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El autorretrato tricolor de Orlando Molina

Orlando Molina Autorretrato en Tres Colores

El guitarrista venezolano afincado en Irlanda lanza su álbum debut acompañado de músicos de varias procedencias

Orlando Molina
Autorretrato en tres colores

Autoeditado. 2025. Venezuela

 
Hace 15 años aproximadamente, tuve el agrado de asistir a una de las ediciones del Caracas Blues Fest, la interesante iniciativa del guitarrista de blues ítalo-venezolano Mario Arace.

Si bien el festival parece haber fenecido, dejó un grato recuerdo en mi memoria y, seguro estoy, en la de un puñado de amantes del blues.

Fue allí donde pude escuchar al guitarrista Orlando Molina tocar por primera vez, pero en lenguaje de blues.

Mucha agua ha corrido bajo el puente desde entonces. Sin embargo, como bien reza el adagio, Dios los cría y el Diablo los junta. Es así como esta hermosa obra musical llega a mis manos. Y no es que el internacionalmente reconocido audio ingeniero Darío Peñaloza sea el maligno ente rojizo de cachos y tridente en mano, pero su influencia es auspiciosa y la elegancia y finura de las obras que pasan por sus manos son garantía de éxito. Aquí es el ingeniero de mezcla.

Molina ha dejado atrás la nostalgia y la tristeza para ofrecernos en lenguaje de jazz su Autorretrato en Tres Colores, siete composiciones interpretadas por un grupo de excelentes músicos de nuestro continente.

Orlando presentó su primera obra el 23 de mayo de 2025, llamándola Autorretrato en Tres Colores. El guitarrista y compositor que un buen día decidió marcharse a las tierras de Bono (U2), ha querido expresar su punto de vista sobre la migración, la resiliencia y el cambio, ahondando de un modo íntimo cada nota expresada con un gran sentimiento, es decir, a través de la música.




Es con ello en su corazón que el autor se ha valido de las complejidades armónicas del jazz y la abundante rítmica de la diversidad musical latinoamericana.

Es posible que, dadas las dimensiones de tan magnífica creación, el mismo Orlando haya pasado por alto mencionar algunos aspectos de la obra de este disco donde participan músicos del Líbano, México, Chile, Irlanda, Estados Unidos, Luxemburgo, Irlanda y Venezuela.

El resultado no puede ser otro que excelente, pero dejemos que sea Orlando Molina que nos diga en poco menos de una hora sobre la fortaleza implícita en su música y como esta triunfa en la batalla del abandono del país de origen para encarar lo desconocido y las emociones que ellos provocan.

Esta obra, donde predomina el jazz, nos lleva de la mano con piezas que superan los seis minutos. Temas como “Vía 26”, “De lo Vivido a lo Vivo”, “Paciencia” y “De lo Vivido a lo Vivo” articulan cada nota de una historia por muchos hoy vivida.




Desde los solos de saxo soprano y cuatro en “Una Vida, Many Lives”, hasta la última nota de “Mi Realismo Mágico”, este autorretrato es un excelente álbum debut, nada sobra, nada falta.

Este caraqueño encierra un cúmulo de experiencias en varios países y con una diversidad de músicos de alta factura, lo que le ha permitido edificar una identidad musical que fusiona su herencia latinoamericana con géneros como el jazz y la música del mundo.

Su trayectoria lo ha llevado a presentarse ante el presidente de Irlanda, Michael D. Higgins, en tres ocasiones y, con figuras icónicas y muy distintas como Wynton Marsalis, David Bisbal y Rubén Blades.

También ha colaborado con ganadores del Grammy como Gustavo Dudamel y del Latin Grammy como Miguel Siso y Linda Briceño, además de trabajar con Andreas  Morricone, Ronan Guilfoyle, Nacho Mena y David Pabón, entre muchos otros. Ha formado parte de prestigiosas agrupaciones como la Simón Bolívar Big Band Jazz y ha tocado junto a la Orquesta Sinfónica de Venezuela, entre otras.

En este gran debut le acompañan los venezolano Miguel Siso (cuatro venezolano), Eric Chacón (saxo soprano) y Freddy Adrian (contrabajo), el norirlandés  Scott  Flanigan (piano acústico y Rhodes), los irlandeses Cormac O’Brien (contrabajo) y Matthew Jacobson (batería), el estadounidense Steve Welsh (saxos soprano y tenor), el luxemburgués Boris Schmidt (contrabajo), el chileno Pablo Contreras (bajo eléctrico), la mexicana Alicia García (voz) y el libanés Gilbert Mannsour (percusión)

Además, a destacar el trabajo de del irlandés Joe McGrath en la ingeniería de grabación (Hellfire Studio, Irlanda), los venezolanos Darío Peñaloza en la mezcla y Jesús  Jiménez en la masterización.

Liu Prato creó la imagen que nos prepara para esta velada producida por el propio Orlando Molina.

Leonardo Bigott Ch.