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Dorian Wood: conmovedor y removedor tributo a Chavela Vargas

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Dorian Wood

El estadounidense de origen costarricense presentó en el FIAS 2020 su emotivo tributo a Chavela Vargas con grandiosos arreglos de Alberto Montero

Dorian Wood
Xavela Lux Aeterna
FIAS 2020
Concierto en Teatros del Canal, Madrid

(Marzo 3, 2020)

Latinoamérica es para muchos una región insondable, llena de misterio y muchos encantos. Tierra de mitos y leyendas. Allí nació la leyenda de El Dorado. Para otros es el paraíso de lo posible y dónde toda utopía revolucionaria puede pasar. Y ha pasado, para mal.

Es, cómo no, un territorio inmenso que va desde Tijuana a la Patagonia. Pero, en realidad, es mucho más que ese territorio, es un sentimiento que se ha expandido, sobre todo, por Norteamérica y Europa, gracias a las migraciones.

Es una región de grandes contrastes. Latinoamérica es alegría, pero también mucho drama. Es selva y arena, playa y montaña, frío y calor, lluvia y sequía, ron, tequila y pisco, es Atlántico y Pacífico, es indio, negro, mulato y blanco, y todo ello mezclado. Es calidez y cercanía. Pero, sobre todo, es música. Ella, la música, refleja todos esos contrastes.

No es posible concebir la vida de un latinoamericano sin apego a su música y a sus grandes iconos. Y uno de sus más grandes es María Isabel Anita Carmen de Jesús Vargas Lizano, para todos Chavela Vargas, sin duda, uno de los ineludibles referentes de la canción latinoamericana y la libertad de espíritu. Chavela, aunque decidió ser mexicana, nació en Costa Rica, tal como los padres de Dorian Wood.

Chavela vivió sus últimos tiempos en Tepoztlan, pueblo mágico y místico a las faldas de la montaña Tepozteco, en el estado de Morelos, al sur de Ciudad de México, conocido por ser el lugar de nacimiento de Quetzalcóatl, el dios azteca representado con una serpiente emplumada. Allí se convirtió en una especie de shamana.

El sentido homenaje de Dorian a Chavela

Dorian Wood no es un desconocido en España. Al menos para algunos. Ha venido consecutivamente desde hace varios años. Repite en el FIAS tras estrenar el espectáculo “Xavela Lux Aeterna”, celebrando el centenario del nacimiento de la emblemática cantante.

Este año ha regresado con este show impactante que cuenta con los fabulosos arreglos de Alberto Montero, quien logra llevar las famosas canciones de varios autores que cantó Chavela a otra dimensión.

Para ello, se apoya en un sintetizador, la percusión de Héctor Bardisa, el violonchelo de Adrián González, la viola de Paula Dopico y los violines de Paula Rivera y Blanca Garvi.

Dorian Wood Dorian WoodCon esa formación nada convencional, logra darle una vuelta de tuerca muy interesante a canciones del inconsciente colectivo hispanoamericano sin que, no obstante, pierdan su esencia, sirviendo para que Dorian desarrolle su particular discurso como cantante, junto a su estética e histrionismo.

La figura de Dorian Wood es imponente, no solo porque su físico lo indique, sino porque su voz y personalidad ocupan todo el teatro.

Al largo del show, Dorian reivindica a lesbianas (con Chavela como estandarte), queers, trans y no binarios, un colectivo siempre en el ojo de la intolerancia y la incomprensión. También a los migrantes y personas “grandísimas” como él, término que utilizó varias ocasiones con cierta gracia.

Entre las varias virtudes de Dorian está la de su completa auto aceptación y la proyección sin complejos de su físico y de sus decisiones de vida.

Fue evidente la empatía que logró con la heterogénea audiencia, entre la que había varios famosos, entre ellos Pedro Almodóvar, un declarado fan de Chavela, a quien ayudó bastante en su retorno a la vida pública a comienzo de los años 90, incluyendo música en sus películas e incidiendo en sus presentaciones en España.

Si dijéramos que el concierto fue épico y al mismo tiempo conmovedor, quizá nos quedaríamos cortos con el cúmulo de emociones que fueron aflorando durante la interpretación de cada canción, un setlist con temas inmortales compuestos por grandes nombres de la canción latinoamericana como José Alfredo Jiménez, Manuel María Gutiérrez Flores, Facundo Cabral, Juan Gabriel, Tomás Méndez, Agustín Lara, Violeta Parra…

Las once intensas canciones de Dorian

Rómpame”, fue el dramático comienzo, con la percusión tribal y las cuerdas, tema que se fusionó con “Macorina” del poeta asturiano Alfonso Camín. De esta manera establecieron las premisas de lo que vendría. Se oyeron los primeros “¡bravo!”.

Tras su primer agradecimiento al público invitó a Sole Parody a cantar la legendaria pieza tradicional mexicana “La Llorona” y una de las favoritas de Chavela, con un arreglo de cuerdas lleno de tensión muy alejado de las rancheras. Ambas voces se complementaron estupendamente.

