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OKILLS: un quinteto supersónico y chingón

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Okills
Foto: Juan Carlos Ballesta
El 18 de julio del año pasado, tres de los cinco integrantes de la agrupación caraqueña, Alberto Arcas (voz, guitarra acústica), Leonardo “Kmarón” Jaramillo (guitarra eléctrica) y Kevin Yousef (bajo), aterrizaron en el Aeropuerto Internacional Benito Juárez de Ciudad de México con un cúmulo de ilusiones y muchas ganas de trascender. Apenas el día anterior habían sido invitados especiales del Festival Nuevas Bandas 2015, que habían ganado en 2012 junto a Holy Sexy Bastards. Ese es el concierto más reciente ofrecido en Venezuela, hasta que este jueves 22 de septiembre se produzca el triunfal retorno de Okills al Teatro de Chacao, en medio de grandes expectativas.
Juan Carlos Ballesta

Okills lanzó su segundo disco, América Supersónica, en junio de 2015 y de inmediato se posicionó como uno de los mejores dentro de los linderos del pop-rock hecho por venezolanos. “Lo mejor, lo peor”, primero, y luego la pegadiza y nostálgica “Tiempo”, se convirtieron muy rápidamente en himnos radiales. La decisión de probar en México ya estaba tomada, apuntalada por la difícil situación económica de Venezuela y la reducción de oportunidades para tocar y en consecuencia para crecer. Todo ello representa un cuadro complicado que ha llevado a muchos músicos a tomar la decisión de irse a otros países, pensando que su techo en Venezuela cada vez es más bajo.

Para el momento en que lanzan el nuevo álbum, el baterista Tony Alda ya se había marchado a Londres y abandonado el grupo, mientras Carlos José García se encontraba en Orlando realizando estudios de sonido, los cuales terminó este año y se reincorporó a la banda.

Nada mejor que llegar a un nuevo país con un disco recién editado, muy bien presentado y grabado, y sobre todo con buenas canciones. No obstante ello, los primeros meses en la inmensa capital mexicana no fueron fáciles, tal como puede suponerse al llegar a un país con una industria musical consolidada, mucha competencia y una red de contactos apenas comenzando a construirse.

México se ha convertido en tiempos recientes en uno de los países que más músicos venezolanos ha recibido. A Gustavo Guerrero (director de la banda de Natalia Lafourcade), Ulises Hadjis, La Vida Bohème, Mcklopedia, Dischord, Algodón Egipcio, Jan Pawel, José Rafael “Catire” Torres de Los Amigos Invisibles, Max Tropper (de Roboto), se han unido recientemente Alberto Stangarone (Sunsplash), Los Mesoneros, Alain Gómez de Famasloop y Mattia Medina de Charliepapa, entre otros. La calidad está garantizada.

Cuando Alberto Arcas (AA), Leonardo Jaramillo (LJ) y Kevin Yousef (KY) llegaron a CDMX, comenzó una nueva aventura. Se impusieron un año para establecerse y evaluar si la decisión era la correcta. Grabaron un videoclip a las dos semanas de llegar con otro venezolano, Henry Cuicas, al que le va muy bien en el campo audiovisual. En enero de 2016 ya comenzaron a recoger los frutos.

A ellos se les unió Alejandro Bautista (AB) en febrero, quien había tocado con la banda en la última etapa caraqueña y decidió asumir el riesgo. Y más recientemente Carlos José García (CJG) volvió al seno de la banda. Si es difícil irse solo, los Okills se fueron como banda, lo cual reviste un mérito mayor y obliga a tener objetivos comunes claros y de largo plazo y un compromiso a prueba de todo. Los Amigos Invisibles pueden ser el paradigma.

El quinteto reunificado ahora sueña con convertirse en una de las bandas más importantes de Latinoamérica. Trabajan para ello, con visión de largo aliento. Una gira por varios países de la región, ya comenzada en Bogotá y continuada ahora en Caracas, los espera. El importante y gigante sello Universal Music acaba de firmar a la banda, con un compromiso que contempla la reedición de América Supersónica y otros dos discos adicionales, sin fecha de aparición. Todos destilan una lógica alegría.

En medio de su apretada agenda durante sus días en Caracas, tuvimos una relajada conversación con los cinco, café en mano, que parte del punto en que quedamos en el reportaje principal de la edición #36 de Ladosis.

¿Qué pasó al llegar a México? Según parece lo primero que hicieron al llegar fue rodar el video de “Tiempo”.

