La banda caraqueña con el cantante Dan Auli y el guitarrista Ángel Quiñones al frente, revisó la legendaria obra conceptual de Pink Floyd, The Wall
Sim Floyd
Centro Cultural BOD, Caracas
(Abril 29, 2016)
Tras 10 años de haberse formado con el firme propósito de recrear el muy admirado y rico universo de Pink Floyd, la banda caraqueña liderada por el cantante Dan Auli y el guitarrista y arreglista Ángel Quiñones ha alcanzado uno de sus picos: el montaje musical de las canciones del afamado disco The Wall acompañando la proyección de la película homónima dirigida por Alan Parker y protagonizada por Bob Geldof en el rol de Pink.
El reto se presentaba de amplias proporciones, pero fue superado con nota sobresaliente.
El repaso de las canciones no está exactamente en el mismo orden que en el disco, sino que tiene que ver con la forma en que Parker desarrolló la trama en la película, en la que incluso hay algunas adiciones. Sim Floyd respetó mucho los diálogos y monólogos, que fungieron como transiciones entre las canciones.
The Wall surgió del genio atormentado y algo megalómano del bajista de Pink Floyd, Roger Waters, afectado desde su niñez por la desaparición de su padre en la Segunda Guerra Mundial y por ciertos elementos en la carrera de la banda que por un lado eran positivos (el éxito, las ventas de discos, los conciertos cada vez más grandes) pero también negativos (la lejanía del público, la alienación que produce la fama).
El trauma de la pérdida de su padre lo marcó para siempre, especialmente en su niñez y adolescencia, hasta desembocar en esta soberbia y emotiva obra que casi llevó a Pink Floyd a la disolución, un conflicto entre miembros que se materializó entrando en los años 80. Convertido en rock star a mediados de los 70, Waters comenzó a percibir la alienación que produce estar en una tarima lejana de la gente con la que se supone estás queriendo conectarte.
Ese muro invisible, las heridas de la guerra, la alienación educativa y cultural, el dinero, todo contribuyó a construir una historia que con el tiempo se convirtió en una obsesión que lo ha acompañado por siempre. Alan Parker la adaptó brillantemente al cine, respetando la esencia de las canciones pero agregando elementos suficientemente poderosos para contar la historia de Pink, un cantante de rock que se va aislando cada vez más del mundo, creando muros emocionales, afectado por las difíciles relaciones familiares y de pareja, el rechazo y los regaños de sus profesores.
Es Sim Floyd quien logra derribar esos muros invisibles, conectando con la audiencia, no solo por la mutua admiración (músicos y público) por la banda británica, sino por la genuina interpretación del contenido del emblemático disco lanzado en diciembre de 1979 como grandioso último vestigio de la era de los discos conceptuales.
Tras una presentación algo escandalosa y una explicación sobre la dinámica del espectáculo, la película dio comienzo y en seguida el apoteósico comienzo con “In the Flesh?” nos sintonizó. El sonido estuvo grandioso desde el comienzo al final del show y solo hizo hecho falta una pantalla más grande para disfrutar plenamente de la proyección. Los organizadores lo intentaron, pero razones técnicas a última hora lo impidieron.
“The Thin Ice” rápidamente nos hizo constatar el gran parecido de la voz de Dan Auli con la de Waters, un mimetismo que contribuyó muchísimo con el objetivo de lograr una inmersión completa en la obra. A ello contribuyó mucho también Ángel Quiñones con su prístina guitarra y su actitud en tarima.
La contribución de varios músicos de la Orquesta de Rock Sinfónico Simón Bolívar fue importante: Shankara Salazar (voz), Manuel Aumaitre (voz y guitarra, también de la banda Calle Santiago), Luis Monterola (teclados) y Maximiliano Fú (batería).
Aunque el único que realmente rompió con la estética sobria necesaria en este espectáculo fue el bajista Leandro Vivas, quien más allá de su innegable calidad como instrumentista, debió cuidar mejor su vestimenta (180º contraria al resto y a la naturaleza de la obra, que empeoró en la segunda parte con una franela deportiva con su propio nombre) y controlar sus repentinos y destemplados arranques de entusiasmo.
El concierto continuó de forma brillante con “Another Brick in the Wall, Part 1” (con escenas en el parque), antecediendo a “Goodbye Blue Sky”, “When the Tigers Broke Free” (canción que no aparece en el álbum), “The Happiest Days of Our Lives” (que muestra a Pink siendo regañado en clase por su profesor, quien se burla de su texto escrito, que resulta ser “Money”, canción de Pink Floyd), “Another Brick in the Wall, part 2” (con las famosas escenas de los niños cayendo a un triturador) y la emotiva “Mother”
“Empty Spaces”, “Young Lust”, “One of my Turns” y “Don’t Leave me Now”, recrean las escenas de Pink rompiendo todo en su casa tras descubrir que su esposa lo engañaba con otro, que resultan desgarradoras. Entonces, en medio de la emotividad, interpretan “Goodbye Cruel World”, tras la cual se produce un intermedio un tanto largo.
Regresaron con “Is There Anybody Out There?” y “Nobody Home”, soberbiamente interpretada por Auli. Siguen con “Vera”, auténtico drama, y “Bring the Boys Back Home” y ya con Pink hecho una piltrafa, aislado del mundo, la infalible “Confortably Numb”, en la que Quiñones tiene una participación vocal y guitarrística notable.
La apoteosis populista es encarnada por Auli con uniforme, mientras se proyectan las distintivas ilustraciones de Gerald Scarfe con los martillos en primer plano, lo que revienta en la enérgica pieza “Run Like Hell”.
El tramo final del show alcanza altas cotas de emoción con “Waiting for the Worms”; “5:11 AM (The Moment of Clarity)” (canción que Waters incluyó en su primer disco solista The Pros and Cons of Hitch Hiking, un álbum conceptual que compuso en paralelo a The Wall pero publicado en 1984); “Stop”; y las épicas “The Trial” y “Outside the Wall”, en las que toda la banda se luce en las voces y en el clímax instrumental.
Solo dos temas del álbum original fueron dejados fuera del soundtrack, “The Show Must Go On” y “Hey You”. Esta última fue escogida para el encore y así finalizar con broche de oro un espléndido y emotivo montaje.
Juan Carlos Ballesta
Fotos: Emilio Méndez







