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Crónicas del casete: un jubilado que se niega a morir

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Casetes

El popular formato analógico acaba de perder a su creador, a casi 60 años de su entrada al mercado. Aunque se creía jubilado, el casete ha vuelto

Acaba de morir el ingeniero holandés Lodewijk Frederik Ottens (Lou Otten), quien hace 60 años, como líder de la división de Philips dedicada a fabricar y diseñar equipos de audio, invento el “compact cassette”, “audio cassette”, “musicassette” (en el caso de los pre-grabados), “tape cassette” o simplemente casete, así como también el primer grabador portátil, el famoso modelo EL 3585, del que se vendieron mas de un millón de unidades.

Demasiada agua ha corrido bajo el puente desde los inciertos inicios hasta su época de esplendor en los años 70 y 80. A fines de los 90 fue jubilado, aplastado por el disco compacto (formato en cuya creación también participó Otten con Philips a principios de los 80) y las copiadoras de CDs, pero su memoria permanece.

Rendimos homenaje a ese pequeño artilugio mecánico, fuente de infinidad de grandes momentos

Juan Carlos Ballesta

Mucho aguantó el casete, compañero inseparable del disco de vinilo por tres décadas, un objeto sonoro emblema del mundo analógico que finalmente sucumbió a los embates de la era digital, aunque en años recientes ha intentado resucitar a pesar de que ya pocos conservan en buenas condiciones un “deck” o grabador/reproductor.

Nunca el casete saldrá de las vidas de quienes lo atesoraron por décadas y crecieron agradecidos de sus bondades, así no lo manipulemos de nuevo ni grabemos uno más. Es como un amor imposible en el siglo 21.

Los que vivimos la era dorada de los formatos analógicos y el cambio al mundo digital tenemos pensamientos dicotómicos y contradictorios. La importancia que tuvo esa pequeña cajita de plástico con dos ruedas dentadas sobre la que se enrollaba la delgada cinta electromagnética que se deslizaba sobre una almohadilla fue fundamental para la difusión de la música.

Justo en los años 70 se alcanzaba el gran pico de la tecnología analógica, con equipos de sonido y grabación de excelente fidelidad. Incluso el casete, que siempre fue un formato vulnerable (se magnetizaba, se salía la cinta, se trababa el mecanismo, le entraba polvo…) había alcanzado un grado importante de confiabilidad, de modo que grabar en ellos se convirtió en una acción habitual.

Casete cinta

La consolidación del casete

El casete original era ideal para uso portátil y estaba orientado principalmente para grabar voz de manera casera o para uso periodístico. La calidad aún no era suficiente para que las grabaciones de música se escucharan bien. Los “musicassettes” fueron lanzados por primera vez a finales de 1965 y la oferta inicial consistía de apenas 49 títulos.




La cinta electromagnética para casete era una versión reducida y mas manejable de las famosas “tortas” o reels utilizadas en los estudios de grabación y que también tenían versiones de alta fidelidad con fines particulares.

Reel Tape

El desarrollo, tanto de los radio/reproductores como del casete, alcanzó un grado suficiente de confiabilidad y calidad a comienzos de los años 70 con la introducción del Model 201 de Advent Corporation del prominente ingeniero de audio norteamericano Henry Kloss, que combinaba el famoso sistema de reducción de ruido Dolby type B y una cinta de óxido de cromo.

Advent Model 201

A partir de ese momento la calidad de audio se incrementó notablemente y la popularidad del formato se disparó exponencialmente en todo el planeta. El casete desplazó en breve tiempo a los cartuchos mucho más grandes que se habían intentado popularizar para vehículos.

A ello habría que sumar la decisión de Philips de licensiar la fabricación y comercialización a la marca japonesa Sony, lo que conllevó a que los competidores Telefunken y Grundig, quedaran casi sin oportunidad.

