Postales de Youkali: 10 años sin la voz de Julio Timaure (1970-2007)

Postales de Youkali: 10 años sin la voz de Julio Timaure (1970-2007)

78
Julio Timaure
Julio Timaure por Fran Beaufrand

Con Ticket to Youkali Julio Timaure dejó un legado electrónico tan fascinante como enigmático, un opus donde el pasado le canta al futuro, una obra que todavía desafía a quienes pretenden descifrarla. Un testigo presencial nos lleva en visita guiada por el álbum que marcó tanto el debut como el canto del cisne de este excepcional artista venezolano.

Bartolomé Díaz Sahagún

Mais c’est un r­­­êve,  une folie, Il  n’y a pas de Youkali!                                                                                                                      Roger Fernay

Preludio

Cuando descargaban instrumentos frente al estudio Sonofolk (USB) el 6 de mayo de 2006, músicos e ingeniero de grabación no pretendían otra cosa que no fuese poner a prueba un concepto singular: música electrónica real y viva, sin fronteras cronológicas, sin fronteras estilísticas…en resumen, sin fronteras. Dieciocho meses después, Julio Timaure, uno de los presentes, se iría a cantar a parajes no terrenales, quizá al mismísimo Youkali: el álbum que se concibió como un alfa pasó a ser, necesariamente, un omega.

Pretender desentrañar esta placa sin detenernos brevemente en la personalidad de Julio Timaure sería un error de base, por la simple razón de que Ticket to Youkali es, además de una genuina obra de música de cámara, fiel retrato y desinhibida radiografía de un genuino iconoclasta: es el legado de un artista que se atrevió a imaginar sus propios paradigmas.

A nuestro entender, el secreto de su talento interpretativo ha de buscarse más en las artes escénicas que en las musicales: años de experiencia en el seno de la Compañía Nacional de Teatro y sus vástagos menores le inculcaron una devoción inquebrantable hacia la palabra y la expresión corporal, una perenne obsesión por descubrir el estado de ánimo que subyace tras cada frase, tras cada puntuación. El resultado de esta experiencia fue un singular estudiante tardío de canto lírico, un aventajado aprendiz en perfecta sintonía con el concepto a través del cual los grandes maestros del Temprano Barroco pretendieron re-inventar la música: Primero la Palabra… consecuentemente el Sonido.

Pocos años después Julio ya destacaba en diversos campos: la música histórica, la música teatral, la música de ensamble, la ópera, inclusive el pop. Un súbito roce con la música electrónica, fruto de una comisión para el Festival Nacional de Jóvenes Coreógrafos de 1994, trastocaría radicalmente su vida artística y le llevaría a caminar, con paso osadamente firme, por terrenos totalmente desconocidos para la inmensa mayoría de los cantantes de su generación.

Armadura de Clave

Puedo asegurar que Nicolás Volpe visualizó el formato de E-óN meses antes de que la agrupación se constituyera formalmente. Convencido de que su intuición era correcta, el célebre luthier se dio a la tarea de promover la idea entre los tres futuros integrantes y, claro está, de llevar a cabo las presentaciones de rigor: insoportablemente acertado, como suele ser el caso, Volpe vio con particular beneplácito como un vínculo entrañable nacía frente a sus propios ojos al son la hipnótica y totalmente atemporal Music for a While (1692) de Henry Purcell: al final de esa inolvidable tarde sus palabras fueron, simplemente, “Yo ya hice mi parte, el resto es cosa de ustedes tres.”

Pocas semanas más tarde, Timaure, Óscar Fanega y Bartolomé Díaz (quien escribe) comenzaban a experimentar, individual y colectivamente, en materia de sonoridad y propuesta artística. Dos eventos puntuales aceleraron la consolidación del trío: la invitación de la versátil agrupación teatral Escena de Caracas a musicalizar en vivo su espectáculo “Mackie” (basado en textos de Bertold Brecht y música de Kurt Weill) y el encuentro de Julio con lo que llegaría a ser su principal herramienta en la creación y tratamiento de texturas sonoras a partir de la voz: el insólito TC-Helicon VoiceLive®, procesador de altísimas prestaciones tecnológicas y excepcional desempeño práctico, un recurso que en sus manos, mejor dicho, bajo sus pies, llegó a definir íntegramente su alter-ego electrónico.

E-óN
E-óN por Fran Beaufrand.
Julio Timaure (de pié), Óscar Fanega y Bartolomé Díaz

El 21 de octubre de 2005 el trío llevó a cabo su primera presentación formal en vivo, estrenando buena parte del repertorio que eventualmente daría forma a Ticket to Youkali. El recital, enmarcado en el evento Frequency (Centro Cultural Chacao), dejó, además de una anécdota insólita[1], la elocuente sensación de que se estaba transitando un terreno singularmente virgen, el cual, sin embargo, resultaba misteriosamente atractivo para un público particularmente heterogéneo, tanto en edades como en gustos musicales.

