Inicio Ahi estuvimos La genial travesía de Antonio Sánchez y Migration

La genial travesía de Antonio Sánchez y Migration

296
Antonio Sánchez
Foto cortesía de Notimex

Antonio Sánchez with Migration

Teatro Ángela Peralta, Ciudad de México

(Diciembre 15, 2019)

Los antecedentes

Antonio Sánchez es sin duda, uno de los músicos mexicanos que gozan de mayor proyección mundial al día de hoy. Nacido en la Ciudad de México el 1 de noviembre de 1971, desde muy pequeño se sintió atraído por una batería transparente similar a la de John Bonham. Esto dejó un gran impacto en ese niño de 5 años que pronto comenzó a tomar clases con maestros particulares como Rodolfo Nava, baterista del grupo mexicano La Banda Elástica.

Por entonces, quiso tocar un híbrido inspirado en sus ídolos, los bateristas John Bonham, Neil Peart y Steward Copeland y se hizo de una gran batería al estilo de las viejas bandas progresivas. A los 13 años conoció al guitarrista Hans Mues, actualmente un conocido músico y productor mexicano, con quien creó, junto al bajista Mauricio Quiroga, el grupo de metal Mákina Negra, permaneciendo ahí hasta 1985.

Sus propios intereses lo llevarían a acercarse al jazz. Por lo tanto, a sus 17 entró en la Escuela Superior de Música, donde estudió armonía clásica, contrapunto, arreglo, conjuntos corales, composición y su instrumento, la batería.

En 1993 obtuvo una beca para estudiar en Berklee College of Music en la ciudad de Boston, Estados Unidos, donde amplió sus conocimientos y se graduó con honores. En esa época combinaba su formación con la práctica, llegando a ser un solicitado músico de estudio. Al salir de ahí, fue becado en el New England Conservatory, donde cursó estudios de maestría en improvisación de jazz.

Ahí fue su maestro Danilo Pérez, quien lo recomendó para la Orquesta de las Naciones Unidas con la cual recorrió buena parte de los Estados Unidos y Europa. El mismo Danilo lo reclutó para su trío posteriormente. Tocando con él a través del viejo continente en 1999, llegaron a alternar con Pat Metheny Group, generando en Antonio un gran deseo por tocar con el legendario guitarrista. Audicionó por algunos meses, hasta que logró el puesto de baterista permanente en dicho grupo, siendo su tercer baterista en 25 años de existencia.

Estados Unidos le abrió las puertas profesionalmente hablando, permitiéndole colaborar con los mejores exponentes del jazz desde entonces. Sin embargo, su necesidad de expresarse de manera solista se concretó a partir de su disco debut Migration del 2007. A este le siguió Live in New York en 2010. Siempre rodeado de excelentes colegas, para 2013 publicó New Life.

Vendría un momento inesperado y de gran proyección mediática dentro de la cultura popular, cuando aceptó colaborar con su compatriota, el director de cine Alejandro González Iñárritu y hacer así el soundtrack de la película Birdman. En dicho trabajo, la banda sonora se sostiene solamente en la interpretación de la batería de Antonio, sin ningún otro instrumento, algo nunca realizado antes en el cine. Esto se tradujo en diversos premios, incluyendo el Grammy a Mejor Banda Sonora. Paradójicamente no fue contemplado para el Oscar.

A la par de su colaboración con Metheny, continuó sacando discos: en 2014, Three Times Three y en 2015 Meridian Suite.

Con la llegada de Trump a la presidencia de Estados Unidos, Antonio comenzó a mostrar su posición ante la realidad. Decidió asumir su responsabilidad como artista, visible desde un escenario y que refleja su entorno. También la asumió como mexicano. Siendo un inmigrante que llegó a ese país de manera legal, no deja de sentir empatía por los que no lo pueden lograr de esa manera. Tuvo la necesidad de dar voz a la gente que no ha tenido ese privilegio y que vive una situación precaria y de mucha necesidad. Personas que han sido estigmatizadas y usadas políticamente en nombre del nacionalismo y el populismo.

El reflejo de esto lo encontramos en los discos Bad Hombre (calificativo utilizado por Trump para referirse a los mafiosos mexicanos) de 2017 y Lines in the Sand de 2018. La incorporación en su banda Migration de su esposa, la cantante estadounidense Thana Alexa, le ha permitido abordar su obra con la inclusión de textos, que permiten que su posicionamiento vaya más allá de la interpretación instrumental.

