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El exquisito homenaje a Nick Drake de Joel Frederiksen + Ensemble Phoenix Munich

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Joel Frederiksen
Foto: Thomas-Zwillinger

Joel Frederiksen + Ensemble Phoenix Munich
Requiem for a Pink Moon. An Elizabeth Tribute to Nick Drake
Festival Internacional de Arte Sacro, FIAS 2019

Sala Cuarta Pared, Madrid

(Marzo 19, 2019)

Abordar el exquisito y frágil universo del cantautor inglés Nick Drake es un reto que puede arrojar resultados impredecibles. Drake editó un trío de maravillosos álbumes en tres años, comenzando por la cristalina belleza de Five Leaves Left (1969) -a punto de cumplir 50 años en julio-, siguiendo con Bryter Layter (1971) y finalizando con Pink Moon (1972), que en su momento no fueron debidamente apreciados.

Después del tercer disco, Nick se retiró a la casa rural de sus padres. Sus discos se habían vendido pobremente. El 25 de noviembre de 1974, a los 26 años, fue encontrado muerto por una sobredosis de 30 píldoras antidepresivas. A partir de ahí nació la leyenda, el sello Island aunque en principio no hizo ninguna publicación póstuma tuvo a bien dejar los tres discos en su catálogo y su música poco a poco comenzó a ser apreciada y a convertirse en influencia para muchos músicos.

Un sentido y merecido homenaje a Drake

El músico estadounidense afincando en Alemania, Joel Frederiksen, tuvo su primer contacto con Drake en 1982, ocho años después de su muerte, comenzando a interpretar algunas de sus canciones. Poco después emprendió el estudio de autores de la época isabelina -renacimiento tardío- como John Dowland, Thomas Campion y Michael Cavendish, que compusieron temas de gran belleza poética, no muy lejanos de las composiciones de Nick Drake 400 años después.




En 2012, tras años definiendo la manera más adecuada, Frederiksen, acompañado por el Ensemble Phoenix Munich, grabó el disco Requiem For A Pink Moon. An Elizabethan Tribute To Nick Drake, con resultado sorprendentemente emotivo, envuelto en una indescriptible belleza estética.

La idea de acercarlos parecía lógica, siendo que muchos de los jóvenes británicos que a finales de los años 60 redimensionaron el legado del folk, echaron la vista atrás, incluso hasta el renacimiento, para crear nuevas formas fusionadas con rock, pop, psicodelia e incluso jazz. La canción folk fue renovada y así el concepto de trovador medieval fue actualizado.

Nombres como Pentangle, Fairport Convention, Incredible String Band, Roy Harper, John Martyn, Donovan o Strawbs, fueron la punta de lanza de ese redimensionamiento. Entre ellos, se coló Nick Drake, quien recibió ayuda del guitarrista original de Fairport Convention, Richard Thompson, y el extraordinario contrabajista de Pentagle, Danny Thompson.

Un concierto exquisito y sensible

Sin duda, entre los muchos aciertos del Festival Internacional de Arte Sacro 2019 de Madrid, está este concierto (estreno en España), que se realizó ante una audiencia cautivada y totalmente silenciosa como requería una interpretación totalmente acústica, con instrumentos de cuerda entendidos originalmente para pequeños salones. Ni un tosido, ni un movimiento de butaca, ni el click de una cámara, se escuchó durante los dos sets. Solo aplausos cada vez que se podía.

El repertorio interpretado respetó el mismo orden que el disco, lo cual obedece a un estudio del hilo conductor y a las semejanzas entre las obras de Drake y las de Dowland, Campion y Cavendish, para juntarlas de la mejor manera. Fue agregado el tema “Fruit Tree” del disco debut, a petición del Festival, dado el 50 aniversario.

