Robyn Hitchcock: la honestidad de un cantautor atemporal

Robyn Hitchcock: la honestidad de un cantautor atemporal

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Robyn Hitchcock

Robyn Hitchcock (+ Emma Swift)
Gures is on Tour
Café Berlín, Madrid

(Octubre 3, 2019)

El universo de la música está lleno de grandes músicos que jamás logran traspasar la barrera del éxito masivo. Nunca se sabe, en esos casos, si resulta mejor para su proceso creativo, en especial cuando su prolijidad no se ve afectada por el fracaso comercial. El caso del inglés Robyn Hitchcock es uno de esos en los que a pesar de tener una carrera de más de 40 años y más de 40 discos (incluso etapas de contratos con A&M Records y Warner Bros), resulta ser un desconocido para una gran mayoría.

Hitchcock es, en toda regla, un verdadero artista de culto, apreciado tanto por los amantes de la psicodelia pop, la canción de autor cercana al folk-rock, como por los seguidores del post punk más sofisticado. Sus influencias, que pasan por The Byrds, Love, Syd Barrett (Pink Floyd), Bod Dylan, Nick Drake, Ray Davis (The Kinks), Andy Partridge (XTC), John Lennon, Kevin Ayers, Incredible String Band, Roy Harper e incluso Peter Hammill, son solo referencias para entender la amplitud de la propuesta desarrollada sin pausa durante cuatro décadas y que ha arrojado un cuerpo de trabajo fantástico y a todas luces subestimado.

El incansable Hitchcock comenzó su carrera en 1976 en Cambridge, junto a The Soft Boys, uno de esos grupos nacidos al calor del punk que aunque no encajaba con aquella estética se nutría de ella. Su rock con elementos psicodélicos dejó dos estupendos documentos, A Can of Bees (1979) y Underwater Moonlight (1980), además de Nextdoorland (2002), producto de una efímera reunión. Tras la disolución en 1980, el inquieto Robyn, comenzó una carrera en solitario que desde el principio arrojó excelentes discos y que no ha parado nunca.

La aventura solista comenzó con Black Snake Diamond Role (1981), disco que contiene el tema “The Man Who Invented Himself”, que comenzaba la tradición de letrista excepcional, moviéndose entre la ironía, el surrealismo, la comedia, la excentricidad británica, la melancolía y la cotidianidad. Sin duda, Hitchcock es uno de los cronistas más agudos de nuestro tiempo, lo que demostró sobradamente en esta presentación en la que solo se acompañó de su guitarra acústica, piano y una ocasional armónica.

Además, tuvo como invitada especial a su esposa Emma Swift, dueña de una exquisita voz, quien además lo ayuda en la venta de merchandise.

El repertorio sorpresa de Hitchcock

Pocos minutos antes del show, Robyn se paseaba por el Café Berlín saludando a algunos asistentes que iban llegando mientras sostenía una hoja de papel en blanco. Supusimos que sería para escribir el setlist. Y así fue.

A las 9 en punto apareció en escena, puso el papel ya rellenado sobre una mesita, junto a la armónica y la botellita de agua. Robyn es de esa estirpe de cantautores, como Peter Hammill, que es capaz de tocar tres conciertos en días consecutivos sin casi repetir canciones, tal es el cúmulo de grandes composiciones que atesora. Los nombres apuntados en el papel, sin embargo, fueron solo una guía.

Abrió con una muy diferente interpretación de “The Abyss”, del disco Tromsø, Kaptein (2011). Y de entrada comenzó a comunicarse en un español dificultoso pero muy gracioso. Siguió con esa maravilla de The Soft Boys que es “Queen of Eyes” y luego comenzó a preguntar palabras, en este caso “clave” para decir que “La próxima canción está en la misma clave que ‘la reina de ojos’”.

Siguió balbuceando el español lanzando al aire incoherencias con gracia culinaria: “este cortado sin merluza, no pulpo no lomo…gambas al ajillo”. Fue el turno entonces para el clásico “Balloon Man”, no sin antes seguir bromeando diciendo que su cuerpo venia de sus padres y estaba cansado, pero que no se iba a morir antes de terminar el concierto. Sonó estupenda, con reminiscencias de Roy Harper.