La anécdota1 en cuestión es la siguiente: al arrancar la pista con la voz de Adolfo Hitler que fungía como coda para “Mackie Messer” y, a su vez, como preludio para “La Rosa de Auschwitz” los tres nos percatamos de gritos que parecían provenir del público. El programa exigía tanta concentración que al final del concierto ninguno de nosotros recordaba el incidente. Luego supimos que, sin previo aviso, un militante neo-nazi había comenzado a vociferar consignas, en desafiante posición de “Sieg Heil” (como era de esperarse la circunstancia desembocó en un pequeño pandemonio). Al final del concierto tuvimos que asegurarle a nuestro gran amigo Juan Carlos Ballesta que no se trataba de un “gimmick” promocional de E-óN…él hizo todo lo posible por creernos.

Durante los meses siguientes el programa fue discutido, optimizado, balanceado y llevado a su formato definitivo, sometiéndolo a un régimen de ensayo que tenía como meta materializar una grabación en tiempo real y a plena capacidad, una toma que requiriese la menor cantidad de ediciones, overdubs y detalles de post-producción. Para finales de abril de 2006 las cartas estaban echadas y Francisco “Coco” Díaz, ingeniero en jefe de Sonofolk, teclista de Desorden Público y piedra angular de nuestro proyecto, declaraba al trío como apto para enfrentar una grabación muy poco ortodoxa y, por lo tanto, particularmente excitante y retadora.

E-óN
E-óN por Fran Beaufrand.
Óscar Fanega, Bartolomé Díaz y Julio Timaure

Sonata y Cantata

Ticket to Youkali no es un álbum complaciente, ni lo es ni jamás se pretendió que lo fuese. Está basado en el antiquísimo, aunque todavía vigente, precepto que sostiene que la música, en su máxima expresión, tiene la capacidad de exacerbar todas y cada una de las emociones humanas, desde las más placenteras hasta las más desgarradoras, mediante la perfecta simbiosis entre palabra y sonido. Este concepto, hay que aclarar, no implica necesariamente composiciones académicas ni intelectuales: obras maestras del pop como “Eleanor Rigby”, del genial álbum Revolver (1966) de The Beatles, poseen todos los detalles de retórica musical para que sus fatídicas imágenes de soledad y muerte “abofeteen” el espíritu de quien la escucha atentamente: Si usted se siente aludido por el lapidario “no-one was saved” de la estrofa final… pues es síntoma de que los dos minutos escasos de esta joyita psicodélica le han comunicado íntegramente su desolador (y universal) mensaje.

El álbum Ticket to Youkali comienza con “Rosa das Rosas”, una de las docenas de melodías devocionales que conforman el Códice de Alfonso X “El Sabio”, quizá el documento musical más importante de la cultura occidental y, ciertamente, el objeto de arte más valioso que reside en el palacio de El Escorial. En ella, Julio improvisa un enigmático melisma sobre el pedal que suplen los instrumentos para, seguidamente, vocalizar el icónico verso de esta célebre Cantiga medieval. Luego de que la guitarra reitera el tema de manera peculiar, un loop rítmico (confeccionado exclusivamente con el bajo) y un breve solo de Óscar dan paso al riff que servirá para sustentar una sorprendente improvisación melismática de Julio, prueba fehaciente de lo que fue su profunda sintonía con la música devocional tradicional del Medio Oriente. Una breve recapitulación del tema vocal nos lleva a una coda particularmente atmosférica, basada en recursos de tapping y delay, por parte de la guitarra.

Desde el momento en que Julio nos hizo conocer el tango-habanera “Youkali”, la pieza se convirtió en obsesión para la banda, ni siquiera el nombre del álbum la pudo escapar. La sensualísima música de Kurt Weill y los utópicos versos de Roger Fernay (quien, a diferencia de John Lennon en “Imagine”, tiene la cortesía de aclararnos que nada de esto es verdad) conforman una muestra arquetípica de ese elusivo tipo de música que se aferra tenazmente tanto a su refinamiento como a su raíz popular. “Youkali” no requirió otra cosa que adaptar el extraordinario score pianístico de de Weill a un bajo y a una guitarra y, claro está, permitirle al gran Julio cantar magistralmente una de sus piezas favoritas.

E-óN

El clásico “Capullito de Alhelí” de Rafael Hernández era otro amor secreto de Julio, un son que, sospecho, había cantado desde su adolescencia. La versión de E-óN contrasta una instrumentación activa y transparente con una interpretación vocal vehemente, de sorprendente agilidad y exactísima articulación silábica. Aunque quizás no de esa impresión al momento de escucharla, la pieza implicaba un constante reto individual y colectivo para los tres.