La fabricación de decks, los famosos “Boom Boxes” y radio reproductores portátiles para vehículos fue cada vez mayor, hasta convertirse en la norma. Muchas marcas fabricaron desde modelos económicos hasta los más sofisticados de alta fidelidad. Allí compitieron Marantz, Sony, Fisher, Technics, Pioneer, Toshiba, Sanyo, Akai, Aiwa, Philips, Nakamishi y muchas otras.

Boom BoxPero, el casete no se utilizó solo para audio. En los años 70, hasta los primeros 80, marcas como IBM, HP o Commodore, utilizaron al casete como elemento de almacenamiento de sus primeros ordenadores/computadores de casa, antes de la llegada de los floppy disc.

Datasette




En 1979 Sony introdujo el emblemático Walkman, un grabador/reproductor de reducidas dimensiones entendido para llevarlo mientras se caminaba haciendo ejercicio, del que se vendieron millones de unidades y que inspiró unos años después la fabricación del Discman y el mp3 player del siglo 21.

Walkman Original
Primer modelo Sony Walkman TPS-L2

Fue, sin duda, lo más cercano en concepto al popular radio transistor de baterías que permitió que millones de personas escucharan radio en cualquier lugar y a cualquier hora, incluso antes de dormir con el pequeño aparato debajo de la almohada.

Durante la época dorada del casete, el formato se transformó en el mejor objeto de intercambio musical. La cultura del casete llegó incluso al terreno político, siendo una herramienta ideal de penetración en los regímenes totalitarios, que en muchos casos llegaron a catalogarlo como subversivo.

Los casetes rodaron de mano en mano de forma clandestina y popularizaron a grupos y artistas en países donde la censura era implacable, así como también mensajes crípticos y ocultos que los grupos políticos en la clandestinidad descifraban.

También, en muchos países el casete se transformó en una inmensa y rica subcultura, con muchos pequeños sellos publicando la música de artistas no tan conocidos en grandes centros urbanos y vendiéndolos en estaciones de servicio y bares de carreteras en la profundidad de los países. Eso pasó en India, España y países de Latinoamérica.

El TDK, el más preciado casete

Aunque en las grandes ciudades del mundo los casetes se conseguían en muchos sitios, no en todos era posible encontrar los preferidos de la mayoría: los TDK.

La marca japonesa se erigió en líder del mercado con varios de sus modelos, destacando el gris oscuro de principios de los años 80 y, por supuesto, el más caro y apreciado: el Super Avylin.

Los clones eran una amenaza y muchos tropezaban una y otra vez con los piratas, que enredaban la cinta en los decks y magnetizaban los cabezales. El casete TDK, como líder del mercado, fue pirateado por una marca llamada KDK que incluso lucía un empaque similar.

Pero, peor aún, hubo copias casi exactas con el mismo nombre de marca que solo era posible distinguir apreciando su peso y cerciorándose del serial, algo que solo era posible descubrir por primera vez después de caer en la estafa.

Los casetes se conseguían en cualquier lugar: farmacias, supermercados, quincallas, papelerías, gasolineras y por supuesto tiendas especializadas en audio. Era un objeto sumamente común, casi una necesidad.




Otras marcas con demanda eran Pioneer, Maxell, Basf, Sony, Philips, Memorex, Agfa, Denon, Verbatim, Magnavox y las muy mediocres que se fabricaban en algunos países sin control de calidad suficiente, como en el caso de Venezuela las marcas Magnetics, Magnum, Sonotek, Superton, entre otras, que aprovecharon la coyuntura del control de cambio en la segunda mitad de los 80 para tratar de ganar mercado.

Casetes

El casete: un anacronismo romántico

Tener hoy en día un radio reproductor en el carro puede ser un anacronismo de grandes proporciones, pero durante varias décadas las guanteras, compartimientos y recovecos internos de millones de vehículos estuvieron llenos de ese objeto delgado, de funcionamiento mecánico, en el que podía grabarse cualquier cosa. El último vehículo fabricado con radio productor se vendió en 2002.

