink Floyd Exhibition: Medio siglo de iconografía y música inmortal

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The Pink Floyd Exhibition

Qué duda cabe que Pink Floyd es uno de los más importantes e influyentes capítulos de la música popular. Desde la aparición en 1966 en el underground psicodélico de Londres y la de sus primeros singles y álbum debut en 1967, el cuarteto estaba predestinado a revolucionar los códigos del rock y a convertirse en un referente planetario. Su historia, apenas comenzando, dio un giro inesperado. The Pink Floyd Exhibition: Their Mortal Remains, que contó con la presencia de Nick Mason el día de la apertura en Madrid, es un viaje audiovisual fascinante construido con imágenes de todo tipo, audios, videos, abundante memorabilia oficial y textos explicativos de cada disco, fase y momento relevante, que ni fanáticos ni curiosos deben perderse.

Hasta el 15 de septiembre estará en el Pabellón 5 del IFEMA de Madrid.

Juan Carlos Ballesta

 

Hace tres años la ambiciosa “Exhibitionism” de The Rolling Stones recorrió varias ciudades de Europa y Estados Unidos. Dada la rica historia del grupo y la ingente cantidad de material coleccionable producido en varias décadas, la idea había tardado mucho en materializarse. Era cuestión de tiempo para que ocurriera con Pink Floyd, un grupo que a lo largo de su carrera se apoyó en atractivos diseños, revolucionarios juegos de luces, tecnología instrumental de punta, iconos visuales que han pasado a formar parte de la cultura pop como el cerdo volador, los martillos desfilando, el prisma o las muchas portadas de sus discos, la mayoría diseñadas por Hipgnosis y Storm Thorgerson.

No resulta sencillo concebir y montar una muestra de estas características. No es suficiente la trayectoria y la fama de un grupo. Es obligado concebir un montaje creíble y atractivo que haga justicia a una banda como Pink Floyd, siempre a la vanguardia. Por ello, era necesario apelar a los avances tecnológicos, a los que en su momento Pink Floyd acudió.

The Pink Floyd Exhibition es una experiencia audiovisual que invita a la inmersión gracias al uso de la más avanzada tecnología multimedia. Los visitantes pueden adentrarse en los mundos sonoros de la banda gracias al sistema intuitivo GuidePORT y al uso de auriculares Sennheiser, compañía especialista en sonido y socio tecnológico de la muestra. Una colaboración que recurre a lo último en tecnología de audio para fusionar virtualmente imagen y música.

La exhibición funciona como una especie de museo, ordenado de manera cronológica para  guiarnos en un viaje temporal que comienza en el Swinging London de los años 60 y termina en la Zona de Performance, donde los espectadores se adentran en un espacio de inmersión audiovisual completa que ofrece una recreación de Live 8 de Londres en 2005, la que resultó ser la última actuación de los cuatro miembros de la banda antes de la muerte del teclista Richard Wright. Fue especialmente mezclado para la ocasión con la tecnología de sonido AMBEO 3D de Sennheiser. También se muestran los primeros videos junto al cofundador y líder inicial, Syd Barrett.

El paseo completo tiene como eje central la discografía de Pink Floyd, que funciona como hilo conductor a lo largo de los diferentes salones.

La formación de Pink Floyd

Al llegar, se reciben unos audífonos, los cuales son indispensables. Aunque hay música de ambiente, gracias a la tecnología GuidePORT la conexión va variando de acuerdo al punto de información al que uno se acerque. A lo largo del recorrido hay diversas pantallas en la que los cuatro protagonistas principales conversan sobre cada disco o momento, así como también otros personajes ligados con el grupo en cada etapa. Con los audífonos puestos el paseo se hace muy ameno y revelador.

En la primera etapa nos muestran antes que nada el Family Tree, con los primeros grupos a los que pertenecieron Syd Barrett, Roger Waters, Richard Wright, Nick Mason y David Gilmour en los años 60 y las combinaciones que se produjeron para finalmente conformarse el primer cuarteto liderado por Barrett. Las influencias del blues y la psicodelia y las ganas de cambiar paradigmas signaron aquella etapa maravillosa pero muy corta que arrojó los primeros singles en 1967, “Arnold Layne” y “See Emily Play” y el álbum debut The Piper at The Gates of Dawn, probablemente el pináculo de la psicodelia británica.

Fotos de Barrett, afiches, artículos de prensa y otros elementos ayudan a modelar aquella etapa liderada por el genio cuya lucidez se extravió muy pronto.

La llegada de Gilmour y la experimentación

De inmediato se pasa a la época de transición con Gilmour que corresponde al disco A Saucerful of Secrets, en la que Barrett apenas contribuye con una pieza y se muestra el acercamiento del grupo al cine con la música compuesta para More en 1969, y poco después “Zabrinskie Point” y “La Valée” (editada como Obscured By Clouds en 1972). Su disco más experimental, Ummagumma (1969), así como el primer experimento sinfónico, Atom Heart Mother (1970), son mostrados con cierta distancia, como si en perspectiva no fueran tan relevantes dentro de la discografía.

En la vitrina de A Saucerful of Secrets de 1968, se muestra un bajo Fender Precision usado por Waters para la grabación de Wish You Were Here en 1975, una imprecisión extraña dentro de una exhibición tan cuidada.

Más peso tiene la etapa de Meddle (1971) y la legendaria grabación en directo (sin público) en la histórica ciudad de Pompeya en Italia, arrasada por la erupción del volcán Vesuvius y que arrojó el emblemático documental psicodélico Live at Pompeii en 1972.

