Relayer: la delirante última obra cumbre de Yes

Relayer: la delirante última obra cumbre de Yes

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Relayer

Yes
Relayer
Atlantic. 1974. Inglaterra

Hace algún tiempo me topé con un interesante ensayo de Michael Early titulado La Música Rock y El Lenguaje De La Fantasía. La Música del álbum Relayer de Yes, una disertación por él presentada ante la facultad de música de la Universidad de Princeton como tesis para optar al Doctorado.

La pieza de casi 200 páginas, fue recomendada para la cátedra de composición de dicha institución. En su obra, el autor establece una clara evidencia del complejo lenguaje literario que existe tanto en la mencionada obra de Yes como en grandes piezas literarias de reconocidos escritores como Tolkien o Hesse.

El escritor incluso va más allá, estableciendo, con acuciosa conducta, referencias netamente musicales en cuanto a la lírica, la rítmica, la métrica y las diversas influencias que se encuentran en la música de este excelente álbum que llega a sus 45 años.

Relayer nos recibe con una gélida imagen que semeja un gran castillo de hielo en cuyo flanco derecho apreciamos a tres caballos, uno de los cuales, el central, va sin jinete. Cuesta abajo, atravesando un puente y un enorme portal, van los caballos hacia un destino desconocido. En el flanco izquierdo, una contrastante víbora en tonos marrones oscuros y negro parece alertarnos sobre un posible final. Y en la parte superior central leemos “Relayer” y debajo de éste “Yes” en su ya establecido y atractivo logotipo.

En la parte interior podemos observar también a una gran mosca con un elemento helicoidal sobre su espalda y, en otra ilustración, vemos otra parte del gélido paisaje con cavernas, sinuosos y angostos trechos flanqueados por riscos. Las imágenes, obras del insigne Roger Dean, son acompañadas por un hermoso texto del poeta Donald Lehmkuhl:

     Sobre el granito yacen serpientes enrolladas

     Jinetes cabalgan hacia el oeste

     Se alzan lunas en el planeta

     Donde lo peor debe sufrir como el resto…

RelayerYes y su tercer teclista

Esta paradoja conocida como Yes llegaba, con Relayer, a su séptima obra en estudio con un constante elemento: la inconsistencia en su formación. Relayer ahora contaba con el suizo Patrick Moraz detrás de los teclados. Era el tercero teclista desde 1969. Moraz, sólido músico de formación académica cuyos aporte a este excelente álbum es notorio en las ambientaciones y texturas sonoras, fue la opción acertada tras la abrupta renuncia de Rick Wakeman luego de la mega obra de Yes en 1973, Tales From Topographic Oceans y la gira que arrojó el triple álbum en directo Yessongs.

Wakeman, entre otras cosas, sintió que su participación en el desarrollo composicional del álbum era poca. Pero esa es otra historia. El griego Vangelis estuvo entre las consideraciones del grupo pero su disposición para viajar y su conducta en general descartaron esa posibilidad.

Patrick Moraz, ex-miembro del trío Refugee, venía con ideas renovadoras y el resto del grupo, Alan White, Chris Squire (†), Jon Anderson y Steve Howe, también. En ese instante de la historia, los Yes comenzaban a ser considerados como insanos por algunos comentaristas que sintieron el caos sónico y una “cacofonía controlada” que produjeron tres sólidos temas, bajo un formato idéntico al de Close to the Edge, el épico álbum considerado por muchos como la cumbre del progrock. Es decir, un tema ocupando todo el lado A con un segundo lado de dos canciones.

