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Salif Keita y Santiago Auserón: la Noche del Botánico en que Ebro, Mississippi y Níger confluyeron

Salif Keita y Santiago Auseron en Noches del Botánico
Fotos: Víctor Moreno (1, 2 y 3) / Mariella Rosso (4)

No tocaron juntos pero la noche fue un continuum en el que el maliense y el español confeccionaron una noche maravillosa

Santiago Auserón y su Academia Nocturna / Salif Keita
Noches del Botánico
Real Jardín Botánico Alfonso XIII, Universidad Complutense, Madrid

(Julio 6, 2024)

 

Salif Keita

Una nueva cita de las Noches del Botánico empezó por todo lo alto con una leyenda de la música africana. Se esperaría que quienes abren los conciertos preparen el ambiente para el plato fuerte de la velada, pero lo cierto es que muchas de las personas que estábamos allí hubiéramos ido también solo por ver a Salif Keita y sus maravillosos músicos.

Salif Keita nació en 1949 en Djoliba, una aldea de Mali. Cantante, instrumentista y compositor, es un embajador único de la música africana, con una veintena de discos desde 1987.

Ha tocado en colaboración con músicos de la talla de Joe Zawinul, Angélique Kidjo, Wayne Shotter o Vernon Reid, ha dado conciertos en todo el globo, en escenarios tan relevantes como el del concierto en Wembley en 1988 por los 70 años de Nelson Mandela, cuando ya llevaba 24 años en prisión y en el que compartió escenario con Sly & Robbie, Aswad y Youssou N’Dour.

El concierto empezó con su canción “Mama” de su álbum Papa (1999). Conocido como “la voz de oro de Mali”, su voz aterciopelada ya llenaba los jardines y la banda dejaba ver todo lo que los músicos y los coros nos iban a entregar esa noche.

Salif Keita en Noches del Botánico
Foto: Víctor Moreno / Noches del Botánico

Siguió con “Dery”, un hermoso tema de su álbum M’Bemba (2005), un disco tras la conexión con sus raíces y la cultura mandinga, un recuerdo de su ancestro directo el rey Sundiata Keita, fundador del Imperio de Malí en el siglo 18. Los sonidos vocales y tradicionales hacen de esta canción un remanso evocador y grato.




En 2018 Salif Keita publicó Un Autre Blanc, un álbum que celebra la diversidad, marcado por la marginación que vivió porque en su país ser negro albino es considerado una maldición en la cultura mandinga, un estigma que puede traer agresiones muy violentas.

Soy un hombre blanco con un alma africana profunda y lo he aceptado, ahora vosotros tenéis que aceptar esa diferencia y ese contraste”, ha dicho.

Dos maravillosas interpretaciones de ese disco fueron parte del repertorio de la noche: “Lerou Lerou” y “Tonton”. En la primera la cantante Fatoumata Soubeiga cobró protagonismo pasando al centro del escenario en una hermosa interpretación que Salif siguió atento sentado a un lado del escenario.

Tonton” puso a bailar a toda la audiencia, ya con Salif cantando nuevamente en el centro de todo. Imposible no balancearse a su ritmo, con sus coros.

Con la festiva “Tekere” (Folon, 1995) siguió elevándose la temperatura del lugar al ritmo de la acertada mezcla de la música tradicional y los instrumentos electrónicos, que llegaron al clímax con los malabares del carismático músico del sintetizador que hacía acrobacias de todo tipo mientras tocaba y bailaba ganándose la simpatía del público que ya no paraba de moverse.

A continuación, la conmovedora canción “Papa” de su álbum La Différence (2009) adquirió una gran intensidad y un ritmo frenético con las voces de las dos cantantes, en especial cuando una de ellas lo proyectaba todo desde el centro del escenario de forma impactante.

Salif Keita en Noches del Botánico
Foto: Víctor Moreno / Noches del Botánico

Salif se sentó nuevamente a un lado y le dejó el espacio a ella, para unirse  luego cantando en el coro. Un solo muy potente del guitarrista y la percusión marcando el pulso puso a la gente a balancear los brazos y a seguir con entusiasmo el coro de la canción en bambara que repetía “Kana wa, kana wa, kana wa” como el grito desgarrador de un hijo que vuelve a casa al saber que su padre está enfermo y le pide que no los deje, un homenaje al suyo.

