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Gabriel Dávila «Familia» (2016) (Venezuela/Estados Unidos)

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Gabriel Dávila

Gabriel Dávila

Familia

Independiente. 2016. Venezuela/EE UU

 

El jazz venezolano a pesar de poseer músicos de alto estándar universal, no se caracteriza por una producción discográfica profusa. Los discos se editan por cuentagotas, y eso incluye a los muchos músicos que trabajan desde otras latitudes, que cada vez son más.

Por ello, cada disco que publica un jazzista venezolano suele ser importante. Uno de los más interesantes de 2016 es el segundo álbum del guitarrista Gabriel Dávila, radicado ahora en Chicago, Estados Unidos. Tras una estancia en Caracas cuando lanzó su debut Uno (2014), se fue a Oregon a cursar un Master Músical en Estudios de Jazz, del cual se graduó Suma Cum Laude en junio pasado.

“Familia” es un disco exquisito, inspirado en su núcleo familiar, ejecutado por Dávila en diversos formatos (trío, cuarteto, quinteto, sexteto) junto a una base rítmica muy expresiva conformada por Ken Mastrogiovanni (batería) y Lyle Hopkins (contrabajo), y una sección de metales fantástica e indispensable para el desarrollo de seis de los nueve temas formada por Joshua Hettwer (saxo tenor),  Matthew Hettwer (trombón) y Tony Glausi (trompeta), de cuya banda Tony Glausi’s Funk Nonet también forma parte Gabriel.

Grabado en la Universidad de Oregon por el propio Dávila, el disco se desenvuelve en terrenos del jazz contemporáneo con la cristalina sonoridad de la guitarra eléctrica como hilo conductor a lo largo de los 52 minutos. Por momentos podría recordar a John Scofield, John Abercrombie o Pat Martino, guitarristas que han explorado diversas aristas del jazz de forma expansiva. Los dos primeros temas del disco, “Cheo” y “Chela”, establecen los parámetros a seguir, y son los únicos en formato sexteto ya que los tres vientos, trompeta, saxo y trombón, comparten el protagonismo de manera brillante. El tercer tema, “Pikal”, es en cambio interpretado a trío, y por ello el lucimiento de base rítmica es notable, a pesar de mantener un tempo medio. “Para Andrea” mantiene la tónica de la anterior pero con saxo y quizá es el tema más convencional del disco en su estructura, aunque no por ello deja de tener atractivo y elegancia.

“Breathe” es una exquisita balada jazz, con la guitarra en plan líder (podría recordar remotamente a los temas instrumentales de la banda holandesa Focus en la etapa con el guitarrista Jan Akkerman, aunque con metales). Entonces aparece “#ILY”, composición de Joshua Hettwer, con su ritmo sincopado y saxo a lo Django Bates, que probablemente sea la pieza más atractiva. Podría recordar fácilmente al Bill Bruford´s Earthworks. El contrabajista Lyle Hopkins compone “Worst Best Friend” y su instrumento lleva el peso. También es el compositor de la sosegada “Tough Titty”, con la que se cierra este sofisticado disco que testifica el notable crecimiento de Gabriel Dávila como compositor, guitarrista y productor. El horizonte se avizora amplio.

 

Juan Carlos Ballesta