LJ: Estábamos trabajando con una agencia que nos manejaba la relación con los medios. Lo primero que queríamos hacer era lanzar el sencillo y por eso filmamos el video a las dos semanas de llegar con Henry Cuicas, que es muy pana.

AA: No teníamos dinero para lanzarnos una producción costosa y complicada.

LJ: Le explicamos a Henry y lo hicimos tipo guerrilla, con cámara en mano, nosotros caminando, y tocando en el Metro.

AA: No pedimos permisos porque nos dijeron que en México son muy caros para grabar en sitios turísticos. No tuvimos ninguna situación rara ni nos ha llegado una citación del gobierno (risas).

Alejandro, ¿Qué te llevó a tomar la decisión de mudarte y unirte a Okills y cuando ocurrió?

AB: Yo les hice seguimiento a lo que estaban haciendo y sabía que estaban tocando con Simón Hernández (otro que se fue), pero sin que fuera parte del grupo. En diciembre hablamos, me decían que estaban sucediendo cosas buenas y me animaron a irme y unirme.

Se unió al hecho que estabas en un momento de definición. Ya habías dejado de tocar con Laura Guevara y eso probablemente te impulsó.

AB: Si, exacto. No había muchas perspectivas para mí en Venezuela. Estaba en un momento en el que esa oportunidad con Okills era lo mejor y decidí hacerlo. Además ya yo estaba tocando con ellos. Hace unos días, por cierto, Facebook me compartió un recuerdo de nuestro primer ensayo hace dos años. Llegué a México en febrero.

Y en tu caso, Carlos: ¿Cuál es tu historia?

CJG: Yo me fui antes que todos. Una tía me prestó el dinero para irme a Orlando a estudiar una segunda carrera en audio. Ya los planes de irnos existían y la idea era reencontrarnos. Hasta Tony (el baterista) también lo pensó, aunque al final el si decidió quedarse en Londres. Recuerdo que mi último show fue en Halloween de 2014. Mi carrera terminaba en marzo de este año y así fue. Ellos decidieron irse antes de lo previsto a México y por suerte las cosas comenzaron a ir bien. Entonces, esperé que mi esposa se graduara en julio para mudarnos a México. Ya ella consiguió trabajo, así que todo está pasando bastante rápido.

¿Con quién están trabajando en México?

AA: Llegamos trabajando con una agencia bastante eficiente llamada Criteria, que nos ayudó a meter “Tiempo” en Reactor, una emisora muy escuchada. En ella Luis Pérez nos ayudó bastante en su programa, e incluso antes de irnos le habíamos enviado un disco y puso “Gritarte” en rotación durante tres meses. Fue así como conocimos a nuestro manager actual, Wakks (Joaquín Pavia), que escucha la canción, le gusta y activa Shazam en su teléfono con la suerte que le indica que se trata de Okills. Entonces nos contacta por Facebook. Él es parte de la agencia de booking y management Los Manejadores y tiene Discos Valiente, que es el sello que funciona de vínculo con la disquera madre que es Universal.

KY: Es como una disquera boutique, que tiene artistas independientes pero apoyados por Universal.

¿Cuál fue el primer toque que dieron?

LJ: Fue en un restaurant llamado El Aserrín, que tiene todo el piso lleno de aserrín. Fue transmitido por streaming en lo que llaman Concierto Cable.

AA: De ese show nos quedó el recuerdo del aserrín en los instrumentos y sus forros por semanas (risas). Ahí nos acompañó el guitarrista venezolano Max Tropper de Roboto

¿Qué vino después?

AA: Luego dimos un toque acústico los tres en una especie de reunión privada para medios y gente influyente al que nos invitó Francisco “El Oso” Granados. Pero tocamos después de Vanessa Zamora, que es famosa allá y todo el mundo se fue y el show fue para dos personas, uno borracho y el otro drogado (risas)

LJ: Fue un palomazo, como dicen allá.

KY: El tercero fue en un colegio, en una preparatoria.

AA: Esa experiencia en la preparatoria fue muy incómoda porque fue con un agente que nos había visto en el Concierto Cable y nos dijo que nos podía programar junto a su banda principal. Abrimos ese día y gustamos más que esa banda y notamos que el tipo estaba incómodo, así no hicimos mas nada con él.

