Una de las noches más festivas y variopintas del festival madrileño la protagonizaron grandes nombres de Brasil y España
G-5 / Toquinho y Camilla Faustino + Yamandu Costa
Arte y más arte
Noches del Botánico
Real Jardín Botánico Alfonso XIII, Universidad Complutense, Madrid
(Julio 16, 2024)
Llegar a un concierto como este es algo que impone, no solo por las toneladas de talento que se esperan sobre el escenario durante toda la noche, sino por las décadas de historia musical de Brasil y España que representan los músicos que pasarán por el escenario.
Toquinho y Camilla Faustino + Yamandú Costa
Brasil es un gigante musical lleno de artistas que han dejado huellas indelebles en todo el mundo, es una influencia sonora indudable para artistas de otras latitudes y todo tipo de géneros musicales y representa una hibridación cultural como pocas.
Oír el sonido de Brasil, ese país que parece un continente por su tamaño y su diversidad cultural, es pasear por el globo a través de sus letras, sus sonidos, sus instrumentos y sus referencias.
El concierto comenzó con Yamandú Costa solo en el escenario con su guitarra de siete cuerdas. El primer tema, “La Reunión”, es una hermosa pieza que corresponde al tercer movimiento de “Suite Ameríndia” dedicado al litoral argentino.
Yamandú muestra un dominio absoluto del instrumento mientras alterna rasgados fuertes con precisos punteos, silbidos y sonidos con su voz. Parece en éxtasis, como recordamos por ejemplo a un Keith Jarrett en su famoso concierto de Colonia en el que los jadeos y clamores son parte de la vivencia. Es una pieza larga, impetuosa, que hace que termine agotado y sudado, debido a su fuerza en la interpretación y al calor de Madrid.
Tras muchos aplausos, Yamandú saluda al público en español y dice luego que “hacer música es siempre un regalo”. Anuncia que tocará una milonga, “La Invernada”. El músico explica que procede del sur de Brasil y señala el mate que lo acompañará durante su performance y que siempre está a su lado en los conciertos. Tararea mientras toca la guitarra.

Sigue una samba, “un homenaje a un revolucionario de la guitarra brasileña, también un amigo de Toquinho al que le gustaba mucho el flamenco y se dedicó a buscar muchas referencias en el género: Raphael Rabello”, ese músico magistral que también tocó con Paco de Lucía (un valioso documento en internet muestra una entrevista a ambos).
El tema “Samba pro Rapha” termina y el músico bromea mientras parece que se derrite diciendo “qué lástima que tocar la guitarra no adelgace” y remata diciendo “tengo que tocar batería, algo más aeróbico para adelgazar”, pero la verdad es que toca la guitarra con una fuerza impresionante y mucho sentimiento.
A continuación, se muestra feliz al invitar al escenario a una leyenda de la música, a la que según comenta llegó humildemente para tocarle “un temita” y se encontró con una persona muy accesible y querida.
Cuenta que tras muchos años lo llamaron para un concierto compartido en un festival de Rio de Janeiro y todo terminó en que… “¡ganamos un Grammy!” Agrega: “En mi país se dice que no hay que llamar al éxito ni a los gatos, que ambos vienen cuando quieren”. Entra Toquinho al escenario y el público lo recibe con grandes aplausos.
El músico aparece con una gran sonrisa y proyectando sencillez, alaba mucho a Costa y completa la anécdota de Yamandú con que los llamaron del Festival de Montreux en Suiza, para el que apenas ensayaron un día y medio, y que grabaron en ese concierto muchos temas clásicos, muchos choros.
Él cuenta entre risas que la mezcla la hizo por teléfono y agrega: “fue una irresponsabilidad total… ¡y ganamos un Grammy!”

Tras las anécdotas tocan “Odeon”, del disco de 2021 que ganó el Grammy, Bachianinha: Toquinho e Yamandu Costa (Live at Rio Montreux Jazz Festival), un hermoso tema con un cierre formidable.
La siguiente canción es un recuerdo a un gran maestro de la música brasileña, Paulinho Nogueira, quien también fue maestro de Toquinho y que decía “si Dios tiene voz, esa voz es Bach”.
Interpretan “Bachianinha Nº 1”, una formidable pieza de Paulinho Nogueira en homenaje a Bach, un momento muy especial gracias a la habilidad y la grandeza de ambos guitarristas.
“Viva la improvisación”, dice Toquinho. En la parte de atrás empiezan a proyectarse sucesivamente las fotos de músicos que marcaron una época gloriosa de la música brasileña: Vinicius de Moraes, Tom Jobim, Chico Buarque, Toquinho, etc.