De Juan Gabriel interpretó “Se me olvidó otra vez”, en una versión de ejecución “piannisimo”, muy conmovedora. Enseguida, el dramático granadero y las atonales cuerdas, sirvieron de introducción a la emblemática composición del argentino Facundo Cabral, “No soy de aquí ni soy de allá”.

La segunda cantante invitada fue Carmen Paris, y entre ambos hicieron una interpretación memorable de “Paloma Negra” del mexicano Tomás Méndez sobre un aletargado ritmo de blues de solo batería y un sonido bajo de sintetizador.

Dorian WoodFinalmente Dorian hizo un alto entre canciones para agradecer el legado de Chavela y su gran vida: “Este proyecto lo debutamos hace un año en este mismo teatro, primero en la sala negra y ahora en la verde, como una especie de madurez en reversa. Ha sido una gran experiencia hacer crecer este proyecto. No sería posible sin el talento del grandísimo Alberto Montero, quien ha creado estos arreglos. Ha sido un gran corazón, una gran inspiración”.

El reconocimiento fue el preámbulo para que Montero cogiera la guitarra acústica y se ubicara junto a Dorian para cantar maravillosamente el clásico de la chilena Violeta Parra, “Gracias a la vida”, demostrando su sorprendente versatilidad. Entre todas las interpretaciones esta fue la más fiel a la original, despojada de arreglos de cuerdas, percusión y sinte.

“Chavela vivió la vida como quiso. Se fue de Costa Rica, donde vive mi familia, a México. Se hizo mexicana porque quiso ser mexicana. Quería vivir la vida lo más honesta profundamente intensa, con esa pura verdad de ser lesbiana en una era donde era prohibidísimo. Creo que importante que nunca eliminemos eso de la narrativa de Chavela, esos dos aspectos de dos comunidades qua hoy siguen sumamente marginalizadas, la comunidad queer y la migrante. Una súplica: hay que respetar al ser humano, no importa de donde venga y quien sea”, explicó Dorian.

Y siguió desnudando su alma: “La cosa se pone difícil para nuestra comunidad. Yo soy no binario, pertenezco a la comunicad no binaria, queer y trans. Esta canción que vamos e interpretar para vosotres se la voy a dedicar a esa comunidad en mi público”.

Dorian Wood Dorian WoodSe trató del desgarrador tema “Vámonos” de José Alfredo Jiménez, cuya primera estrofa dice: “Que no somos iguales dice la gente, que tu vida y mi vida se van a perder, que yo soy un canalla y que tu eres decente, que los seres distintos no se pueden querer”.

El autor fue compañero de parrandas de Chavela y su padrino musical durante su primera etapa cuando cantaba sola emulando la forma de cantar de un hombre ebrio. Una muy emotiva interpretación de Dorian sobre un ritmo casi vals.

“¿Les gusta mi vestidito? Es de mi amiga diseñadora Olima de Los Angeles”, preguntó en su tono divertido, antes de ponerse serio para reflexionar sobre la relativa importancia de la sangre u origen de cada quien, de la escogencia libre del país del que queremos ser parte así como de la familia que cada quien elige, sea de sangre o no. “Uno elige con quien quiere estar, así que a la mierda con la sangre”.

Fue la reflexión que antecedió a “Patriótica costarricense”, también conocida como “La patriótica”, con música del compositor Manuel María Gutiérrez Flores y letra de José Augusto Mendoza. Fue el tema más extenso y de vocalización e instrumentación más intensa, con todos los ingredientes de dramatismo que tiene un himno.

Al final, haciendo alusión a la última frase comentó: “Blanca y pura descansa la paz. Así que nosotras las que no somos ni blancas ni puras, nunca descansamos”. Y luego de presentar a cada músico siguió: “Ha sido una experiencia inolvidable estar con vosotres. Esta se la dedico a todes vosotres. Muchas gracias”, dando paso a la emblemática pieza de María Teresa Lara y Agustín Lara, “Piensa en mí”, con la que pretendió despedirse.

La llamada a conciencia de Dorian

La admiración que le profesó el público lo trajo de vuelta para interpretar la famosísima ranchera de Fernando Z. Maldonado, “Volver” solo con guitarra y la participación de Sole Parody, Carmen París y el teatro en pleno.

Dorian dejó para el final la pieza más crítica, una súplica, un recordatorio, “una dedicatoria a nuestra compañera que perdió la vida injustamente hace casi un año en el pueblo de Avilés”. Se refería a la mujer transexual Paloma Barreto (brasileña de nombre real Sara Fernández), brutalmente asesinada en un piso de citas en Avilés.

El tema, una especie de mantra en el cual se repite la súplica “digan su nombre…Paloma Barreto”, sirve para cuestionar a partidos políticos, Iglesia Católica y en general al poder del estado en su responsabilidad en este tipo de casos.

Sin duda, fue un cierre que podríamos considerar como una declaración de principios y una forma directa de removernos la conciencia.

Un concierto inolvidable de un artista único y un grandísimo acierto del FIAS reincidir en su inclusión en programación.

Juan Carlos Ballesta (Texto y fotos)