50 años de “Ummagumma”, la experimentación al máximo de Pink Floyd

50 años de “Ummagumma”, la experimentación al máximo de Pink Floyd

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Pink Floyd

Pink Floyd
Ummagumma
Harvest. 1969. Inglaterra

 Una de las grabaciones más osadas de finales de los años 60 es Ummagumma, el  cuarto LP de Pink Floyd (contando la banda sonora More). El extraño vocablo es un vulgarismo extraído del dialecto de Cambridge y significa tener sexo.

Este disco representa un punto cumbre. El cuarteto, que por aquellos días conformaban el guitarrista y vocalista David Gilmour, el teclista Richard Wright, el baterista Nick Mason y el bajista y vocalista Roger Waters, parecía tener una gran ambición conceptual.

La imagen original de este doble disco, nos muestra al cuarteto en una serie de fotografías que se repiten con una variante, causando un efecto que en las artes se conoce como “efecto Droset”, por éste ser usado en la imagen de una bolsa de cacao con ese nombre. Algo así como las “matrioskas” rusas pero en fotografía. La distintiva imagen es obra de Hipgnosis y sería la última vez que los miembros de Pink Floyd aparecerían en la portada de sus álbumes.

Pink FloydEn este doble vinilo original, Pink Floyd nos ofrece un primer disco en concierto con temas de su dos primeros álbumes que inician con el ahora clásico “Astronomy Domain” de The Piper At The Gates Of Dawn de 1967, el único con el primer líder de la banda, Syd Barrett. Lleno de diversos colores y texturas, el tema nos lleva a los intensos días de la psicodelia. A lo largo de sus ocho minutos, la banda nos va hipnotizando hasta gradualmente sumergirnos en su trance.

Luego, con el divertido título de “Careful with that Axe, Eugene” (Cuidado con esa hacha, Eugenio), el cuarteto nos hace levitar con el órgano de Wright y la estable rítmica de Mason y Waters. Esta pieza incluye una vocalización a modo de canto de sirenas que nos cautiva desde el inicio de la composición. Luego es el aterrador grito de Waters que nos despierta abruptamente.

El lado B está conformado por los temas “Set the Controls for the Heart of the Sun” (Ajusta los controles para el corazón del sol) y “A Saucerful of Secrets” (Un platillo lleno de secretos), ambos del segundo LP del cuarteto editado en 1968 y titulado A Saucerful Of Secrets. En éste podemos oír diversas sonoridades con amplios espacios y una batería dejada al azar. La guitarra también abre anchos ambientes que nos recuerdan las series espaciales de esos ya distantes días. Hacia el final, una voz rítmicamente acoplada repite el titulo de la canción. Luego es el bajo de Waters quien inicia el segundo tema donde una vez más Wright y los platillos de Mason van abriendo caminos oníricos. Igualmente la guitarra de Gilmour.

En el segundo disco encontramos doce temas de los cuales tres están dispuestos como si se tratara de una suite. El primero de ellos es “Sysyphus I” de tan sólo poco más de un minuto. Ese intro de carácter fúnebre se une con “Sysyphus II”, un pasaje que es esencialmente piano y que es un reflejo de la influencia de la música clásica en Richard Wright.

La dulce melodía pronto se transforma en una serie de frases inconexas en apariencia en la mejor tradición del free jazz. La tercera parte casi logra alcanzar los dos minutos en una continuación de sonidos aleatorios rico en colores, texturas y formas. La cuarta parte es un mellotron y unos pajarillos que en uno de sus cantos se asemeja a “Cirrus Minor”, tema del soundtrack del film More (1969) y cuya música es de Pink Floyd. Esta primera sección es más ensoñadora pero hacia el punto medio Rick nos aturde con un acorde sostenido en el órgano y a partir de allí todo es una cacofonía controlada sobre la cual debo admitir que mucho me atraen esos riesgos.

Grantchester Meadows” continua el vinilo con unos pajarillos (electrónicos) y la guitarra acústica. Las voz de Waters relata: “Vete, nocturno gélido viento, no es este tu dominio, en el cielo se deja escuchar el canto de un pájaro, susurros de nublada mañana, y sonidos gentiles, silencio mortal que yace todo entorno”.

Le sigue a este tema una composición de arte sonora bajo el rutilante título de “Varias especies de peludos animalitos juntados en una cueva y bailando con una foto” donde pueden apreciarse varias voces y que parecieran sugerir entidades extraterrestres. El collage vocal es bastante interesante, sin duda influyente en, por ejemplo, el tema “Wahn” de Tangerine Dream o el excelente disco Circle Songs (1997) del gran vocalista Bobby McFerrin.

Luego de esa interesante experiencia Pink Floyd nos ofrece la segunda de las suites, “The Narrow Way” (La vía angosta) compuesta por Gilmour y conformada por tres partes con una primera donde destaca la guitarra acústica. Llena de calidez, la pieza se resume en poco más de tres minutos.

En su segunda parte de casi tres minutos Pink Floyd se torna pesado con un riff lúgubre y un eco que sugiere algún motivo del espacio exterior que momentáneamente nos aturde. La última parte nos sorprende con un sonido metálico y oscilante que se abre paso a una dulce melodía cantada para así cerrar la suite. Hay un cierto tono Beatles en este tema.

Culmina el álbum con otra suite de tres partes llamada “The Grand Vizier’s Garden Party” compuesta por Nick Mason. Iniciando con una dulce melodía de flauta, la banda pronto nos sorprende con un redoblante como si de una ejecución se tratara esta “Entrada”.

Como es de suponerse, la percusión es la protagonista de esta suite  que en su segunda parte se titula “Entretenimiento” donde Mason emplea diversos sonidos que van de lo industrial a lo primitivo a lo largo de poco más de siete minutos. La tercera, “Salida”, nos sugiere que habíamos estado atrapados. Una bucólica imagen nos viene a la mente con esta breve y melodiosa flauta.

Ummagumma, desde mi óptica, es una obra magna cum laude que refleja la clara naturaleza espontánea, orgánica y libre del cuarteto inglés. 100% proclives a la experimentación, Gilmour, Wright, Mason y Waters. se irían tornando en una propuesta más accesible con motivos autobiográficos como en The Wall diez años después.

Sin embargo, no por ello de menor calidad. Hasta en su lapidario Río Infinito del 2014, esa esencia riesgosa estuvo allí.

Ummagumma ciertamente es un punto de inflexión, una obra que rompió los parámetros de lo que debe ser música pop, una pieza provocadora para oídos estrictos y materia obligada para oídos menos expertos.

Leonardo Bigott