Tocan los dos juntos “Apelo”, esa canción de Vinicius y Toquinho de 1975 que también está incluida en el mencionado disco de Montreux. Esta maravilla de versión es un placer a cuatro manos en la que acompañan los músicos con la batería y el bajo.
“Es bueno tocar la guitarra, te diviertes mucho” dice Toquinho mientras Yamandú sale del escenario. Y completa su comentario contando una historia de un divertido encuentro con Marcello Mastroianni cuando estaba en Italia. Cuenta que la canción que sigue la compuso con Chico Buarque cuando estaban en Italia en el exilio.
Se trata de “Samba de Orly”, un tema que cuenta la historia de dos amigos, uno que se va de regreso a su país (Toquinho) y otro que se queda en el exilio (Chico). Al finalizar el tema, Toquinho presenta a los formidables músicos, Mauro Martins en la batería y Eduardo Penz en el bajo.
Luego continúa con el tema que hizo con Chico Buarque en homenaje a Vinicius de Moraes, “mi gran compañero… siempre con su vasito de whisky”. Y sigue la maravillosa interpretación de “Samba para Vinicius”. Las letras de Chico Buarque son únicas, están llenas de significados, juegos de palabras y guiños elegantes.

Empieza rozando a Walt Whitman y termina con el “Vinícius, velho, saravá” con saravá, esa voz bantú que siempre utilizaba Vinicius para bendecir y saludar a las personas que quería y admiraba, a sus amigos, a otros músicos.
Y nos recuerda con la “Samba da Bênção” que la alegría es lo mejor que existe, pero que hacer buena samba es encontrar el equilibrio con la tristeza, “O bom samba é uma forma de oração, porque o samba é a tristeza que balança, e a tristeza tem sempre uma esperança”.
Sigue el paseo musical por Brasil con Luiz Gonzaga, del que Toquinho dice “me influenció muchísimo y quiero mostrar un poquito cómo se hace la música en el Nordeste con esta canción”. Con ese regalo de los sonidos del sertón brasileño Toquinho ejecuta solo “Asa Branca”.
Comienza un punteo en la guitarra de Toquinho, se detiene y presenta a quien define como “una de las mejores cantantes de Brasil de hoy”. Se empieza a oír la voz de Camilla Faustino tras bambalinas mientras va entrando a escena poco a poco con su hermosísima voz cantando “Voce abusou”, la popular canción compuesta por Antonio Carlos y Jocafi de la que tantas versiones se han hecho. Toquinho comenta que conoció a Camilla cantando este tema.
Ella baila y se mueve por todo el escenario con mucha soltura, saluda y dice que este concierto lo prepararon con mucho cariño para nosotros, el público.

La voz y la gracia de Camilla explotan en su apasionada versión de “Andança”, ese precioso clásico de la música brasileña que ya antes habíamos oído en voces como las de Beth Carvalho o Ellis Regina.
Toquinho aclara que a diferencia de lo que se cree, solo Joao Gilberto hizo bossa nova, que no es otra cosa que una atmósfera musical. “Chega de Saudade” es la canción que interpretan a continuación y Toquinho comenta que Gilberto cambió a su generación con ese tema. Camilla baila desenvuelta, mientras canta con mucha fuerza y dulzura a la vez. Luego ambos interpretan sentados una hermosa versión de “O que será” de Chico Buarque.
Hacia el final, Toquinho comenta de forma cálida que “esta canción es en agradecimiento a todos ustedes, a los técnicos, a los músicos”. Cantan “Aquarela” en dos partes, la primera en español y la segunda en portugués, un momento especial que deja volar color e imaginación en una tierna versión de la canción compuesta por él. Tras una ovación y la gente gritando para que no se detengan cantan “Tristeza”, de Toquinho y Vinícius de Moraes.


Pero como la gente no para de aplaudir, viene el último encore, con la divertida “A Tonga da Mironga do Kabuletê”: Toquinho cuenta que en una visita a Salvador de Bahía llegaron muy divertidos del caótico mercado central cuando oyeron esta maldición nagô que nos recuerda la inmensa presencia africana en la música brasileña.
Es un cierre con broche de oro tras el placer de haber podido disfrutar de grandes músicos y las historias que compartieron con el público que nos recuerdan que Brasil es un titán musical.

G-5 / Kiko Veneno, El Canijo de Jerez, Diego “El Ratón”, Muchachito Bombo Infierno y Tomasito
Es más fácil encontrar el Necronomicón, ese libro mágico del círculo esotérico de Lovecraft que el Tucaratupapi, el disco que grabó el G-5 en 2006. No solo no hay rastro en plataformas, sino que está descatalogado.
Sin embargo, en la noche del concierto no cabía una sola persona en el recinto. La expectativa de ver sobre el mismo escenario a Kiko Veneno, El Canijo de Jerez, Diego Pozo “El Ratón” de Los Delinqüentes, Muchachito Bombo Infierno y Tomasito era enorme.
Entraron al escenario con una gran ovación y empezaron con el tema “Calla”, con un inicio lento y acompasado, pero con la esperada explosión tras el preámbulo con “Calla, calla, o habla para siempre, lo que lo que tengas que decir, dilo para siempre”.

