La agrupación sevillana realizó un concierto musicalmente interesantísimo de fusión electrónica y flamenco, pero con exceso de ironías y consignas políticas
Califato 3/4 ( + Viagra Boys )
Real Jardín Botánico Alfonso XIII, Universidad Complutense, Madrid
Noches del Botánico
(Julio 20, 2025)
Lo primero: Califato 3/4 merecía otro horario y tocar solo o con otra propuesta más afín. Y Viagra Boys ameritaba a otro anfitrión (no telonero, término errado) mas acorde. Fueron como el agua y el aceite. Por ello separamos las crónicas (Leer aquí Viagra Boys)
Que duda cabe que el proyecto sevillano es una de las propuestas musicalmente más rompedoras y a la vez más politizadas del amplio espectro ligado con el flamenco. Su performance, hay que reconocerlo, puede producir una percepción dicotómica.
Por un lado está el aspecto netamente musical que es brillante y novedoso, una mezcla de drum ‘n’ bass y techno con tradición flamenca y aires moriscos a lo Radio Tarifa, combinando bases electrónicas con guitarra y bajo (¿flamentrónica?), con la notable participación vocal de María José Luna, el cable a tierra andaluza junto al guitarrista Guille Iniesta.
Por otro lado, está Manuel Chaparro, una especie de gurú dicharachero, maestro de ceremonias, cronista, cantante y agitador, cuyo discurso se mueve a medio camino entre la ironía y la reivindicación socio política. Por momentos su verborrea lució excesiva.
A decir verdad, Chaparro alias The Gardener, puede causar gracia en algunos momentos, sintonía en otros, y desagrado también cuando se pone muy plañidero, victimista y sectario. Hay que tener eso claro mientras se asiste a un concierto del grupo sevillano.
Chaparro se pasea entre lo políticamente incorrecto y a veces soez o prosaico, el discurso reivindicativo, la parodia y el panfleto. Todo ello reforzado con sus cambios de vestuario y simbología que a veces le hacen lucir esperpéntico, cosa que evidentemente sabe y enfatiza.
El kilómetro cero del concierto sentó las bases del discurso de Chaparro sobre una base drum ‘n’ bass y unos teclados triunfantes a modo de pasodoble: los ancianos muertos en las residencias de Madrid durante la pandemia, la imagen del Oso del Madroño entre rejas proyectado al fondo, y que más adelante ondeó en una bandera mientras ironizaba con “la libertad” de los madrileños.
Prosiguió con sus proclamas -o soflamas- sobre los represaliados y frases de inspiración anarquista como “Lo único que temen los gobernantes es a un pueblo que piense que no le hace falta ningún mamarracho que lo gobierne”. Hay que reconocer que Chaparro tiene inmensa facilidad de palabra, incluso para improvisar según la audiencia.
Inmediatamente sonó el temazo “Çambra Der Huebê Çanto”, un lamento sobre Andalucía en la que desgrana su preocupación sobre la precariedad laboral, los desechos tóxicos y otros asuntos.
Empezó con un saludo a los andaluces presentes, que eran muchos y siguió con frases como “es una pena que me está consumiendo, todas las noches y todos los días”, “mi madre es cristiana, mora y judía, se pasa todas las noches rezando. Su nombre: Andalucía”, “que bonita Andalucía, os gusta a los madrileños y catalanes ir para allá de veraneo”…
Para el tercer tema María José Luna hizo su aparición: “Buenas noshhhe Madrid”. Chaparro anunció “Las Bulerias del Aire Acondicionado” no sin una introducción llena de ironía: “Como no tenemos con que pagarlo le hemos cambiado el nombre a ‘Las Bulerías del Abanico Prestao”. Una pieza tremenda que originalmente contó con la participación de Miguelito García de Derby Motoreta’s Burrito Kachimba.

Las palmas de María José y su cante, y la guitarra española de Iniesta, fueron la diferencia. A destacar el gran manejo percusivo electrónico de Lorenzo Soria.
