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Mark Brown más allá del jazz: «El Libro Real», la obra necesaria de la música tradicional venezolana

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Mark Brown
Foto: Efren Hernandez Arias © www.efrenhernandezarias.com

A las nuevas generaciones de músicos venezolanos, tal vez el nombre de Mark Brown no les sea familiar. Sin embargo, este gran bajista nacido en 1967 en Queens, Nueva York, fue durante la segunda mitad de los 80 uno de los bajistas más activos dentro del jazz en Venezuela, aunque sus raíces inicialmente estuvieron en la música académica y de algún modo el rock. Tras un largo estudio de 16 años, ya desde Estados Unidos, Mark Brown ha editado una obra capital titulada “El Libro Real”, un compendio de partituras de música tradicional venezolana resultado de una acuciosa investigación

Leonardo Bigott

 

La historia musical de Mark Brown inicia a los cuatro años de edad con el violín y el método Suzuki, etapa en la cual estaría unos tres años antes de estudiar piano durante dos años y solapadamente guitarra, bajo la tutela de su madre. A los nueve años de edad llega a Venezuela y es aquí donde comienza a estudiar el cello durante seis años sintiendo desde entonces una especial inclinación por los instrumentos de sonoridades graves. Parte de esos seis años los pasó en el Colegio Emil Friedman donde estudio cuarto y quinto grado y del cual recuerda que en el mismo salón donde estaba el cello yacía un contrabajo al que le solía pellizcar las cuerdas, hábito cuyo sonido le fue seduciendo más y más hasta finalmente adoptar el bajo como instrumento, aunque siguió estudiando el cello en la Escuela de Música Lino Gallardo y el Conservatorio Juan José Landaeta, estudiando guitarra paralelamente durante cuatro años. Mark cita a Violeta Lares, Omar Sansone, Rómulo Lazarde, Karel Adamicek y Eduardo González como parte de los docentes bajo cuyas enseñanzas se formó.

Ya a sus diecisiete años pudo comprar un contrabajo –aunque venía tocando el bajo eléctrico desde los trece– y dejar a un lado el cello. En aquellos días Mark tocaba ‘standards’ de jazz y, un año antes, junto a su hermano Eric y un baterista llamado Edward Rovandi, tocaban rock en fiestas privadas, verbenas y reuniones amistosas. Ya en los últimos años de su adolescencia, entre los dieciocho y diecinueve, se adentró en el mundo del jazz tocando en un grupo llamado Caracas Jazz Band junto a Edgar Macías en el piano, Augusto León en la batería y Julio Mendoza (Modern Jazz Concepts, 1999) en la trompeta, todos reconocidos músicos del género. Luego vendría uno de los tríos más destacados de aquella Venezuela prometedora, Fusión 2000 donde Mark tocaba el bajo junto al guitarrista Miguel González y el baterista Andrés Briceño y que duraría unos tres años en los que participaron en el Festival de Jazz de La Habana ‘91. Mark incluso llegó a tocar con el laureado violinista uruguayo Federico Britos y el percusionista Eliazar Yánez (†).  Es imperativo añadir que si bien bajo y contrabajo son sus instrumentos, Brown es además saxofonista y toca guitarra, es decir, es multi-instrumentista.

Su real interés por la música venezolana comenzó hacia 1995 en Estados Unidos mientras cursaba estudios en la prestigiosa Manhattan School of Music. Hasta entonces la música venezolana era algo que sólo escuchaba de fondo. Luego de un arduo trabajo que ya lleva 16 años, Mark Brown ha editado una obra necesaria a la que ha titulado El Libro Real, un compendio de partituras de música venezolana resultado de una acuciosa investigación. Hoy le cuenta a Ladosis como nació esa idea que viene a ocupar un lugar primordial en la vida musical venezolana.

Mark Brown
Foto: Efren Hernandez Arias ©
www.efrenhernandezarias.com

¿Cómo nace la idea de El Libro Real?

Fue en 1995 cuando estaba en el Manhattan School of Music que comenzó mi interés. Era muy ingenuo y no sabía realmente lo sofisticada que era la música venezolana. En la medida que iba avanzando, más complicado se iba haciendo todo. La música folklórica venezolana es muy rica sobre todo en su aspecto rítmico. Cada región tiene una musicalidad diferente a la otra. Cuando empecé mi investigación pensé que era una música sencilla y me estrellé contra una pared.

