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Domingo en Llamas «Nicanor» / «El Clan..» / «Adolfo..» / «Canciones…» (2015) (Venezuela)

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Domingo en Llamas
Foto: Erik Galindo

Domingo en Llamas

Adolfo Prieto 232/El Clan de las luces/Nicanor/

Canciones sobre un éxtasis de harta contemplación

Independiente. 2015. Venezuela

Es extremadamente inusual y muy improbable que un artista lance cuatro discos en simultáneo. Pero tratándose de José Ignacio Benítez cualquier cosa puede ocurrir. Desde que decidió desarrollar en serio y de forma consistente (a su manera, claro) la faceta en vivo de su proyecto Domingo en Llamas (ver Ladosis #29) tras el disco Harto tropical (2010), paradojicamente su producción discográfica sufrió un parón. Las canciones, nuevas y viejas, fueron madurando y tornándose poliformes a medida que Benítez iba conformando una banda de altos quilates que durante este pasado lustro adoptó varios formatos: trío, cuarteto, quinteto, sexteto, septeto, e incluso solo. Los músicos que han formado parte de Domingo en Llamas han sido no solo cómplices de este maravilloso vehículo creativo, sino parte esencial en el sonido de las canciones que surgen del privilegiado y muchas veces alucinado talento de este caraqueño comenzando a transitar sus 30 años de edad. Y lo mejor, en este tiempo ha construido una seria, consecuente y exigente legión de seguidores.

Esta cuádruple oferta (grabada al completo en su propio estudio La Madrigalera) es, a todas luces, una obra indisoluble. Si bien cada disco posee su propia entidad, el propio Benítez quiso que se entendieran como una ofrenda relacionada, trabajada en paralelo en estos años recientes y lanzada el 6 de noviembre de 2015 a través de esdomingoenllamas.bandcamp.com. Aunque han pasado unos meses, esta cuádruple oferta sigue siendo nueva.

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Adolfo Prieto 232, grabado entre abril y mayo de 2014, es un compendio de poesía urbana, compuesto por piezas de corta duración en las que José Ignacio no canta sino que declama textos de increíble imaginación, inspirados por Caracas, el entorno inmediato, la cotidianidad y diversos elementos de la vida que le interesan. Eso incluye acercamientos al fútbol, con el director técnico argentino Marcelo Bielsa, mordiéndose la cola sobre sus verdades o conmovedoras historias callejeras como “Jardines colgantes de la colonia”. Lo acompañan sus amigos Juanma Trujillo (guitarra), Enrique Pérez (bajo) y Simón Hernández (batería), quienes le dan un cuerpo bárbaro a este álbum de diecisiete tracks.

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El Clan de las Luces es un trabajo que obedece a su distintivo y singular formato de canción de autor, grabado, mezclado y masterizado por Benítez, quien se encarga de todo, pero utiliza dos pseudónimos para los créditos: Moisés de Martín (producción y audio) y Nacho de Villamediana (guitarras, teclados, programaciones y voz), quizá para diferenciar los varios alter ego que conviven dentro de su rica psiquis. Hay aquí algunos de los más geniales ejercicios intelectuales ligados con la historia venezolana, con puntos álgidos como “Recuerdos de la democracia”, en el que recorre los 40 años de la llamada etapa “puntofijista post Pérez Jiménez. Un tema digno de ser analizado (y disfrutado) en cualquier clase de historia contemporánea, representando un excelente reto para las nuevas generaciones. Instrumentalmente hay en El Clan de las Luces psicodelia y synth pop bizarro, que a veces retrotrae al indie pop y post punk más intimista de los años 80.

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Canciones sobre un éxtasis de harta contemplación, a pesar de su enigmático título y la portada de San Francisco orando (pintura de Francisco de Zurbarán, máximo representante del naturalismo tenebrista en el barroco español), resulta en once composiciones de estructura más tradicional, con elementos de country-folk, blues rock, canción latinoamericana e indie pop firmadas sin pseudónimos. Varias de estas canciones habían sido interpretadas en vivo en diferentes formatos, como “Cy Young”, “Botánica elemental” (dedicada a las señoras que trabajaban en su casa cuando era niño), “La balada del mielero” y “Diógenes Escalante”, en las que trata diversos temas autobiográficos, viajes, estampas de memoria visual u olfativa. Canción “pop” de alta factura y gran emotividad.

Domingo en Llamas

Nicanor (con otra portada de Francisco de Zurbarán) es de los cuatro, el disco más accesible, con estructura folk rock que sirve para que Benítez demuestre su gran crecimiento como ejecutante ya que se encarga de tocar todo de manera solvente. Lo componen diez temazos que se cuelan en el oyente por todos los resquicios. Es ideal para ser escuchado en cuarto lugar, si es que se desea (recomendable) disfrutar al completo de esta mega obra que hemos revisado en el orden que creemos más adecuado de escuchar. Canciones como “Himno Nacional”, “Sol amén”, “Propiedades ocultas de la luz”, “Cruz de estrellas”, “La novilla” o la increíble “Si Dios quiere y no me muero” (perfecto cierre) son auténticas joyas.

Afirmar que José Ignacio Benítez es el cantautor venezolano transmutado en cronista y “escritor melódico” más interesante del siglo 21, ese que despierta la curiosidad intelectual e invita a esforzarse en cada escucha, no es descabellado ni un desprecio a los demás. Quizá convenga decir que él juega en otra liga, su propia liga. Ese esfuerzo al que nos reta es plenamente reconfortado, sea en vivo o en el ejercicio fantástico que significa la audición de estos 46 temas de absoluta y honesta libertad creativa. En ellos están los ecos de Jacques Brel, Tom Waits, Tom Zé, Ray Davis, Sparks, Charlie Parker, William Blake, Bob Dylan, Fernando Pessoa, Walt Whitman, Allen Ginsberg, Jack Kerouac, Arthur Rimbaud, García Lorca, Aquiles Nazoa, Dylan Thomas, Baudelaire, Rimbaud, Frank Zappa, The Beatles, los Stones, Neil Young, Lope de Vega, Kurt Weill, Fellini, Woody Allen, Ingmar Bergman, la visita a un mercado o una plaza, el fútbol y el béisbol con sus estrategias…

Domingo en Llamas es un universo de inagotable riqueza y todos los que hemos seguido a José Ignacio Benítez desde sus ya lejanos tiempos con Máster Gurú en 2003/04 agradecemos su entrega, su entereza de espíritu y sobre todo su indoblegable actitud como narrador musical de nuestro tiempo.

Juan Carlos Ballesta