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Coral Lombana: ¡Una voz con aroma a jazz, coco y bolero!

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Coral Lombana

Venezuela está llena de grandes voces, de todas las tesituras y estilos. Algunas de ellas, magníficas y sorprendentes, no son merecidamente conocidas. Uno de esos casos es el de la falconiana Coral Lombana, cuya voz se encuentra en un punto entre soprano y contralto, explorando los terrenos del jazz, la bossanova y el bolero. Ella es una caja de sorpresas. Nunca es tarde para intentarlo.

Leonardo Bigott

 

Si uno es de donde viene y no de donde nace, esa es una tesis que tiene sus sólidos argumentos. Los hijos de españoles, italianos y portugueses poseen rasgos de la venezolanidad que resultan del roce diario con los venezolanos de pura cepa, pero también tienen sus costumbres del viejo continente inculcadas, según sea el caso, por sus progenitores. En esa cápsula de Petri que es nuestro país, todos sabemos cuan explosivamente hilarante puede ser una reunión donde convergen un andino, un oriental, un llanero  y un caraqueño. La inefable conclusión es que somos jazz, somos una mezcla improvisada de muchas culturas que está a flor de piel, está en ese ímpetu, en esa familiaridad inmediata y en esa instantánea sonrisa que se desborda y como un cerrojo se desliza y deja abrir las puertas a una cálida y súbita amistad. Ese es el caso de Coral Lombana, caraqueña venida a este mundo el 17 de julio de 1958 en el seno de un hogar formado por padre barinés y una madre de Falcón, esa tierra cálida de exóticas playas, áridos paisajes y playas delineadas por cocoteros, de gente afable, entregada y hospitalaria pero también de armas tomar. Una región tan musical como Yaracuy y Zulia pero de la que sobre ella poco oímos. Si acaso aquellos versos… “bajo el claror de la luna, sobre las tibias arenas, entre cardones y tunas…” Es aire de mar, aroma a coco, piel morena y Rojo Coral.

Mi primer encuentro con la música de esta hermosa mujer de diáfana sonrisa, impetuoso espíritu y muy segura de si misma, vino de manos de uno de los más relevantes ingenieros de sonidos del país quien acaba de ser nominado a Latin Grammy® y que estuvo tras la consola del segundo álbum de Coral titulado Rojo Coral Vol. 2 de 2013, reseñado en la página 24 de Ladosis #31, nuestra última edición en papel. Ya en el confort de mi silencioso estudio me dispuse a oír el CD cuyo limpio sonido dejaba escuchar una voz que tenía ya una identidad como la que había encontrado años atrás en Marisela Leal y María Márquez, dos de mis cantantes favoritas en estos predios del jazz venezolano. Su voz de mezzosoprano puede tener una mayor tesitura pero esencialmente está en ese punto entre soprano y contralto. Sin embargo, es su aspecto interpretativo uno de los que más resalta en su definido estilo pronto a poner velas en otra dirección.

Mi segundo encuentro con su música llegó de manos de Ángel Milano, teclista de la banda pop/rock Trinidad, quien me puso en contacto con Zaired Mora, ‘panager’ (pana y manager) de Coral y esposa del ingeniero de audio Eduardo Martínez de estudios dbMix. Pudiéramos decir que la carrera musical de Coral es relativamente reciente, poco más de una década, pero ha sido gratificante y próxima a revelarnos el resultado de una clara evolución dentro del difícil género del jazz aunque lo que viene deja pleno espacio para las sorpresas. Ya verán.

Coral LombanaSupongo que diste tus primeros pasos musicales por influencia familiar. ¿Es así?

Sí, viene principalmente del lado materno porque a mi madre le gustaban mucho las películas de Fred Astaire, los musicales y los films de la guerra y la postguerra en los que veías y escuchabas las grandes orquestas como la de Glenn Miller. Además de eso, a mi madre le gustaban los boleros, las rancheras y también Ella Fitzgerald y Louis Armstrong.