¿A qué te refieres?

Si pides a un llanero que toque un merengue rucaneao, por ejemplo, notamos que no es su especialidad. Si lo comparas con la música norteamericana por excelencia, el jazz, es un estilo que ha ido evolucionando. Ha ido pasando de una etapa a otra, desde el dixeland al swing, el be-bop, cool, free pero sigue siendo jazz. La música venezolana aún tiene mucho espacio para desarrollarse.

¿Qué factores hay en nuestra música que no encuentras en otras?

Uno de esos factores es la rítmica. Las melodías suelen ser más o menos sencillas y en la improvisación de éstas no ha habido un desarrollo como ha sucedido en el jazz con el lenguaje cromático. Fue entonces que comenzando a investigar también me encontré con que había muy pocas ediciones musicales para editar música escrita en la música tradicional venezolana. Todo era por tradición oral. Si querías saber como tocar algo, tenías que juntarte con, por ejemplo: Cheo Hurtado, Cristóbal Soto, Cecilia Todd, Lilia Vera, Miguel Delgado Estévez o Raúl Estévez, para que más o menos te dijeran como era la cosa. A veces ni te decían. Ha sido algo muy informal.

Me viene a la mente el merengue, por ejemplo, cuya métrica tiene una u otra exigencia según sea la región. ¿Puedes explicarlo?

El merengue se toca en 5/8 pero ha pasado por diversas fases y depende de la región. Tienes el merengue oriental que se toca diferente a como se toca en Caracas o en el estado Lara. Antes el caraqueño se tocaba “estiradito” al final, ahora es más trancado. Si oyes a Gualberto dependiendo del tema, el lo tocaba diferente. Hay un factor mágico que no puede considerarse y no está en 5/8 sino un poco más. Es una ingenuidad musical fabulosa que no pretendía ser escrita pero es eso lo que ha llevado a que evolucioné maravillosamente porque cuando tú estás pensando como escribir la música, ya te estás limitando. Cuando alguien está tocando un joropo estribillo por allá en oriente, en la mayoría de los casos no está pensando como se escribe lo que toca.

¿Cómo resuelves a la hora de escribir la pieza entonces?

Cuando yo voy a escribir una pieza me encuentro que no está métricamente perfecto, debo establecer un criterio que indique como quiso el autor que fuera interpretada la pieza o como yo creo que el compositor quiso que su composición fuera y después todo lo demás es su interpretación. Hay entonces siempre un elemento especulativo. En el caso de esta publicación es mi criterio basado en lo que he podido investigar, escuchar y mi preparación musical y la ayuda que he recibido de otros expertos.

¿Son dos libros?

Es un solo trabajo que se fue convirtiendo en algo más grande y ahora son dos tomos de aproximadamente 500 páginas cada uno.

¿Cuántos temas encontramos en cada uno?

Son más o menos unos 570 temas entre los dos, como lo tengo hoy día, pero estoy decidiendo como voy a repartirlos porque hay un tercer tomo en proceso y el tomo uno tiene unas 480 páginas pero el tomo dos tiene 560 páginas, de modo que estoy pensando balancear el contenido sacando del tomo dos algunos temas para pasarlo al tercero e igualarlo al tomo uno.

Mark Brown Mark Brown¿En tu libro tomas el riesgo de indicar en la partitura al menos una idea que sugiera esa parte intangible?

No, porque mi intención en esto es crear unas partituras lo más limpias y claras posible y la tarea que cada quien tiene es escuchar el audio. Esas cosas no las puedes escribir y si quisieras hacerlo el resultado es una partitura exageradamente complicada.

¿Sugieres que el libro viene con CD?

No. Estamos preparando una página en Youtube con audios que yo recomiendo escuchar. Un CD ya no es viable, haría todo más complicado.

¿Cuál es el principal objetivo que persigues con la publicación de “El libro real”?

