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La trascendencia de Johnny Pacheco

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Johnny Pacheco
Foto: Martin Cohen

La muerte del versátil músico, productor y director dominicano, cofundador de Fania, es propicia para revisar su inmenso legado

El 15 de febrero de 2021, lunes de carnaval, se marchó una de las figuras más queridas e icónicas en la música latina: Johnny Pacheco.

El cofundador del sello Fania, y director de la All Stars del mismo nombre, deja etapas decisivas en su trayectoria y un amplio legado

 Mercedes Sanz @JazzMercedes

Hablar de Johnny Pacheco es abordar la historia de la salsa como fenómeno sociocultural. Estamos hablando de varios libros, documentales y más registros que, sean de cualquier cantidad, se quedarán cortos al tratar de estudiar esa figura inabarcable como lo es el Zorro de Plata o el Padrino de la Salsa.

Juan Zacarías Pacheco Knipping –nombre de pila- nació en Santiago de los Caballeros, República Dominicana, el 25 de marzo de 1935. Y falleció en Nueva Jersey, Estados Unidos, el 15 de febrero de 2021.

Ese mismo día en que su señora esposa, María Elena “Cuqui” de Pacheco, anunció la muerte del músico, no se hicieron esperar los tributos a través de las redes sociales y medios de comunicación, convirtiéndolo en una tendencia inevitable.

Pero, ¿realmente estamos conscientes de la trascendencia de Johnny Pacheco?, ¿Qué significa ser el cofundador del sello Fania y líder del trabuco del mismo nombre?, ¿Qué representa esa cantidad de discos y proyectos que produjo?

Es un asunto que va más allá de los números, no es sólo la cantidad de obras que hizo, sino lo que significa cada una en tiempo y espacio.

Johnny Pacheco cambió la historia de la música latina en Nueva York, por varias razones, pero principalmente porque él pertenece a la segunda generación de latinos en la ciudad que marcaron una pauta. La primera es la de comienzos del siglo 20, la época de la rumba que posteriormente se transformó en esa era maravillosa del mambo, y de ahí tiene conexión con ésta que lidera Pacheco.

¿Y por qué él y no otros? Porque sencillamente estuvo en todos los momentos y las circunstancias que puede producir un trabajo representativo para una comunidad. Ídolo, autor y músico integral, tocaba todo tipo de instrumentos. Líder de banda, líder de varios estilos de música bailable y una persona a la que seguían cientos de fans, estuviese donde estuviese, desde un hotel del centro de Manhattan hasta los lugares de baile del sur del Bronx.

Así que él hizo que toda esa comunidad de bailadores se moviera por toda la ciudad y eso fue determinante para su siguiente papel que fue el de productor”, nos comenta el periodista, escritor e investigador colombiano José Arteaga, conductor y creador de La Hora Faniática, autor de varios libros y publicaciones concernientes a la música del Caribe; editor, asesor y creativo en Radio Gladys Palmera, y con una larga trayectoria en el campo del periodismo musical.

Mientras que su coterráneo, Sergio Martínez, pianista, docente y musicólogo especializado en música de raíz afro, refiere: “Su trascendencia está, en primer lugar, en que convirtió la salsa en un fenómeno discográfico a gran escala. Y esto porque tenía ese olfato para identificar los trabajos que podían ser de gran impacto. Y se fue convirtiendo en un pulpo con tantos tentáculos. La permanencia de este sonido latino se debe, en gran parte, a Pacheco”.

La salsa no sería lo que es si no es por la labor constante de Johnny Pacheco, en todos los sentidos, incluyendo su difusión masiva. Vamos a tratar de recordar esas emotivas vivencias, las que mayormente se recuerdan en la vida musical del célebre artista dominicano.

Johnny Pacheco

Momentos cruciales de Johnny Pacheco

Pacheco y su Charanga:

Antes del fenómeno de Fania, Pacheco ya tenía un camino recorrido como músico, desde sus pininos en pequeñas orquestas hasta formar Pacheco y su Charanga, debutando en 1960 para el sello Alegre de Al Santiago.

Era la etapa de las formaciones charangueras, y durante este período el dominicano impuso varios éxitos: “El güiro de Macorina, La melodía, Acuyuyé, incluso versiones de piezas cubanas: “Pare cochero, Alto songo”, y pare de contar.

En este entonces, Pacheco demuestra su fortaleza en la flauta y como director de orquesta. Digamos que se trata de un primer episodio emblemático en su carrera.

Pacheco y su Charanga, a finales de los 50 y comienzos de los 60, es una época que no dura mucho y que está marcada por diversas influencias: Al Santiago, de Alegre; Charlie Palmieri y La Duboney…”, aclara Arteaga.