Esa efervescencia sería una constante durante toda la velada. El Canijo de Jerez presenta con el “Buenas noches, Madrid” de rigor, añadiendo “a por todas chiquillos” y resuena la divertida canción “El cheque” que Tomasito remata bailando y zapateando en la parte delantera del escenario al final, con los frenéticos rasgados de Muchachito y visuales muy bien logrados.
A continuación, Muchachito entra con un banjo y empieza la cadencia lenta y acompasada de “La oreja baila sola”, con aires de la música gitana de Europa del este, pero que estalla de pronto en una rumba a mil por hora y la oreja bailando animada en las visuales.
Creo que pocas veces se puede ver tanta energía liberada en escena, son un terremoto, siete músicos, entre ellos cuatro guitarras y Tomasito, que solo ya vale por diez. “La moto” sigue mostrando a unos juerguistas sin límites y llenos de arte.
El momento más rockero llega con “El vino y el pescao” y todo el público corea la canción.


Tucaratupapi es un disco fantasma, pero lo cierto es que el público se sabe las letras de cada canción y no para de cantarlas. El Canijo anuncia que el concierto se está transmitiendo por Radio 3 y la gente responde con aplausos.
Muchachito agrega: “vamos a hacer algo slow, algo tranquilito” y empieza “La fiebre”, una rumbita con mucho swing que nos balancea con los trazos de las visuales en pantalla. Tomasito baila, palmea, mueve los ojos, los hombros, las pestañas, las uñas…. no hay nada que no se mueva en Tomasito mientras nos inunda de humor y ritmo. Las guitarras al unísono y el cajón componen el cuadro sonoro.
El Canijo de Jerez anuncia: “esto va dedicado a Camarón de la Isla, el rey de reyes” y ha llegado el turno del cover de Pata Negra, “Camarón”. La gente corea el “¡Ay José! Yo te canto camarón, te canto pa que me cantes y me alegres el corazón” y El Ratón nos regala un punteo muy bonito.
Muchachito bromea a continuación: “Queremos decir que no tenemos ningún disco en ningún lado, que estamos trabajando en ello y que hemos estado un poco perdío”. Empieza “Perdío” con más punteos bonitos de El Ratón y El Canijo rapeando.
El tema “Quitao” nos mete un “poquito de funky” en el cuerpo, con todos cantando a la vez sobre el escenario. Habla nuevamente El Canijo para decir que andan buscando un palmero en el recinto… “les presento a nuestro road manager, cocinero, palmero…” y arrancan las bulerías con “Pitágoras” con todos los músicos palmeando, El Ratón ejecutando solo la guitarra, el cajón respaldando la parte instrumental de la pieza y Tomasito bailando y cantando.
A esta hora lo único que no queremos es que este concierto y su buen rollo se acaben. El Canijo anuncia: “vamos a cantar algo para nuestro próximo disco que saldrá dentro de… 12-13 años… se llama si quieres dormir, cómprate una colchoneta”, que es una broma recurrente durante el concierto.
Esta canción, “Querido Javier”, sitúa a Tomasito a un lado del escenario que teclea marcando el ritmo con una antigua máquina de escribir sobre una mesita y va narrando la carta que está escribiendo. A continuación, llega otro momento de desenfreno cuando recuerdan a Dolores Vargas “La Terremoto” y empieza “Achilipú”, cuyos versos canta El Canijo mientras todos hacen los coros.
Ya son las 23:40 h y salen todos del escenario. Regresa solo Muchachito preguntando si hemos visto a sus compañeros y entra la tromba con todos disfrazados para los “40 forajidos”, un momento cumbre de la noche, divertidísimo y con una estupenda ejecución de todos, un hillbilly andaluz que nos mete en ese universo animado de sus caballos, indios y forajidos.


Sigue “¡Vaya sarao!” que cantan con los disfraces de la canción anterior y que completan con una rumba con el coro recurrente “y el que quiera dormir que se compre una colchoneta” mientras lanzan colchonetas hinchables playeras colores al público.
El cierre es con el himno “Volando voy” que todo el recinto baila y canta. La ovación es interminable y el vacilón de los músicos llega hasta el final con el coro frenético “y el que quiera dormir, que se compre una colchoneta”.
¡Vaya fiestón! Esperamos que no tengamos que esperar otros 14 años para ver juntos nuevamente a esta pandilla delirante.
Mariella Rosso



