40 años de Permanent Waves, inicio de la gran década de Rush

40 años de Permanent Waves, inicio de la gran década de Rush

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Rush

Rush
Permanent Waves
Anthem. 1980. Canadá

El guitarrista Alex Lifeson, el baterista Neil Peart † (fallecido el pasado 7 de enero) y el bajista y vocalista Geedy Lee conformaron una de las fórmulas más estables y atractivas del rock.

Colectivamente conocidos como Rush, el trío se inició con un concepto tendiente a un rock duro que el tiempo iría colando hasta decantar en una atractiva propuesta con elementos característicos del rock progresivo. Sin embargo, no escaparon de la fuerte tentación de finales de los 70 y principio de los 80, crear música más accesible que les garantizara una permanencia en esa década donde punk y new wave se apoderaban de los medios. Era la era MTV y Rush consciente o no, no se dormiría en los laureles.

Tras una desgastante gira en apoyo al álbum Hemispheres, el trío decidió tomarse varias semanas para reordenarse y grabar, a mediados de 1979, el disco que hoy celebramos y que fuera lanzado en enero de 1980 con un positivo recibimiento por críticos y seguidores.

Grabado para Anthem Records, Permanent Waves, el séptimo álbum en estudio del trío, representaría un punto de inflexión en la historia de la banda y aunque se hayan alejado un poco del sonido progresivo que les habría caracterizado, el trío mantenía los elementos que siempre le han hecho ser vistos como un clásico grupo del género progrock.

Esta vez los tres canadienses nos ofrecían seis temas a lo largo de unos 35 minutos con dos temas que sobrepasaban los cinco minutos. Previamente nuestra natural atracción hacia el disco está en la aparentemente simple imagen de la carátula, en la cual apreciamos a la modelo canadiense Paula Turnbull. La imagen de fondo corresponde a los escombros que dejara el huracán Carla en 1961 y que capturara el lente del fotógrafo Flip Schulke. La foto muestra un periódico con el controversial titular del Chicago Daily Tribune que daba como triunfador de las elecciones presidenciales de 1948 en Estados Unidos a Thomas E. Dewey en lugar de Harry S. Truman. En las reediciones en CD fue eliminado y dejado en blanco el espacio del titular.

Permanent Waves inicia con Lifeson, Peart y eventualmente Lee quien, con su incisiva voz, nos relata en parte “la creencia en la libertad de la música”. La voz de Lee, como suele ocurrir, se pasea entre la guitarra de Lifeson y los robustos tambores de Peart, sin duda uno de los bateristas más completos de la música.

El característico riff que ha hecho al tema inolvidable, retorna al minuto y medio para repetirse sesenta segundos después. Lee, cuya influencia de Chris Squire (†) es evidente, nos guía a lo largo del tema que, pasada la mitad del tiempo, coquetea un poco con el raggae. Es el “Spirit of the Radio” (Espíritu de la radio).

Luego, el trío nos atrapa con “Freewill” (Libre albedrío), donde Lee se hace de las teclas para luego destacar con un breve pasaje en su Rickenbacker dando espacio a Lifeson, cuyo solo es uno de los puntos álgidos del disco. Lee nos habla de una “voz celestial”.

A lo largo de 7’31” la bíblica “Jacob’s Ladder”, con su punteado bajo y el redoblante de Peart, matizan un poco el repertorio de Permanent Waves. Alex Lifeson crea un angustioso y prolongado pasaje que cede espacio al teclado de Lee y que sin duda es una de las huellas prog del disco.  Lee nos habla de “nubes tormentosas y oscura luz diurna…”.

La menos elaborada pero atractiva “Entre Nous” asoma algunos elementos que serían parte del repertorio del consagrado Moving Pictures de 1981. Lee nos dice acá que “Ya es momento de reconocer nuestras diferencias”. El tema tiene, en la voz de Lee, uno de sus mejores momentos. Los acentos con el sintetizador le otorgan a este tema una ineludible pincelada que hoy con agrado y nostalgia nos recuerda una época de máxima  creatividad.

Different Strings” es una interesante y melodiosa pieza que mantiene nuestra atención antes que la banda se embarque en los 9’19” de la última obra. Lee se pregunta acá “Qué pasó con nuestra inocencia”. La arpegiada guitarra eléctrica de Lifeson es la perfecta acompañante de Lee quien también nos menciona “dragones y gigantes asesinos”. El piano retoza un poco entre ambos hasta que Peart irrumpe con su rítmica y magistral batería. Geddy deja caer algunos armónicos durante el desarrollo de la pieza. Luego, al minuto tres, el trío despliega un efímero pasaje instrumental hasta el final.

Natural Science” (Ciencia Natural) inicia con sonidos acuosos y cantos de pájaros. Con un cierto eco, Lee, acompañado de Lifeson en la acústica, nos va cantando. El tema tiene todos los elementos que caracterizan el progrock del trío canadiense: progresiones de acordes, una corpulenta percusión matizada con sintetizadores, la ocasional agobiante voz de Lee y su voluminoso bajo con letras que frecuentemente narran historias épicas o fantásticas que se entrecruzan con eruptivos pasajes instrumentales.

A modo de suite, esta obra consta de tres partes: “Tide Pools”, “Hyperspace” y “Permanent Waves”, las cuales se diluyen entre sí creando una particular unicidad. El sonido del mar marca el final.

Rush tuvo en el álbum Clockwork Angels de 2012 su última grabación. Más allá de gratos recuerdos, su amplia discografía que abarca unos 23 títulos, representa tal vez el capítulo más atractivo del rock canadiense y ciertamente uno de los más fascinantes del rock universal.

Hace 40 años el trío dio un interesante giro que, pensándolo bien, no fue un giro radical aunque sí notorio. Nuestro cumpleañero álbum sigue siendo disfrutable aún después de cuatro décadas. Aunque, aquí “entre nous”, Moving Pictures permanece como mi favorito.

Leonardo Bigott