The Sea and Cake, el cristalino sonido de Chicago en el Sound...

The Sea and Cake, el cristalino sonido de Chicago en el Sound Isidro (Madrid / Mayo 29, 2018)

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The Sea and Cake

The Sea and Cake

Sala El Sol, Madrid

(Mayo 28, 2018)

 

No ocurre con frecuencia que cuatro músicos de amplísimo nivel e inmaculada trayectoria se presenten a dos metros de distancia. Todos han sido protagonistas del mejor sonido de Chicago desde hace 30 años, contribuyendo de manera decisiva a expandir las fronteras de la música popular. En 1994 cuando publicaron su homónimo disco debut, el guitarrista Archer Prewitt aun formaba parte de The Coctails, el vocalista y segundo guitarrista Sam Prekop y el ex bajista Eric Claridge tocaban con Shrimp Boat, mientras el baterista John McEntire recién había formado la emblemática banda Tortoise, eje central del sonido post rock de Chicago, junto a varios fantásticos músicos, entre ellos Doug McCombs (Brokeback, Eleventh Dream Day, Pullman), quien ahora es el bajista de The Sea and Cake, gran valor añadido a esta presentación. Un pedigree muy amplio.

La apertura de la noche correspondió al cuarteto Karen Koltrane, el proyecto que lidera el teclista, vocalista y compositor Ángel Valiente y que en directo contó con la participación del baterista Pablo P. Campesino de Autumn Comets, y los versátiles Miguel Bellas e Iñaki Jiménez de las agrupaciones Atención Tsunami e Incendios, quienes se encargan de guitarra, bajo y sintetizadores.

Aprovecharon para repasar especialmente material de su reciente Album (2017) y algo también del EP debut, Plantas de interior (2014). Las influencias de Mercromina son demasiado palpables, no es vano Joaquín Pascual produjo el disco. En su sonido a medio camino entre el dream pop lisérgico, el shoegaze y la psicodelia moderna, confluyen elementos de Spectrum/Sonic Boom, Slowdive y Windy and Carl, entre otros. Su propuesta envolvente es interesante, pero quizá la voz de Valiente luego de un rato se torna algo monótona.Tras unos 40 minutos, el grupo se retiro antes aplausos comedidos.

Sin pausa, salieron los cuatro músicos de The Sea and Cake casi uniformados en tela jean (pantalones y camisas) y ellos mismos se encargaron de poner a punto sus instrumentos. Con total naturalidad arman las pedaleras, mueven las tuercas de los parales, montan los platillos, afinan, chequean línea y se retiran unos pocos minutos. Esos los hace cercanos, aunque prácticamente no hayan pronunciado palabra durante el show más allá de dos o tres breves agradecimientos de Prekop, el único que habla. Parecen absortos en su performance, concentrados en realizar un trabajo impecable, prístino.

The Sea and Cake llevaba seis años sin publicar nuevo material, desde Runner (2012), tras del cual el bajista fundador Eric Claridge abandonó el grupo. Eso hizo que el candidato natural fuese en magnífico Doug McCombs, que apareció en tarima con una poblada barba blanca y su Fender Precision de mil batallas. Su aporte fue realmente fundamental.

Como cabía esperar, el repertorio estuvo nutrido de canciones del nuevo disco Any Day, lanzado este mismo mes y por ello tuvimos la suerte de que estuvieran ofreciendo unos pocos ejemplares del vinilo color rosado de edición limitada. Un total de ocho de diez temas que lo componen fueron difuminados a lo largo del set de 19 canciones, cubriendo buena parte de sus discos desde 1995.

Comenzaron con la exquisita “Four Corners” del disco One Bedroom (2003), que posee una larga introducción instrumental en la que McEntire va construyendo un ritmo con el aro del redoblante como si estuviera prendiendo los motores, hasta que finalmente entra la voz. De inmediato comenzó el repaso del nuevo disco con “Cover Mountains” y “Starling”, dos exquisitos temas que definen el sonido que el cuarteto ha desarrollado en los casi 25 años que separan este momento de su primer disco de 1994.

Uno de los álbumes más celebrados de The Sea and Cake es Oui (2000) y de él escogieron tocar “Afternoon Speaker” y “Midtown”, en los que afloran las influencias del ala más gentil del sonido Canterbury encarnado en Caravan. El trabajo de Prewitt es realmente notable, tanto con los arpegios, el e-bow, los solos y las atmósferas. No es casual que esté ubicado en el centro ya que lleva el peso del sonido del grupo.

La revisión de Any Day siguió con “Circle”, con el ritmo saltarín de McEntire y antes de tocar otras, intercalaron “Harps”, uno de los temas más emotivos de toda su trayectoria, que pertenece a Runner (2012) que hasta hace un mes era todavía su trabajo más reciente. Retomaron el nuevo material con la sosegada “Into Rain” y “Day Moon”, que contiene un solo de guitarra canterburiano mezclado con un bajo de sonido ochentero. Del disco anterior tocaron también “New Patterns”, que tiene una de las guitarras más “rocker” de su repertorio. Sorpresivamente tocaron “An Echo In” del EP Glass (2003) que se editó en tiraje limitado.

The Staircase”, delicado tema del disco Car Alarm (2008), del que también tocaron “On a Letter”, y entre ambas “Any Day”, el fantástico tema que da nombre al nuevo disco, que en directo pierde el sonido del contrabajo pero gana el de un bajo eléctrico verdaderamente orgánico marca registrada de McCombs, al tiempo que McEntire jazzea y Prewitt nos deleita con su e-bow. Llama la atención como Prekop es capaz de cantar proyectando la voz hacia abajo, con el micrófono colocado verticalmente y él doblando su cuello al contrario de lo que la mayoría de los cantantes hacen. Quizá sea la razón por la cual su voz no suena suficientemente potente.

Alegre como pocas, aunque siempre con el toque melancólico de la voz, prosiguieron con “I Should Care”, que algunos bailaron con cierta timidez. Y en un mood hedonista, cerraron con “These Falling Arms”, otra maravilla del nuevo disco. Pero, como era de esperarse, las cien personas que nos dimos cita en Sala El Sol, no estábamos dispuestos a irnos aún. Complacidos regresaron para regalarnos otros tres temas. El primero de ellos fue “The Argument”, de The Fawn (1997), uno de sus discos claves del que echábamos en falta algún tema. Aquí sonó mucho más sencillo, prescindiendo de las pistas electrónicas con las que experimentaban en aquel tiempo. Los coros de Prewitt fueron claves aquí.

Otro disco del que no habían escogido ninguna, Everybody (2007), tuvo su representación con “Coconut”, para entonces ir mucho más atrás, al disco Nassau (1995), con la siempre recordada e hipnótica “Parasol”, cierre que nos dejó a todos en estado de felicidad. Quizá por ello los todavía no nos retirábamos queríamos más, así que salieron para inesperadamente tocar el fantástico tema instrumental de Nassau, “A Man Who Never Sees a Pretty Girl That He Doesn’t Love Her a Little”.

La de The Sea and Cake, sin duda, ha sido una de las más apreciadas incorporaciones al ciclo de conciertos Sound Isidro 2018. Un verdadero privilegio poder observar de cerca a estos cuatro arquitectos del más atractivo y cristalino sonido de nuestro tiempo, embajadores de excepción de Chicago en el mundo.

Juan Carlos Ballesta   @jcballesta (Texto, fotos y videos)