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La sensibilidad de Recordatorio en Siete al Cubo (Los Galpones, Caracas) (Julio 29, 2016)

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Recordatorio

Recordatorio

Siete al Cubo, Centro de Arte Los Galpones, Caracas

(Julio 29, 2016)

Un nuevo espacio para la buena música se abre en Caracas. Íntimo, casi clandestino aunque no elitista, y ese es su encanto. Un pequeño anfiteatro para grupos de culto, esos que movilizan a un público fiel, ávido y por sobre todo que valora lo que algunos artistas honestos y sensibles están haciendo. Lo maneja Siete al Cubo, la tienda especializada en diseño venezolano que alberga el trabajo de artistas de muy buen gusto, criterio que aplica también a esta iniciativa musical y por ello las propuestas que han decidido presentar se ajustan a esos estándares artísticos y exquisitos. El último jueves de cada mes se realiza Los Galpones de Noche, en ese centro de arte ubicado en Los Chorros que es un auténtico oasis dentro de la convulsa capital.

No cabe duda que Recordatorio, el vehículo creativo de Armando Áñez, es uno de los proyectos de culto por excelencia en la Caracas actual. No se presenta con frecuencia, pero cuando lo hace arrastra a un público que sabe apreciarlo y que ya ha hecho suyo el disco Lógica Resbalosa (2015), cuya presentación y empaque lo hace un producto de diseño único, ideal para Siete al Cubo.

La presentación en formato quinteto repasó buena parte del contenido del único disco hasta ahora de Recordatorio el alter ego transformado en banda de Armando Áñez (teclados, guitarra, voz), quien estuvo acompañado por Héctor Tosta (guitarra, coros), Luis Otamendi (bajo), Isaac Sasson (batería) y Gustavo Casas (percusión, segunda voz). Entre los cinco se encargaron de ofrendar ese todavía pequeño pero muy exquisito catálogo de canciones que hacen de Lógica resbalosa una de las joyas del pop independiente venezolano.

No es fácil traducir al lenguaje en directo de un disco de estas características, lleno de matices y cuidados detalles, delicadas capas de teclados y voces melódicas. Pero lo logran, aún a pesar de no contar con un gran sistema de audio (parte de la identidad de este espacio), que en realidad fue suficiente para el espacio que, repleto de seguidores como estuvo, hace más cálido el momento. Canciones como, “Memoria”, “La importancia de dormir”, “Detrás”, “Mala idea” y la interesante versión de Simón Díaz, “Como pequeña gota de rocío”, sonaron estupendas. La mayor parte de los presentes cantó a bajo volumen cada canción.

Pero los puntos álgidos fueron “Lógica resbalosa” (con una primera parte gentil que desemboca en un wall of sound guitarrero que se transforma en funky que hace lucir a Tosta); la maravillosa AC5; la sensible “El Norte despejado” (con un cada vez más sorprendente Álvaro Casas haciendo la voz que en el disco hace Linda Sjöquist) y el increíble cierre con “Hormiga”. Cada músico posee un peso específico, tienen espacio para lucirse sin menoscabo de la canción ni excesos innecesarios. El bajo de Otamendi es sólido y definido: la guitarra de Tosta es intensa cuando se necesita, atmosférica en ocasiones y melodiosa en otras; la percusión de Casas es ligera pero necesaria y su segunda voz es muy adecuada, pasando por encima de su evidente timidez; la batería de Sasson es precisa y al mismo tiempo austera, como requieren las canciones; mientras que Áñez se pasea sentado, transmitiendo serenidad, entre sus dos teclados y la guitarra, al tiempo que canta con su voz melancólica y expresiva.

Para que estas delicadas canciones suenen bien en vivo se hace imperativa no solo la calidad de los instrumentistas, sino tener la sensibilidad y complicidad entre ellos para transmitir y conmover. Y ellos, sin duda, lo consiguen.

Juan Carlos Ballesta