The Moody Blues: 50 años en el umbral de un sueño

The Moody Blues: 50 años en el umbral de un sueño

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The Moody Blues

The Moody Blues
In The Threshold of a Dream
Deram. 1969. Inglaterra

Muchos recordamos a aquella canción de lúgubre temperamento llamada “Nights In White Satin” (Noches en blanco satén) del álbum Days of Future Passed (1967) segunda obra discográfica de la hoy legendaria banda The Moody Blues, y que representa una de las piedras angulares del llamado “art rock” o “progressive rock”.

El quinteto nacido en 1964 en Birmingham, Inglaterra, tuvo como punto de atracción un estilo con mayor acento en el rhythm and blues, al menos en sus inicios, carrera discográfica que iniciaría con The Magnificent Moodies (1965).

¿Por qué el nombre de Moody Blues? Bueno… con la esperanza de conseguir un patrocinio de la Cervecera Mitchells & Butlers, se hicieron llamar por esos días “Los M Bs” y “Los M B Five”, además de una sutil referencia al clásico tema de Duke Ellington “Mood Indigo”. A esto se le añade una anécdota sobre su azulada vestimenta.

Conformada en aquel comienzo por el teclista Mike Pinder, el multi-instrumentista Ray Thomas, el guitarrista Denny Laine, el baterista Graeme Edge y el bajista Clint Warwick, el grupo eventualmente se solidificaría con la incursión del guitarrista Justin Hayward y el bajista John Lodge, sustituyendo a Laine y Warwick. Esta formación abarcó parte de un período glorioso de la banda que se extendería hasta 1972 con el séptimo disco Seventh Sojour, antes de entrar en una pausa de la que regresaron en 1978 para no ser más nunca la misma banda.

Celebramos medio siglo de su cuarta placa discográfica, una obra que permitió la oportunidad de grabarse y prepararse con el relativo sosiego consecuencia de una agenda de giras menos ocupada, algo contrario a lo sucedido con los dos primeros álbumes. Estos “azules temperamentales” se embarcaron en esta odisea musical de trece composiciones con un balanceado énfasis entre las sonoridades orquestales y un rock delicado con elementos folk y psicodélicos.

Producido por Tony Clarke, nuestro primer encuentro con On The Threshold Of A Dream es la imagen, predominantemente azulada, de Phil Travers. El símil de un ramo floral y lo que pareciera un tubo o manguera, nos detiene un instante y asalta nuestra curiosidad para verla en detalle y advertir de qué se trata en realidad. La “onírica” imagen que evoca el estilo de “naturaleza muerta” o posiblemente algo surreal, se añade a nuestro imaginario sin detenernos por mucho tiempo.

Entonces, ya cómodos escuchamos un sonido grave que emerge desde el fondo e introduce la primera tríada: “In The  Beginning”, “Lovely to See You” y “Dear Diary”. “En el comienzo” escuchamos sonidos electrónicos que inducen al misterio y poco después la ineludible frase “I think therefore I am” que no es  más que “Cogito ergo sum” de René Descartes y que traducida a nuestro idioma es “pienso luego existo”. A modo de una construcción sonora donde predominan ruidos de máquinas, relojes tal vez, nos vemos inmersos en un algo indescriptible por varios segundos antes de escuchar la más estructurada “Encantado de verte”. “Encantado de verte de nuevo amiga, camina conmigo… dinos que ves…”, la sencilla pieza nos lleva a una más elaborada “Querido diario” donde un aire fantasmal nos asalta y apreciamos los vientos de Tomas, en especial la flauta. Destaca la guitarra acústica de Hayward y la sencilla línea al bajo de Lodge.

“Send Me No Wine” (No me envíes vino), “To Share Our Love” (Compartir nuestro amor) y “So Deep Within You” (Tan profundo dentro de ti), son las siguientes tres piezas donde la banda continua hilvanando una historia de amor y que completan el lado A. La primera inicia con la guitarra de doce cuerdas. Acá sentimos un aire ‘country’. “No me envíes vino para alejar a mi amor”, nos canta Hayward y casi toda la banda, poniendo de manifiesto una de las más notables característica de la banda en la que los cinco miembros eran voces solistas y se alternaban ese rol de acuerdo a quien componía. El tema se funde con la segunda de la tríada en un clásico discurso ‘british rock’ de los años 60, una reiterativa frase alternando con diversas variaciones. Nuevamente la flauta como protagonista nos deleita en “So Deep Within You” escrita por Lodge y Pinder. Existe una versión cuadrafónica de este tema aunque sin la reiterativa frase.

El lado B inicia con la guitarra acústica en “Never Comes The Day” (Nunca llega el día), único sencillo de este celebrado álbum pero que no logró capturar suficiente atención para figurar en las carteleras. Sin embargo, la pieza es de singular belleza, en parte, por el uso del mellotron, instrumento que Pinder llevó a cotas insospechadas  y que fue sello distintivo de aquella primera etapa.

Luego escuchamos “Lazy Day” con un singular intro coral y una narrativa que bien describe uno de esos relajados días. El juego vocal es bastante interesante a todo lo largo de la pieza. Destaca la armónica de Ray Thomas quien con ella le da una pincelada country a esta sencilla pieza.

Manteniendo el temperamento rural, los “Moodies” nos ofrecen la última de la tercera tríada. Flauta, tamborín, pandereta y guitarra tienen suficiente espacio para un extenso desarrollo instrumental que contrasta de un modo ensoñador con las voces. Es «Are You Sitting Confortable?» (¿Estás sentado cómodamente?)

En la cuarta tríada, que cierra el álbum, la banda inicia con una narrativa similar a la empleada en “Nights In White Satin”. Mike Pinder es el encargado de pronunciar esas palabras en “Dream”: “Cuando el águila blanca del norte vuela sobre nosotros, y los marrones, rojos y dorados del otoño yacen muertos, recuerda entonces las aves del verano con sus flameantes alas”, son los versos que sirven como intro a “Have You Heard” (¿Has oído?), pieza que está compuesta en dos partes y que fue escrita por Pinder. Fue también parte de una famosa serie detectivesca llamada Los Agentes de Marvel S.H.I.E.L.D.

Ambos temas están separados por “The Voyage” (El viaje) compuesto también por Pinder. En la primera, destacan Lodge y Hayward en los cellos, además del sonido del órgano. En sus 3’59”, “The Voyage” se erige con un esplendoroso sonido que conecta los entramados pasajes misteriosos que nos recuerdan los espacios del Pink Floyd de More (1969) y el Caravan de “For Richard”, características que apreciamos también en el tema final que es la segunda parte de “Have Your Heard”. Los sonidos iniciales retornan en este final de un álbum de importante éxito comercial que logró posicionarse Nº 1 en las carteleras del Reino Unido y Nº 20 en la prestigiosa lista de los mejores 200 de la revista Billboard. En aquellos días de vinilo, este último tema continuaba hasta que el brazo del plato o tocadisco automáticamente se levantaba.

Leonardo Bigott