Un viaje desde Madrid a otra Venezuela con Pedro Castillo (Ago 23,...

Un viaje desde Madrid a otra Venezuela con Pedro Castillo (Ago 23, 2018)

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Pedro Castillo
Foto: Óscar Ribas Torres

Pedro Castillo

Café Berlín, Madrid

(Agosto 23, 2018)

 

En estos tiempos ocurren cosas que tiempo atrás no hubieran sido posibles en Madrid ni en otras ciudades importantes del mundo. Que un cantautor venezolano se presente en un local emblemático como el Café Berlín como si lo hiciera en Caracas, ante un público casi en su totalidad venezolano, y que su show esté dedicado a repasar emblemáticas canciones de los años 80 exitosas en Venezuela y a desgranar un anecdotario totalmente localista, es un fenómeno digno de ser resaltado.

Comunidades de otros países quizá estén más acostumbrados a estos fenómenos de recibir a un artista de gran peso en sus países de origen y que muy pocos de otras nacionalidades conocen, pero en el caso de los venezolanos este es un escenario bastante reciente, producto de la exponencial emigración que se ha producido durante este siglo y muy en especial en los últimos cinco años. España, por razones culturales, idiomaticos y vínculos sanguíneos de muchos, ha sido uno de los principales países receptores.

Uno de los patrimonios musicales de Venezuela es Pedro Castillo, quien a lo largo de los años que han seguido a su restablecimiento en Miami ha reorientado su carrera y encontrado un nicho que, sin duda, le ha resultado rentable. El mismo contó durante el show como es que desde hace años se presenta en todo tipo de lugares y circunstancias, desde teatros, bares, hoteles y otros recintos, en fiestas privadas, bautizos, matrimonios e incluso declaraciones de amor. La nostalgia ha jugado a su favor, tratándose de un músico con un extenso catálogo de canciones propias, probadas habilidades como guitarrista y vocalista, y además, dueño de una capacidad de comunicación notable y entretenida.

Pedro Castillo comenzó su carrera a fines de los años 70 como parte de la primera encarnación de la banda Témpano, cuyo legendario disco debut, Atabal Yemal, es uno de los más importantes del rock progresivo latinoamericano (la banda fue revivida a finales de los 90, editando otros cuatro magníficos discos). En 1980 pasó a formar parte de la agrupación Aditus, coincidiendo con el cambio de estilo y la progresiva transformación hacia el pop rock. Esta experiencia duró hasta 1993, tiempo durante el cual construyó junto a sus compañeros George Henríquez, Valerio González y Sandro Liberatoscioli (los dos primeros al mando todavía del grupo), un repertorio que forma parte del inconsciente colectivo de los venezolanos, especialmente los mayores de 35 años. Siete álbumes en doce años. Durante la primera mitad de los 80, Castillo fue parte fundamental también de la banda de new wave, PP’s, con la cual grabó tres recordados discos. Más tarde fue parte también del grupo Los Electrodos, con el que editó un solo disco.

En paralelo, se convirtió en uno de los más requeridos músicos del mundo de la publicidad, poniendo su voz y componiendo innumerables jingles comerciales, varios de los cuales lo dieron a conocer a otras audiencias. Al salir de Aditus, emprendió una carrera en solitario que hasta ahora ha arrojado siete discos con su nombre y otro como Ashwave en 2003.

Veinticinco discos es una cifra muy respetable en cualquier parte del mundo, más aún en un país con una industria discográfica que a decir verdad solo funcionó en los años 80. A eso se unen innumerables colaboraciones.

Pedro, por tanto, tiene material de sobra para escoger en cada una de sus presentaciones. No escribe ni elabora un setlist como la mayoría de los artistas sino que va escogiendo temas según la audiencia, de acuerdo al desarrollo del show que se basa no solo en las canciones sino en el amplio anecdotario que entre canción y canción entretienen al público. Obviamente, nos referimos al público que vivió buena parte de su vida en Venezuela y más específicamente en los años 80 y parte de los 90. En ese período estuvo centrada su escogencia y a juzgar por las reacciones, fueron pocos los que estaban perdidos.

La presentación fue un talk show con canciones. Al salir del camerino comenzó con su primer cuento. No es la manera más habitual de empezar un concierto. Solo, acompañado de un iPad sobre el que bromeó diciendo que ahora llevaba los músicos allí adentro, tocó la primera parte del show. Comenzó con dos famosas canciones de amor de Aditus, “No te vayas ahora” y “Tiempo”, poniendo a cantar a casi todas las mujeres venezolanas presentes.

Las anécdotas sobre la escena musical de los 80, la competencia entre las dos principales discográficas Sonográfica y Sonorodven, las jornadas de grabación en los estudios Intersonido de Los Ruices Sur en Caracas, las giras, los viajes a Panamá, el “chalequeo” de la época al exitoso dúo Fernando y Juan Carlos (de los que versionó “Aún paso por tu casa”) y el reconocimiento a sus aportes, la anécdota con Yordano y su manager, su incursión en el mundo de la publicidad, la apertura para Hombres G que tuvo que alargar por problemas de salud de la esposa de David Summers, y un sinfín de otras historias, fueron los puentes entre canciones, todas de su etapa con Aditus, más algunas versiones. “La vida no me alcanzará”, “No se quita”, “Manantial de Corazón” (exitazo de Yordano), “En este país” y “Perdiendo altura”, completaron el segmento inicial.

El puente entre una parte y otra del concierto fueron las dos canciones que interpretó junto a la cantautora venezolana Georgina, “Con solo una mirada” y “Un momento de luz”, que sirvieron para introducir a David Díaz (guitarra), Diego Moyano (teclados, coros) y Ernesto Lottito (batería), una banda de ocasión que lo acompañaría hasta el final y que cumplió muy bien con el cometido. Pedro, en un movimiento nada habitual, pasaría a tocar el bajo, y la verdad lo hizo muy bien.

A partir de ese momento se sucedieron canciones que todos esperaban, como “Mi amplificador”, transformada en un reggae y a la que precedió el cuento sobre su origen, inspiración sacada de los avisos clasificados del diario El Universal. Todos comenzaban con la frase “por motivo de viaje vendo al costo”. Hacia el final del tema, con la base reggae, Pedro introdujo: “Con un Re Bemol, un Si, un La y un Mi: con estos cuatro acordes vamos a hacer un paseo por Venezuela y el mundo”. Acto seguido deslizó extractos concatenados de “Cerro El Avila” de Ilan Chester, “Louis” de Franco de Vita, “Muñeca de lujo” de Yordano, “Todo pasará” de Frank Quintero, “Alma Llanera”, “Sombra en los médanos”, “Help!”…Siguió con dos éxitos incontestables de Aditus, “No te pueden apagar” y la siempre esperada “Algo eléctrico”, para abordar “Message in a Bottle” de The Police. Como había advertido al principio cuando alguien pidió la canción, el cierre correspondió a “Victoria”, con todo el público cantando eufóricamente y aplaudiendo. Aprovechó para incorporar un segmento de “With or Without You” de U2. La gente no lo dejó ir tan fácilmente y Castillo lanzó una versión roquera de “Solo pienso en ti” de Guillermo Dávila, una de las canciones más exitosas de los 80 en Venezuela.

Fue, sin duda, un viaje al pasado, pero no de cualquiera, sino del nicho de venezolanos que asistió con toda la intención de revivir una época en la que todo era bastante diferente a la realidad actual. Pedro Castillo se encargó de ser el perfecto “médium”.

Juan Carlos Ballesta