YES: 50 años de una experiencia sónica sublime y visualmente deslumbrante

YES: 50 años de una experiencia sónica sublime y visualmente deslumbrante

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Yes
El conocido productor, ingeniero de sonido y vocalista Trevor Horn, afirmó hace más de 30 años que “YES hacía todo mal pero sonaba bien”. Frase lapidaria que, sin duda, despierta una polémica que resume parcialmente la historia de una banda que, a lo largo de medio siglo, se ha convertido en un crisol en el cual más de dos decenas de músicos han contribuido a la creación de una identidad melódica, armónica y rítmicamente seductora con un peculiar sonido que resulta de los aportes de diversas personalidades cuyos rasgos la definen, en ocasiones, bajo un lenguaje accesible pero en el cual yacen elementos del jazz, neoclasicismo, expresionismo, pop, folk, country, funk, rock, música celta y otras músicas que YES ha adoptado.
Su inmenso legado se traduce en 21 discos de estudio, 14 en directo, 35 compilados, 28 singles e incontables discos solistas y en colaboración de sus miembros actuales y ex integrantes.
Leonardo Bigott

 

Con esas características, la música de YES expone voces exóticas que declaman poemas en lenguas austro asiáticas o palabras que cobran relevancia por su sonido más que por su significado, música en la cual las teclas se acentúan sobre un órgano Hammond, un clavicordio o simplemente un pianoforte y construyen frases que guardan vestigios de Liszt, Bach o Stravinsky, una guitarras que evocan en ocasiones a Chet Atkins y otras veces nos deslumbran con pasajes flamencos y barrocos en contraste con un pop rock conceptualizado con la mayor finura. Voces celestiales que narran pasajes oníricos o cuentos basados en obras de la literatura universal y, lo mejor, todos esos elementos brotando durante 50 años como si de un geiser sonoro se tratara. Sonoridades propulsadas por una sección rítmica poliglota y corpulenta que conforma un eje en torno al cual giran ideas de una clara identidad que alguien dio por llamar YESidad – abusando un poco del idioma – lo cual, sin rencor ni remordimiento, delinea una unicidad artística que ha sido motivo de tesis de grado y profundos estudios de conocedores y aficionados, y también eternas diatribas con amantes de otras propuestas de culto de la época como King Crimson, Gentle Giant, ELP, Genesis y Van Der Graaf Generator.

El origen

En 1967 el bajista Chris Squire formó la banda Mabel Greer’s Toyshop, la cual se presentaba en el prestigioso Marquee Club de Londres. El sitio era frecuentado por Jack Barrie, propietario del club La Chasse, en la calle Wardour de Soho, donde trabajaba Jon Anderson. Barrie, viendo que la banda de Squire no tenia rumbo alguno, a pesar de su musicalidad, le presentó Jon Anderson a Squire. El histórico encuentro inmediatamente resultó en el descubrimiento de un interés musical común y ese mismo día en la tarde ambos se reunieron y compusieron el tema “Sweetness”. Resumiendo un poco la larga historia, Squire llamaría al guitarrista Peter Banks, con quien había tocado en la efímera Mabel Greer’s Toyshop. El desconocido baterista Bill Bruford había puesto un anuncio en la prestigiosa publicación Melody Maker que fue atendido por Squire y, finalmente, se uniría el teclista Tony Kaye de la banda Federals y Johnny Taylor´s Star Combo, conformando así lo que Banks llamó simplemente ¡YES!

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Peter Banks, Tony Kaye, Bill Bruford, Chris Squire y Jon Anderson en 1969
En busca de una voz propia (1968-1978)

En la primera década de la banda, YES experimentó cambios sustanciales en busca de un lenguaje musical original. Composiciones propias y versiones con cambios radicales de temas de Simon & Garfunkel, The Beatles, Stephen Stills y Richie Havens, fueron algunas de las características principales del quinteto que en su segundo álbum grabaría con una orquesta completa sin lograr mayor atractivo pero reafirmando el interés por encontrar el idioma deseado.

