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15 años de X&Y, sólido tercer paso de Coldplay

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El 6 de junio de 2005 fue publicado el tercer álbum del cuarteto inglés, consolidando el impacto de sus dos primeros trabajos

Coldplay
X&Y

Parlophone. 2005. Inglaterra

No ocurre con frecuencia que una banda de rock se convierta en un fenómeno planetario con solo dos discos editados. Ese ue el caso del cuarteto londinense Coldplay, que casi sin proponérselo, se vio encumbrado por crítica y público en un corto espacio de tiempo con su debut Parachutes (2000) y el sucesor, A Rush Of Blood To The Head (2002).

Por ello X&Y (2005), su tercer álbum, fue uno de los más anticipados discos de la primera década del siglo 21.

El ascenso al Olimpo tiene relación con algunos acontecimientos dentro del mundo del pop. Tras Ok Computer (1997), Radiohead parecía estar predestinada a ocupar el sitial como la banda de rock de mayores ventas en el mundo. Pero ellos respondieron con Kid A (2000), un disco críptico, rompedor  y arriesgado, que los catapultó hacia otra dimensión.

Por su parte Travis, otra de las agrupaciones que acaparon la atención finalizando los años 90,  no supo capitalizar el avasallador éxito de The Man Who (1999).

Siguiendo la estela de ese rock melancólico de tinte agridulce, Coldplay reivindicó el rock introspectivo, lánguido, romántico y a veces corrosivo, pincelándolo con cadencias folk y energía guitarrera. Parlophone, el legendario sello subsidiario de EMI, hogar de The Beatles, intuyó el potencial del cuarteto y se lo arrancó a Fierce Panda, la pequeña discográfica que los había descubierto.

Parachutes (2000), fue uno de esos debut que cualquier banda quisiera realizar. La relativa simpleza de sus canciones, a medio camino entre la desesperanza y el optimismo, atrapó a varias generaciones amantes del buen pop. Coldplay pasó de repente a ser un nombre referencial, agotando las entradas de todos sus shows mientras ganaba varias categorias de los Mercury Prize Award y NME Awards.

Los cuatro integrantes, Jon Buckland (guitarra), Will Champion (bateria), Guy Berryman (bajo) y sobre todo Chris Martin (voz principal), habían pasado del anonimato a ser reconocidas figuras públicas, con todo lo bueno y malo que ello implica.

Tras terminar la extensa gira europea que siguió a Parachutes, el grupo quedó exhausto. Ni una nueva canción había sido asomada. Por ello la prensa británica especuló sobre la posible disolución del grupo, un tema que quedó sepultado con la aparición de la devastadora balada “In My Place” a mediados de 2002, que precedió el lanzamiento de A Rush of Blood to the Head (2002).

Aunque menos inmediato que el debut, al cabo de varias audiciones este segundo disco se volvió la banda sonora que ha acompañado a mucha gente a lo largo de tres años. Con un nuevo puñado de joyas, entre ellas “Politik”, el tenso y melodramático comienzo, “Got Put A Smile Upon Your Face” y “A Whisper”, llenas de fuerza guitarrera y las pasionales “The Scientist” y “Clocks”, el álbum se convirtió en poco tiempo en uno de los más vendidos de la década, pasando la barrera de los diez millones de unidades y ascendiendo al nivel de U2, grupo que tenía más de dos décadas de historia.

X&Y: tres años después

Tal fue la repercusión de A Rush of Blood to the Head que tres años no parecieron ser mucho tiempo. Nadie se olvidó de Coldplay. Durante ese tiempo el vocalista Chris Martin permaneció en el ojo público gracias a las peleas con los paparazzi y al matrimonio con la conocida actriz Gwyneth Paltrow.

El primer acercamiento a X&Y no difiere de la experiencia anterior, en el que el proceso de encantamiento es gradual. El comienzo, “Square One”, es quizás una de las piezas más guitarreras de su discografía, pero rápido aflora su reconocible sonido melancólico en “What If”, para entonces adentrarse en un momento de cierto aroma rítmico post punk, “White Shadows”, con pinceladas U2

Sin embargo, no es hasta el cuarto track, “Fix You”, que el disco comienza a atrapar con sus melodramáticas melodías de éxito instantáneo. Para ese momento ya no hay duda que estamos ante otro gran disco, aderezado con atrevimientos como el de “Talk”, basado en “Computer Love”, una emblemática pieza del disco Computer World (1981) de Kraftwerk.

La canción que le da título al disco es una pieza otoñal que tenía todo para ser un gran éxito, pero fue “Sound Of Speed” el primer gran campanazo de este álbum, con su ritmo prestado de “Running Up that Hill” de Kate Bush. “A Message” por su parte es otro de los momentos que atrapan sin remedio, con la guitarra acústica en plan estelar.

Durante buena parte de esta obra, la guitarra de Buckland se mueve entre The Edge (U2) y Will Sergeant (Echo & The Bunnymen), con más libertad y energía que antes, mientras el bajo y la batería siguen manteniendo su apego por los ritmos de mediana velocidad.

El aporte del versátil Brian Eno en los sintetizadores se siente en varias piezas, creando colchones instrumentales que embellecen las ya de por si prístinas composiciones de Coldplay.

The Hardest Part”, fue otro de los temas conocidos, apuntalada con un singular vídeo.

Hacia la parte final del disco aparece “Swallowed by the Sea”, una sorpresiva referencia al grupo irlandés de folk rock The Pogues, seguida por “Twisted Logic”, una especie de blues con picos de intensidad guitarrera.

El track escondido, “Til Kingdom Come”, es una emotiva composición pensada como tributo a la legendaria figura del country Johnny Cash, y aunque la intención hacer una colaboración, su fallecimiento en 2003 lo hizo imposible.

La llamativa portada fue diseñada por el dúo Tappin Gofton, formada pop Mark Tappin y Simon Gofton; Tappin había realizado la portada de Parachutes y los singles asociados. La imagen, una combinación de coloridas figures geométricas, es una representación gráfica del código Baudot, una primitiva forma de comunicación telegráfica.

X&Y fue una estupenda secuela que continuó hurgando en las emociones y explorando el complejo mundo de las relaciones humanas .

Juan Carlos Ballesta