El concierto arrancó con la impresionante voz bajo de Frederiksen apareciendo desde el exterior de la sala, mientras sus compañeros, ya sentados, interpretaban “Road”. Conforman el ensemble, Timothy Leigh (voz tenor, pandereta), Domen Marinčič (viola da gamba, cello) y Axel Wolf (tiorba, laúd), además del propio Joel Frederiksen (voz bajo, laúd, arreglos y dirección artística)

Joel FrederiksenSi una cosa es maravillosa en esta obra es la alternancia de las dos voces, algo que desde el principio va conduciéndonos. Tras el “Requiem aeternam” de Frederiksen, sobrevino uno de los momentos más relevantes, la adaptación de “Pink Moon”, con la educada voz tenor de Leigh como líder y el juego con la muy diferente de Joel, que a su vez unen con “Horn”, con todo el sabor renacentista que otorga la viola y la pandereta.




El primer acercamiento a Dowland fue “His Golden Locks”, melancólica composición de cuando Sir Henry Lee, caballero de la Reina Isabel, fue enviado a la jubilación. De forma natural fue seguida por la conmovedora “Place to Be”, una de las mejores de Pink Moon. Aquí a la voz solista de Joel se le unió la de Timothy y ambas entretejieron uno de los momentos más memorables del repertorio. Ambos cantan al “Wand’ring in this place”, de Cavendish, sobria pieza que invita al recogimiento.

Aunque es difícil e injusto decantarse por alguna pieza en particular, muy bien podría ser por “Which Will”, cantada por Timothy con una delicadeza y sensibilidad que puede arrancar lágrimas. Es una de esas piezas de Drake que de alguna manera recordaba a la primera etapa de Donovan. Prosiguieron con “Rest awhile, you cruel cares” de Dowland, y por momentos recordamos su influencia también en el guitarrista fundador de Genesis, Anthony Phillips, con decenas de discos de naturaleza acústica y gran influencia isabelina.

Y sin pausa abordaron la instrumental “Rider on the Wheel”, con Timothy golpeando las chapas de la pandereta y Wolf demostrando sus grandes dotes para ejecutar el tiorba, un llamativo y complejo instrumento de 14 cuerdas derivado del laúd.

Time Stand Still” de Dowland fue escogida para emparejarla a “Time Has Told”, canción de amor del primer disco de Drake, que fue con las que Frederiksen comenzó a acercarse a su obra allá en los años 80. Prístina interpretación, que fue seguida por “Ocean”, una composición de Frederiksen, en la que comenta las canciones y la vida de Nick, quizá a manera de agradecimiento y por supuesto, homenaje.

Con “Hanging on a Star”, que retrata el sentimiento de desconexión de Drake, cerraron la primera parte del concierto, dejándonos reflexivos.

Joel FrederiksenCon la composición de Campion, “Never weather-beaten saile” comenzaron la segunda parte, y esta vez el que salió cantando desde la sala hacia el escenario fue Leigh. Una pieza sublime. Fue seguida por una corta versión reprise en fa de “Horn” y “Requiem”, también en fa, un momento, sin duda, sacro.




Voices from the Mountain”, con la voz más profunda que en ninguna otra, se clavó en los corazones de los presentes. Otro momento de gran belleza fue “Northern Sky”, con ambas voces relucientes y una viola que arropó con su bucolismo. Otra piedra angular de este concierto. “Fruit Tree” no dio respiro. Fue una adición más que bienvenida.

La conmovedora “Come heavy sleep” de Dowland fue acertadamente concatenada con “From the Morning”, dejada para el final quizá para que el cierre fuera con una de las canciones poéticamente más optimistas de Drake, y de la cual su familia tomó la frase “Ahora nos levantamos y estamos en todas partes” para colocarla en su lápida a modo de epitafio.

Ante una audiencia tocada y agradecida, regalaron de nuevo la interpretación de “Pink Moon”, el epicentro de esta idea maravillosa surgida del talento y sensibilidad de Joel Frederiksen y que la gran sensibilidad y talento de Timothy Leigh, Domen Marinčič y Axel Wolf hacen posible. Esa ave fugaz que fue Nick Drake lo merece.

Juan Carlos Ballesta