“Fear of Music” de Talking Heads: 40 años de vitalidad

“Fear of Music” de Talking Heads: 40 años de vitalidad

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Talking Heads

Talking Heads
Fear of Music
Sire. 1979. EE UU

Cuatro años después de su fundación en Nueva York y dos del disco debut, el sonido de Talking Heads tomó un rumbo inesperado con Fear of Music, el segundo de la trilogía producida por Brian Eno, que cambió la historia de la banda y que contribuyó grandemente a expandir las fronteras del art-punk y en general del rock. Era el tercer disco tras Talking Heads 77 (1977) y More Songs About Buildings and Food (1978), con los cuales se habían granjeado una interesante legión de seguidores.

Pocos discos como Fear of Music fueron tan poderosos y vanguardistas a finales de los 70, cuando el punk explotó en mil pedazos y surgieron diversas corrientes y sonoridades maleables, ampliándose el espectro de manera inverosímil.

40 años después ese poderío se conserva intacto y cada nueva audición, sumada a las ya incontables, sigue manteniendo el influjo.

David Byrne (voz, guitarra) fue la mente maestra, pero contó con Brian Eno como el perfecto aliado para crear un disco en el que confluyeron el funk psicodélico, el afro beat, el punk más sofisticado y el art rock. Chris Frantz (batería), Tina Weymouth (bajo) y Jerry Harrison (guitarra, teclados), completaban una formación sólida y dispuesta a todo, aunque en principio mostraron reticencia por la nueva orientación de Byrne.

Once canciones rompedoras

El comienzo con “I Zimbra” sienta las bases. Fue compuesta por Byrne y Eno, con letra inspirada en un poema del alemán Hugo Ball, fundador del movimiento dadaísta en 1916 en Zürich y pionero en el desarrollo de la poesía sonora (sound poetry).

Domina la pieza un ritmo cercano al afro beat y al rock latino, al que contribuyen especialmente las congas de Gene Wilder y Ari (Ariane Foster, cantante de The Slits), el egipcio Hassam Ramzy en el surdo, Abdou M’Boup en el djembe y el talking drum, Assane Thiam en percusión, la batería de Frantz, la guitarra funky de Byrne y las voces de Eno, Byrne y Julie Last (asistente en la grabación).

La contribución especial de Robert Fripp (King Crimson) con una guitarra de presencia elíptica hace de este tema una fantástica carta de presentación, a partir de la cual desarrollarían el siguiente disco, Remain in Light (1980)

Mind”, en cambio, posee un ritmo más pausado, sobre el cual Weymouth desarrolla una buena línea de bajo y Harrison introduce diversos sonidos de sintetizador. Es Byrne el que se luce vocalmente y sobre todo con una soberbia guitarra en la parte final.

La pieza más corta es “Paper”, saltarina y urgente, con una guitarra rasgueada sobre la que Byrne desarrolla su compulsiva vocalización y la letra sobre una relación amorosa con un papel.

Da paso a “Cities”, uno de los temas centrales, bailable, pegadizo, catártico. Weymouth vuelve a lucirse y ofrece el perfecto hilo conductor para la desatada guitarra y la letra de Byrne: “Está oscuro, oscuro durante el día / La gente duerme, duerme durante el día / Si quieren, si quieren / Los estoy controlando / Los estoy controlando / Lo entendí / Lo entendí / Hay buenos y malos puntos / Encuentra una ciudad / Encontraré una ciudad para vivir”.

Si hay un tema que define a Talking Heads y que sin duda es la piedra angular de este álbum es “Life During Wartime”, composición compartida por los cuatros miembros del grupo. Potente, sudoroso, infeccioso, con los teclados de Harrison simulando la sección de metales usada en el afro beat y que comenzarían a usar en directo. Con la adición del guitarrista Adrian Belew en la gira de 1980, la pieza ganó aún más atractivo

El lado A concluye con “Memories Can´t Wait”, un tema de ambiente denso con algunos efectos psicodélicos aportados por Eno (tratamientos electrónicos). “¿Recuerdas a alguien aquí? / No, no recuerdas nada en absoluto / Estoy durmiendo, estoy boca arriba / Nunca desperté, no me arrepentí / Hay una fiesta en mi mente / Y espero que nunca se detenga / Hay una fiesta ahí arriba todo el tiempo / Y van a festejar hasta que caigan”.

En un estado de ánimo más distendido, “Air”, abre el lado B con su temática de protesta contra la atmósfera. Las voces de The Sweetbreathes aportan pinceladas de doo-wop, aunque en realidad el tema es un melódico post punk vinculado a la época previa de Talking Heads.

Ocurre lo mismo con “Heaven”, un tema que destila placidez y que sin duda ejerce un efecto de sosiego en la escucha.

Irrumpe entonces “Animals”, tema funky con la vocalización más cruda y neurótica del disco y que en el tramo final adquiere especial intensidad. Es otro claro eslabón para lo que seguiría en la carrera de la banda.

Electric Guitar”, conducida por el inmenso bajo y un ritmo repetitivo a media velocidad. Posee otra de las extrañas letras de Byrne: “La guitarra eléctrica es atropellada por un auto en la carretera / Esto es un crimen contra el estado / Este es el significado de la vida / Para afinar esta guitarra eléctrica / Una guitarra eléctrica es llevada a un tribunal de justicia / El juez y el jurado (doce miembros del jurado) / Todos escuchando discos / Esto es un crimen contra el estado / Este es el veredicto que alcanzan: Nunca escuches guitarra eléctrica”.

El cierre del disco es con “Drugs”, tema ligado al ala más experimental del post punk, con una cierta cercanía estética a algunos temas de la trilogía berlinesa de David Bowie en el que los tratamientos electrónicos de Eno jugaron un papel protagónico, como aquí.

Byrne canta de manera espasmódica mientras Frantz construye una estructura rítmica sincopada y suena una cíclica y fantasmal guitarra.

La icónica portada fue diseñada por Jerry Harrison. De color negro, posee unos patrones en relieve semejantes en apariencia y textura a los pisos metálicos industriales con placas de diamantes.

El resto del arte fue ideado por Byrne, incluyendo fotografías sensibles al calor creadas por Jimmy García, con la ayuda del doctor Philip Strax. El título del disco fue sugerido por Harrison debido a las presiones a las que entonces estaban sometidos.

Fear of Music es el tipo de disco que no envejece, sino que incluso con el paso del tiempo rejuvenece. Y ya son 40 años en el Olimpo del rock.

Juan Carlos Ballesta