La imperecedera “Tonada de Luna Llena” de Simón Díaz era otro “must have” para la personalidad electrónica de Julio Timaure, Para ella se confeccionó un arreglo que, a falta de un mejor término, siempre describíamos como “sideral”: un amplio registro de guitarra da pie para que el conmovedor falsete de Julio dialogue con algunas de las improvisaciones más evocadoras que Óscar registró a lo largo del álbum.

Descaradamente anti-retórico, el minimalista “organillo callejero” de Kurt Weill sirve de patético marco a las desgarradoras imágenes de Bertold Brecht en la balada “Mackie Messer”, quizá el fragmento operístico más emblemático del siglo 20. La estupenda interpretación de Julio incluyó su personalísima manera de silbar, un tratamiento agójico extremo y, felizmente, su elección de concluir con el notable verso brechtiano sobre la sombra y la luz, ideal para preludiar la tormenta que seguiría a continuación.

Arbeit mach Frei!”, vocifera obsesivamente Julio en el epicentro mismo de “La Rosa de Auschwitz”, la pieza más tajante y polarizante de Ticket to Youkali. El infame eslogan de los campos de exterminio nazis de la II Guerra Mundial son las únicas palabras que mediarán durante 13 minutos de inclemente improvisación electrónica. Sin embargo, el tema melódico tantas veces agredido por la guitarra a lo largo de este tríptico se convertirá en el fragmento vocal más puro y conmovedor de todo el álbum: la canción sefardí “La Rosa enflorece” es, posiblemente, el recuerdo sonoro más perfecto que haya dejado la portentosa voz de Julio Timaure.

Todo un ícono del R&B, “I Put a Spell on You” es una de las piezas más (¡y más insólitamente!) versionadas de la historia del rock. Tan es así que E-óN decidió ensamblar dos perspectivas particularmente divergentes, y por algún motivo curiosamente compatibles, de este clásico: la versión “bluesy” e introspectiva que popularizara el genial Ray Charles, seguida del avasallante original de Screamin’ Jay Hawkins, quizás el mayor iconoclasta que haya ostentado la música popular negra norteamericana durante el siglo 20. Los gritos del final provienen de una presentación del autor, durante los años sesenta, en la TV británica, uno de esos nichos de YouTube que, honestamente, hay que ver y escuchar para creer.

El arioso de Reinard Keiser sobre las palabras en arameo de Cristo en la cruz “Eli, Eli, lama asabthani” es uno de los fragmentos vocales más emblemáticos de todo el barroco, una extraordinaria melodía que exuda resignación, dolor y muerte. Fue esta otra de las piezas que Julio aportó al repertorio de la banda y que, desde un primer momento, implicó un singular reto artístico para ambos instrumentistas. La versión de E-óN respeta, al pie de la letra, la armonización original del basso continuo al tiempo que añade un preludio y varios interludios, cada uno más áspero e hiriente que el anterior. Quizá el detalle más hermoso de post-producción de todo el álbum lo protagonizó el gran “Coco” Díaz manipulando electrónicamente la exhalación con la que Julio concluye su conmovedora interpretación de este clásico.

Aunque los conciertos de E-óN siempre se caracterizaron por incluir interpretaciones a solo por parte de sus instrumentistas, nos pareció que el álbum merecía una composición, interactiva, retadora y original. Resultó la ocasión ideal para recrear a dúo el insólito ragtime “Euphonic Sounds”, eufemísticamente calificado de “syncopated novelty” por su autor, Scott Joplin, el incuestionable “King of Ragtime Writers”. Aparte del estimulante reto de transcribirlo, digitarlo, ensamblarlo y hasta zapatearlo, “Euphonic Sounds” nos permitió regalarle al álbum la voz y la risa de Janis Joplin, quien bien puede haber sido la “perla” más valiosa y resplandeciente de toda la historia del rock.

Julio ubicó la hermosa melodía del “Arrullo Pemón” en un sesudo volumen de la gran etnomusicóloga Isabel Aretz. Versionar esta delicadísima nana aborigen fue, indudablemente, uno de los grandes privilegios que E-óN tuvo la fortuna de vivir. La combinación de sonidos ambientales, loops, delays, procesamiento vocal en tiempo real e improvisación creaba un mantra que podía mantenernos en estado cuasi-hipnótico durante largo rato. Sin duda una pieza de enorme significación para la propuesta de la banda y, cómo no, para el álbum en si.

El “Romance del Ánima Sola” nació, en cuestión de horas, la madrugada del primero de enero de 2007. A pesar de ser un álbum sustancial, nos parecía pertinente que Ticket to Youkali ofreciese un bonus track fuertemente contrastante, una composición en la que la voz hablada tuviese la principal responsabilidad expresiva. Los conmovedores versos de José Antonio de Armas Chitty de dieron a Julio, el actor y el cantante, la oportunidad de regalarnos una muestra final de su indómito talento y, de este modo, rubricar un autorretrato extraordinario, descarnado e imperecedero, a momentos tan ingenuamente utópico como la mejor postal de su amado Youkali.