Antonio SánchezEl concierto

Mi cita fue a las 16:30 horas en el Teatro Ángela Peralta, ubicado en el Parque Lincoln de Polanco, donde debía recoger mi entrada en una mesa de cortesías. La puerta de este recinto cuyo escenario es una concha acústica al aire libre, sería abierta a las 17:00 hrs., aunque el concierto estaba programado para las 19:00 hrs.

Pronto se comenzó a formar una fila frente a la única puerta por la que entramos todos. El aforo de este agradable lugar es de 2.500 personas, el cual se fue ocupando lentamente hasta cubrir dos terceras partes de las gradas. Ya antes, este escenario ha presentado memorables conciertos de David Byrne, Andy Summers y Mano Negra. Ahora, éste se sumará por primera vez a la larga lista de foros en los cuales Antonio ha tocado en México. Tocarán principalmente el material de su disco más reciente Lines in the Sand.

Con un agradable clima, el público esperó pacientemente mientras hacían las últimas pruebas un equipo de filmación, que haría un registro del concierto.

Puntualmente, a la hora indicada, la música ambiental se disolvió en un fade out, para dar paso a un ambiente sonoro construido por sirenas policiacas y personas hablando en inglés y español, en una situación notablemente tensa. Mientras esto sucedía, los músicos fueron acercándose a sus lugares.

A la izquierda del escenario se ubicó un viejo colaborador de Antonio, el británico John Escreet, encargado de los pianos, uno de cola y un Rhodes acomodados en escuadra. A la derecha de él se colocaron los estadounidenses Thana Alexa y Chase Baird, voz y saxo respectivamente. Atrás, al centro, un poco a la derecha, tomó su contrabajo el británico Orlando Le Fleming y a la derecha del escenario, al frente, Antonio Sánchez y su batería.

A diferencia de aquella inmensa batería de sus inicios, esta es una batería sencilla con la peculiaridad de tener dos tarolas (redoblantes), con la función de generar diferentes texturas. Como atuendo, llevaba una playera exclusiva de la marca ¡Ay Güey!, como ya es habitual en él.

Al terminar la grabación introductoria, que duró un par de minutos, el piano eléctrico comenzó con un suave patrón repetitivo sobre el cual se fueron uniendo los demás músicos. Estábamos escuchando el tema Travesía, compuesto por tres movimientos. En un principio, me costó entender la métrica del tema hasta que entendí un tiempo de 9/8. Los acentos y síncopas, principalmente de Antonio, hacían difícil entender su estructura, aunque por otro lado, comenzó a mostrar su genialidad en el manejo del tiempo.

Al final, me dejé llevar por el todo, buscando no ser demasiado racional con mi percepción. Me impresionó desde un principio, su forma íntima, en corto, de tocar la batería. Tal pareciera que los tambores atrajeran sus baquetas para dar los golpes exactos. En una de sus tarolas daba golpes secos, agudos y contundentes, mientras en la otra los golpes eran matizados, graves y abiertos. El rompimiento del tiempo ternario con golpes binarios sobre los cuales aplicaba nuevos golpes ternarios, dio muestra de su gran dominio del tiempo y la polirrítmia, mientras el tema transcurría con aparente facilidad.

La voz de Thana y el saxo de Chase, por momentos formaban un ensamble en donde hacían melodías al unísono, dando un sonido particular al tema. La conexión entre John, Orlando y Antonio, donde respondían uno al otro en acentos precisos, hacían dudar sobre si eran obligados o simplemente tenían una gran capacidad de amarre ante la improvisación. En diversos casos fue evidente alguna de las dos.

En cierto momento Chase utilizó un ewi, que sintetiza una boquilla de saxo para transformarla en un instrumento electrónico. Después, Chase y Thana se fueron a la parte trasera del escenario. Ella llegó a tocar un violín y Orlando comenzó a tocar un bajo eléctrico. Todos los músicos lucieron en distintas partes de la travesía en cuestión, misma que duró 20 minutos aproximadamente, destacando los solos de piano y la magistral ejecución percusiva de Antonio.

Antonio Sánchez
Foto: Carlos Enciso. Cortesía Diario Proceso

Tras el aplauso, el baterista se levantó de su banco y saludó al público. Le estaba hablando a su gente, a la ciudad que lo vio nacer, como él mismo lo llegó a expresar. Expresó su emoción por la presencia de su familia y amigos entre los asistentes. Presentó a la banda y explicó que las cámaras se encontraban ahí por la realización de un documental, que está cerca de culminarse después de varios años. Dicho trabajo ha estado a cargo de su viejo amigo y compañero musical Gabriel González.