Hay que recordar el paso fugaz del músico en Alegre All Stars, donde era colíder, ya que el director era Palmieri; y apenas participa en el primer disco. Sobre sus diferencias con el dueño del sello Alegre y con el pianista ya unos cuantos medios lo han reseñado. Así que Pacheco continúa, entre otros asuntos, con su Charanga.

Pacheco y su Nuevo Tumbao:

“Su siguiente etapa fue, sin duda, la de Fania, pero ya entra en una dinámica alternativa. Por una parte, dirige el Nuevo Tumbao, y luego como productor y director musical, asesorando la mayoría de los grabaciones que se hacían”, señala el periodista.

Pacheco se desdobla: es cofundador del sello Fania (junto a Jerry Masucci) y director de su propia orquesta.

Y es que el Tumbao fue otro suceso importante en su carrera. Era como la Sonora Matancera pero con otro toque. El trabajo de arreglos, la presencia de la flauta, otras voces. Era ese sonido matancero a lo Pacheco.

Para eso llama al sonero Pete “El Conde” Rodríguez, con quien formó una dupla esencial en la salsa. Su primer disco para el sello: Mi Nuevo Tumbao…Cañonazo (1964). Obviamente, que en varios álbumes también participaron diferentes cantantes (Monguito el Único, Chivirico Dávila, etc.).

Todo esto transcurre en Nueva York, una ciudad cosmopolita, donde se desarrollaron importantes etapas de la música latina y la anglosajona. Estos ambientes los vivió y protagonizó Pacheco a plenitud, y no como otros músicos, que sólo estuvieron presentes en determinados momentos.

Esto contribuyó en la formación del artista dominicano y en su visión de futuro. Pacheco fue un visionario. También vio el potencial de la música afrocaribeña y de sus exponentes.

“Esta etapa tiene que ver con el estilo, al momento en que empieza a recoger toda la música que venía de la tradición cubana tan bailable, que eran la guaracha, el son montuno, a través de la Sonora Matancera, y él la transforma y le da hincapié dentro de los formatos instrumentales y con los toques adicionales que tenía la salsa neoyorquina; pues él lo convierte en un fenómeno”, dice Arteaga.

Pacheco y Fania:

El Pacheco director de orquesta y de una discográfica son propuestas que se desarrollan paralelamente, como ya Arteaga mencionó. “Esto es un punto importante, porque tiene que ver con su liderazgo de la Fania All Stars. La Fania necesitaba un guía y el líder natural era él, no sólo por su don de gente, sino porque era, al fin y al cabo, uno de los dueños de la firma; entonces todo se dio para que grandes estrellas y excelentes músicos, Barry Rogers o Ray Barretto, estuvieran a su servicio. Eso es definitivo”, resume el comunicador.

Cada disco de Fania es una historia en sí y un sonido. Ellos también nos muestran ese complejo experimento que es la salsa. Aparte de buscar al equipo de arte gráfico para los diseños de las portadas, empezando por Izzy Sanabria. Otro gran acierto del sello, es decir, de la dupla Pacheco-Masucci.

Lo cierto es que el Padrino era un creativo inquieto y versátil, capaz de encarnar varias funciones a la vez, y hacerlo bien. Ya con Fania se inicia un nuevo capítulo en la historia de la música.

Hasta su look fue cambiando. Abandonó el flux y el cabello corto, para dejar crecer su melena. Primero era negra, y luego canosa. Camisas medio abiertas y pantalones ajustados, bota ancha; plataformas, a veces chaquetas con flecos. Parecía una estrella de rock.

Y en el escenario era un verdadero volcán. Pacheco dirigía con todo su delgado cuerpo, con los ojos, con las manos, con la boca, bailando, cantando. Su elasticidad era tal que parecía que no tenía huesos. Dirigía, bailaba, tocaba flauta y hacía coros. ¡Por Dios! ¿Quién más hacía eso?

Esa inquietud sintetiza lo que era él: un ser hiperactivo, multiinstrumentista, con varias actividades que desempeñaba al mismo tiempo. Era el hombre orquesta y, además, omnipresente. De tal manera que es complicado hacer una cronología lineal y completa de su carrera, dado los distintos proyectos paralelos que desarrollaba.

Johny Pacheco
Pacheco con Ismael Rivera

“Sus aportes musicales están en su capacidad de saber conectar individualidades tan fuertes, es decir, sonidos que tenían una personalidad tan propia y, con aciertos, sabía relacionarlos en los arreglos, en dirección y en la producción. Los aportes están en saber vincular esos sonidos.