La voz angelical de Anderson, el corpulento y áspero bajo de Squire, la cuasi jazzística y poli rítmica batería de Bruford, la puntiaguda guitarra de Banks y el distintivo sonido del órgano Hammond en manos de Kaye, dieron su primer giro radical con la inclusión de Steve Howe en reemplazo de Banks. Howe, poseedor de un vasto vocabulario musical, trajo elementos del folk, flamenco, jazz y country a la banda, pero distante del blues, algo contrario a los guitarristas de aquellos años, Howe catapultó a YES a la fama internacional. El inicio de esa primera década quedó perpetuado en la primera trilogía discográfica: Yes (1969), Time and A Word (1970) y The Yes Album (1971). El flautista dulce Colin Goldring contribuyó a matices barrocos en éste último. Temas como “Yours is No Disgrace”, “I`ve Seen All Good People” y “Perpetual Change”, formarían parte desde entonces de su repertorio.

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Steve Howe, Tony Kaye, Chris Squire, Jon Anderson y Bill Bruford en 1971

El segundo cambio radical ocurrió con la salida de Tony Banks, quien se negaba al uso de nuevas tecnologías como el sintetizador Moog o el mellotron. Banks fue sustituido por Rick Wakeman quien no sólo tenía un arsenal de teclados de la época sino que era egresado del Royal College of Music de Londres, con experiencia junto a Strawbs y David Bowie. Su influencia de la música clásica en la banda significó un nuevo giro aún mayor que el primero. El evidente virtuosismo y caudal de innovadoras ideas, dio como resultado otra magnifica trilogía discográfica Fragile (1971), Close To The Edge (1972) y la ambiciosa obra Tales From Topographic Oceans (1973), a la cual contribuyó de manera determinante el ilustrador Roger Dean, creando el famoso logo y los maravillosos dibujos. De los dos primeros discos, casi todos los temas han formado parte de sus conciertos, primordialmente “Roundabout”, “Heart of the Sunrise”, “And You and I” y “Close to the Edge”, quizá la larga suite que mejor define la complejidad del sonido de YES. La gira que siguió a esos discos quedaron plasmada magistralmente en el ambicioso triple LP Yessongs

Ilustración de Roger Dean para Yessongs

En estos trabajos YES se revela como un sólido quinteto de superlativa musicalidad y un flujo constante de sonoridades que van desde el barroco al flamenco con una perspectiva tan personal que no hace fácil comprender como pudieron convivir cinco egos tan marcados. Bruford abandonaría la banda tras haber culminado la grabación del segundo. El tercero, la faraónica obra suma cum laude de YES, fue un álbum conceptual que puso tras las baquetas a Alan White, baterista de John Lennon y Plastic Ono Band. YES vivía momentos de esplendor musical pero también la tensión de conflictos internos que pronto hicieron que Wakeman buscara nuevos horizontes siguiendo su camino en solitario.

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Howe, Rick Wakeman, Alan White, Anderson y Squire en 1973

El teclista inglés fue sustituido por el suizo Patrick Moraz, quien contribuyó con elementos de jazz y funk a Relayer (1974), un álbum similar en estructura a Close To The Edge, con tres arriesgados temas, uno ocupando la cara A completa del vinilo (“The Gates of Delirium”) y dos en el lado B (“Soundchaser” y “To Be Over”). Basado, en parte, en La guerra y la paz de Leon Tolstoy, Jon, Chris, Steve, Patrick y Alan, cristalizaron sus ideas en el álbum Relayer, una de las obras más provocadoras de la banda cuyos rasgos surreales eran acá palpables. Si en el anterior trabajo, religión, arte y otros aspectos de la vida eran del interés del quinteto, Relayer fue el punto más virulento del laureado grupo para entonces, abriendo nuevos espacios llenos de otros colores y texturas con una musicalidad más sólida y un grupo, sin duda, más seguro de si mismo.