¿En esa época tus padres incentivaron tu inclinación natural por la música?

Sí. Estuve en clases de piano a los seis años con una profesora rusa llamada Nina Matkovsky. No aprendía ni teoría ni solfeo, más bien aprendía canciones y tenía una prueba a modo de concierto. Pienso que su principal aporte a mi aprendizaje fue el énfasis que hacía en la interpretación. 

¿Eso te motivo a continuar?

Hubo varias cosas que fueron influyendo. Tengo una hermana varios años mayor que yo. Ella se fue a estudiar a Estados Unidos y cuando venía traía discos de Dusty Springfield, Stevie Wonder y toda la onda Motown, Marvin Gaye, The Supremes… hasta que todo eso me llevó a Stan Getz. Todo a través de mi hermana. En esos años también comencé a escuchar bossa-nova. Creo que puedo decir entonces que escucho música desde que tengo conciencia.

Todos tenemos ese momento épico en que algo te convence que tu camino es la música. ¿Cuál ha sido el tuyo?

Un cierto día iba con mi hermano por La Trinidad. Él debió ir a una farmacia para comprar una medicina y yo me quedé en el carro oyendo radio. Es entonces que comienza una melodía “…Madalena / O meu peito percebeu …”.  Al llegar a casa le pregunto a mi hermana si conocía el tema. Me respondió, “es Madalena, de Elis Regina”. Tenía 14 pero ya entonces quería ser cantante, así que decidí perseguir la música.

Imagino, y ahora más que nunca, has tenido muchas dificultades.

Yo me casé muy joven, así que con ello vinieron responsabilidades. Los hijos, la carrera y otras tantas cosas. Es después que mi primer hijo se va de casa y el otro ya un hombrecito que reflexioné y me dije hace algunos años que era tiempo de retomar el asunto musical.

¿Esperas entonces dedicarte de lleno a la música?

Es lo que me gustaría. Me gustaría que mi agenda fuera hoy en North Sea Festival, Chicago mañana y luego Nueva York, pero por ahora no es viable y debo decir que también me gusta mi carrera (headhunter).

En poco más de una década tienes dos álbumes. ¿Cuándo te presentaste como profesional por primera vez?

La gente me decía que cantara en público. Dado que en la familia hay muchos cantantes, la pelea por el micrófono era seria pero era yo quien siempre terminaba las veladas. Tuve también mucho tiempo alejada de la  música y mis estudios estaban limitados a lo aprendido de la profesora rusa. Así que tras reflexionar sobre aquellos obstáculos y en una movida de exceso de realismo decidí, a mis 48 años –hoy tengo 59– tomar clases de canto con Biella Da Costa en el Instituto Universitario de Estudios Musicales (IUDEM). Tras un primer examen, el pianista Carlos González sugiere que toque en la calle y añade que “saque los papeles” (las partituras) pero seguía siendo madre y ejecutiva. Una cosa llevó a la otra y finalmente me presenté en Pots, un afamado restaurant en Galería Los Naranjos.

¿Cuál es la historia de tu primogénito álbum?

Tras ese primer toque por el que me pagaron Bs. 300, una cosa fue llevando a otra y surgió la oportunidad de tocar para una cena de la Cámara Venezolana Alemana (CAVENAL). Allí un candidato que habíamos colocado en BMW y que me conoce como reclutadora, se sorprende al verme y le explico que soy la cantante del evento. Al término me dice que debo grabar un CD para un próximo lanzamiento en BMW. Mi grupo en esos días lo conformaba Carlos González, Carlos Fernández y Willy Díaz. Con una inversión garantizada por BMW, el señor en cuestión me recuerda que en tres meses será el evento. Es entonces que bajo una total presión Willy Díaz me responde que si puede hacerse en ese lapso. Asi que hice el repertorio al tiempo que Willy buscaba los músicos…Y tres meses después y una hora antes de la presentación, llegaron los CDs.