Y, por otra parte, siendo un admirador del son cubano, pues él se convierte en una figura de transición entre ese sonido y la salsa. Que es un sonido que, si bien se soporta en el son, básicamente, pero tiene unas grandes transformaciones. Y Johnny es un puente, un catalizador de ese sonido, y quizás hasta de forma inconsciente”, advierte Martínez.

Tal y como lo explican Arteaga y Martínez, el líder dominicano y el proyecto Fania estaban haciendo una revolución sin darse cuenta.

“Con la Fania, Pacheco hace algo sinigual, en primer lugar, se crea el detonante del boom de la salsa, en el momento en que se produce esa reunión de músicos, la salsa explota a nivel global.

Y a nivel orquestal, la Fania produce un concepto sonoro. Antes de eso se tiene el referente de las orquestas de big band del Palladium, las orquestas de mambos, pero buscan mucho a las de jazz. Pero con la Fania nace un sonido que abraza una cantidad de ritmos y melodías diferentes y los amalgama de una forma increíble.

Tenemos sonidos sinfónicos, jazzísticos, vanguardistas, en torno al rock, al funk, y tú ves el sonido que le imprime Sal Cuevas en el disco Commitment, -de Fania- por ejemplo, son sonidos que se asemejan al rock, al funk. Era, más o menos, lo que hizo Jaco Pastorius en el jazz”, puntualiza Martínez.

 Pacheco y el Conde:

Ya como colíder de Fania, Pacheco estaba a la cabeza de discos de varias orquestas de directores que fue reclutando de otras casas disqueras (subsidiarias de Fania), los que consideraba los mejores: Eddie Palmieri, Ray Barretto, Roberto Roena, Willie Colón, Bobby Valentín, y muchos más. Y, a su vez, lideraba la Fania All Stars, ese conglomerado de directores que firmaron con la disquera del mismo nombre. De allí que Pacheco se le reconozca como el “Director de Directores”.

Y, a su vez, atendía sus propias producciones. Esa llave que hizo con Pete Conde lo motivó a seguir trabajando con este sonero, con quien grabó temas y discos memorables, bajo la imagen de ellos dos, como una “combinación perfecta”, o como “los compadres”. Ellos nos supieron dejar La esencia del guaguancó.

Celia y Pacheco:

Pacheco no podía dejar de grabar con Celia Cruz, la figura femenina más representativa de la salsa. Es una etapa que dejó su impronta en el público bailador, especialmente por discos como Celia y Johnny, Tremendo caché, Eternos y Recordando el ayer (con Justo Betancourt y Papo Lucca).

Verdaderos clásicos.

Johnny Pacheco
Johnny Pacheco y Celia Cruz
Johnny Pacheco y Celia Cruz
Johnny Pacheco y Celia Cruz

Fania para el mundo:

La internacionalización de la salsa se le debe al Director de Directores. Si bien cada líder, cada músico, aportó en la salsa, y ésta es un hecho y un proceso cultural, donde varios participaron en su creación y desarrollo, a Pacheco se le reconoce su enorme impulso, el que esta música se diera a conocer en cada rincón del planeta, como lo señalaron Arteaga y Martínez.

Pudiéramos decir más sobre el Zorro, pero vamos a dejarlo hasta aquí. La intención no es repetir ni abrumar con datos, sino apenas acercarnos a esos momentos esenciales en la vida musical de Pacheco -al menos, los más recordados por sus seguidores-, así como sus aportes y su dimensión en la música.

No sólo fue salsa

El director dominicano hizo tanto, dejó numerosos y bellos proyectos como ese disco de jazz latino: Pacheco His Flute and Latin Jam, o su cara menos difundida como el haber incursionado en otras vertientes de la música (jazz, bossa nova, tango y demás), tal y como lo reseña el mismo Arteaga en una nota para Radio Gladys Palmera: “El Pacheco desconocido” (16-02-2021).

Allí el periodista deja una lista musical con una selección que incluye temas donde el músico colaboró con Astor Piazzolla, McCoy Tyner, George Benson, Herbie Mann, Erroll Garner, entre otros notables

Por ejemplo, en el Lp Take me dancing!, de Astor Piazzolla, del sello Tico, 1959. Allí Pacheco comparte percusión junto a Willie Rodríguez.

Pacheco fue más allá de la salsa, era un músico explorador de sonidos, de formaciones orquestales y de talentos, que vivió la etapa previa a la salsa, el auge de ritmos anglo, fue protagonista del nacimiento y el boom salsero en la década de los 70, y hasta su muerte. Y en los intersticios, hizo colaboraciones para diversos trabajos. Repetimos, imposible reducirlo a una sola palabra: era experimentación, descubrimiento, combinación, invención. Pacheco es y será vanguardia afrocaribeña.