Difundir y desarrollar la música tradicional venezolana empezando en Venezuela. Los primeros libros tuvieron que ser vendidos afuera a través de Cristóbal Soto, padrino del libro, a un precio especial que permitiera la redición. Estamos buscando la forma idónea para que la inversión nos permita trabajar con más flexibilidad. Ha sido arduo. Tengo un equipo conformado por cinco personas, Franciest Poller es mi productora, Eloimar Bonilla mi asistente de producción, Bernardo Bernal mi asistente de transcripción, María Eugenia Hamoni y Vanessa Tapia quien me asiste con las páginas y las letras de los temas. De ellos María Eugenia es enfermera pero estudió violín en el conservatorio y Bernardo toca cuatro y canta.

¿Las piezas son instrumentales o vocales?

Ambas. Está por ejemplo el “Becerrito” con la letra, de modo que si quieres interpretarlo instrumental o cantado puedas hacerlo.

¿Quién hizo el prólogo?

Cristóbal Soto escribió las primeras palabras. Yo complementé con un texto.

¿Ya están disponibles en Venezuela?

Deben quedar unos sesenta que debes ordenar para envío desde Francia. Es un costo elevado y los compradores en su mayoría son personas que han querido contribuir con el proyecto pero como mencioné antes, mi deseo es que todos los músicos venezolanos tengan el libro y para ello necesito una inversión que me permita venderlos a un precio razonable acorde a la economía actual de Venezuela y que todos los músicos puedan pagar con facilidad. Como dije antes, la idea central es la difusión y desarrollo de la música tradicional venezolana teniendo como punto de partida Venezuela. Me interesa mucho la difusión interna en Venezuela porque va a ayudar al desarrollo de estos estilos con las nuevas generaciones que aprendan a leer música en los modos tradicionales..

Ya dos glorias del jazz tienen tu libro, Chick Corea y Paquito D’Rivera. ¿No altera un poco el propósito?

Ese es el otro tipo de desarrollo. Quién sabe que harán con ello él y Paquito. Chick literalmente se lo quitó de las manos a mi amigo Luisito Quintero que está en la banda de Corea actualmente y le dijo “mira ese es tu amigo, dile que mande más libros porque este me lo voy a quedar yo”. Tanto Chick como Paquito interpretarán la música a su manera por no ser experto en los estilos, pero para eso están allá gente como Jorge Glem, Henry Linares, Ernesto Laya y Rodner Padilla, entre otros que pueden decirle a los músicos de otras latitudes como es la cosa en realidad.

¿Es tu libro el equivalente a otras publicaciones que compilan temas de jazz y temas populares?

Lo es desde la perspectiva que son una serie de partituras de temas que a mi criterio y gusto deben estar allí. Es un trabajo muy personal realmente. Están temas que son muy conocidos, no necesariamente mis favoritos pero también están otros que no son conocidos como “El negrito e caja de agua” de Rodner Padilla. Es uno de mis temas favoritos del libro. Como composición es fantástica. Puse un tema de Jorge Glem que se llama “Pez volador” y otro de Héctor Molina llamado “Pa’ mis compais”. Son temas hermosísimos, fantásticos que me gustan mucho y por eso los puse. El libro va de lo más tradicional, de los valses de Federico Vollmer del siglo XIX hasta lo más reciente que es un tema que compuso Cristóbal Soto.

¿Algo que gustes añadir?

Quizás siempre enfatizar que este libro sea publicado en Venezuela y que todos los músicos venezolanos puedan adquirirlo a un precio razonable.

Ya para finalizar, el mayor obstáculo…

El mayor obstáculo hoy por hoy es el dinero. Estamos en busca de capital o una persona que se interese en asociar su nombre o su marca al proyecto para ayudarnos a imprimirlo en Venezuela. También ha sido un obstáculo mantener la motivación. Este es un trabajo muy arduo en el cual, a medida que vas avanzando, te das cuenta que queda mucho por hacer. He llegado a pasar 10 y 12 horas al día trabajando en ello. Hay algunas que estaban escritas pero no correctamente y he tenido que revisarlas nota por nota, incluso, a veces me ha tocado escuchar grabaciones con mucho ruido, casi inaudible y he tenido que meterme entre ese ruido para dar con la nota que es.