Pink Floyd, medio siglo de una transición forzada con “A Saucerful of...

Pink Floyd, medio siglo de una transición forzada con “A Saucerful of Secrets”

152
Pink Floyd
Pink Floyd
A Saucerful of Secrets
Harvest. 1968. Inglaterra

 

A Saucerful of Secrets, el segundo álbum en estudio de Pink Floyd, representa uno de los más incitantes episodios de la banda y de aquella década creativa, irreverente y alocada que fue la de los años 60. En aquel, 1968, cuando el génesis de Led Zeppelin se presentaba por primera vez como The New Yardbirds, The Beatles lanzaban su homónimo y más completo álbum y Yes tocaba por primera vez en un campamento de verano, Pink Floyd se embarcaba en una odisea musical fantástica bajo un quinteto que más nunca volvió a ser.

Los vestigios de una creciente locura en Syd Barrett clamaban por un cambio sustancial y es así como el icónico guitarrista David Gilmour, con su entrada a la banda, comenzaría a trazar un camino más definido junto a Roger Waters, Nick Mason y el teclista Richard Wright. El álbum fue producido por Norman Smith, ingeniero de The Beatles en su primera etapa con EMI. El arte de carátula, primero en una serie de obras de Storm Thorgerson (Hipgnosis) para la banda, nos presenta un hombre a paso acelerado, el cosmos, la banda y otras imágenes que brotan súbitamente y nos van sumergiendo en mundo de psicodélicas visiones que sugieren los sonidos de una de las más grandes bandas de la historia que ya, con apenas dos álbumes, levantaba las más irritantes e igualmente delirantes críticas.

Esta segunda huella de la banda británica, grabada antes y después del breve paso de Syd Barret, nos presenta siete temas de los cuales el tema titulo es una suerte de insania y fascinante suite de cuatro partes. Pero vayamos al inicio. “Let There Be More Light” (Hágase más luz) nos da una clara idea de la libertad expresiva de la banda. El iterativo  bajo de Waters señala el camino, “lejos, lejos, lejos, la gente le escuchó decir, encontraré el camino, llegará un día, algo se habrá hecho”.  Un órgano y una voz van al unísono llevados por un cúmulo de sonoridades a modo de una esquizofrenia controlada: “Entonces finalmente la invencible nave, descendiendo en un punto de la llama hizo contacto con la raza humana en Mildenhall.” Waters nos describe, en esta breve obra de ciencia ficción, una intervención extraterrestre. Gilmour se estrena con un interesante solo entre el caos tonal.

El álbum continua con la ensoñadora y poética “Remember a Day” (Recuerda el día) compuesta por el discreto, subestimado pero genial Richard Wright quien además es la voz líder de este tema. Barrett participa tocando la guitarra acústica y el slide. Bajo esa añoranza de la infancia el teclista nos cuenta:“Recuerda un día antes de hoy, un día cuando eras jóven, libre para jugar con el tiempo, la noche nunca llegaba, canta una canción que no puede ser cantada sin el beso matinal…”. El álbum continua con “Set The Controls For The Heart of The Sun” (Ajusta los controles hacia el corazón del Sol) pieza que representa la única composición de la banda donde participan los cinco integrantes y en la cual Waters toma versos de un poema chino escrito por T’ang. En la parte instrumental destaca el robusto sonido de la batería que resulta de las baquetas que regularmente se emplean en los timbales de la orquesta clásica. La riqueza sonora del tema incluye, además de las guitarras de Gilmour y Barrett, el vibráfono y los cantos de unos pájaros que parecieran ser gaviotas. Súbitamente me encuentro en una escena de Psycho de Hitchcock.

El inagotable Waters, quien escribió buena parte del álbum, fue el compositor de “Corporal Clegg” (Cabo Clegg), cuarto tema del disco. El siempre divertido sonido del kazoo o turuta, como también se le conoce, es usado acá. Es una especie de pito con una membrana de papel que produce un sonido modificador de  la voz y de fácil ejecución pero sobre el cual Eric Clapton, quien lo tocó en “San Francisco Bay Blues” en su Unplugged (1992), diría, “primera y última vez”. El instrumento le da un cierto aire circense que contrasta con la historia de un soldado que pierde su pierna en la Segunda Guerra Mundial. La canción es la primera referencia bélica en el catalogo de Pink Floyd. Ya sabemos de la eventual obsesión de Waters con ese tema. “El cabo Clegg tenía una pierna de madera, la ganó en la guerra en 1944…”.

La delirante “A Saucerful of Secrets” es la magna obra del álbum. Se trata de una composición que semeja una obra de arte sonoro presentada en cuatro partes, todas instrumentales. Originalmente fue titulada “The Massed Gadgets of Hercules”. La suite la conforman, “Something Else”, “Syncopated Pandemonium”, “Storm Signal” y “Celestial Voices”. En promedio cada parte tiene una duración de tres minutos y es una clara invitación al psicodélico mundo de Pink Floyd. La combinación de elementos sonoros que parecen emerger de manera espontánea fue amalgamada por Waters, Gilmour, Wright y Mason. Aunque uno bien pudiera pensar que la invitación vino de Barrett. Cierto es que el paisaje sonoro de esta pieza es tan fascinante como estimulante, sobre todo en algunos melodiosos acordes y el glorioso final.

See-Saw” es la sexta pieza. “Las caléndulas están muy enamoradas pero a él no le importa, tras buscar a su hermana, se abre camino hacia adentro de los mares o tierra adentro, ella ríe todo el tiempo, ella sube mientras él baja, baja…” A lo largo de la letra, poco a poco descubrimos una extraña relación entre hermano y hermana. Fue escrita por Richard Wright quien además la canta. El popular sube y baja que encontramos en los parques juega un rol central en esta oda cuya música tiene un cierto flujo discordante. Smith, el productor, participa en las voces.

Jugband Blues”, la única composición de Barrett solo, culmina esta obra maestra. La bufa melodía acompaña a la letra, “Es terriblemente considerado de tu parte, pensar en mí estando aquí, y me siento obligado a expresar claramente que no estoy acá, y nunca supe que la luna podía ser tan grande, que podía ser tan azul, me alegra que hayas botado mis viejos zapatos, y en su lugar me hayas traído vestido de rojo, y me pregunto quién puede estar escribiendo esta canción.”  Aunque algunos críticos señalan que el tema está dirigido al resto de la banda, creo que es justo indicar que es de ese tipo de cosas que uno no lo cree hasta que se lo cuentan.

A Saucerful of Secrets representa un punto de transición dada la incursión de David Gilmour y la salida de Syd Barrett. Sin embargo, las experimentaciones sonoras continuarían en Ummagumma, Atom Heart Mother y Meddle (1969-1971) hasta alcanzar su apogeo en 1973 con Dark Side of the Moon. Con el tiempo, Pink Floyd se haría hermosamente menos impredecible. El distintivo sonido de la guitarra de Gilmour junto a las atmosféricas ambientaciones de Wright, la profunda batería de Mason y las composiciones de Waters y la tácita inspiración de Syd, dieron luz al artesano que ha permanecido como el más elevado signo de la sicodelia. Waters marcaría el camino a seguir con álbumes conceptuales como The Wall en 1979 y, cuatro años más tarde, The Final Cut pero sería Gilmour quien mantendría la antorcha, al menos hasta 2014 con The Endless River.

Hoy celebramos 50 años de estos suculentos secretos sonoros de un sueño que aún nos embriaga.

Leonardo Bigott