Porcupine Tree: 20 años de un estúpido sueño

Porcupine Tree: 20 años de un estúpido sueño

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Porcupine Tree

Pocupine Tree
Stupid Dream
KScope/Snapper. 1999. Inglaterra

Stupid Dream es la quinta placa discográfica en estudio de la super banda inglesa Porcupine Tree, la agrupación liderada por el genial Steve Wilson y cuya música está colmada de colores, delicadas texturas e inesperadas explosiones instrumentales, creando así una experiencia sónica caracterizada por espacios que se conjugan con atmósferas psicodélicas en ocasiones y que coquetea con cierto impresionismo en alguna de sus creaciones.

Aunque enmarcada dentro del rock alternativo y progresivo, su principal generador declaró en cierta ocasión, “somos una banda de rock con una elaborada post producción”. Stupid Dream es un buen ejemplo. Desde su formación en 1987, es importante destacar que esos atractivos elementos hicieron que la música de Porcupine Tree se fuera ganando un público progresivamente hasta establecer una legión de seguidores que aún crece a pesar de la inactividad.

Inició como un proyecto individual de Wilson, prolífico y talentoso músico que como ingeniero de audio ha revivido varias de las más ambiciosas producciones musicales de ELP, King Crimson, Yes, Jehtro Tull, XTC, entre otras bandas que han solicitado su talento.

En el primer contacto con este “sueño estúpido”, nos atrapa la imagen fotográfica de Robert Harding, dos hombres ataviados como uno de esos científicos que tratan sustancias radioactivas. Ropas blancas y un CD que sostiene con las manos, al lado de un robot fabricador de discos compactos en serie. La impactante imagen resalta en tonos blancos y azules. Es la carátula de la versión original de 1999 -solo editada en el formato que para ese momento batía records de ventas- cuyo diseño fue obra de Bill Smith Studio. El empaque de la reedición de 2006 es una caja de cartón abierta en los laterales que nos permite deslizar la caja que contiene el CD, con foto diferente de portada obra de Lasse Hoile y diseño de Carl Glover. También fue publicada una versión limitada en doble LP. Una presentación que pareciera rendirle honores a la creciente legión de fanáticos de esta banda cuya indeleble impronta se traduce en uno de los más atrayentes capítulos del rock en la contemporaneidad.

Este trabajo reunió al guitarrista y vocalista Steven Wilson con el teclista Richard Barbieri, el bajista Colin Edwin y el baterista Chris Maitland para interpretar 12 composiciones, algunas de las cuales son instrumentales. Fue grabado por Elliot Ness y Chris Thorpe, quien además hizo los arreglos orquestales. El librillo interno, además de las letras, nos muestra imágenes de unos CDs y otro de estos científicos con el rostro más visible. Algunas de las letras desdibujan lo que parecieran un relato de post guerra nuclear.

Porcupine Tree

Los primeros 7’13” inician con los violines de la East England Orchestra en “Even Less” y de pronto una explosión sonora nos saca con violencia de la espera. “Bañado está un cuerpo en la playa Norfolk, era un amigo con quien no pude hablar, creyó que yo tenía frío pero le puedo entender, por la gracia de Dios cae otro hombre…”  Es notoria la influencia de Pink Floyd, sobre todo por los amplios espacios.

Piano Lesson” es la segunda de la primera tríada donde Steve relata con pasión; “Recuerdo las lecciones de piano, las horas en la fría habitación, oídos crueles y pequeñas manos, destruyendo eternas canciones”. Destacan las voces y la guitarra a lo largo de 4’22”. Si bien el tema emplea un lenguaje estándar dentro del vocabulario de Porcupine Tree, es también cierto que posee ese elemento atractivo frecuente en la sonoridad del grupo. La tríada inicial termina con el tema título, una suerte de breve obra sonora que no alcanza el medio minuto. Es el eslabón perfecto que enlaza las ideas de “Piano Lesson” con “Pure Narcotic” en la que canta: “Me haces esperar, me haces esperar en esta habitación llena de amigos…”.