El casete, ese maravilloso invento creado por el gigante tecnológico holandés Philips –creador también de la tecnología de los lectores de CDs– está a punto de cumplir 60 años (se lanzó al mercado en 1962). Ya pocos usan los casetes, su fabricación es escasa, tampoco los famosos “decks” se encuentran en las tiendas, por lo que escuchar música en casete hoy en día pasa por ser un placentero acto de nostalgia, un homenaje a su pasado glorioso.

Grabar uno puede ser un deja vu para muchos y una aventura para los más jóvenes. El que tenga un deck en funcionamiento debe cuidarlo con celo.

Para alguien que haya nacido hacia finales de los 80, probablemente el casete sea apenas un recuerdo vago de niñez. Para los que nacieron en los 90 y más acá simplemente es un objeto del pasado remoto, un viejo y arcaico objeto usado por sus padres y abuelos.

Pero, para cualquiera que haya nacido antes de 1985, es probablemente uno de los objetos más icónicos e inolvidables de los que se tenga memoria.

Recientemente ha habido una tendencia a recuperar el casete, ya no como formato masivo pero si para coleccionistas, y muchos artistas han decidido incorporarlo a su oferta. En 2019, sin embargo, se produjo una escasez en el mundo de óxido férrico gamma, uno de los componentes esenciales de las cintas.

La fabricante estadounidense National Audio Company avisó del inconveniente a todos sus clientes, aunque ya ha retomado su producción.

En 2018, el formato había alcanzado su mejor año de ventas desde 2012, con un crecimiento de casi 75% en Estados Unidos y un 35% globalmente. Quizá la fiebre estuvo ligada con el hecho que populares series como “Guardianes de la Galaxia” y “Stranger Things”, editaron las bandas sonoras en casete.

Ese año el incremento en ventas en Gran Bretaña se disparó en 125%, tendencia que siguió en ascenso en 2019 y, lo más increíble es que en el año de la pandemia (2020), el aumento en ventas creció 100% respecto al previo.

Muchos artistas se han unido a la tendencia. Por ejemplo, la banda australiana 5 Seconds of Summer vendió más de 12 mil casetes en la semana de lanzamiento, mientras que Lady Gaga hizo algo parecido con Chromatica, seguidos por artistas como Dua Lipa, Carly Rae Jepsen, Harry Styles, Pet Shop Boys, The Strokes y en este 2021, Steven Wilson.

En tiempos recientes, Björk decidió reeditar todos sus títulos en una vistosa y muy colorida colección de casetes que rápidamente se hizo apetecible para sus fans y coleccionistas.

Bjork Cassettes

Antes de la pandemia, era clara la intención en muchos conciertos en los que la oferta de grupos y artistas incorporaba a CD, vinilos y demás merchandise, el rejuvenecido casete. A decir verdad, el casete, como pasó con el vinilo, nunca se fue del todo.

Si aún hay salvación, nuestro consejo es ¡Que nadie se deshaga de sus viejos casetes!

La matemática y el ritual de grabar casetes: una experiencia personalísima

¿Cuántas horas de nuestras vidas habremos empleado grabando casetes? La pregunta me la hice hace ya unos años leyendo la noticia de su 50 cumpleaños, pero en mi caso particular tuve que contestarla meses después luego de desempolvar un viejo listado, guardado desde hacía más de una década en una caja llena de memorabilia musical.

Comparto esas memorias como quien escribe de unos viejos amigos del cole a los que uno no ve por años pero sigue queriendo igual. La complicidad eterna.

Esa lista contiene la cronología de los casetes grabados con mucha dedicación –quizá excesiva– desde que tuve mi primer equipo de sonido importante, entiéndase un maravilloso Deck Sony modelo TC-206 SD plateado con agujas VU y selectores para cintas de cromo, ferrita y estándar. Representaba el “state of the art”, con varias entradas externas, equalización según el material de la cinta, nivel de ruido, selección de Dolby, perillas de controles de volumen de grabación, linea de salida…Es decir, el sueño para todo audiófilo.