Mientras sus compañeros de banda dejaban el escenario, Antonio invitó a la veracruzana Silvana Estrada, con quien ha estado trabajando algunas ideas para su siguiente producción. Para muchos esto resultó una gran revelación de talento poco conocido.

Con requinto jarocho en mano y una bellísima voz y gran dominio del falsete, Silvana fue acompañada por el virtuoso percusionista que a ritmo de 6/8, que en momentos semejaba un drum and bass, hizo un acompañamiento poco común en un tema de contemporáneo espíritu jarocho llamado “Agua y Miel”. Una delicia como adelanto del disco Bad Hombre Vol. 2, pensado para salir en 2020.

A la salida de Silvana, tras un fuerte aplauso, Antonio volvió a tomar la palabra para anunciar los dos temas siguientes: “Gocta”, tema inédito que contó con una introducción en el bajo de Orlando. El tema en cuestión fue inspirado por una fantástica cascada en el Perú. Le seguiría Home, el único tema que es una canción, cuya letra fue escrita por Thana, que hace referencia al origen, al lugar de donde viene uno y con el que existe un nexo imborrable. Mencionó que ninguno de los músicos de la banda vive en el lugar donde nació.

Antonio Sánchez
Foto: Carlos Enciso. Cortesía Diario Proceso

Gocta” se presenta como un tema en 7/8 con melodías etéreas producidas por la fórmula voz/saxo. A excepción del baterista, todos los músicos recurren a pedales y efectos con lo que llegan a lograr atmósferas de todo tipo. Es en este tema, donde Orlando toma la batuta de la improvisación hasta llegar a un clímax, seguido por un matiz que daría entrada a un enloquecido solo de Rhodes con una distorsión extrema. Para entonces, el tiempo se transforma en un rockero 4/4, que transporta a aquellas bandas de rock progresivo de los 70, que termina en un apoteósico escándalo que da paso a la voz de Thana, procesada por efectos.

A continuación y como ya lo había descrito Antonio, dieron paso a la interpretación de “Home”, sublime tema suave y lento, que vino a calmar los ánimos en la fresca noche que nos había envuelto para entonces.

En la última intervención hablada, Antonio agradeció a las personas involucradas en la organización de esta presentación, entre los que estaban Alejandro Franco de la revista Warp. Prosiguió haciendo una crítica a la deshumanización en torno al tema de la migración. Consideró que era una cuestión de sentido común indignarse cuando las autoridades de Estados Unidos separan a las familias y las meten en jaulas.

También nos contó cómo, en un momento de bloqueo creativo, buscando la manera de resolver una composición, encontró en la red el video de unas estudiantes méxico-americanas de Texas. Ellas eran Paola González y Carla Gutiérrez que declamaban un poema. Uso el audio para deconstruirlo y vio que funcionaba bien en su composición. Se dio cuenta que esas palabras le otorgaban fuerza al tema que no podía completar. Buscó su autorización para incluirlas en el disco.

Antonio Sánchez
Foto: Carlos Enciso. Cortesía Diario Proceso

En directo, Thana reproduciría el poema de Lines in the Sand”, parte 1 y 2, con el que se despedirían esa noche, claro, eso si los dejábamos ir. La composición que da nombre a su más reciente disco fue quizá, la más clara expresión de jazz fusión de la noche. 25 minutos donde transitamos por diferentes escenas musicales que condujeron al energético solo de batería tras los poemas anunciados donde, a mi parecer, Antonio lució su mejor improvisación, para dar paso al final del tema, en un tono más calmado. El aplauso no se hizo esperar, pidiendo el regreso de todos al escenario.

Así que interpretaron una improvisación, seguida de “Bad Hombres y Mujeres”, también del disco promovido, para cerrar una gran presentación de más de dos horas de sublime precisión y excelencia, donde además su arte nos hace una invitación a reflexionar sobre la realidad.

Éste fue su último concierto del año. Unos días de descanso y retomarán el camino ya en el 2020, donde visitarán Asia y Latinoamérica. Antonio volverá a la Ciudad de México en marzo, esta vez acompañando a Metheny.

Sr. González

Antonio Sánchez