Amenazó con un tema pero dijo que major luego. Preguntó qué día era, si estaba en Madrid. Le pidió al ingeniero “por favor, Antonio, un poco de delay en la voz y un sonido como Tom Petty and The Heartbrakers” (risas colectivas). Tocó entonces “I Want To Tell You About What I Want”, de su homónimo reciente disco, una pieza que en estudio ciertamente tiene cercanía con el norteamericano.

“La canción que viene es muy vieja”, y nos regaló “Madonna of the Wasps”, que por esas cosas que tiene la intimidad de un concierto como este, nos sonó mejor que la original con The Egyptians. No se había cumplido la media hora y ya estábamos cautivados.

Fue un placer escuchar la melancólica “Sunday Never Comes”, su más reciente single, grabado en Tennessee con Buddy Hughen, Patrick Sansone y Ryan Brewer.

“Antonio, dame un delay rocanrol en la voz”…y arrancó con la maravillosa “Beautiful Girl” del disco Eye (1990), un tema pop en la onda de Martin Newell o Colin Moulding. Se movió entonces al piano, con el cual tocó los siguientes cuatro temas, comenzando con la lennoniana “Flavour of Night”, de 1984.

De nuevo comenzó a bromear, queriendo saber cómo referirse a su pelo. Uno le replicó “maravilloso”, otros soltaban “sedoso”, “bonito” (éste no le gustó), “la hostia”, hasta que una chica soltó el definitivo adjetivo: “pelazo” (risas colectivas). Sin saber bien el porqué de esa disertación, comenzó con la gran “Tonight” de The Soft Boys, que sonó a medio camino entre Lennon y Hammill.

En medio de los aplausos alcanzó a decir “Tres hombres: Ted, Woody and Junior”, y arrancó con esa canción del fantástico tercer álbum con The Egyptians, Elements of Light (1986). El segmento de piano lo culminó con la emotiva “Those Guys are All Dead Now”.

De nuevo con la guitarra al hombro pidió a Antonio activar el delay para la guitarra en el tercer minuto después del conteo regresivo, así como poner un efecto a su quebrada voz para sonar como David Crosby. Las risas no se hicieron esperar. Volvió con las preguntas idiomáticas: “¿Como se dice mejor que bonito?”, y se quedó con la respuesta “precioso” para decirle al técnico “ponme la voz preciosa”. Aunque parecía un chiste, las peticiones funcionaron en “I’m Only You” y después del conteo la guitarra comenzó a sonar a lo Incredible String Band y Syd Barrett.

Entonces hizo su aparición Emma Swift. El primer tema que cantaron juntos fue “Glass Hotel”, otra del disco Eye, seguido de “Trams of Old London”, que con la voz de Emma sonó mucho más folk. “Esta es la mejor canción de hoy”, dijo Robyn, para sorprendernos con una sensible versión del clásico de Bob Dylan, “Just Like a Woman”.

Cogió la armónica para tocar la emotiva “Queen Elvis”, cuarto y último tema con Emma, una participación que de ninguna manera fue una concesión por ser su mujer. Equivocaron una estrofa, pero aún así sonó estupenda.

Se despidieron, pero la entusiasta audiencia compuesta por verdaderos fans, lo trajo d vuelta, con una camisa más oscura. Y no podía dejar de hacer mención de la situación actual del Reino Unido: “Boris Johnson podrá ser el primer ministro de Gran Bretaña pero no es el mío. No sé como se dice en español ‘fuck him’”, antesala adecuadísima para el clasicazo de los Soft Boys “I Wanna Destroy”. Y enseguida nos hizo el regalo final, otro clásico primerizo de Dylan: “Mr. Tambourine Man

A sus 66 años, Robyn Hitchcock permanece como uno de los más vitales cantautores de nuestro tiempo.

Juan Carlos Ballesta (Texto, fotos, videos)