KY: En realidad lo que hicimos los primeros meses fue prensa y tratar de entender el mercado mexicano. Escribimos a muchos locales y en la mayoría nos decían “para presentarte aquí debes haber tocado en todos los del circuito”. O sea, es como cuando una oferta de empleo busca un recién graduado con experiencia. Entonces se nos hacía difícil tocar. Hasta que en noviembre nos escribe Wakks de la agencia Los Manejadores, nos reunimos e hicimos el trato. Pero ya venía diciembre y el primer show importante fue en enero.

¿Cuál fue ese show?

KY: Fue en un local en el centro llamado El Pasagüero abriéndole a Comisario Pantera, otra banda de Los Manejadores. Había bastante gente

De todos los muchos toques que ya han tenido, ¿Cuál destacarían especialmente?

LJ: Para mí es el que dimos en el emblemático teatro Metropolitan, abriendo el primer concierto de la gira “Mon La Fruta” de Caloncho y Mon Laferte, que de paso fue el primer show de Alejandro el 13 de febrero. Antes habíamos tocado en el Pasagüero y el Pata Negra, y aquí fue ya una cosa más grande. Todavía hay gente que nos escribe diciendo que nos conoció en ese concierto. Estoy seguro que de ahí salieron varias de las personas que luego fundaron el club de fans de Okills. En México la cultura de los fans es muy grande, tanto que hay club de fans de los managers y entonces se hacen fans de los artistas que maneja porque les gusta como los escoge.

CJG: Nuestros fans también lo son de Caloncho, Mon Laferte, Comisario Pantera, Enjambre…

Habían pasado 7 meses de su llegada. ¿Estaba eso dentro de sus previsiones? ¿Cuál era la expectativa en términos de tiempo para que las cosas comenzaran a funcionar antes de decidir regresarse o intentar en otro país?

KY: Mi idea era que nos fueran dando pequeñas oportunidades como a los jugadores suplentes que ponen a jugar los últimos 5 minutos y aprovechan y meten gol. Era medio frustrante.

LJ: A pesar de esos primeros meses un poco difíciles y hasta frustrantes, en el fondo pensábamos que teníamos las canciones y el nuevo disco y que era cuestión de tiempo, de no quedarnos quietos. Si nos hubiéramos quedado en Venezuela igual no íbamos a tocar en varios meses porque no hay donde.

¿Tenían metas fijas como, por ejemplo, tocar en ciertos sitios emblemáticos transcurrido, digamos, medio año o un año?

AA: La banda siempre se ha fijado metas a corto plazo, para poder ir cumpliéndolas y pasar a la siguiente. Así nos pasó con el Festival Nuevas Bandas el cual queríamos ganar e hicimos todo para ello, y se dio. Así hemos seguido haciendo.

Es decir, trabajan con el método del Cholo Simeone en el Atlético de Madrid, partido a partido.

KY: Yo siempre uso esa referencia para hacerme entender. Eso no quiere decir que no veamos a futuro.

¿Cómo se alientan en los momentos de bajón anímico?

AA: Diciéndonos que tenemos que lanzar la flecha lo más lejos posible, intentando ser la banda más importante de Latinoamérica, ser el relevo de Café Tacvba y de cualquier otra banda que nos guste…trabajar para ese sueño. Aunque uno diga “que peluo, cuanta bola hay que echarle”

JCG: Fue como hicimos en menor escala en el Festival Nuevas Bandas. Nos enfocamos y dimos todo para ganarlo.

Después de más de un año sin tocar en Venezuela y sabiendo que ya en México están en un proceso de crecimiento imparable, ¿Cómo enfrentan esta reaparición? Las expectativas del público son elevadas. ¿Estrenarán algún tema?

JCG: Estamos muy emocionados y sabemos que tenemos que hacer un show inolvidable. Vamos a dar todo lo que tenemos tratando que la gente quede muy satisfecha. Estamos claros que cuando uno se va y las noticias que llegan es que nos va buenísimo, aunque sea exagerado, la gente mitifica todo y espera un show impresionante.

AA: A América Supersónica todavía le queda un año de vida en los escenarios. Además se está reeditando ahora en México y apenas comienza la gira por Latinoamérica. Si tenemos temas nuevos, pero hemos estado enfocados en tocar y perfeccionar los del disco y los anteriores, con nuevos arreglos.

AB: Ahora tenemos arreglos de metales y percusión, que en este concierto la tocará Armando Lovera (Los Hermanos Naturales, La Pagana Trinidad).

AA: Si, tenemos sorpresas. Que la gente no espere lo mismo que está en el disco, ni los mismos invitados.

