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20 años del segundo paradigma emocional de Portishead

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Portishead

Portishead

Portishead

Go! Discs/London Records. 1997. Inglaterra

 

Pocos discos en los años 90 tan revolucionarios, subyugantes, seductores y paradigmáticos como Dummy (1994) y este homónimo segundo trabajo publicado tres años después por la agrupación que toma su nombre de su pueblo de origen, cerca de Bristol, Inglaterra.

Cuando Portishead lanzó su sorprendente disco debut, los cimientos de la música popular se sacudieron de manera notable. Fue, junto a Protection de Massive Attack, la verdadera novedad de aquel año 1994 en el que el britpop y la explosión electrónica copaban la atención en Gran Bretaña.

Aquella mezcla de melancolía a ritmo lento y seductor, de ambientes cinematográficos pincelados de blues, jazz disfrazado, scratches que simulaban viejos discos de vinil, beats hiphopeados, sampleos, soul aletargado y elementos pop de diversa tónica, fue y sigue siendo realmente única. Era como si varias décadas de música popular se metieran en una coctelera a baja velocidad al mando de tres auténticos bar-tenders especialistas en manejar las emociones de sus clientes.

Con este segundo capítulo, Beth Gibbons (voz), Adrian Utley (guitarra, bajo, sintetizador, piano Rhodes) y Geoff Barrow (batería, tornamesas o turntables, samples y secuencias), con algunas ayudad puntuales, llevaron a un nivel de depuración insospechado aquello que en Dummy había dejado a todos atónitos. Desde el mismo arranque con “Cowboys”, con el Rhodes fantasmal, la voz calculadamente nasal y los estratégicos scratches, se comienza a navegar por una dimensión emocional de 50 únicos minutos.

La seductora “All Mine”, con el repetitivo ritmo de batería y los expresivos metales de Andy Hague, Ben Waghorn y John Cornick, rápidamente desarma y ya de aquí en adelante el influjo atrapa sin remedio. Surge entonces la brumosa “Undenied”, romántica, envuelta en un lento ritmo filtrado, como si Gibbons cantara sobre una grabación de los años 20. El misterioso bajo y el cósmico moog manejados por Barrow envuelven “Half Day Closing”, mientras la voz pareciera grabada a través de la línea telefónica y su angustia se mezcla con los ecos y reverberaciones.

El tema más largo es “Humming”, sin duda una obra maestra. Los seis minutos se abren con un lánguido y misterioso sintetizador que sinuosamente se mueve entre el sonido de cuerdas, hasta que arranca la lenta cadencia rítmica sobre la que Gibbons combina erotismo y melancolía. Es la esencia misma del sonido de Portishead.  La propia Beth comienza “Mourning Air”, quizá con el sonido más prístino de su voz  en todo el disco, acompañada por una hipnótica linea de bajo, la sensual guitarra y el maravilloso trombón de J.Cornick (que en vivo fue prescindido). En “Seven Months” la voz también suena grandiosa sobre la batería algo quebrada tocada por Clive Deamer y una guitarra que acerca al tema al sonido western más polvoriento.

La exquisita “Only You” retoma los scratches, acercándola al hip hop pero manteniendo la distancia. En ella se samplea el “Inspector Clouseau” de Ken Thorne y “She Said” de The Pharcyde’s. Grandiosa interpretación vocal, magnífico piano Rhodes en el segmento final. Después de ella uno queda extasiado. Pero hay más. Comienza “Elysium” y por un momento aparece un flash de “Riders on the Storm” de The Doors, especialmente por el piano de J.Baggott y los ruidos que podrían ser la tormenta, y aunque cierta cadencia permanece, el tema agarra otro vuelo en el que los scratcheos terminan de diferenciarla.

El final del disco es con el otoñal y lluvioso “Western Eyes”, que podría ser un homenaje a Billie Holiday o Nina Simone. Reminiscencias de “Strange Fruit” vienen a la mente. Un sampleo del tema “Hookers and Gin” de Sean Atkins sorprende gratamente en el tramo final, sirviendo de cierre magistral a un disco que 20 años después sigue atrapando y seduciendo.

Pocas veces un grupo ha logrado con su música recorrer el ciclo completo de las emociones, del despecho al enamoramiento, de la nostalgia a la esperanza, de la tristeza a la alegría. Por eso este Portishead es uno de los paradigmas del trip hop y la música en general del último cuarto de siglo, y junto a su predecesor, el punto de partida para decenas de bandas en el mundo que han tratado de navegar por las mismas aguas.

Juan Carlos Ballesta