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A 20 años del éxito y caída de The Verve con “Urban Hymns”

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The Verve

The Verve

Urban Hymns

Hut. 1997. Inglaterra

 

El tercer disco de la agrupación nacida en Wigam, cerca de Manchester, Inglaterra, fue al mismo tiempo su gran momento de éxito y el de su final. Desde su formación en 1990 por el vocalista Richard Ashcroft, el guitarrista Nick McCabe, el bajista Simon Jones y el baterista Peter Salisbury, jamás las cosas fueron fáciles. Drogas, egos, separaciones y  problemas legales, signaron la trayectoria de la banda, la cual pasó de una primera etapa influenciada por la psicodelia y el shoegaze cuando todavía se llamaban solo Verve (A Storm in Heaven, 1993) hasta llegar al más melódico Urban Hymns (1997). Entre ellos, fue publicado el compilado de lados B, No Come Down (1994) –el primero como The Verve tras la demanda del sello Verve Records- y A Northern Soul (1995), menos psicodélico. Luego de este segundo disco se produjo la primera separación de McNabe y tras el efímero intento de sustituirlo por Bernard Butler que acababa de abandonar Suede, el puesto fue ocupado por Simon Tong, compañero del colegio que había sido el primer maestro de guitarra para Ashcroft y Jones.

A comienzos de 1997, ya habían comenzado a grabar el nuevo disco con Youth de productor, pero comprobaron que faltaba el distintivo sonido de McCabe. Ashcroft lo convenció de regresar al grupo, y éste aceptó. Como quinteto regrabaron en los famosos Olympic Studios de Londres varias de las piezas, contratando a Chris Porter en la producción.

El primer adelanto del disco, el tema “Bitter Sweet Symphony”, fue lanzado como single en junio de aquel año, y de inmediato condicionó todo. Fue un éxito absoluto, pero ya antes de la publicación del disco, la banda estaba metida en un problema judicial de gran proporción. Aunque la letra había sido escrita por Ashcroft, la base musical provenía de la versión orquestada que había hecho el primer manager de los Rolling Stones en 1965 del tema “The Last Time” de Mick Jagger y Keith Richards. A decir verdad, fue una revisión libre de un tema cuyos autores a su vez se habían inspirado en Staples Singers. El acuerdo original comprendía el uso de seis notas y un reparto de 50-50% de las ganancias entre la banda y los autores, pero no contaron con que el verdadero dueño de los derechos de comercialización de toda la obra de los Stones previa a 1970 era Allen Klein y el sello ABKCO, subsidiario de Decca Records. La demanda procedió porque además utilizaron un largo trecho de la versión de Oldham, por lo que The Verve tuvo que ceder el 100% de las ganancias del tema y colocar los créditos en el disco. Jagger y Richards, sin embargo, se mantuvieron al margen de esta disputa legal, aunque fueron beneficiarios. Ashcroft, dolido, declaró que era la mejor canción que habían escrito los Stones desde “Brown Sugar”, mientras que luego Richards dijo con ironía que si The Verve escribía una mejor canción todo el dinero sería suyo.

El hecho es que “Bitter Sweet Symphony” no solo fue la canción más exitosa de Urban Hymns, sino de toda la carrera de The Verve y una de las más importantes del britpop de los 90. Aunque no fue el único single importante del disco, contribuyó grandemente a las ventas del álbum y para que en 1998 la banda ganara los dos British Awards más importantes, el de Mejor Banda y Mejor Álbum. La canción fue acompañada por un videoclip que recibió bastante tiempo en el aire en MTV y otros canales.

El álbum, no obstante, pasado ese primer track, realmente no tiene desperdicio. “Sonnet”, con un ritmo midtempo y una guitarra acústica y delicadas pinceladas eléctricas, es una de las joyas que compite con “The Drugs Don´t Work”, emotivo tema que casi es un mea culpa y en el que Ashcroft canta de forma muy sentida sobre lo perjudicial de las drogas.

El otro single extraído del disco fue “Lucky Man”, otro tema midtempo de aroma acústico y exquisitos arreglos orquestales cortesía de Will Malone.

Los otros nueve temas se mueven entre el mejor rock lisérgico (“Catching the Buttefly”, “Neon Wilderness”); la intensidad guitarrera herencia de su primera época, con reminiscencias a los pasajes más densos de Spiritualized (grupo en el que tocaba la que sería su esposa Kate Radley) (“The Rolling People”, “Come On”); las baladas en plan Oasis (“Space and Time”, “Weeping Willow”), himnos urbanos de emotiva naturaleza (“Velvet Morning”) o coqueteos con los ritmos secuenciados algo triphopeados de la época (“This Time”).

Desafortunadamente, los problemas resurgieron durante la gira y McCabe de nuevo no se sintió capaz de aguantar la presión de un concierto tras otro, una ciudad tras otra, entrevistas y demás compromisos. El grupo volvió a grabar en 2008, pero pareciera haber sido un encuentro furtivo.

Han pasado 20 años y Urban Hymns permanece como una de las piedras angulares del pop británico de fin de siglo 20.

Juan Carlos Ballesta