¿Quiénes conformaron la banda para Rojo Coral y que representa?

Rodner Padilla al bajo, Leonel Ruíz al piano y Willy Díaz en la batería. Más tarde me enteraría del altísimo calibre de estos músicos. Recuerdo que en aquel concierto de BMW estaba Jacques Braunstein † –célebre personaje del jazz– quien me acogió bajo sus alas. Como todo primer álbum uno quiere poner todo. Hoy, representa un resumen de todo lo que venía oyendo, cosas de Marco Antonio Muñíz como “Te amaré toda la vida” y estándares como “Good Morning Heartache”. Es un álbum de jazz con músicos de jazz pero no es un álbum conceptual. Me gusta experimentar pero siempre dentro del jazz.

Tú segundo álbum refleja un desarrollo más pensado.

Sí, es así. Yo tenía un concepto más definido en mente. Quería algo distanciado del tradicional “curruchá curruchá” venezolano. Algo como una gaita tambora pero en 5, algo que trajera a la memoria temas clásicos como “Take Five”, igualmente hacerlo con una tonada como “Tonada del tormento” e incluso “Por alguien como tú”. Y es que para este segundo álbum tuve la libertad de escoger al arreglista, que fue nada más y nada menos que Laurent Lecuyer. Todo un maestro. Siendo francés, representaba lo más alejado del elemento venezolano. Entre Willy y yo escogimos el repertorio que poco a poco fue decantando en lo que es hoy Rojo Coral Vol. 2, nueve temas más un bonus track con arreglos interesantes, muy limpios, tenues, minimalistas, tal como se lo plantee a Laurent. Allí están “Es verdad” de Ilan Chester, “Moliendo café” de Hugo Blanco, “La dama de la ciudad” de Frank Quintero y otros temas conocidos.

También están la crema y nata en este segundo disco. ¿Cómo sucedió?

Yo tomaba clases con Marisela Leal quien era vecina del excelente bajista Gonzalo Teppa, con quien había querido trabajar desde hacía años. En esos días Gonzalo buscaba un grupo de estudiantes de canto para enseñarles sobre el concepto del jazz. Yo me interesé y cuando vio el repertorio que trabajaba quiso participar del proyecto. Así que finalmente fueron Gonzalo en el bajo y algunos arreglos, Laurent al piano y los arreglos, Willy en la batería y Heriberto Rojas en contrabajo.

Pero también tienes otro cuarto bate tras la consola quien ya ganó un Latin Grammy y ha sido nominado este año también, Darío Peñaloza.

Conozco a Darío desde hace años. Es como un hermano porque entre sus padres y los míos hubo siempre una gran amistad y siempre él y su familia estaban en las reuniones familiares. Un excelente profesional.

Coral, ¿Cuál es el siguiente paso?

Tengo dos proyectos paralelos. Hace algún tiempo me tomé un año y fui a Brasil para experimentar de primera mano tantas cosas que me han gustado de allí. A mi retorno tuve la idea de hacer un álbum de versiones pero con dos o tres instrumentos de percusión, piano, batería y estoy revoloteando la idea de un cavaquinho a sugerencia de Carlos Rojas Zoccolo (Pimenteira Brasil) quien estará en este proyecto. Así que este es uno que viene en camino. El otro proyecto tiene más que ver con lo latinoamericano pero esta vez llevado al lenguaje del bolero.

Parece representar un gran riesgo.

Es así. Y como todo riesgo uno no sabe a donde irá a parar pero me gusta asumir retos. El bolero tiene otra historia.

La guinda, ¿Cuándo tendremos la dicha de escuchar esa osada aventura?

Estimo que para el próximo año ya tendremos ese trabajo entre nosotros, así que por los momentos sigo trabajando en ello. ¡Ahí te lo dejo!

Coral Lombana