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20 años de la melancólica exquisitez de “XO” de Elliott Smith

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Elliott Smith

Elliott Smith

XO

Dreamworks. 1998. EE UU

 

Las palabras pueden agotarse cuando se trata de hablar del cantautor Elliott Smith. Introspectivo, reservado, sensible, Smith nunca dejó que nada ni nadie interfiriera en su forma tan particular de abordar el pop y el rock bajo la óptica independiente; incluso cuando en 1998 lanza su cuarto álbum XO en el sello Dreamworks, siendo su primera placa en una disquera popular. Ya había coqueteado con la exposición en grande con el último disco de su anterior banda Heatmiser, Mic City Sons, en una subsidiaria de EMI, así como cuando fue seleccionado por el director cinematográfico Gus Van Sant para formar parte de la banda sonora del filme Good Will Hunting, lo que le mereció una nominación a los premios Óscar como mejor canción original.

El aclamado álbum Either/Or de 1997 había probado que Elliott era un artista prolífico que podía manufacturar grandes canciones saliendo de la etiqueta lo-fi con la que lo asociaban tanto. Aunque no lograba aún calar en las listas, muchos críticos musicales se sentían atraídos por ese universo musical del oriundo de Omaha, Nebraska. Su fanaticada creció exponencialmente a raíz de la exposición que tuvo en Good Will Hunting y en 1998 tuvo sus primeras presentaciones en la televisión norteamericana: la primera fue en el show de Conan O’Brien y un mes después en los Óscar; toda una experiencia surrealista para este tímido cantante que hasta logró palabras de aliento de una muy conmovida Celine Dion.

Sin embargo, Smith venía con problemas de bebida y abuso de diversas sustancias, entre ellas antidepresivos, lo que le había ganado una reputación de ser una persona oscura, melancólica con severos problemas de depresión que hablaba abiertamente de suicidarse. En diversas ocasiones, muchos amigos de él lo acompañaban durante toda la noche dándole todo el apoyo para que no lo hiciera aunque se sabe de algunos intentos que la prensa luego usaría como temática para algunas entrevistas, sobre lo que él no diría gran cosa.

Durante el invierno de 1997 se sentaron las bases de XO desde su residencia en Nueva York. No obstante, las grabaciones ocurrieron entre Portland, ciudad donde Elliott había vivido y hecho carrera, y Los Ángeles. El dueto de productores Rob Schnapf y Tom Rothrock, quienes habían participado en Either/Or, ahora también colaboraban en la instrumentación, así como el baterista Joey Waronker, músico de sesión de R.E.M., Beck y Atoms For Peace, y el talentoso músico Jon Brion. Smith por su parte ejecutó la mayoría de los instrumentos y tejió su delicado manto armónico vocal que ya era su sello personal. Los arreglos generales sonaban más complejos, más orientados hacia el pop barroco con la inclusión de secciones de vientos metales o cuerdas. A pesar de la preocupación de muchos de sus seguidores más antiguos, su composición no varió demasiado al estar en un sello mainstream y por el contrario, esto fue el trampolín para que se permitiera expandir su confección sonora manteniendo su identidad.

El 25 de agosto se materializa finalmente una de las mejores y más sólidas colecciones de canciones que Elliott Smith lanzara en vida, cuyo título original iba a ser Grand Mal. Se escogieron dos sencillos promocionales, “Waltz #2 (XO)” y “Baby Britain”, aunque sólo uno de ellos cuenta con un video que recoge algunos extractos de las sesiones de grabación, shows íntimos y extractos del corto fantasioso Strange Parallel, donde el director persigue al cantautor por Portland, Nueva York y Los Ángeles en un esfuerzo por entrevistarlo. Dicho corto juega con la ficción cuando Elliott decide reemplazar una de sus manos por una robótica para mejorar su ejecución con la guitarra.

La línea descendente en “Sweet Adeline” es el abreboca para una grabación bien definida dentro de las aguas más familiares del modesto Smith: letras que describen imágenes entre drogas y suicidio a la par de la riqueza armónica en su guitarra acústica. Para la segunda estrofa, un órgano engorda más el sonido dándole cierta tensión previa al estribillo beatlesco, majestuoso al derrochar una preciosa instrumentación entre piano, bajo y batería. El título es un homenaje al ensamble vocal donde su abuela cantaba, parte de las memorias de su infancia en una familia musical. De un modo similar dentro de su usual estilo, “Tomorrow Tomorrow” presenta una inquieta guitarra en arpegio y el complicado trabajo vocal pareciera ser obra de una banda más grande, cuando en realidad es él solo dejando colar la influencia de Tim Buckley e incluso Led Zeppelin en sus temas más calmados.

El primero de los valses en este álbum es el número dos, usando el propio nombre como subtítulo. El coro es una declaración de amor incondicional dentro de una reunión familiar disfuncional pero musical, por lo que muchos apuntan a que posiblemente hablaba de su familia materna. Llama la atención el uso de la guitarra y el piano acústico para armonías y sus versiones eléctricas para detalles melódicos, así como un pequeño enjambre de cuerdas hacen que la sección final suene más grande. Un par de meses más tarde, esta sería la canción elegida para ser ejecutada en el programa de comedia Saturday Night Live.