“Nos vamos a ir un ratito pa’ Málaga”, dijeron ambos, y arrancaron las palmas, la guitarra, los sintes y la percusión electrónica que identifican a “Tû Cadenâ”.
Cuando estaba terminando “Er Patio de lô Hirgerô” con una salvaje base drum ‘n’ bass con un bajo brutal, hubo un parón por problemas con el sonido. No sabemos exactamente qué falló pero pasaron ocho largos minutos hasta que volvieron con Chaparro repotenciado: “La verdad es que Madrid merece ser libre… libre de no tener que aguantar a esos políticos catalanes que la culpen hasta de que la Diagonal se atasque, la libertad de no tener que aguantar a esos provincianos andaluces que suben con ese acento exótico de visita en el AVE y acaben quitando vuestros puestos de trabajo.. mirad a vuestro alrededor: una ciudad que se está ahogando en su propio esplendor. Madrid trabaja, Madrid innova. Madrid factura. Vuestros impuestos se van a subvencionar festivales de gazpacho en invierno, a subsidiar pueblos donde el tiempo se mide en siestas…”
Y por ahí se fue hasta desembocar en “Viva Palestina Libre” y pasar a reivindicar la igualdad entre mujeres y hombres.
Un momentazo musical fue “La Bía En Roça”, que sonó más potente que en la grabación original en el disco La Contraçeña (2021), con una base de sintetizadores muy noventera, en la onda Orbital.

Luego nos regalaron una versión muy techno de “La Puerta”, recordando un poco el tipo de etno-fusión que hacía el grupo multicultural con base en Londres, Transglobal Underground. A destacar el bajo de Esteban Espada, que fue soporte durante todo el concierto. Al final, Chaparro dijo: “Esta canción es de nuestra amiga Sole Parody que no pudo acompañarnos hoy aquí en la capital del colonialismo del flamenco”
“¿Que pasa Madrid, como la estáis pasando? Vamos a tocar ahora una canción guapa”, tomó el micro el teclista Sergio Ruiz. Y se lanzaron un techno de aires moriscos, “Rumba Portuguesa”.
“Califato está con Palestina”, dijo María José y Chaparro continuó: “Nos vamos al barrio que nos vio nacer. Vivan los barrios, vivan las personas”, y levantaron más aún el sentimiento sevillano (y andaluz en general) con “Alegríâ De La Alamea”. Fue realmente un momento álgido con muchas mujeres bailando y cantando -y algunos hombres también-.
Las consignas subieron de tono: “Y recuerden ahora más que nunca, que cada casa sea una escuela, que cada bloque sea una corrala, y que cada barrio sea una trinchera. Que le den por culo al fascismo, que le den por culo a Vox”. Una parte de los presentes aplaudió. Otra parte se mostró cauta, e incluso algunos no entendían tanta beligerancia.
Más allá de la respetable posición que pueda tener un artista, deber entender que en el público hay variedad de posiciones con personas -que pagan por una entrada- que pueden tener ideas o inclinaciones distintas y que pueden sentirse ofendidas. No es nuestro caso, y aún así lo creemos y por ello puede resultar cansino el exceso de consignas, arengas y mensajes ideológicos aunque a veces lleven carga de ironía. A juzgar por lo escuchado entre parte del público y algunos comentarios en redes sociales, muchos se pensarán volver a un concierto de Califato 3/4.
Mas divertida y distendida fue “Dime Dónde bâ -a Bemdêh Tomatêh-”, a la cual siguió la versión de la sufrida canción del panameño Carlos Eleta Almarán popularizada por Lola Flores, “Historia de un amor”, cantada con euforia, dando paso a la intensa “L’ambôccá”
El gran final fue con el alegato anti machista y feminista “Çilençio” (que cierra el disco Êcclabô de Libertá (2024), con una base rítmica que parecía Goldie o Roni Size.
Califato 3/4, que duda cabe, ha madurado una propuesta novedosa, arriesgada, comprometida, distinta a todo el espectro que se nutre del flamenco. Y parte de esa diferencia, para bien y para mal, es el discurso politizado.
Juan Carlos Ballesta



