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Franco Battiato: adiós al ecléctico italiano

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Franco Battiato

La muerte a los 76 años del gran músico siciliano, nos priva de uno de los artistas más versátiles y sorprendentes de nuestro tiempo.

Su obra es tan amplia y ecléctica que se hace muy difícil hacerle justicia. El agradecimiento es eterno.

Juan Carlos Ballesta

 
Más de 40 discos, cinco óperas, seis películas, siete libros, conferencias y su faceta no tan conocida como pintor (con el seudónimo de Süphan Barzani), conforman una obra monumental impregnada de referencias filosóficas, religiosas, políticas y culturales.

Musicalmente, Battiato no tuvo límites, y quizá por ello no es descabellado considerarlo un auténtico iconoclasta moderno. Desde la psicodelia a la ópera, del rock progresivo al synth pop, pasando por la electrónica, la música concreta y experimental, el new wave, la música étnica, el new age, el folk y la canción pop italiana, el gran Francesco no dejó casi ningún terreno por explorar.

Se mantuvo activo hasta poco tiempo antes de morir, abandonando de forma silenciosa la vida pública en 2017 como si preparara su viaje místico a otra dimensión.

Por todo ello, fue apodado “Il Maestro”.

La búsqueda de Battiato

Mucho antes de su disco más exitoso y celebrado disco, La Voce del Padrone (1981), ya Battiato tenía una importante y muy interesante discografía, que había comenzado en 1965.

Pudo haberse convertido en uno de tantos buenos cantantes italianos de la generación San Remo, pero él estaba para otras cosas.

En los 70 nos regaló una serie de discos inclasificables que convivieron con la generación más aventurada de Italia en la que se encontraban grupos de rock progresivo y sinfónico, folk rock, jazz fusion y mucho más.

A la par de Premiata Forneria Marconi, Banco del Mutuo Soccorso, Le Orme, New Trolls, Metamorfosi, Il Rovescio Della Medaglia, Area, Goblin y un largo etcétera de bandas únicas, Battiato creo su propio lenguaje a medio camino de todo, pero con una identidad que redimensionó la ya para entonces famosa canción italiana.

La seguidilla de discos La Convenzione (1971) -junto a Juri Camisasca-, Fetus (1971), Pollution (1972), Sulle corde di Aries (1973), Clic (1974), Melle le Gladiator (1975), lo posicionaron como uno de los artistas más arriesgados del momento, mezclando elementos progresivos, sinfónicos, psicodélicos, folk y avant garde, en sintonía con lo que acontecía en aquellos años: Roxy Music, Pink Floyd, Ash Ra Tempel, Tangerine Dream, Popol Vuh

Con el dúo de discos minimalistas exploró las posibilidades del piano, Franco Battiato (1977), L’Egitto Prima Delle Sabbie (1978), mientras que en Juke Box (1978) incluyó orquesta y la voz soprana de Alide Maria Salvetta y el violín de Giusto Pio.

Con ellos pareció establecer un paréntesis reflexivo como especie de puente hacia una siguiente y muy diferente etapa.

Y así fue.

El ascenso comercial de Battiato

A partir de L’Era del Cinghiale Blanco (1979), Battiato abrió una nueva etapa alineada con la nueva realidad musical, con elementos new wave y synth pop, pero siempre bajo su sello distintivo.

Esa etapa lo vio incorporando estructuras musicales menos arriesgadas, pero muy efectivas. En estos años la popularidad de Battiato creció de manera significativa.

Fueron esos los años de Patriots (1980), La voce del Padrone (1981), L’arca de Noé (1982), Orizzonti perduti (1983) y Mondu lontanissimi (1985)

Como había ocurrido en los 70, Franco tampoco fue ajeno a lo que ocurría a su alrededor. Así, afloraron elementos del synth pop inglés que se mezclan con la sensibilidad italiana, así como críticas políticas y preocupaciones sociales.

De manera milagrosa -evidentemente fruto de su talento equilibrista- Battiato se las arregló para incluso participar en el Festival Eurovision 1984 junto a la cantante Alice -su pareja entonces- sin sucumbir a los estereotipos.

El versátil Batiatto publicó dos discos cantados en español, Ecos de danza Sufí (1986) y Nómadas (1987), que le sirvieron para ampliar aún más su mercado. Canciones nuevas y adaptaciones de otras recientes.

La espiritualidad de Battiato

Su fascinación por la filosofía sufí y las religiones orientales le acercó al escritor y maestro místico ruso George Ivánovich Gurdjieff, quien desde 1975 marcó profundamente su visión del mundo.

El descubrimiento de los dervishes en uno de sus viajes a Turquía lo acercó a un más a lo espiritual.Los elementos étnicos y folk que habían comenzado a aparecer lo acompañaron siempre en menor o menor grado.

Largas estadías en monasterios muchas veces confundieron a sus seguidores, pero no eran sino prácticas espirituales para leer y reflexionar, que rompía con frecuencia para enfrentarse a la realidad del show business.

En 1994 estableció una colaboración con el filósofo Manlio Sgalambro, quien escribió los textos del disco L’imboscata (1996), uno de los más interesantes trabajos, que dio paso a Gommalacca (1998), cerrando así el siglo 20.

Franco Battiato fue siempre a su aire. Su autenticidad no tuvo parangón en el panorama musical italiano. Su aspecto sobrio dominado por su nariz aguileña, era solo la fachada. Detrás de ella se encontraba un universo de amplias proporciones, el de una persona inquieta, estudiosa y cuestionadora.

Cuestionó al Partido Radical Italiano con el que había simpatizado en su juventud, se mostró crítico con la izquierda, se enfrentó con el parlamento italiano al que catalogó de corrupto, despreció a la clase política, hizo graves comparaciones entre la institución de la Iglesia Católica, la mafia siciliana y las intrigas de la CIA.

¿Cómo se las arregló Franco Battiato para surfear entre todas las tendencias y modas y mantenerse vigente? ¿Cómo hizo para ser un artista siempre tangencial sin en realidad serlo del todo?

Son los misterios que deja uno de los más grandes protagonistas de la música hecha en Italia en el último medio siglo.

Gracias por todo, Franco.