The Moody Blues: 50 años de “To Our Children’s Children’s Children”

The Moody Blues: 50 años de “To Our Children’s Children’s Children”

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The Moody Blues

The Moody Blues
To Our Children’s Children’s Children
Threshold. 1969. Inglaterra

The Moody Blues, la legendaria banda de rock que se diera a conocer en todo el planeta en 1967 con el tema “Nights In White Satin”, llegaba a su quinto LP, To Our Children’s Children’s Children (A los hijos de los hijos de nuestros hijos), inspirado en la llegada del hombre a la Luna.

Para 1969 The Moody Blues estaba conformada por el guitarrista y sitarista Justin Hayward; el bajista, arpista y guitarrista John Lodge; el flautista y oboísta Ray Thomas; el baterista y percusionista Graeme Edge; y Mike Pinder en los teclados. Todos, a su vez, vocalistas.

Este disco fue su primera producción discográfica para el entonces recién creado sello Threshold, nombre inspirado en el título de su antecesor álbum In The Threshold Of A Dream (En el umbral de un sueño). Más allá de su espacial inspiración, nuestro celebrado disco tuvo un éxito casi inmediato, logrando posicionarse de segundo en el Reino Unido.

La agrupación consolidaba así su éxito logrado con Days Of Future Passed en 1967. La banda, caracterizada por sus acentuados rasgos de música clásica y folk, también logró llamar la atención de la tripulación del Apollo 15 en 1971. Ellos llevaron consigo un cassette del disco que hoy celebramos.

Hoy, 50 años después, recordamos estas trece composiciones cuyo primer minuto inicia con el despegue de un cohete al que pronto se le une la banda. “Trepando hacia la tranquilidad, lejos de las nubes, creando los cielos, claros de mantos nublados….” Es “Higher and Higher” que nos lleva a una estratosférica experiencia donde el sonido envolvente nos va acercando a un paisaje extraterrestre.

Eyes Of A Child Part I” continúa nuestro viaje. El arpa recrea una sensación flotante y nos narra Hayward: “La belleza de una sonrisa, silvestre y aventurera, la vida es algo feliz, pero no parece ser así a través de los ojos de un niño”. La rítmica pieza es adornada por los diversos instrumentos. La primera tríada cierra con “Floating” un tema de tres minutos con un atractivo juego vocal y una sencilla rítmica que apoya la poética letra. “Flotando libre como un ave, saltos de tres metros, qué absurdo, desde aquí puedes ver el paisaje, tanto espacio para ti y para mí”.

“Me sentaré y observaré la red que construirás este día, ¿Será un hilo de amor que tejerás? Eres tú quien muestra el camino, y entonces todo será como lo veas a la luz…” Es la letra de “Eyes Of A Child Part II”, un breve instante que se diluye y cede el espacio a “I Never Thought I’d Live To Be A Hundred” (Nunca pensé que viviría cien años), otro breve tema a guitarra y voz en el que la banda nos dice “Nunca pensé que haría lo que otros hijos harían, hace una era, mi creador me negó el placer de contemplar”. La sigue una canción de rara estructura algo más rockera llamada “Beyond”, pieza en la que The Moody Blues experimenta un poco sugiriendo una especie de trance. Una más convencional “Out and In” continua el repertorio de esta grabación donde Justin nos canta: “Ver pasar los planetas, buscando una vista total, he estado acostado aquí por horas, tienes que hacer del viaje un ir y venir”. Así concluye el lado A.

Con un balance bien logrado entre letra y música, el fluido lenguaje musical de los Moody Blues nos mantiene atados. Los tres siguientes temas son “Gypsy”, “Eternity Road” y “Candle of Life”.

En la primera los Moody Blues nos cuentan que “Una gitana de tiempos remotos, viajando en pánico sin dirección, dolida por el calor del ardiente sol, congelándose en el vacío de su lugar de origen, abandonada sin esperanza de regresar a casa, volando a través de la sombra de un millón de años”.

El grupo nos recuerda al Mayor Tom de David Bowie en “Space Oddity”, tema que sonaría poco tiempo después de éste. La música de los Moody Blues de este álbum es, si se prefiere, lineal. No existen solos virtuosos y hay una preferencia a experimentar con fragmentos sonoros que parecen ir y venir.

En “Eternity Roads” nos dicen: “Hark, escucha, ahí viene, Hark, escucha ahí viene, girando, dando vueltas, Caterina rueda, siempre cambiando, sin comienzo, acelerando sobre el cielo de carbón… Viajando el camino infinito, ¿qué encontrarás allá, llevando tu carga, buscando un poco de paz”.

La pieza va llenando espacios con un sonido cavernario. Las atractivas voces reflejan el clásico sonido de finales de los 60. Destacan acá las guitarras en el breve pasaje instrumental entre el puente y la tercera estrofa. En otro breve pasaje la pandereta marca el camino.

Vela de vida” es la tercera pieza del lado B. Uno de los puntos altos del disco en el que la banda nos relata, “Algo que no puedes esconder, dice que estás solo, oculto en lo profundo de ti sólo, está allí para que lo veas, da un vistazo y se, arde lentamente la vela de la vida. La melodiosa canción tiene un dejo de nostalgia que se siente en varios momentos a través de la obra.

Nuestra atención inmediata nota la presencia de un sitar en “Sun Is Still Shining” (El sol aún brilla), dando al tema un sentimiento indio. “Mira el paisaje, el sol aún brilla, la Luna aún cena contigo y conmigo, ahora que estamos afuera abre tu corazón al universo al cual pertenecemos”. La banda retorna a la melodiosa “I Never Thought To Be A Million” sustituyendo en el título la palabra hundred por million, un fragmento de tan solo 34 segundos igualmente con guitarra acústica y voz que no deja espacio para finalmente escuchar “Watching and Waiting” otra hermosa melodía: “Viendo y esperando por un amigo con quien jugar, ¿por qué he estado aquí tan solo tanto tiempo…? Porque acá hay suficiente espacio para que hagas las cosas que te habían sido negadas…”

Nuestro cumpleañero LP, producido por Tony Clarke, fue recibido con beneplácito por la prensa especializada. Desde sus orígenes en 1964, estos nativos de la ciudad de Birmingham continúan activos pero distantes del R&B que los caracterizó en sus inicios.

El grupo tuvo una breve pausa entre 1974 y 1977 para luego continuar activamente el resto de esa “clásica década” y las siguientes, aunque ya no con el mismo sonido, quizá por el retiro de Mike Pinder y el cada vez menor peso de la flauta de Ray Thomas (†). Unas dieciséis placas discográficas a la fecha, conforman el legado de este grupo, ahora convertido en un trío conformado por Hayward, Edge y Lodge. En su larga historia, han participado otros músicos entre los que destacan el teclista suizo Patrick Moraz (Refugee, Yes) y Clint Warwick (†).

Asumiendo riesgos, The Moody Blues incursionó en el género del synth pop de los 80 produciendo el exitoso The Other Side of Life en 1986. Hoy es recordada por los temas “Nights In White Satin”, “Tuesday Afternoon”, “Question” y “Your Wildest Dreams”.

Un total de 70 millones de álbumes vendidos y su entrada al Hall de la Fama en 2018 son evidencia de su popularidad y calidad musical. El sonido corpulento y sinfónico y los delicados tintes folk de la banda influyeron en grupos como Genesis, Deep Purple, Yes y ELO además de contribuir con un desarrollo filosófico y sonoro incorporando el sonido de los sintetizadores y el mellotron al lenguaje del rock.

Feliz cumpleaños, ¡Hijos de los hijos de nuestros hijos!

Leonardo Bigott