Preoccupations + Vulk: una noche de brutal tensión post punk

Preoccupations + Vulk: una noche de brutal tensión post punk

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Preoccupations + Vulk

Changó Club, Madrid

(Febrero 2, 2018)

 

Para cualquier amante de los sonidos post punk más densos y menos convencionales, este concierto se presentaba como una alternativa ideal. La escogencia del grupo bilbaíno, Vulk, para abrir la presentación del cuarteto canadiense, Preoccupations -que comenzó llamándose Viet Cong– fue un acierto. Ambos formaron el cartel de un nuevo concierto del ciclo Tomavistas Ciudad, una iniciativa en salas del Festival Tomavistas.

Vulk: un camión sin frenos

Con el público impaciente, hicieron entrada en tarima el cantante Andoni de La Cruz, el bajista Alberto Eguíluz, el guitarrista Julen Alberdi y el nuevo baterista Jean Keatz Larrañaga (quien sustituyó en julio pasado a Chavi Marco) y sin anestesia empezó la trepidante presentación de casi 45 minutos en la que, sin mediar palabra ni saludo alguno, escupieron diez temazos sin fisuras. El repertorio estuvo basado en sus dos trabajos, Beat Kamerlanden (2017) y Ground for Dogs (2018)

La propuesta de Vulk bebe del punk londinense y sobre todo de la inmediata etapa posterior que arrojó bandas soberbias como Gang Of Four, Joy Division, The Fall y Public Image Ltd y del otro lado del Atlántico a Mission of Burma y mucho antes a The Stooges. La banda tiene una gran personalidad sobre el escenario, que va unida a la solidez instrumental y a una notable fluidez que denota que ensayan mucho y han desarrollado una escena en la que cada uno tiene su rol.

Entre los cuatro, destaca el histrionismo de De La Cruz, quien no cesa de hacer ademanes con sus brazos y los puños de las manos, da la espalda al público con bastante frecuencia, se mueve, se esconde en una esquina, mientras canta de manera angustiosa. Su vocalización no es perfecta, pero su actitud lo compensa.  Pero es Eguíluz el más llamativo sobre el escenario. Con su aspecto no tan lejano al Paul Simonon de los primeros tiempos de The Clash, gesticula, entra en trance, se mueve con movimientos espasmódicos…En el otro extremo, Alberdi es el que lleva el peso musical sobre sus hombros, con una guitarra cortante que a veces hacia recordar a la de Andy Gill de Gang of Four.

De un tirón tocaron “Zaldia Burning”, “Sure Drop”, “Bugo Hail” y “Brazil”, de su disco debut, para seguir con las más recientes “Behiaren begirada”, “Little Gid”, “A Poison Tree”, “A Contemporary Statement” y “Second Heat”, cerrando con “No muscle”, en la que Larrañaga termina junto a Eguíluz tirados en el piso de la tarima.

Preoccupations: la densidad canadiense

La presentación del cuarteto de Calgary fue un auténtico tsunami. La hora y cuarto, aunque parece poco, fue suficiente para que su propuesta demoledora nos dejara sin aliento. ¿Qué podría salir de la combinación de Gang of Four, Bauhaus y Swans? Pues algo parecido a lo que hacen Matt Flegel (voz y bajo), Danny Christiansen (guitarra, teclados), Scott Munro (teclados, guitarras) y Mike Wallace (batería), quienes van construyendo un entramado sonoro denso, tenso y telúrico que va de menos a más.

Resulta interesante que Preoccupations haya escogido tocar la mitad del repertorio de doce canciones del disco que los puso en el mapa en 2015 cuando se llamaban Viet Cong, nombre que tuvieron que cambiarse al actual para no evitar polémicas y herir susceptibilidades. Y justamente con dos temas de ese álbum, “Newspapers Spoon” y “Continental Shelf”, comenzó el concierto. Muy rápidamente descubrimos que asistíamos a un conciertazo. La primera de ellas con un ritmo machacante nos introdujo, mientras que la segunda puso a todos a moverse.

Flegel no es un vocalista especialmente refinado, pero su estilo a medio camino entre Peter Murphy y Richard Butler de Psychedelic Furs es importante. El volumen de su voz no sobresale en demasía por entre la masa instrumental, a la que contribuye su robusto sonido de bajo, pero muy especialmente Christiansen y Munro, que turnan su rol como guitarristas con el de teclistas, creando auténticos remolinos que envuelven todo. Wallace por su parte realiza un trabajo contundente con la batería.

La revisión del reciente disco, New Material (2018), comenzó con “Espionage”, un tema que suena a un Joy Division acelerado. El final lleno de feedback desemboca en “Silhouttes” de Viet Cong, tema cantado con angustia y que está envuelto en una atmósfera de asfixia tremenda. Sin pausa siguieron con la fantástica dupla “Antidote” y “Decompose”, de las mejores de New Material, subiendo cada vez más la intensidad. Al finalizar, parte del público coreaba repetidamente el nombre de “Viet Cong”, y sobre esa especie de veneración, comenzaron con “Zodiac”, el primero de los dos temas del homónimo álbum Preoccupations (2017), el cual suena a Bauhaus.

Solo unos segundos de pausa precedieron a “Dissarray”, tema con influencias de Gang Of Four, con unas guitarras explosivas y una batería desbocada que se sale de los rieles y regresa a ellos. Cuarenta minutos habían pasado y lo mejor estaba aún por suceder.

En medio de una muralla de feedbacks fue colándose la maravillosa “Bunker Buster”, quizá la más envolvente de la noche, en la que vuelve a notarse la influencia de Bauhaus. Fue el principio de las cuatro canciones que tocaron sin pausa ni anestesia, que conmocionaron el Changó Club. Con un puente de naturaleza industrial la concatenaron con la más melódica “Memory” y ésta a su vez con la trepidante “March of Progress”, que está construida sobre una base rítmica repetitiva y una larga introducción instrumental que es rota por la voz desesperada de Flegel.

El final no podía ser más apoteósico que con “Death”, auténtico tour de force de la banda y que es el tema más extenso de Viet Cong. Es aquí donde afloran las influencias del Swans más catártico, en especial en el segmento en el que golpean repetidamente sus instrumentos en una especie de abrasivo mantra que nos voló él cerebro. Latigazos guitarreros de uno y otro, golpeteos intensos en los tambores, subidas y bajadas como una montaña rusa llena de tirabuzones…catorce minutos de auténtico paroxismo, que obviamente indicaba la inviabilidad de solicitar el tradicional bis. No había necesidad de más, ya habían vaciado toda la angustia y rabia sobre el escenario y nosotros nos habíamos contagiado del virus.

Hay que agradecer que sigan existiendo grupos que no estén dispuestos a hacer concesiones. Preoccupations es uno de esos.

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Juan Carlos Ballesta / Carla Montero