Grabado en el equipo móvil del ingeniero Eddie Offord, quien coprodujo con Yes esta magnifica obra, Relayer nos recibe con un interesante intro instrumental en el cual destacan las frases de Moraz, los armónicos de Howe y la percusión de White girando entorno al corpulento bajo de Squire. Anderson se adhiere como otro instrumento más sin articular palabra alguna a esta ambiciosa pieza titulada “The Gates of Delirium”. El fragmento, como si se tratase de una obertura, se extiende hasta los 2’ 11”, siendo el momento en el cual la angelical voz de Jon Anderson seduce nuestra alma con los primeros versos:

Consideramos estar en pié lucha

     Recordados de un mutuo pacto

     Visible mientras vamos

     Y hacia allá cabalgamos en movimiento

     En campos sin honrar

     Defendiendo

     En pié las inmensas garras de los guerreros

     Vidas pacíficas que no darán libertad, luchar sabemos

     Destruye la opresión

     El punto de reacción

     Mientras los líderes te observan, atacando…

La extensa lírica alterna complejos pasajes cargados de funk, jazz y el característico lenguaje sonoro de Yes: provocativo, diverso, lleno de espacios contemplativos que se abren y cierran a lo largo de casi ocho minutos, siendo en el 7’31”, luego del verso “se acerca la hora palpitando el sermón del Diablo”, a partir del cual Yes desata una furia sónica como jamás lo había hecho, torturando nuestros oídos y abriéndonos un portal hacia un mundo fantástico donde el elemento bélico esta dibujado con notas musicales y bajo el cual un aparente caos acaba por dejar una nube de polvo que comienza a disiparse con el esperanzador segmento que inicia hacia el 15’ 08”:

Pronto, ¡Oh! Pronto la luz

     Entrará y aliviará esta noche eterna

     Y esperará acá por ti

     Nuestra razón para estar acá

     Pronto, ¡Oh! Pronto el tiempo

     Llegará y calmará

     todo aquello que hicimos para ganar…

Este hermoso pasaje, posteriormente titulado “Soon” (Pronto) y presentado como un sencillo, nos hace levitar con su majestuosa y singular belleza en las manos de Howe, la atmósfera de Patrick y la celestial voz de Anderson que culmina con los dos versos:

Nos guiará el sol

     Nuestra razón por la cual acá estamos…

El final instrumental crea un gran dramatismo y leve tensión que nos deja de algún modo con un elemento irresoluto e intangible que culmina en el 21’ 54” y conecta muy bien con “Sound Chaser” (El Cazador de Sonido), primer tema del lado B. Yes diría en algún momento que su inspiración la encontró en la afamada obra de León Tolstoy La Guerra y La Paz.       

Sound Chaser” se extiende 9’31”. Una vez más, el teclista suizo inyecta un poco de funk y jazz en este dinámico surco teñido de misterio. Alan y Patrick inician el tema con Squire desgranando algunas de las frases más osadas de su carrera y un Steve Howe poseído por entidades extraterrestres. Yes nunca sonó tan acelerado, preciso y brutalmente salvaje. Acentos sónicos que se van diluyendo en calmos fragmentos que súbitamente estallan desmedidamente.

Instancias más rápidas vividas

     Esparcen momentos de cambio dentro del ritmo

     Contando formas a través del ritmo de eléctrica libertad

     Moviéndose para equilibrar estrellas que se expanden

     Nuestra conciencia toda para ver y conocer la mirada en tus ojos

 Esta composición, plena de elementos fascinantes, nos asalta por sorpresa  desde el 2’10” hasta 3’25”  con Steve Howe descargando un tanto similar a como lo hace en “Heart of the Sunrise” del álbum Fragile de 1971. Moraz entra ambientando la pieza y Howe, en una suerte de “rubato”, nos recuerda un poco sus frases en la aflamencada “Mood For A Day”, también de Fragile. Luego Yes pareciera llevarnos por unas cavernas de estrechos parajes hasta llegar al 5’10” cuando los timbales sinfónicos parecieran anunciar una guerra. Anderson pronuncia algunos versos con sobrada sutileza:

Sentí el sonido desde el momento que intenté sostenerme

     Y lo que toca nuestra alma, lentamente se mueve mientras rebota el sonido

     Y para saber que continuará el tiempo, perdido en trances

     Mientras el ritmo toma otro giro como es mi deseo

     Tan solo logro alcanzarte para mirarte a los ojos

 Luego, el motivo inicial repite dando paso a otro segmento que acelera el tempo y tras ese fragmento los “sound chasers” profieren su canto de guerra “Cha cha cha cha cha…”.  Moraz exhibe un excepcional “solo” de sintetizador.