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Anderson, Patrick Morazm White, Squire y Howe en 1974. Foto: Michael Putland

Luego que cada miembro grabara un proyecto solista, YES culminó la década con Going For The One en 1977 y Tormato en 1978. El primero marcó un hito importante con el retorno de Rick a los teclados y cinco composiciones de las cuales tres muestran la onírica dulzura que YES ha sido capaz de plasmar en “Turn of the Centruy”, “Wonderous Stories” y “Awaken”, pero contrastada con dos composiciones cargadas de energía al mejor estilo de su lenguaje, “Going for the One” y “Parallels”. YES entonces retornaba a composiciones de menor escala como lo hacía en Yes y Time And A Word pero ciertamente con una mayor madurez musical.

Tormato daría mayor énfasis a ese tipo de temas bajo una lírica más directa y accesible. Las fantásticas imágenes de Roger Dean no formaron parte de estos dos álbumes en los cuales YES reflejó su conciencia ecológica al tiempo que relataba historias de naves interplanetarias, circos celestiales y con un poco de jazz, nos se llevaba en sus “silentes alas de libertad”.

Dos agónicas décadas (1980-2000)

YES entró a la nueva década con Drama, publicado a mediados de agosto de 1980, tras haber superado la partida de Jon Anderson y, una vez más, Rick Wakeman. Fue un duro golpe para los seguidores ortodoxos de la banda pero el resultado fue altamente gratificante, al menos por un breve período tras el cual YES quedaría literalmente en el limbo. La inquebrantable sección rítmica Squire-White y Steve Howe fueron acompañados por dos notables músicos de la banda new wave y synth pop The Buggles, recordada por “Video Killed The Radio Star” primer video emitido por MTV. YES parecía hundirse lentamente en el olvido al terminar la gira de Drama con Geoff  Downes en las teclas y Trevor Horn en la voz líder. Si bien el álbum se ha revalorizado en el tiempo, para el momento le hacia honor al titulo. YES quedaba reducido a cenizas y el new wave era su incinerador.

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Howe, White, Geoffrey Downes, Squire y Trevor Horn en 1980
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Pop  progrock y la tríada Rabin    

La segunda década de la banda fue menos prolífica. Sin ahondar mucho en detalles de la farándula, los 80 fueron testigos de un YES plenamente accesible, distanciado de fórmulas rebuscadas y menos fervorosos en cuanto a sonoridades exóticas y obras conceptuales.

La llegada del guitarrista surafricano Trevor Rabin hizo precisamente eso y los álbumes 90125 (1983), Big Generator (1987) y Talk (1994) atrajeron a nuevas audiencias pero alejaron a muchos que soñaban con una banda que, una y otra vez, produjera magnánimas obras como Fragile, Close To The Edge, Tales From Topographic Oceans y Relayer. Sin embargo, YES no abandonaría la belleza estética de sus composiciones y piezas como “Holy Lamb (Song For Harmonic Convergence)”, “Love Will Find The Way” o “Changes” resultaban placenteras, frescas, estimulantes y, aunque menos exigentes, hilvanadas con sencillez y con el mismo buen gusto que iba de un mild-hard rock en “City of Love” hasta la cinemática “Where Will You Be” incluyendo la atractiva suite “Endless Dream”, donde la banda retornaba a temas extensos o mayores a diez minutos. Roger Hogdson (Supertramp), colaboraría con la banda para el último de esta trilogía.

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Howe, Trevor Rabin, Anderon, Kaye y Squire en los años 80. Foto: Ebet Roberts

