30 años de “Disintegration”, el fin de ciclo que encumbró a The...

30 años de “Disintegration”, el fin de ciclo que encumbró a The Cure

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The Cure

The Cure
Disintegration
Fiction. 1989. Inglaterra

La publicación del octavo disco de la banda inglesa cerró un ciclo de gran influencia que había comenzado diez años antes con el álbum debut Three Imaginary Boys. Entre ambos discos media no solamente un notable progreso en el plano instrumental, compositivo y comercial, sino también en la conformación de la banda. Robert Smith (voz, guitarra y principal compositor) -el indudable motor de The Cure– se había convertido en el único miembro constante ya que el baterista original y luego teclista, Laurence “Lol” Tolhurst, amigo de infancia y último de los demás fundadores que aún quedaba- fue expulsado del grupo tras la insistencia del resto de los músicos de no seguir al lado de alguien que se había convertido en un personaje errático debido a problemas con el alcohol. Sin embargo, aunque apenas contribuyó con el disco, apareció como co-compositor y en los créditos como responsable de “otros instrumentos”. Su lugar fue ocupado por Roger O’Donnell, teclista de Psychedelic Furs, quien durante la gira anterior fue constantemente utilizado para suplir a Tolhurst.

Disintegration se convirtió en el más exitoso disco de The Cure, tras la emblemática seguidilla de discos compuesta por The Head on the Door (1985) y Kiss Me, Kiss Me, Kiss Me (1987), con los cuales la banda salió del opresivo universo de sus primeros discos que la había ubicado en el centro del dark rock y gótico, la rama post punk más nihilista. Una serie de temas de sensibilidad pop, pero todavía conservando cierta atmósfera oscura, ayudaron a convertir a The Cure en una de las más relevantes bandas británicas de los 80, con impacto en el resto del planeta. La estética manejada por el grupo, muy en especial por Robert Smith, influyó notablemente en conocidas bandas latinoamericanas de la época como Caifanes (México), Soda Stereo (Argentina), Sentimiento Muerto (Venezuela) y Zapato 3 (Venezuela).

La melancólica “Plainsong” da inicio, envuelta en teclados. Su ubicación abriendo el disco indicaba una vuelta a los sonidos más dark, sirviendo para introducirnos en los 72 maravillosos minutos que lo componen. Tras ella hace su aparición triunfal “Pictures of You”, con el largo intro instrumental en el que destaca el característico bajo de Simon Gallup, uno de los más notables componentes del sonido The Cure y que caracterizó en buena medida el sonido de los años 80, aún influyente en innumerables bandas. La pieza es uno de esos raros ejemplos de single de larga duración, con ocho minutos. “Closedown” también utiliza la estructura de la extensa introducción, con un trabajo excepcional en los teclados de O’Donnell.

La excepcional “Love Song”, melódica y de aroma nostálgico, se convirtió en un éxito instantáneo, que rápidamente escaló a los primeros puestos en las listas de ambos lados del Atlántico y contribuyó de manera definitiva a que Disintegration sea el disco más vendido de The Cure, con más de tres millones de ejemplares físicos en todo el mundo. “Last Dance” contrasta por su atmósfera sombría, en la que destacan las guitarras de Smith y Porl Thompson, menos protagonistas que en discos anteriores a favor de las capas de teclados.

Otro de los temas accesibles del disco es “Lullaby”, gentil y melódico, con Smith vocalizando casi en susurro. “Fascination Street” (primer single escogido por el sello Elektra en Estados Unidos), en contraste, es una de las piezas más potentes, tanto por la base rítmica de Gallup y el baterista Boris Williams, sino también por la fuerza de las guitarras, que en algo recuerdan a Echo & The Bunnymen. De nuevo, la voz de Smith aparece en el ecuador de la canción, en un tono dramático.

Los cinco últimos temas del disco están por encima de los seis minutos de duración y con ello se acrecienta la estética opresiva del clásico sonido The Cure. “Prayers for Rain” se recrea en capas de teclados envolventes y arpegios de guitarra, todo navegando sobre una batería ralentizada. La extensa “The Same Deep Water as You” (más de nueve minutos) posee un cierto aire romántico, como un Joy Division estilizado. Mientras, el tema que da nombre al álbum, es paradójicamente el menos seductor, y sus ocho minutos y medio se hacen largos.

La única canción en la que Tolhurst contribuyó realmente fue “Homesick”, de espíritu lánguido, incluida como “bonus track” en la edición en CD, que para entonces intentaba ganarle mercado al vinilo con este tipo de recursos que se apoyaban en la mayor duración que otorgaba el formato.  El otro bonus fue “Last Dance”.

El álbum cierra con la sosegada “Untitled”, en la misma línea que el inicio pero en este caso con las guitarras como protagonistas en lugar de los teclados.

La producción a cargo del propio Smith y Dave M. Allen, así como la ingeniería compartida entre Roy Spong, Richard Sullivan y Smith, lograron que Disintegration siga sonando atractivo -canciones y grabación- 30 años después, cosa que no han logrado algunos discos contemporáneos a este que estuvieron inmersos en las nuevas posibilidades que otorgaba la tecnología digital, aun inmadura en 1989.

La publicación del disco fue seguida por un ambicioso tour con paradas en varios estadios y a partir de aquí ya nada sería igual en la historia de The Cure. De los ocho discos -más buena cantidad de singles publicados en sus primeros 10 años- pasaron a producir apenas cinco álbumes en los últimos 30 años, el más reciente de ellos en 2008. La banda, como otras, ha preferido manejarse sobre los escenarios con generosos conciertos de tres horas. En 2019 vuelven a la carretera, mientras dejan colar que podrían estar grabando el que sería su último trabajo. Pero en cuestiones de “últimos discos”, nunca se sabe.

Que hayan pasado treinta años de Disintegration, el disco favorito de muchos fans, es un acontecimiento digno de recordarse.

Juan Carlos Ballesta

The Cure