Con un sonido que se asemeja al pop de Ben Folds o Belle And Sebastian, la ligeramente jazzística “Baby Britain” es exquisita en arreglos y dinámicas, mientras Elliott se sincera consigo mismo reconociendo su problema con el alcohol; es como si él se hubiese dedicado este tema. El álbum Revolver de los cuatro de Liverpool se menciona así como la conocida “Crimson and Clover” de Tommy James and The Shondells, parte de las predilecciones musicales del cantautor.

En una nota más seria y en territorios más comunes en las formas del compositor, “Pitseleh” es una dura balada de desamor que sólo se permite crecer cuando un precioso piano ofrece calidez antes de la disculpa final de que nunca tuvo la intención de herir a esa persona que lo amaba y lamentablemente no fue correspondida por el autor.

Con una batería programada, “Independence Day” suena relajada y con toda razón: sirve como consejo para un amigo que no sabe cómo lidiar con las dificultades de la vida. Elliott una vez más demuestra la destreza que tiene para hacer intrincados ensambles vocales que van muy bien con la guitarra acústica y el piano eléctrico que dominan la composición.

Acto seguido, una de las canciones más alegres de todo el repertorio de Smith es “Bled White”. Se percibe la influencia de los menospreciados paladines del power pop Big Star en un esfuerzo por agregarle emoción a una vida aburrida con la metáfora de los colores en un sitio que se describe como monocromático. Tal vez es una manera del compositor de justificar su consumo de alcohol y abuso de otras drogas, pero el debate está abierto si se analiza esa “rápida sucesión de feliz a triste” como un posible desorden bipolar que lo aquejaba, añadiéndole más a su constante depresión.

Cantada en un registro bastante agudo y con una desgarradora letra, “Waltz #1” es una reflexión después de una ruptura en la que él “desearía nunca haber visto su cara”. Una limpia guitarra eléctrica se mezcla con un frágil piano que con la acompasada sección rítmica se desarrollan calmados, dándole cabida a las cuerdas y un vibráfono que endulzan la amarga pero tierna pieza.

Amity” puede ser la deuda final con su anterior banda Heatmiser ya que se desenvuelve angustiosa en clave post grunge e incluso punk sin dejar de sonar propia de este álbum. Como ejercicio de liberación, Elliott la escribió en pocos minutos jugando más con la fonética de ciertas palabras que teniendo una imagen clara en mente y se permite que sea una breve canción rockera. Sin embargo, se asoma la idea del suicidio en líneas como “estoy listo para irme”.

Resignado ante imágenes del pasado, “Oh Well, Okay” recuerda a George Harrison en este paseo por memorias que podrían justificar esa constante tristeza al ver el paso del tiempo. El violoncello sirve de base para el insistente piano y guitarra teniendo una sensación de incomodidad en sus últimas notas.

Beber para suprimir pensamientos adversos parece ser el eje central de “Bottle Up And Explode”, otro tema rockero grandioso y orquestado. Jon Brion brilla con su Chamberlin, un precursor del Mellotron, simulando un cuarteto de cuerdas. Es una real lástima que sea de tan corta duración aunque mientras se diluye, un saxofón juguetea antes de “A Question Mark”, una extraña pieza dentro del repertorio de este cantautor que critica a los sabelotodos, desde los adultos que cuestionan todo pensamiento de un infante hasta otras figuras que de algún modo u otro representan autoridad.

Un obstinado Elliott Smith se desahoga en la sarcástica “Everybody Cares, Everybody Understands”. Debido al abuso de alcohol posterior a la gira de “Either/Or” en 1997, sus amigos deciden hacerle una intervención que resultó un fracaso total. En un ataque de mero resentimiento, cada palabra suena agresiva y cierra asegurando que sus amigos deberían de alejarse de lo que no comprenden. Es posible que sea la canción que cuenta con más recursos sonoros como una pequeña orquesta con instrumentos de viento, las insistentes cuerdas y su contraparte sintética en el Chamberlin de Brion sin mencionar el impecable trabajo en todos los teclados que el mismo Smith ejecuta a la perfección.

Valiéndose de su experticia en construir grandes bloques armónicos con su voz, “I Didn’t Understand” es la deducción final del autor de que incluso con todos aquellos recursos tangibles e intangibles, su depresión no le permite ir más allá, sintiendo que ni siquiera se merece el amor y apoyo de nadie.

XO logró ser su álbum más vendido obteniendo la posición 104 en la Billboard 200 y 123 en las listas británicas. La gira de apoyo fue con la pareja de músicos que formaban el dueto de indie rock Quasi: Sam Coomes en el bajo y Janet Weiss en la batería, quienes eran a su vez los teloneros en la mayoría de sus shows. Al cabo de un año de giras se mudó a Los Ángeles donde trabajó en lo que fue su último álbum en vida, el afamado Figure 8, probando que el hecho de haber estado en un sello de tal magnitud como Dreamworks no afectó su manera de crear, sino que le ofreció expandir su paleta artística. Desafortunadamente, en octubre de 2003 decide quitarse la vida, dejando un magnífico disco póstumo y varias colecciones de canciones sueltas que aún siguen sorprendiendo al público por mostrar la grandeza de un artista tan sensible y modestamente inventivo.

IL Gimón