Una ruptura cronológica en mi relato nos lleva de regreso al inicio de la tercera década del grupo con el álbum Union de 1991. Siendo un poco supersticioso, este décimo tercer álbum de la banda es sin duda el menos efectivo. Carente de una dirección artística inteligente y lleno de ambiciones no cumplidas. El bajista Tony Levin, Jonathan Elias y el cinemático Mark Mancina fueron parte del descalabro. Si bien hay temas que capturan la atención como “Angkor Wat” con su recitativo en camboyano y sus atmosféricos pasajes;  “Lift Me Up”, donde Rabin acentúa su acústica con un timbre metálico o el solo de Steve Howe,Masquerade”; Union es, por consenso, el verdadero “drama” de YES. Aunque cierto es que la columna vertebral de la banda ha sido el resonante, melódico y en ocasiones contrapuntístico bajo de Chris Squire, no es menos cierto que cada personalidad que ha participado en la banda, no sólo tiene un acentuado ego, sino que individualmente son santos de devoción de muchos. Por ejemplo, Jon Anderson era visto como el líder de la banda y su espíritu ha sido fuente de inspiración para los seguidores del casi siempre quinteto. La urticante personalidad de Howe es en si una institución. Uno no sabe si perdonarlo o condenarlo. El agrio humor de Wakeman contrastante con el menos complicado temperamento de Rabin o el alto sentido de profesionalismo de Bruford y White, ambos de poco hablar y mucho hacer. En fin, el álbum Union es en sí una gran ironía y mucho más si vemos el éxito comercial que tuvo. ¡Disco de Oro! Por 500.000 copias vendidas en los primeros dos meses. ¡Una puñalada para los amantes del prog! Fue la consecuencia del homónimo disco editado dos años antes por Anderson, Bruford, Wakeman y Howe.

Adiós Rabin, bienvenido, una vez más Howe.

La sacudida que produjo Union parece haber sido para la banda una buena lección. Open Your Eyes (1997) y The Ladder (1999), cerrarían los 90 con buen gusto, una mejor dirección y un sonido igualmente fresco pero esta vez con Howe, Billy Sherwood y dos músicos adicionales, Igor Khoroshev y Steve Porcaro (Toto), ambos teclistas de alto tenor.

Más allá del fallo comercial que representaron, YES parecía indicar que aún quedaba mucha tela por cortar. Bajo mi óptica, Open Your Eyes se constituyó en un segundo aire. Igualmente accesible que aquellos de la era Rabin, este álbum tiene la particularidad de haber incluido un atmosférico tema llamado “The Source” que pareciera recordarnos la importancia de tomar riesgos a merced de una industria más ambiciosa que empuja en dirección contraria. “Man In The Moon”, “Universal Garden” y “New State of Mind”, son algunos de los atractivos temas de este disco que nos dejaba con una cierta disyuntiva. Seguir o no seguir.

La banda cerraría con creativa elocuencia el siglo 20 con The Ladder. En lo personal, que gustazo fue ver, a casa llena, a Tempano y YES ese año en la sala Ríos Reyna del Teatro Teresa Carreño. ¡Finalmente YES en Caracas! ¡Guao!… Nunca vi tanta euforia y desenfreno. La sala estalló por todos lados. The Ladder reencontró la vena creativa que caracterizaba a la banda. YES ahora era un sexteto envidiable que celebraba con superlativa elocuencia sus 30 años de vida artística. Como dato curioso, The Ladder, la escalera, de esas que se usan para quehaceres de la casa, simboliza a aquella exhibida por Yoko Ono en 1966 en la Galería Indica y que, según relató Lennon en el documental Imagine, “uno podía subir una escalera hasta el final donde guindaba del techo una lupa que al tomarla y enfocarla sobre una ilegible palabra uno descubría que se leía YES. Finalmente alguien me decía algo positivo”. Allí nació la leyenda de John y Yoko. Y como diría en su exitoso programa radial Rockuriosity, mi buen amigo de Los Beat3 Andrés Seger,  “¿Curioso, no?”.

YES y el nuevo milenio  

Si The Ladder fue un excelente cierre de siglo, Magnification (2001) entró por la puerta grande al nuevo milenio. Time And A Word fue el primer intento en emplear una orquesta en búsqueda de nuevas ideas. Aunque no fue del todo efectivo, Magnification resultó ser una de las más hermosas obras sinfónicas del progrock. Larry Groupé fue el encargado de los arreglos y la dirección. YES, creo, ganó nuevamente su legión de seguidores que había perdido en los 80. Canciones de excepcional belleza como el tema título, la angelical voz de Anderson en “We Agree”, la intensidad de los violines y los metales que escuchamos en “Dreamtime”,  “Spirit of Survival” o la suite “In The Presence Of” son algunas de las joyas de este álbum.