Desde el fondo surge en crescendo la pieza final, “To Be Over”.  Una de las más hermosas creaciones del catálogo de esta legendaria banda.

Navegamos hacia las calmas corrientes

     Eternamente a la deriva por el puente

     Terminará, veremos

     Terminará

     No sufras por las jugarretas de la suerte

     Puertas que encierran tus sueños

     Piénsalo

     El tiempo sanará tus temores

     Equilibra los pensamientos que tu interior libera

 La hermosa música que acompaña a esta profunda letra, está colmada de pasajes ensoñadores. Es el lenguaje de Yes en uno de sus más oníricos momentos. Es un claro ejemplo que ilustra parte de la tesis de Michael Early.

La melodiosa voz de Jon Anderson, la delicada percusión de Alan White, las frases y glisandos de Steve Howe combinadas con las líneas de Patrick Moraz y el eje conductor de Yes, Chris Squire, ejemplifican la perfección musical.

Corriendo un poco el riesgo de exagerar mi opinión, “To Be Over” es como la “Moonlight Sonata” de Beethoven o el “Preludio a la siesta de un fauno” de Debussy. En su álbum Natural Timbre de 2001, Steve Howe la interpreta en guitarra y mandolina con un trío conformado por Andrew Jackman en el piano y el glockenspiel,  y Dylan Howe en la batería, creando así una versión más enraizada en el folk.

Vale mencionar también que el vibrafonista y compositor venezolano de jazz latino, Alfredo Naranjo, se inspiró en la parte final de “To Be Over” para desarrollar, a modo de coda, su hermoso tema “Tierra Mía” una de sus más recientes composiciones y que la pueden apreciar en YouTube.

Relayer es el ejemplo perfecto de lo que representa Yes. Letras fantásticas con una música compleja que puede ser tan urticante como una ópera de Wagner pero también tan hermosa y sublime como una sinfonía de Mozart o incluso tan arriesgada como Stravinsky.

Yes ocupa el lugar de honor y Relayer representa mi álbum favorito de su extensa discografía. Luego de la consecuente gira, los miembros del Yes de Relayer se tomarían un tiempo para publicar álbumes solistas con relativo éxito. Jon Anderson editó el mágico Olias of Sunhillow, Chris Squire el excelente Fish Out Of Water, Steve Howe el ecléctico Beginnings, Patrick Moraz el rítmico The Story of I y Alan White su variopinto Ramshackled.

Tras este hiato Yes seguiría teniendo el hábito de reencarnar una y otra vez con diversos músicos de alto tenor siempre hilvanados por la corpulenta magia del bajo del increíble Chris Squire. Moraz tendría en Relayer su única participación.

Tres años después, en 1977, Yes lanzó Going For The One y luego Tormato en 1978 con Rick Wakeman de retorno a las teclas. Después vendría Drama (1980) con el cual Yes sufriría el cambio más radical hasta esa fecha con la salida de Anderson y Wakeman, una vez más, y la entrada de Geoff Downes y Trevor Horn, teclas y voz respectivamente.

Esa historia pero con diferentes protagonistas, ha representado la gran paradoja que representa Yes, más de una decena de músicos pero con una sólida identidad musical que ahora enfrenta su mayor reto tras la muerte de Chris Squire, un vacío que bien ha sabido llenar Billy Sherwood.

Yes continua siendo, cincuenta años después, una robusta fuerza musical con un punto de inflexión bien definido en nuestro celebrado álbum Relayer. Ya con medio siglo, esperamos atentos la nueva movida de Yes.

Ya veremos…

Leonardo Bigott

Apreciado lector: Dada la complejidad de los versos, la traducción de los mismos representan tan sólo una aproximación.