¿Qué podría cambiar en las composiciones ahora que viven en México?

AA: Estamos componiendo, ya estamos pasándonos los archivos. Pero no porque estemos en México vamos a dejar de ser Okills

¿Cómo se las han arreglado para vivir en CDMX?

CJG: Kmaron y Kevin viven juntos al sur del DF, cerca de Coyoacán, una zona muy bohemia. Yo estoy ahora en la Condesa, arrimado (risas)…

AB: Yo vivo a unas pocas cuadras de ellos en un apartamento con dos roomies mexicanas. Me estoy adaptando a vivir con dos mexicanas bonitas. ¡Es un problema! (carcajadas).

¿Qué tal ha sido la cercanía con los muchos venezolanos que se han ido a México?

LJ: Ha sido curioso porque de repente nos hemos hecho amigos de gente con la que en Caracas casi no teníamos contacto y al contrario, con algunos con los que éramos cercanos ya no lo somos tanto.

CJG: Lo bueno es que la inmigración en México está llena de artistas, músicos, cineastas, fotógrafos, artistas plásticos…No tiene nada que ver con la de Miami, que está llena de mucho nuevo-rico. Hay mucha gente en común con nosotros, personas muy de pinga.

¿Qué destacarían de México?

CJG: Los tacos al pastor (risas)

KY: Definitivamente la gente. Son muy amables y nos han recibido muy bien.

AA: Los mexicanos nos han tendido una mano. Pero no hablo solo de la gente que nos va a ver a los shows o con los que trabajamos, sino cualquiera que te encuentras.

¿Han sentido que en esa solidaridad hay algún componente de lástima al saber la difícil situación que se vive en Venezuela?

AA: Yo pienso que no. De hecho no están tan claros sobre qué es lo que pasa en Venezuela. Cuesta hacerlo entender. Yo le puse a nuestro manager el documental Viviendo al mínimo que habla en forma general sobre la situación y comenzó a entender la gravedad al darse cuenta que con el billete de más alta denominación compras un cuarto de lonja de queso.

AB: Sin embargo, hay una cosa muy latinoamericana de pensar que el país que peor está es el suyo. Y así es en México, ellos piensan que están mal y peor que todos. Pero cuando les pones ejemplos concretos de Venezuela, van entendiendo.

CJG: En México lo que pasa es que siempre han tenido el estigma de que en Estados Unidos los ven como tercer mundo y a muchos los desprecian. Entonces se creen, erróneamente, que tienen más problemas que el resto. Esos estereotipos que les han creado son perjudiciales. En muchas películas de Hollywood es así. Y claro que tienen problemas, pero cuando les explicas con detalle, se dan cuenta que en Venezuela pasan muchas cosas de gran gravedad.

¿Qué esperan del acuerdo logrado con Universal?

AA: Mucho, realmente.  Hay una industria y la figura de una disquera sigue siendo importante para que las cosas fluyan entre los distintos ámbitos y niveles. Además, es bueno que nuestro disco llegue a las cadenas tipo Mix Up o a las cafeterías/librerías Sanborns que están en todos lados.

CJG: México no escapa al hecho de que las disqueras grandes han comprado muchas independientes, algo que pasa en el mundo. Una cosa importante que es casi imposible de lograr son las colaboraciones con otros artistas (“featuring”), que teniendo una disquera se facilita porque internamente se encargan de eso. Nosotros consultamos sobre la conveniencia de firmar con una gran disquera y por nuestra estratégia concluimos sobre su conveniencia. Nos abre muchas puertas.

¿Qué destacan del rock mexicano?

AA: Me gusta que las bandas arriesgan, no están pendientes de si su música se baila o no, o si tienen que componer una melodía pegadiza. Por ejemplo, una de las bandas más populares es Zoé que tiene un sonido espacial, denso, con muchas atmósferas. Me parece muy bueno que haya espacio para todo. Eso nos parece fabuloso.

LJ: La gente está más pendiente de cantar las letras que de bailar. La cultura musical es distinta. En México hay cultura de rock y muchísima gente lo escucha. Hay festivales de 30 mil personas solo para grupos de rock latino. En cambio en Venezuela y Colombia la mayoría escucha música urbana en su variedad de formas y el rock es para minorías.

¿Qué viene?

KY: La gira que nos llevará en los próximos meses a Perú, Argentina, Chile, Panamá, Guatemala, El Salvador y Costa Rica, y a varias ciudades de México.

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