Volviendo a la máquina del tiempo debo mencionar el álbum Keystudio de 2001. No se trata de un álbum del nuevo milenio sino de una colección de piezas grabadas en estudio y extraídas de los álbumes  Keys To Ascension 1 y 2 (1996-1997). El compendio de siete temas es un retorno a las composiciones a gran escala como “That, That Is” y “Mind Drive” con Wakeman de nuevo en las teclas y Anderson en la voz. El compendio es bastante interesante y el sonido YES portentoso.

La última década: El vuelo desde aquí, el cielo y la tierra, y la muerte del pez

Para 2011 YES mantenía el entusiasmo y la fuerza necesarias para ofrecernos otro buen trabajo discográfico. Fly From Here lo titularon. Geoff Downes en las teclas, Benoit David en la voz, Chris Squire en el bajo, Alan White en la batería y Steve Howe en la guitarra, conformaban el YES de 2011. Las composiciones datan de los 80 y en esencia fueron escritas por Trevor Horn y Geoff Downes. Hablamos acá de los mismos músicos de Drama pero con David en las voces. La edición de 2018 tiene como vocalista a Trevor Horn. Toda la suite que da título al álbum y las composiciones de Steve Howe, como “Hour of Need” y el solo de guitarra “Solitare”, bien valen la pena. Resalta el hecho de lo atractivo que resultan las piezas sobre todo si consideramos que estaban guardadas en los archivos desde hace más de treinta años y aún conservan ese elemento que las hace contemporáneas.

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Howe, Benoit David, White y Squire en 2009. Foto: Morena Brengola / Getty Images.

La más reciente grabación en estudio de YES es Heaven & Earth de 2014. El álbum contiene ocho composiciones en las cuales el nuevo cantante Jon Davison (Glass Hammer) participó activamente. Su voz es muy parecida en rango y timbre a la de Anderson, lo que pudiera resultar un tanto detestable o atractivo según desde donde se observe. “Believe Again”, el tema que abre el álbum nos sorprende con esa característica. “Light Of The Ages”, enteramente compuesta por Davison es una de las piezas atractivas del set. “To Ascend” es otra hermosa pieza que tiene una versión acústica en la edición japonesa del CD. Compuesta por White y Davison, destaca por la guitarra portuguesa, lo que sugiere o nos lleva a los días de “I’ve Seen All Good People” o “Womderous Stories”. La dramática “Subway Walls” es otra de las llamativas composiciones. La percusión y la dinámica es característica del sonido YES, sobre todo con el bajo resonante de Squire.

En mayo de 2015 la banda daba a conocer la delicada condición de Chris Squire, único miembro fundador con presencia en cada álbum. Chris falleció el 27 de junio de 2015 debido a un tipo de leucemia. Sin embargo, eso no significó el fin de la banda. Hoy, YES son Alan White en la batería y percusión, Billy Sherwood en el bajo, Geoffrey Downes en las teclas, Jon Davison en las voces y Steve Howe en las guitarras.

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Formación actual de Yes: Billy Sherwood, Jon Davison, Steve Howe, Alan White y Geoff Downes. Foto: Glenn Gottlieb

Claro está que acá no esta todo dicho pero estoy seguro que este quinteto que mantiene a cuatro YES veteranos es esperado con ansias por la legión de fans alrededor del mundo, pero como recientemente diría el gran bajista venezolano-estadounidense Mark Brown, “no habrá otra banda como YES jamás”

Y como dicho no esta todo, termino parafraseando a Bob Klaus quien escribió las notas del box-set Yesyears: “existe una paradoja llamada YES, nacida del fértil suelo del progrock inglés”