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“Red”: 45 años del fin del primer reinado de King Crimson

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King Crimson

King Crimson
Red
Island/Atlantic. 1974. Inglaterra

 

Parecía el definitivo fin del Rey Carmesí cuando Red, su séptimo álbum en estudio, fue lanzado al mercado inglés en 1974 bajo el formato de trío. Era, a su vez, el tercero de la formación Fripp-Wetton-Bruford, tras Larks Tongues in Aspic (1973) y Starless and Bible Black (1974)

Conformado por John Wetton en el bajo y la voz, Bill Bruford en la batería y percusión, y nuestro idolatrado Robert Fripp en la guitarra, King Crimson habría desaparecido del mapa musical luego de editar este increíble trabajo lleno de fragmentos de temas o ideas planteadas en composiciones anteriores.

Con varios invitados de lujo, Bruford, Fripp y Wetton dieron vida a uno de los discos más coherentes y espontáneos de la historia del progrock. Ya para ese año la prensa británica hablaba de la disolución del grupo como un hecho, pero el tiempo nos probaría que más bien era todo lo contrario y la banda que irrumpió en la escena musical a finales de los 60 por la puerta grande, sólo tomaría un poco de oxigeno y se reinventaría en los 80 para permanecer hasta nuestros días como una fuente inagotable de creatividad y virtuosismo.

Red es una obra musical extraordinaria conformada por cinco temas. Todos ellos con un sonido vanguardista y ese mágico e indescriptible elemento encontrado en un pequeño grupo de músicos que les hace ser amados u odiados, sin un punto medio que logre el siempre difícil objetivo de gustar.

Keith Jarrett, Tom Waits y Frank Zappa pueden sumarse a esa lista. En Red, el trío nos ofrece desde un sonido un tanto corrosivo aunque mezclado con dulces pasajes, hasta frases cortas pero atorrantes. El encubierto dictador y su trío nos aleja y acerca por igual, creando ambientes amplios por los que se cuelan tonalidades menos ortodoxas, dando así una paleta de colores claros y oscuros que se desarrollan orgánicamente como si se tratara de un “heavy jazz”, si me permiten la osadía.

King Crimson tiene en su columna vertebral la improvisación como elemento clave, y Red es 100% efectivo en acaparar nuestra atención para seguirlos con cautela desde el principio hasta el fin y ser frecuentemente sorprendido.

Nuestro encuentro inicial es una espectacular fotografía en blanco y negro de los rostros de John Wetton, Robert Fripp y Bill Bruford. Tomada por Gered Mankowitz y conceptualizada por John Kosh, la cubierta encuadra al trío con unas blancas líneas y el nombre de la banda y el disco al tope con la palabra “red” en rojo.

Los cinco temas finales del King Crimson setentero

Esta obra maestra grabada en los Olympic Studios de Londres bajo la ingeniería de George Chkiantz con la asistencia de Rod Thear, inicia con el instrumental que da título al álbum. La composición, una bien estructurada pieza, nos cautiva de inmediato con una abrasiva melodía y un sonido cuasi industrial que emerge de la Les Paul Custom de Fripp. El guitarrista, apoyado por una de las secciones rítmicas más envidiables del género, nos presenta el tema como una simple melodía de una extraordinaria dinámica con variaciones por las que se cuela el sonido arqueado del cello. El recurrente tema se abre espacios para permitir a Bruford y Wetton aportar ideas. La pieza, enteramente compuesta por Fripp, se diluye en la segunda composición sin dejar espacio al silencio.

Compuesta por Fripp, Wetton y Richard Palmer-James, “Fallen Angel”, la segunda composición de Red, inicia con un sonido vibratorio cediendo luego espacio a la corpulenta voz de Wetton quien nos canta: “Lágrimas de gozo ante el nacimiento de un hermano, jamás solo desde aquél momento, dieciséis años de peligros y luchas a cuchillo, cuán extraña su vida y no la mía.” La delicada melodía va incorporando el oboe de Robin Miller. Fripp, en otro instante, adorna con armónicos en la  acústica en torno al oboísta. Un sutil cambio da espacio a la corneta de Marc Charig en esta canción sobre un joven que convence a su hermano para formar parte de los Hell’s Angels y luego verle morir en una pelea callejera. Sería la última vez que Fripp tocaría una guitarra acústica.

Termina el primer lado de nuestro celebrado vinilo con la pesada “One More Red Nightmare” (Otra roja pesadilla más). Destaca Bruford con su metálico sonido que pronto se convierte en una interesante melodía con Fripp y Bill alternando. En la  pesada pieza Wetton nos cuenta: “Pesadilla Pan American, a diez mil pies, convencido de no importarme, juro que es tan seguro como las casas, sentado musitando las virtudes de volar…” La extraña letra de tres estrofas de nueve versos cada una, culmina hacia el minuto cinco para abrir espacios a una descarga instrumental donde apreciamos el saxo de Ian McDonald, músico de la primera encarnación de King Crimson. El final es inesperadamente abrupto.

El lado B inicia con el más orgánico de todos los temas, “Providence”. Compuesta por Robert Fripp, John Wetton, Bill Bruford y David Cross, esta pieza esta llena de sonidos espontáneos con amplios espacios para improvisar. Es así como de un modo inesperado escuchamos a Fripp trazando líneas con Wetton y Bruford de fondo. El violín de Cross surge de un aparente caos que en crescendo parece ir ajustándose para formar un sonido más congruente en la medida que el trío va incorporándose. Bruford y Cross destacan por sus colores y texturas.

Providence” es como si un gran imán fuera atrayendo piezas de diversos tamaños, formas y colores para finalmente crear una forma definida. El corpulento bajo de Wetton es también protagónico junto a la angustiante guitarra de Fripp. Es uno de los temas más abiertos de King Crimson que una vez más no da espacio al silencio diluyendo esta pieza con la última.

La melodiosa, sollozante y nostálgica guitarra de Fripp nos presenta a “Starless” (Sin estrellas). Wetton, con recia voz, nos canta: “Ocaso, animoso día, oro a través de mis ojos, pero mis ojos sólo ven hacia mi interior, sin estrellas ni biblia negra…”  La letra está construida en tres estrofas de cuatro versos cada una.

Existe una cierta similitud con la forma del tema “Fracture” del álbum Starless And Bible Black, editado el mismo año que Red. A los 4’22” acaba la letra para permitir un desarrollo instrumental que nos lleva al climax y conclusión de esta estupenda pieza que, en forma, también nos recuerda a “Moonchild” del seminal álbum In The Court Of The King Crimson de 1969.

Al final apreciamos la descarga de Mel Collins en el saxo soprano e Ian McDonald en el alto. El final es simplemente glorioso como si de Wagner se tratara.

En 1975 King Crimson editó su segundo álbum en directo titulado USA, canto del cisne en los años 70, tras del cual Fripp se mantendría en otros proyectos junto a Brian Eno y sus primeros discos en solitario antes de reformar King Crimson en 1981 con una increíble trilogía discográfica (conocida como la de los colores rojo, azul y amarillo) junto a Bill Bruford en la batería y percusión, Tony Levin en el bajo y Stick, y Adrian Belew en la guitarra y voz. Otro reinado… otra fascinante historia.

Leonardo Bigott