Sony Tape Recorder TC-206

Aquello fue en tiempos en que comenzaba la secundaria, quizá el mejor regalo que recibí en mucho tiempo junto al tocadiscos Sony PS-X6 con luz estreboscópica para controlar el “pitch” y un amplificador de la misma marca que aún funciona.

Antes de eso, un 3 en 1 marca National (luego Technics) y más atrás un portátil Sanyo (en la foto) protagonizaron mis primeros devaneos como grabador compulsivo de programas de radio y LPs.

La lista comienza formalmente con Elton John, Cat Stevens, Uriah Heep, Led Zeppelin, The Beatles, The Rolling Stones, Jethro Tull y Yes y termina con Tortoise, Stereolab, Laika, Pram y otros exponentes del post rock en los estertores del siglo 20.

El ejercicio de matemática nostálgica arroja unos resultados que podrían sorprender a muchos, pero por supuesto no a mí ni a mis cercanos amigos que todavía recuerdan las aparatosas casetecas colgantes hechas de madera que mandé a construir a la medida para almacenar cientos de esos entrañables objetos sonoros.

Los CDs, de altura similar, terminaron por apropiarse del espacio y convertir las casetecas en CDtecas.

Si contabilizo los 3400 casetes, perfectamente numerados e inventariados a lo largo de un período que finalizó en 1997, justo cuando las primeras quemadoras de CDs hicieron su aparición, el tiempo invertido puede llegar a ser un exabrupto.

Agrupando todo el tiempo invertido en grabar 2200 casetes de 60 minutos -30 por lado- y 1200 de 90 minutos, da una cuenta equivalente a 167 días seguidos sin dormir, es decir, medio año, lo que equivale a 240.000 horas.

A eso hay que agregarle el importantísimo proceso previo de selección del material a grabar y el cálculo de los tiempos de cada canción de modo de evitar cortes abruptos al final de cada lado. Muchos LPs no solían indicar los tiempos de las canciones, así que la práctica del “ojo por ciento” servía para calcular, cada vez con mayor tino.

Probablemente la cifra total de tiempo invertido en una colección de 3400 cintas llegue a un año, 365 días frente a las agujas y luces rojas de Rec de los decks. Miles de veces presionando las teclas de play/rec y de pause, un proceso que se incrementaba en tiempos vacacionales.




Cuando el casete era un compilado especial, el tiempo de dedicación era mayor, y mucho más si se trataba de casetes concebidos con esmero para ser escuchados en momentos y con personas especiales. Hoy, solo hace falta arrastrar archivos con el mouse y hacer un click, transformando el equivalente a miles de horas en unos pocos segundos.

Había casetes para la playa, para las noches, para las fiestas, para la universidad, para quedar con alguien, para momentos de soledad y por supuesto para conservar lo más “virgo” posible a los LPs.

Todo lo que involucraba grabar un casete estaba envuelto en una especie de ritual, incluso la decoración especial de algunos de ellos o los títulos asociados con situaciones o lugares. Por ejemplo: “New Wave. Boca de Uchire, agosto 1983”. El volumen óptimo de grabación, el orden de las canciones, la marca y material del casete (y el espacio que traía el cartoncillo para anotar las canciones), eran parte del proceso para conseguir el mejor resultado.

Los mixtapes (término que sigue utilizándose) eran el punto culminante y para ello había que disponer de dos tocadiscos (casi siempre uno de ellos lo prestaba un amigo y había que devolverlo rápido) y si era posible un mezclador.

Poco más de 20 años después de mi último casete grabado y numerado, ni mi cerebro ni mi corazón han terminado de desprenderse de esa doble experiencia de grabar y escuchar un casete.