“Data Mirage Tangram”, el retorno del sofisticado rock industrial de The Young...

“Data Mirage Tangram”, el retorno del sofisticado rock industrial de The Young Gods

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The Young Gods
Data Mirage Tangram
Two Gentlemen. 2019. Suiza

A pesar de tener una historia de 34 años, la banda suiza liderada por Franz Treichler (voz, samplers, secuencias, guitarras) sigue siendo el secreto mejor guardado del rock industrial, habiendo influenciado a David Bowie, U2, Primal Scream y un largo etcétera. Inspirada por la para entonces novel banda de no-wave neoyorquina Swans, cuyo baterista –también suizo- Roli Mosimann fungió de primer productor, The Young Gods irrumpió con un crudo y homónimo debut en 1987, al cual siguió una seguidilla de fantásticos discos: L’eau Rouge (1989), The Young Gods plays Kurt Weill (1991), T.V. Sky (1992) y Only Heaven (1995), con los cuales la banda cimentó su sonido de raíces industriales pero siempre con un componente electrónico que con los años fue ganando más protagonismo.

Este doceavo álbum es el primero que publican en nueve años, con la gran novedad del regreso del teclista fundador Cesare Pizzi, sustituyendo a Al Comet (Alain Monod), quien había asumido ese rol a partir del tercer álbum. Con él se lanzan de nuevo a conquistar los escenarios de Europa.

Data Mirage Tangram posee todos los ingredientes a los que nos acostumbró The Young Gods, un doble LP de 53 minutos en el que Treichler, Pizzi y el baterista Bernard Trontin (desde 1997), nos hipnotizan con siete temas en los que pasan de momentos de alta intensidad hasta atmósferas envolventes, combinando como siempre el francés con el inglés. Es, sin duda, uno de sus grandes trabajos, lo cual es una gran noticia tratándose de una banda que parecía en estado de hibernación. Fue mezclado por el legendario Alan Moulder.

Entre en matière” abre el disco de manera enigmática, con unos teclados fantasmales sobre los que se escucha el timbre repetitivo de un platillo, hasta que la voz distorsionada de Treichler hace su aparición acompañada de una guitarra. A mitad del tema arranca el sosegado ritmo e intuimos que nos espera un disco de envergadura. Siguen entonces los dos temas que han sido acompañados por videoclips.

Primero “Tear Up The Red Sky”, cuya primera parte atrapa por su libidinosa atmósfera hasta que sobreviene la muralla guitarrera y un cierto aroma al U2 más electro pop y al Primal Scream de principios de siglo, justo dos bandas a las que influenció. Y segundo, “Figure sans mon”, probablemente el tema más pegadizo del disco, con una magistral guitarra y una cadencia a lo Massive Attack, aunque más acelerada.

Moon above”, en cambio, se adentra en las exploraciones a las que se habían acercado en sus discos más experimentales, con una mezcla rítmica a medio camino entre el free jazz y la electrónica de Autechre o Spring Heel Jack, pero con voz. La aparición de la armónica a mitad del tema le insufla dramatismo bluesero.

La pieza más extensa es “All My Skin Standing”, once minutos de auténtica tribalismo industrial, con pinceladas que a veces recuerdan a Einstürzende Neubauten y otras a The Legendary Pink Dots. Temazo.

En “You Gave Me a Name” el trío construye un telaraña rítmica y de teclados, con una voz sosegada, que es envuelta en una densa capa guitarrera, en un crescendo que nos deja tirados en medio de un galpón industrial abandonado y que sirve de perfecto preámbulo para la espaciosa “Everythem”, un dub industrial mutante con el que nos dejan flotando en algún lugar desconocido.

Brillante reaparición de una de las bandas fundamentales y aún no merecidamente conocida. A no dudarlo, uno de los discos de 2019.

Juan Carlos Ballesta