Inicio Archivo discografico Sigur Rós «Ágætis byrjun» (1999) (Islandia)

Sigur Rós «Ágætis byrjun» (1999) (Islandia)

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Sigur Ros - Agaetis Byrjun

Sigur Rós

Ágætis byrjun

Fat Cat. 1999. Islandia

Una de las revelaciones del año 2001, a pesar de ser una banda que venía rodando desde 1994, fue la agrupación Sigur Rós, quienes desde su lejana Islandia habían venido conquistando adeptos en todas partes del mundo.
Con la edición de su compacto Ágætis byrjun en Norteamérica durante 2001, a pesar de ser un trabajo que ya tenía un par de años editado en su natal Islandia, la banda ganó nuevos fans, siendo incluso presentados a fines de 2001 en la serie televisiva de HBO «Reverb», que muestra conciertos en vivo de interesantes agrupaciones con propuestas originales.
Sigur Rós era en ese momento un cuarteto liderado en la voz y la guitarra por Jon Thor Birgisson, mejor conocido como Jonsi, y su música se puede describir como una progresión de intensas atmósferas sonoras, sutilmente orquestadas de manera abierta y vocalizadas frecuentemente en un lenguaje inventado por Jonsi­ que él llama «Hopelandish».
Completaban el cuarteto, Georg Holm en el bajo, Agust en la batería (que luego de este trabajo sería reemplazado por Orri Pall Dyrason) y el tecladista/guitarrista Kjartan Sveinsson.

Sigur Rós tiene un sonido muy personal, con arreglos orquestales, guitarras sinuosas, sonidos electrónicos, y la sutil voz de Jonsi que por momentos sugiere una vocalista femenina, por su timbre agudo y su frecuente uso del falsete.
Ágætis byrjun contiene nueve temas que nos sugieren una unidad conceptual en el trabajo. Luego de una corta introducción con sonidos grabados en retroceso y la voz de Jonsi envuelta en efectos de «reverb», nos encontramos con la primera pieza «Svefn-G-Englar», un órgano clásico y un sonido que recuerda el sonar de un submarino marcan los compases, poco a poco las guitarras, distorsionadas y con «feedback», pero colocadas a un nivel sonoro por debajo del resto de los instrumentos, comienzan a sugerir la melodía de la pieza y la batería, tocada con escobillas, marca el ritmo lento de una composición que nos recuerdan a las antiguas bandas del sello 4AD como This Mortal Coil o Cocteau Twins.    “Starálfur” es la siguiente pieza, con envolventes arreglos de cuerdas que se deslizan alrededor de las guitarras y la voz. A esta sigue una de los puntos más altos del trabajo: «Flugufrelsarinn», que nos recuerda en algo los más recientes discos de Radiohead, con las guitarras sugiriendo un ambiente psicodélico en medio de reberverantes efectos y la voz con timbre un poco más grave que en las piezas anteriores, acentuando la similitud con Tom Yorke y compañía.
A excepción de la pieza final, «Avalon», el resto de las composiciones supera los 6 minutos de duración, dando tiempo al desarrollo de los temas, con efectivos «crescendos» que nos recuerdan mucho a la banda Godspeed Your Black Emperor. Un buen ejemplo de esto es «Ny Batterí» que agrega una sección de metales a la orquestación, la cual va integrándose lentamente con diversos sonidos electrónicos, hacia los cinco minutos entran la batería y el bajo, haciendo progresivamente más fuerte la pieza, pero insertando ocasionales silencios que le dan mayor dramatismo a la interpretación durante los ocho minutos que dura la pieza.
Un piano eléctrico y una armónica abren la siguiente pieza, «Hjartad Hamast», hasta que la guitarra, fuertemente distorsionada pero sin tapar el resto de los instrumentos, abre camino a la voz. Luego de un par de minutos se suma la batería, impulsando el tempo de la pieza, cargada de imponentes atmósferas a las que se une, luego de unos minutos, la sección de cuerdas.
De esta forma, entre guitarras con «feedback», el consecuente uso de la reverberación, pianos eléctricos y acústicos, secciones de cuerda, instrumentos de viento, flautas, base rí­tmica, acordeón, efectos electrónicos y la muy personal voz de Jonsí­, Ágætis byrjun (título que podemos aproximar como: un nuevo comienzo, o un buen comienzo) nos trae una seductora e intensa propuesta musical desde las lejanas tierras de Reykjavik, que nos hipnotiza y nos transporta a míticos lugares imaginarios.

Gabriel Pérez