Salif abrazó emocionado a la cantante que acaba de inundar todo el recinto con la potencia de su voz y el sentimiento que irradiaba.




Laban”, “el final”, es la canción que siguió (del álbum M’Bemba). Un tema que empieza con un ritmo pausado, se va acelerando y que nos regaló esa noche un estupendo solo de kora de Madou Diabate, mientras Salif le animaba con las manos en alto y balanceando el cuerpo.

Las coristas bailaban frenéticamente mientras era el turno de los formidables solos del bajo y la percusión de Daouda Kone. En esta última parte cerramos con broche de oro con los solos de kamele n’goni y djembé, y los bailes de las cantantes al ritmo de “Nous pas bouger” (M’Bemba, 2005) y “Madan” (Moffou, 2002).

El estupendo guitarrista y los músicos animaron a muchas personas a subir espontáneamente al escenario que se llenó de gente bailando y armando un fiestón. Para ese momento Salif había salido y volvió a entrar para despedirse del agradecido público por el disfrute ese trocito de la cultura mandinga.

Salif Keita en Noches del Botánico
Foto: Mariella Rosso
Salif Keita en Noches del Botánico
Foto: Mariella Rosso

Santiago Auserón y su Academia Nocturna

El concierto de Santiago Auserón comenzó con el recinto totalmente lleno, no cabía ni un alfiler en las gradas. Fueron dos horas intensas en un viaje sonoro que recorrió parte de su carrera musical con bastantes canciones de Juan Perro, de su proyecto actual La  Academia Nocturna y unas pocas de Radio Futura.

Auserón nació en Zaragoza en 1954, pero una vida con tintes nómadas por el trabajo de su padre hizo que su infancia transcurriera en varios lugares de la península. Músico y filósofo, Santiago Auserón es ante todo un espíritu libre tanto en la escena como en sus composiciones, resultado de una infancia muy nutritiva y un artista en el que a medida que se le oye y se le ve irradia las innumerables pinceladas de su vida.

Con una personalidad magnética, es en definitiva una especie de maestro de ceremonias de las atmósferas que quiere generar entre el público.

El concierto comenzó invitándonos a entrar en el “Portal de la academia” y descubrir en su firmamento el son cubano y jazz rock, y para proseguir con los ritmos latinos en “Quemando caña”, pasando por la balada “La última rosa” (Juan Perro, Libertad, 2022).

Continuó con temas de sus Cantos de ultramar (2020) y Río Negro (2011), metiéndonos en las atmósferas suaves de sus boleros soul con “En la frontera” y “El forastero”, para volver al aroma cubano con “Gibara”, dedicada a la ciudad donde cuenta que se desarrollaba el Festival Internacional de Cine Pobre.




A partir de este momento Santiago estuvo jugueteando muchas veces a lo largo del concierto con la idea de los lugares donde hay “festivales de cine pobre” y “festivales de cine rico”.

Teatral, divertido y desenfadado, el músico se presenta con una magnífica banda y montañas de historias, anécdotas de sus canciones, aparatosas risas, ideas delirantes y mucho humor.

La formidable trompeta de David Pastor destacó en muchos momentos durante el concierto, como en la canción “Collar de cuentas” (Libertad, Juan Perro, 2022), con atmósfera de big band y su voz teñida de jazz.

Santiago Auserón en Noches del Botánico
Foto: Víctor Moreno

Tras esta canción presentó a algunos de los músicos de la Academia, un grupo muy sólido que también cuenta con Gabriel Amargant (saxo y clarinete), Viçenc Solsona (guitarra), Isaac Coll (bajo) y Pere Foved (batería).

El universo de Auserón es complejo, con un bagaje cultural enorme y un gran espíritu curioso. Su mosaico creativo se completa con los pasajes de su vida que él ha contado en muchas entrevistas. Oír a Santiago es ver pasar las influencias que tiene desde su infancia, nutrida por una familia de ocho hijos en la que él es el mayor, en la que nunca faltaron las fiestas, la alegría ni la música.

El trabajo de su padre hizo que llegaran muy pronto a la casa familiar los discos más importantes de la explosión de la escena del rock, del jazz y del blues del momento, desde los Beatles hasta Frank Sinatra, desde los ritmos negros del Mississippi hasta los boleros y las zarzuelas, lo que va conformando una constelación ecléctica que más tarde se va alimentando con sus estudios e inquietudes del mundo del conocimiento y de la cultura universales.

