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Fictitious Sports: el sorprendente paso de Nick Mason al margen de Pink Floyd

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Nick Mason's Fictitious Sports

El 3 de mayo de 1981, casi dos años después de grabarse, vio la luz el gran debut solista del batería de Pink Floyd, con piezas de Carla Bley

Nick Mason
Nick Mason’s Fictitious Sports

Harvest / Columbia. 1981. Inglaterra

Si hay un disco de todos los que involucran a un miembro de Pink Floyd que genera controversia ese es el debut solista del baterista Nick Mason.

Por muchos considerado un trabajo que nada tiene que ver con la obra y estética de PF y por tanto defenestrado, y por otros muy valorado justamente por la valentía de Mason al publicar un disco deslastrado de la órbita sonora pinkfloydiana. Nuestra visión está en el segundo grupo.

Esa aventura la asumió Mason durante la época en que Pink Floyd se adentraba en la grabación de The Wall, un proyecto que Roger Waters había asumido como suyo y que trajo consigo grandes roces con todos los demás, llevando incluso a la expulsión de Richard Wright del grupo que había co-fundado.

Nick Mason grabó sus partes de batería, pero Waters y el productor Bob Ezrin se tomaron para sí el resto del proceso y Mason decidió viajar a Nueva York durante la mezcla.




Con varías ideas en la cabeza, Mason pretendía reunirse con un grupo de músicos amigos para darle vida a esos retazos de canciones, pero recibió un casete de la gran pianista y compositora estadounidense Carla Bley con una serie de temas que quizá no le cuadraban del todo en su carrera.

Mason quedó cautivado por esas composiciones, alejadas de lo que se conocía entonces de Bley y cercanas con sus intenciones.

Si bien Nick Mason no había demostrado hasta aquel momento intenciones de hacer un disco solista, ya era clara su motivación de realizar trabajos fuera de Pink Floyd. El año previo -1978- sus compañeros de banda, David Gilmour y Richard Wright, habían dado el paso de publicar un álbum solista, por las mismas razones evasivas de cierta presión interna en Pink Floyd.

Previamente, Mason fue el productor de varios discos relevantes, comenzando con Rock Botton (1974), el debut solista de Robert Wyatt, una labor que asumió en la brecha de tiempo entre The Dark Side of The Moon (1973) y Wish You Were Here (1975).

Pero no fue su única producción. Luego siguieron Shamal (1976), el álbum que marcó la transición de Gong tras la salida de su fundador Daevid Allen; Music for Pleasure (1977), el segundo disco de la banda punk The Damned; y Green (1978), el cuarto álbum solista de Steve Hillage, ex guitarrista de Gong.

En octubre de 1979, con el trompetista y para entonces marido de Bley, Michael Mantler como ingeniero de grabación principal, las sesiones de grabación en Grog Kill Studios de Nueva York congregaron a un grupo de músicos excepcionales, comandados por Carla Bley en teclados y co-producción y Nick Mason en batería, percusión, co-producción y asistencia de grabación.




Eran ellos Robert Wyatt -voz líder en siete de los ocho temas-, la cantante Karen Kraft, el guitarrista Chris Spedding, y varios músicos de la banda de Carla, entre ellos el bajista Steve Swallow, el saxofonista Gary Windo, el pianista Terry Adams,y el trompetista Michael Mantler.

El resultado fue un disco verdaderamente excepcional que recogía elementos del jazz de vanguardia, el sonido Canterbury, el avant rock, el blues rock e incluso el art-punk.  El comienzo no podía ser más llamativo con “Can’t Get My Motor to Start”, una pieza cantada por Karen Kraft, con voces adicionales de Carlos Ward, David Sharpe y Vincent Chancey, armónica bluesera de Terry Adams y un saxo de Gary Windo de espíritu punk, con conexiones a la no-wave neoyorquina.

El carácter funky y desenfadado del tema recuerda algo a Frank Zappa y sin duda presentaba a Mason muy lejos del estilo espacial conocido con Pink Floyd

A partir de “I Was Wrong”, un tema a medio camino entre el jazz, el pop y el funk, la voz principal es de Robert Wyatt, quien imprime su particular estilo arropado por saxos, tubas, trombones y trompetas.

El tema dejaba la puerta abierta para un universo único que sigue deparando amplias sorpresas como “Siam”, tema midtempo con pinceladas psicodélicas

Probablemente el tema de ritmo y atmósfera mas pinkfloydiana es “Hot River”, con Chris Spedding aportando una sensacional guitarra no muy lejana a David Gilmour. Wyatt comparte el rol vocal con Karen Kraft, que en algo recuerda a Toyah Wilcox y Lene Lovich.

Swallow también tiene su momento para lucirse

El lado B lo abre “Boo to You Too” y surge el espíritu saltarín del mejor new wave rocanroleado de la época. Pocas veces se ha visto a Wyatt cantando una canción de tempo tan acelerado, lo mismo que Mason tocando de esa manera.

Destaca el piano a lo Jerry Lee Lewis de Terry Adams y un interesante duelo entre Spedding  y los metales.

Do Ya?” nos devuelve a una atmósfera sosegada de aroma jazzeado y atmósfera nocturna y nostálgica. Wyatt es aquí el que conocemos, con su voz quebrada y expresiva, flanqueada por la maravillosa trompeta de Mantler, el bajo de Swallow y el delicado piano de Bley.

Y entonces nos lanzan “Wervin’”, y el esqueleto se mueve sin control gracias a un infeccioso ritmo funky conducido por el repetitivo piano, el frenético saxo y una adecuada batería que deja que la banda desarrolle todo su potencial.

El final es realmente grandioso. “I’m a Mineralist” es una obra maestra.

La primera parte se desarrolla con Wyatt cantando sobre un sigiloso piano y una delicada percusión. Pasado el segundo minuto los teclados y voces hacen prever que la pieza está por depararnos alguna sorpresa, y en efecto la breve vuelta al minimalismo inicial es rota por la exploxión rítmica de Mason, el saxo salvaje de Windo y el envolvente riff de Spedding.

Como una montaña rusa, la pieza regresa a la calma para terminar el disco de tal manera que el enamoramiento perdura por décadas




Para aquellos que no conozcan este debut solista de Nick Mason, es probable que pueda conducirlos a la misma sensación de sorpresa que produjo en 1981, en plena era post punk y new wave, con Pink Floyd en una etapa muy distinta a la de sus tiempos psicodélicos.

Nunca podremos agradecer lo suficiente a Nick Mason por haberse atrevido con este fantástico puñado de canciones, ni a Carla Bley por su generosidad.

Larga vida a los deportes ficticios.

Juan Carlos Ballesta


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