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Bill Frisell «When You Wish Upon A Star» (2016) (EE UU)

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Bill Frisell

Bill Frisell

When You Wish Upon A Star

Okeh. 2016. EE UU

La prolífica carrera discográfica del guitarrista Bill Frisell, iniciada en 1983 con el álbum In Line, recibe al 2016 con este álbum en el cual interpreta 16 temas de diversos compositores. Injustamente, en parte, etiquetado como guitarrista de jazz, Frisell pertenece a esa rara raza musical que aborda géneros diversos como americana, country, folk, jazz, rock, entre otros, para darle a temas propios y de otros autores un toque que refleja la búsqueda por nuevos territorios.

Ejemplo de ello el disco All we are saying (2011) en el que interpreta música de Lennon y McCartney. Experimental pudiera ser un término apropiado pero tampoco le rinde enteramente honor a la creatividad de este arreglista, compositor y guitarrista que en sus inicios musicales buscaba abrirse camino con el clarinete en Denver, Colorado, bajo las enseñanzas de Richard Joiner.

Nacido en Baltimore el 18 de marzo de 1951, Frisell representa un punto de inflexión dentro de la música contemporánea. Su gran oportunidad llegó cuando el guitarrista Pat Metheny no pudo asistir a una sesión de grabación y recomendó a Frisell al baterista Paul Motian quien grababa el álbum Psalms para ECM, el vanguardista sello discográfico del alemán Manfred Eicher. Desde entonces la carrera de Frisell ha sido constante y creciente en procura de ofrecer un punto de vista muy personal donde el elemento vanguardista siempre esta presente, When You Wish Upon a Star ciertamente amplia su espectro expresivo, esta vez alegórico a lo visual.

La primera tríada del álbum, en su totalidad conformado por temas famosos de cine y tv, inicia con “To Kill a Mockingbird”, una especie de balada compuesta por Elmer Bernstein que Frisell ha dividido en dos partes y que comienza con la viola de Eyvind Kang dándole a la composición un aire country folk. A ella se le unen el bajo de Thomas Morgan y la batería de Rudy Royston como sección rítmica. El desarrollo de la guitarra de Frisell combina efectivamente frases punteadas y rasgadas con gran simplicidad. Le sigue “You Only Live Twice”, de la saga James Bond, compuesta por John Barry. Ésta es presentada acá con la voz de Petra Haden manteniendo el temperamento clásico de los temas de la afamada serie.

El último de esta tríada pertenece a “Psycho” de Bernard Hermann. También en dos partes, Frisell y Haden recrean el aire misterioso característico de las obras de Hitchcock, sobre todo en la segunda parte donde Eyvind, Haden y Frisell construyen esa atmósfera siempre suspendida evocadora de misteriosas expectativas.

La segunda terna comienza con “The Shadow of Your Smile”, tema de amor de The Sandpiper, compuesto por Johnny Mandel y Paul Francis Weber. Aquí la voz de Petra Haden y el acompañamiento musical bien sirven a la musicalidad del jazz con esa dulzura que emana de la mitad de la década de los 60. Si existe un tema reconocible para la audiencia televisiva venezolana que supera los 45 años de edad, es “Bonanza”. La conocida melodía del western compuesta por Ray Evans y Jay Livingston es presentada manteniendo su temperamento y esencia en buena parte por el formato diseñado por Frisell para este álbum. En un CD con este concepto no podía faltar un tema del legendario Ennio Morriocone. Frisell ha escogido “Once Upon a Time in the West” que contrasta perfectamente con el tema anterior por ser este más suave.

“As a Judgement”, “Farewell to Cheyenne” y “When you Wish Upon a Star” continúan este cinemático y televisivo trabajo musical. La primera y la segunda forman parte de la banda sonora de la anterior película con música de Enio.

Si bien Frisell procura mantener el concepto de la música compuesta para un medio visual, esta pieza pudiera tener rasgos de una composición menos atada a ello. Igualmente con la segunda, pero estimo imprescindible destacar la influencia del elemento visual en relación a la experiencia primaria personal en el tiempo. Es decir, que el éxito de presentar un álbum al estilo de banda sonora de bandas sonoras, radica en la relación o conexión que el oyente establezca con el tema si de antemano conoce la serie o película, porque esa conexión creará otro efecto diferente en quienes desconocen el origen de cada tema. El tema título de Leigh Harline y Ned Washington es de escogencia obligada. La voz de Haden en este clásico tema de Pinocho es hermosamente llevada por la guitarra de Frisell y el bajo de Morgan.

A lo largo de este trabajo musical, Bill Frisell emplea guitarras acústica y eléctrica, ambas con un resultado efectivo, siendo la eléctrica la más representativa de su estilo que combina armónicos, frases incidentales, rasgeos ocasionales y una fina sonoridad que en algunos momentos como en este álbum, sugiere el sonido de la  Telecaster, hecho más apreciado en “Bonanaza”.

“Tales From the Far Side”, “Moon River”, “The Godfather”, “The Bad and the Beautiful” y “Happy Trails” culminan el disco. El primero, compuesto por Bill Frisell para la película “Gary Larson’s Tales from the Far Side”, ciertamente posee el dramatismo de rigor de un trabajo de animación y horror como este. El solo de Frisell es esencialmente atractivo. La segunda, de Henry Mancini y Johnny Mercer para “Breakfast at Tiffany’s”, establece un contraste diametralmente opuesto al tema anterior. Haden es particularmente efectiva en su fraseo vocal. La violinista y vocalista de That Dog, Tito & Tarantula y The Decemberists e hija del afamado y fallecido bajista Charlie Haden, es la escogencia ideal para este álbum en el que Frisell parece rendir un tributo a sus compositores favoritos de bandas sonoras y del jazz.

En el tema de “El Padrino” funde amor y dolor con característica elocuencia. La viola de Kang conecta con la guitarra de Frisell para amalgamar dos momentos cumbres del film. Un cierto dejo de western la hace única. La música de David Raksin sobre el melodrama encarnado por Kirk Douglas y Lana Turner es revivido por Frisell con contemporaneidad y cierta dulzura jazzística. Finalmente Haden armoniza recreando el estilo vocal de los años 50 en “Happy Trails” de Dale Evans. Frisell puntea estilísticamente a lo western!

En conjunto, el álbum es interesante y representativo del estilo Frisell. Desde sus años en ECM con el cual grabó 4 álbumes, su estadía en New York y Seattle hasta el presente, la música en manos de Bill Frisell se ha caracterizado por ser vanguardista bajo un estilo aparentemente simple pero que revela cada vez más a un músico ávido de intentar todo lo que su tiempo de vida le permita. Álbumes como Silent Comedy, Big Sur, Guitar in Space Age y éste son manifiestos de un artista que se reinventa con cada trabajo discográfico. Frisell nunca ha buscado apilar tantas notas como sea posible en un compás, lo cual pareciera la orden del día, más bien su tratamiento es estilístico, espacial y sonoro. Es tan distintivo en sonido como lo es, digamos, David Gilmour en el progrock.

La portada en tonos rojos, blanco y negro de una guitarra en el espacio con Frisell de pié en el clavijero bajo la estela de una estrella fugaz evoca el arte de los 60 y la simplicidad de un álbum que merece ser escuchado.

Leonardo Bigott