Santiago cuenta la historia de la canción que continúa con espíritu cinéfilo. Se trata de “Los inadaptados” (Juan Perro, Cantos de ultramar, 2020), inspirada en la película de John Huston de 1961 y su relato alude a los “abstemios” Clark Gable, Montgomery Clift y Marilyn Monroe.

Es una canción suave y melódica, con una letra melancólica y sugerente: “A media mañana, entrando en el bar, celebran con risas al dios del azar; se beben el día, dorado licor… La vida como un resplandor”.

Anuncia que sigue “No más lágrimas” (Juan Perro, Cantares de vela, 2002) y se nota en seguida la reacción de alegría del público, que no deja de bailar durante todo el concierto venga lo que venga, lento o movido.

A “Magnolia” (Juan Perro, Libertad, 2022) lo precede su relato, el del confinamiento en la pandemia cuando vio desde su casa florecer un magnolio. Un agradable jazz que revela una vez más que es un maestro contando y cantando sus canciones.




Prosiguen “Mystery Train”, el cover de Elvis, que se fusiona con “Aire” (Juan Perro, Cantos de ultramar, 2020).

Con “Retorno a la Academia” viajamos nuevamente al Caribe y al son cubano, para continuar con la coreada “A morir amores” de Cantos de ultramar. Comenta con humor “nosotros funcionamos en tono vintage”, una idea que flota varias veces en el ambiente y que transpira una fina ironía, una crítica a la industria musical de hoy.

Sigue “El sueño” (Libertad, 2022), una “rememoración del deseo adolescente”, con hermosos pasajes del saxo y la trompeta. “Perla oscura” (Raíces al viento, 1995) trajo el ambiente salsero y de jazz rock al recinto, con un estupendo solo de guitarra de Auserón y más presentaciones de los músicos con motes como “el poeta del swing”, “el huracán del levante” o “el latido de la emoción”.

A continuación Auserón describe el siguiente tema como una “baladita suave al estilo del Missisippi”, bromeando con el Big Bang y diciendo “no sé si me lo creo del todo” y agregando “en la Academia Nocturna tenemos aparatos que no miden el origen del universo pero sí sus consecuencias y este tema rinde homenaje a eso”.

Se trata de “Luz de mis huesos” (Cantos de ultramar). La siguiente canción fue “Extraños deseos” (Libertad) con un Santiago bailando con mucho swing entre estrofa y estrofa, y luego siguió “Río Negro” (Río Negro, Juan Perro, 2011) que encarna una explosión de la voz de Santiago en un tema de aire country.

Santiago Auserón en Noches del Botánico
Foto: Víctor Moreno

Ya entrando en la fase final del concierto el músico comentó que Luis Auserón estaba entre el público y que iba a cantar la última canción que compuso Radio Futura, “El puente azul” (Tierra para bailar, 1991).

Este es uno de los grandes momentos de la noche con el público cada vez más entregado bailando y cantando sin parar. Así, entramos en la fase Radio Futura del concierto con varios temazos, empezando por “Semilla negra” (La Ley del Desierto / La Ley del Mar, 1984), uno de los más coreados de la noche con el comentario de que “esta semilla negra me la dio Benny Moré y también Salif Keita”.

Tras la ovación de la audiencia siguieron “El canto del gallo” (La canción de Juan Perro, 1987) y “La estatua del jardín botánico“, de 1982. La gente aplaudía por toneladas sin parar de cantar y bailar. “Muchísimas gracias, sois el más grande tesoro que contemplar se pueda… estamos fuera del tiempo como siempre”, dijo y comentó que desde las Noches del Botánico les pedían que solo hicieran un tema más.

El cierre especial fue con “La ley del camino” de Juan Perro (Libertad, 2022), con el consejo de vida de su abuela encerrado en su letra: “La luna que sale al camino, y casi se deja tocar, cualquier peregrino sediento, la puede robar”.

Pasada la medianoche abandonamos el recinto con un gran sabor de boca y la cara de felicidad que nos dejaron Salif y Santiago junto con sus formidables músicos tras tres horas de concierto.

Mariella Rosso