El pulpo del Gigante Amable, cumple 45 años

El pulpo del Gigante Amable, cumple 45 años

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Gentle Giant

Gentle Giant

Octopus

Vertigo Records. 1972. Inglaterra

 

Si existe una banda que me produce un placer especial en comentar, esa banda es Gentle Giant.  Ella demostró, entre 1970 y 1980, que se podía hacer una música atractiva, compleja y amena, rica en armonías vocales, frases sincopadas y un aroma que fluctuaba entre el folk, el jazz, el rock y rasgos clasicistas de pinceladas barrocas, medievales y románticas que decantaban con frecuencia en una música de cámara adaptada a aquella gloriosa década de los 70. Todo en manos de músicos con un lenguaje instrumental políglota que era siempre un reto al oído más exigente, aunque sus tres últimas grabaciones, The Missing Piece (1977), Giant For A Day (1978) y Civilian (1980) ya reflejaban un gran hastío, como si se tratara de la más fervorosa pasión que con suerte alcanza una década. Ya era necesario cesar.

Gentle Giant fue el punto de encuentro de los hermanos Phil, Derek y Ray Shulman con el guitarrista Gary Green, el teclista Kerry Minnear y, para este álbum que hoy cumple nueve lustros, el baterista John Weathers. Este último participaba en la banda por primera vez en sustitución de Malcolm Mortimore. Aunque no fue un álbum conceptual en el sentido tradicional, una parte de los temas de Octopus están basados en los libros Gargantua y Pantagruel  de François Rabelais, Knots de R.D. Laing y en ocasiones inspirado en Albert Camus.

La imagen de Roger Dean (carátula original, hay otra para el mercado norteamericano) nos prepara para un álbum que ha sorteado bien los abates del tiempo. Su música sigue siendo fresca, provocativa y fiel representante de un grupo que álbum tras álbum estaba destinado a ser apreciado por oídos refinados y convertirse, como Van Der Graaf Generator, en un grupo de culto. Y así fue. Octopus, es, en mi opinión, el álbum más completo de Gentle Giant.

Gentle Giant Gentle GiantContentivo de ocho temas, octo opus, titulo que le diera la esposa de Phil Shulman, inicia con “The Advent of Panurge”: “Allá viniendo sobre el puente Charaton, puedes ver el hombre que es pobre pero rico. Qué deseas y a dónde vas, Quién eres, de dónde eres, me dirás tu nombre, descansa un rato, llámame tu amigo, por favor quédate conmigo”. El juego vocal de este tema es uno de sus atractivos. La guitarra revoloteando en torno con el resto de los instrumentos sonando en breves frases y los cortes, simplemente magistrales. Este tema es seguido de “Raconteur, Trobadour”, cuyo hermoso pasaje de cuerdas nos atrapa pero luego nos sorprende con una sonoridad menos clásica. Gentle Giant no sólo demuestra precisión sino un modo muy particular de hilvanar estilos. “Vengan a la plaza de la villa, vengan gente buena, ambas, desdichadas y justas, vean al trovador tocar el tambor, oigan mis canciones en el laúd que rasgeo, les haré reir…”

A Cry For Everyone” es la tecera canción del álbum y la más convencional. Es el lado roquero y acentuado de Gentle Giant. Los teclados de Minnear hacen buena parte del trabajo aquí. La polifónica “Knots” le sigue: “Todo en cada hombre y en todos los hombres, todos los hombres en cada hombre, él puede ver que ella no puede, ella puede ver que puede, ver cualquier cosa, cualquiera”. Todo un retruécano a lo Gentle Giant. Particularmente atractiva con un espectacular solo de xilófono de Weathers. La pieza evoluciona hacia un sonido más organizado que se diluye. Al final tras el silencio habitual que separa las canciones, escuchamos una risa y luego lo que pareciera una moneda dando giros sobre una mesa, hasta casi detenerse. Es entonces cuando “The Boys In The Band con sus explosivas sonoridades invade nuestros oídos. Si revisamos el catálogo de Gentle Giant, encontramos que una de sus características es una gran cascada de sonoridades que se reacomodan para siluetar una melodía. Este es el único tema instrumental del álbum. El saxo alto de Derek Shulman le da un color y una textura especial. La pieza en sí otorga gran libertad a los chicos de la banda.

“Arrastrándose por las calles con sus pies de lado, deteniéndose de cuando en cuando y se detendrá de nuevo, no hay duda en su mente hacia dónde va”. Esta es la primera estrofa de “Dog’s Life” (Vida de perro). El intro de guitarra es armónicamente poco usual, tomando el riesgo de referirme a él como armónico. Están en la pieza los elementos experimentales que son marca de fábrica de este genial sexteto que sigue atrayendo. El regal (órgano portátil), el cello, violín, las guitarras eléctrica y acústica intentan formar un cuarteto de cuerdas con acompañamiento. ¡Y qué decir de las voces! Hacia la mitad la atmósfera se abre y los instrumentos juegan en ese espacio. Si bien el oído pudiera sentirse sobre estimulado no hay excesos en esta pieza que no alcanza los 4 minutos.

Think of Me With Kindness” (Piensa en mí con benevolencia) y “River” cierran el álbum. La primera empieza con un acorde al piano y el bajo. Es una de las melodías más hermosas que he escuchado dentro y fuera del género. “Por qué estoy usando palabras, sin más que decir sin ti, cierra la puerta, apaga la luz y vete, tarde en la noche, en la noche tu sombra cae, nunca más, nunca sabe, Allá, los recuerdos son penas cuando no hay mañana”. Es mi pieza favorita del álbum. Sin embargo, siempre me irritó la cuasi fermata que hay después del solo del melófono. Aún no la supero y me parece que le resta belleza a la pieza. Tal vez sea de esos elementos propios de una cultura con la que rara vez no conecto. Al término, la última nota se sostiene hasta hacerse inaudible.

“Tocando lo último de lo que es pasado, moviendo aguas calmas sentí el primero que llega, lento y sinuoso, fluyendo libre, música apacible en su sonido de tambores distantes, confía en la corriente virgen y llana, silvestre peligro, cuidado en lo más profundo que se torna”.  La voz de Phil y Derek por momentos nos distancia con sus tonos ligeramente discordantes. La banda entrelaza elementos de folk con bongó, minimoog, piano eléctrico y mellotrón. Incluso irrumpe el elemento vanguardista con un platillo velocidad variable.

Octopus es uno de esos álbumes que se revalorizan con el tiempo. Me atrevo a decir que en conjunto estuvo adelantado a su época. Si bien es conceptual en el sentido que intenta describir a cada miembro de la banda, este cuarto álbum es una obra de arte en cada canción donde no hay procura por sentenciar en un todo algo como Tales From Topographic Oceans (Yes – 1973). ¡Escúchalo y verás!

Leonardo Bigott