La fuerza telúrica de The Young Gods sacudió Madrid

La fuerza telúrica de The Young Gods sacudió Madrid

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The Young Gods

The Young Gods
Sala Caracol, Madrid
(Abril 13, 2019)

No estaba llena la sala, lástima. Nos costaba creerlo. Un grupo como The Young Gods, con una impecable, influyente y distintiva trayectoria de más de 30 años, merecía una sala repleta. Los aproximadamente 200 asistentes fuimos testigos de uno de los conciertos más brutales, intensos e hipnóticos que puedan verse estos tiempos.

No es casualidad que David Bowie en su etapa industrial en los años 90 haya citado como su referencia fundamental a la banda suiza, la cual transitaba entonces por su período más crudo y frenético.

De la mano de Franz Treichler (voz, guitarra), The Young Gods ha incorporado a través del tiempo elementos ligados a la electrónica, y ahora maneja unos códigos sonoros con los que conduce a la audiencia por una especie de montaña rusa, pasando de ambientes de hipnótica inquietud a otros de naturaleza volcánica. Hay que estar enfrente para sentir la potencia que emana de estos tres maestros, ayudados por un ingeniero de sonido que logra un equilibrio perfecto y un manejo de la iluminación que potencia el discurso musical cuya columna vertebral es manejada por Cesare Pizzi, miembro original que tocó en los primeros dos discos y ha regresado con su alquimia de la que salen secuencias y sonoridades de todo tipo, sampleos de guitarras y poderosos bajos.

Como era lógico luego de nueve años de silencio discográfico, el repertorio de esta gira está basado en el material del reciente Data Mirage Tangram, del cual tocaron las siete canciones que lo componen. La primera parte incluyó cinco de forma consecutiva, comenzando con “Entre En Matière”, cuyos atmosféricos primeros minutos y su posterior aroma a Massive Attack, fueron la introducción ideal para la sensacional hora y media que nos esperaba. Siguieron los dos temas que cuentan con videoclip y que son la punta de lanza del álbum: “Figure Sans Nom” y “Tear Up the Red Sky”, ambos mostrando el lado más “melódico” del sonido de The Young Gods, con gran trabajo de guitarra y secuencias.

Uno de los grandes pasajes del concierto lo representó sin duda “All My Skin Standing”, un tema con todos los elementos a los que nos han acostumbrado por más de tres décadas, que incluyó una primera parte envolvente, algo siniestra, no muy lejos de The Legendary Pink Dots y cuyo desarrollo nos lleva a un segmento de guitarra enloquecida que nos sacude. Parte de los presentes entraron en un trance corporal del cual no salieron hasta el final del concierto.

El tema más atonal del disco, con una base que pareciera un híbrido entre el free jazz y los tiempos más desatados de Einstürzende Neubauten, es “Moon Above”, en el cual Bernard Trontin redobla insistentemente en la batería, mientras Pizzi escupe todo tipo de sonoridades y Treichler toca la armónica y canta como si de una plegaria bluesera se tratara.

El primer vistazo a su pasado fue con “About Time”, del disco Super Ready/Fragmenté (2007), un tema que invita al baile tribal, que se construye sobre una secuencia techno y una contagiosa batería. Los minutos finales fuero apoteósicos.

Sorpresivamente viajaron hasta su primer EP de 1986 para tocar una reinventada versión de “Envoyé”, pieza de los tiempos en que The Young Gods comenzaba su periplo en terrenos que transitaban bandas como Skinny Puppy o Ministry, una pieza de ritmo repetitivo, muy cercano a lo que en los 80 se bautizó como E.B.M. (Electronic Body Music).  Imposible no caer en trance. Hasta ese momento las luces habían jugado un excelente papel creando un ambiente sombrío, pero aquí se convirtieron en aliado total en el enloquecido crescendo de la pieza.

You Gave Me a Name”, otra del nuevo disco, nos llevó por un terreno menos frenético, quizá emparentado con el Depeche Mode más reciente. Tras ella se despidieron, pero solo por un minuto. Lo que nos tenían preparado fue un explosivo encore que comenzó con tres de los más emblemáticos temas de su discografía, favoritos de la mayoría de sus seguidores.

La sala casi explota con la potencia de “Kissing the Sun”, un tema del disco Only Heaven (1995), que sonó a dinamita pura. Las guitarras sampleadas -característica de toda su primera época- fueron manejadas magistralmente por Pizzi junto al resto de sonidos, mientras Trontin descargaba toda su rabia en los tambores. Treichler, liberado de instrumentos, abordó ésta y las dos siguientes con toda la pasión requerida.

La rockera “Gasoline Man” provocó la euforia total, y casi logra que se hiciera un pogo. Como un imparable volcán en erupción sonó esta canción extraída del celebrado disco T.V. Sky (1992), del cual también nos regalaron ese dark rock siniestro y pesado que es “Skinflowers”. Fueron tres seguidillas de cachetadas en la nuca que nos dejaron placenteramente aturdidos.

Cuando creíamos que sería el final, siguieron con una pieza inesperada: “Do You Miss Me?”, editada como single en 1987, especie de rock cabaretero con el que parecía terminaban. Sin embargo, para dejarnos en las nubes escogieron para despedirse definitivamente, “Everythem”, sosegada e hipnótica pieza que cierra su reciente álbum.

The Young Gods demostró que juega en su propio terreno. Fue un concierto perfecto en ejecución y de alto voltaje emocional, con una sincronía absoluta entre los tres músicos y su equipo técnico. Pocas bandas en el mundo suenan así. No son solo dioses, son los amos del rock industrial y electrónico. Sin duda, fuimos privilegiados.

Juan Carlos Ballesta (Texto, fotos y videos)