El álbum continua con “Slave Called Shiver” (Un Esclavo Llamado Temor). El estruendoso bajo de Colin Edwin da las primeras notas que unido a la batería de Maitland conforman la cautivante rítmica de esta pieza. “Te necesito más de lo que imaginas, y si me lastimo, es sólo para mostrar que puedo encontrar una mejor manera de calmar la pena, pusiste un disparador en mi cerebro…”  Wilson no pretende una poesía edulcorada o cursi, más bien busca provocarnos desde una cruda realidad, su cruda realidad.

Don’t Hate Me” es el punto medio del álbum. Destaca la guitarra de Wilson rodeando la parte rítmica que nos va llevando de un modo pulsado. La flauta y el saxo del invitado Theo Travis también resaltan en este desolado instante “Neva ligeramente sobre Londres, ha desaparecido todo indicio de vida, un tren se detiene en la estación pero nadie sube o baja de los vagones…” La guitarra de Wilson aderezada “a la Fripp”, es otro atractivo ingrediente.

Luego sigue “This is No Rehearsal” (Esto No Es Un Ensayo). “¿Cuántos niños traje a este mundo? ¿Cuántos perdí en el salón de juegos?” El tema es hasta el momento el más directo del álbum. Maitland vuelve a destacar con fuerza y Wilson hace un solo de guitarra con wah-wah que es, de algún modo, una suerte de arcaísmo musical. El genial compositor usa varios efectos vocales, lo que añade un rasgo interesante en varios momentos de la pieza.

Baby Dream in Cellophane” (Sueño de bebé en celofán), “Stranger By The Minute” (Extraño al minuto) y “A Smart Kid” (Chico inteligente), conforman los tres temas siguientes. El grupo emplea la acústica en el primero y la voz de Wilson nos relata en la segunda estrofa:“Si hubieras querido habrías encontrado cosas tan surreales en mi mente, mis labios están sellados”. La voz, con efecto retardado y algo de eco, nos transporta a un lugar suspicaz. Las armonías vocales nos capturan por un momento, dándole a la composición un elemento tan enigmático como hermoso. En este tema Steve Wilson toca bajo y órgano. Luego, guitarra y voz lideran la segunda de esta tríada. Es un tema sencillo rítmica y melódicamente con acentos muy particulares. El gran artífice se nos erige como un Chagal musical. El “solo” de guitarra es provocador y distante de alardes innecesarios. La banda refleja una abismal conexión entre sus miembros. “Smart Kid”, el sagaz chico atrapado en el planeta tierra es uno de mis temas favoritos de nuestro celebrado álbum. Tal vez por los pasajes acústicos al inicio. En su lírica Wilson nos relata: “Desde una nave de otra estrella, ellos me preguntan ¿Dónde está toda la gente? ¿Qué puedo responderles?

Tinto Brass” inicia con sonidos de lo que pudiera ser una terminal aérea del mañana y la voz de una dama al micrófono hablando en lo que parece ser una lengua asiática. La banda nos transporta al futuro. Theo vuelve a brillar con su flauta y de igual manera Colin. El desarrollo instrumental de los primeros minutos nos envuelve. En algún momento caemos en cuenta que hay un elemento conceptual en la obra. Una música muy bien elaborada, rica en su dinámica y plena de sonoridades son parte del lenguaje que dio a la banda un creciente grupo de feligreses que guardan en sus recuerdos una experiencia contemporánea entramada entre lo agrio y lo dulce, lo aterciopelado y áspero, todo conectado por una lírica y unas guitarras sabiamente conjugadas en un crisol que resulta de una envidiable fórmula pop rock pero tamizada que da, como producto final, una obra cristalina desde todo ángulo.

Llámalo rock, pop, prog, lo importante es que es una música altamente creativa, disfrutable y atractiva que nos motiva a quedarnos horas en el sofá. Es una música en clave de Morse con fragmentos de un repetido SOS. La espacial “Stop Swimmng” (Deja de nadar), que culmina el CD, es un claro ejemplo.

Este quinto trabajo fue lanzado al mercado en marzo de 1999, mientras que la reedición de mayo de 2006 incluye además dos temas: “Ambulance Chasing” y una versión extensa de “Even Less”. Con motivo de este 20 aniversario se anuncia para mayo la edición limitada de un Doble LP en vinilo verde.

Stupid Dream es un buen comienzo para quienes aún no conocen este super grupo cuya discografía supera la decena.

Leonardo Bigott