El ascenso al Olimpo del rock

El primer salón lo termina la vitrina dedicada a Dark Side of The Moon (1974), uno de los discos más aventurados de su época y de mayores ventas en la historia de la música.

Uno de los aspectos más atractivos es la exhibición de guitarras, bajos, sintetizadores, amplificadores, reels de cinta y efectos que utilizaron durante esos años.

Un salón más pequeño pero exclusivo es dedicado solo a Wish You Were Here (1975), con los artes en grande y una muy interesante explicación en video. Al pasar al siguiente salón, sobreviene la sorpresa con la inmensa vidriera repleta de baterías con la decoración original, el gong de The Wall, los inmensos órganos Hammond, sintetizadores, guitarras slide, consolas, entre otras herramientas usadas en los años 70, sin duda la década decisiva en el ascenso de Pink Floyd.

También están los artes con comics que se usaron para el programa del Tour de 1975, y las imágenes que se proyectaron. Además, unas consolas de ocho canales permiten simular una remezcla de “Money”. Todo ello con el mismo sistema guidePORT.

La fase política

La siguiente etapa del recorrido se centra en los últimos dos discos de los 70 y que significaron el fin de un período de gran éxito pero que resquebrajó la convivencia entre todos, pero muy en especial entre Waters, Gilmour y Wright.

El disco Animals (1977) es uno de los mejores de la discografía  pinkfloydiana. En los videos explican que las ideas ya las tenían cuando hicieron la gira de Wish You Were Here. Waters explica que la inspiración para la temática le vino de dos flancos. Por un lado el cada vez más lejano contacto con su público al tocar en grandes estadios en los que se producía una muralla invisible, y por el otro lado la alegoría política desarrollada por George Orwell en el libro Animal Farm (Granja de Animales) sobre el control y el totalitarismo, temas que a Waters parecen seguir obsesionando, pero que a todas luces 40 años después arrojan declaraciones y posiciones erráticas que contradicen, o al menos, cuestionan lo escrito entonces y que quizá obedecen a una pereza intelectual y a anacronismos dogmáticos.

El famoso cerdo volador que aparece en la portada protagoniza otra de las anécdotas contadas, al escaparse y aterrizar a muchos kilómetros en una granja. Verlo colgado tan cerca de nuestras cabezas es una sensación estupenda. Al lado de lo referente a Animals, está el abundante material dedicado a The Wall, con el set del alienado Pink sentado frente al televisor, los muñecos inflables y demás imaginería usada en los 13 conciertos y en la película de Alan Parker.

Los videos desarrollan la historia sobre las ilustraciones, el montaje y otros detalles, aunque no tratan nada sobre el despido de Wright por parte de Waters.

Los 80, década de cambios profundos

El salón de Animals y The Wall termina con el material dedicado al controversial The Final Cut de 1983, el último disco de Waters con la banda y que él pretendía fuese el último de Pink Floyd. A partir de ese momento el dique de contención se reventó.

Tras la agria disputa que ha dejado heridas abiertas hasta hoy, Gilmour y Mason dieron continuidad al grupo, reincorporando luego a Wright y funcionando más como una gran corporación con shows monumentales en los que se incorporó la inmensa pantalla redonda con luces alrededor.

A Momentary Lapse of Reason (1987) presentó a un nuevo Pink Floyd, quizá ya sin la chispa vanguardista que una vez tuvo, aunque todavía con suficiente atractivo. Un salón completo está dedicado a este disco, con video sobre la interesantísima explicación de cómo realizaron la sesión fotográfica para la llamativa portada, y al disco en directo que siguió, The Delicate Sound of Thunder (1988), con la representación de toda la imaginería.

En el salón contiguo está lo referente a The Division Bell (1994) –en la práctica la última vez que grabaron en estudio- y el ambicioso disco en directo Pulse (1995), incluyendo la representación de los imponentes tótems de la portada. Con estos discos se cerraba otro ciclo, quizá menos arriesgado y aventurado, pero aún bastante digno y comercialmente exitoso.

El disco casi instrumental Endless River, lanzado en 2014 con grabaciones inéditas de las sesiones de The Division Bell, entendido como un homenaje póstumo a Richard Wright, pasa casi desapercibido en el pasillo final que conduce a la Zona de Performance.

Luego de la experiencia es claro que todos quedamos en una onda pinkfloydiana total, como en una suerte de hipnosis multicolor. Hay que tener fuerza de voluntad para no comprar nada en la tienda que nos espera en plan Willy Wonka apenas salimos de la exposición, en la que se encuentran camisetas, gorras, bufandas, llaveros, libros, cuadernos, vinilos, CDs y todo tipo de merchandise. La fuerza de voluntad es ayudada especialmente por los precios exagerados, que entran en contradicción abierta con las críticas planteadas en la letra que Waters escribió para «Money«.

Observaciones

Si algo podemos criticarle a la exhibición es la ausencia de mayor material discográfico y grabado (CDs, cassettes) e impreso de varias partes del mundo. Habría sido fenomenal poder contar con ediciones diversas de cada disco, rarezas, incluso material no oficial, libros y revistas en varios idiomas, como testimonio del gran interés que en todo el planeta ha levantado su música.

También, habría sido un estupendo plus agregar un salón con material de las carreras solistas de cada uno, que al no ser tan extensas en discos, no representaría tanto esfuerzo.

Observaciones aparte, esta es una exhibición que nadie debe perderse, aun no siendo tan cercano a la música de Pink Floyd, un icono cultural de nuestro tiempo.