Inicio Ahi estuvimos Low: el austero y exquisito arte de la distorsión pop en Madrid

Low: el austero y exquisito arte de la distorsión pop en Madrid

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Low

El trio LOW visitó Madrid para ofrecer un inolvidable concierto en el que revisó buena parte de su nuevo disco Double Negative y material reciente

Low (+ Elle Belga)

Concierto en Sala But, Madrid

(Octubre 2, 2018)

 

Un cuarto de siglo y doce álbumes únicos en su estilo es un legado inmenso. El más reciente, Double Negative (2018) ha sido recibido con opiniones encontradas. Por ello, muchos acudieron al concierto de Madrid temerosos, quizá predispuestos a presenciar un concierto hermético e impenetrable. Nada más lejos de la realidad.

El trío de Duluth, Minnesotta, tocó una generosa cantidad de 20 temas durante algo más de dos horas, entre los cuales nueve forman parte del nuevo disco. En directo, Low funciona fenomenalmente, envuelve e hipnotiza con su sonido narcótico y minimalista cuya base es la guitarra de Alan Sparhawk, pero en el que juegan papel fundamental la austera batería de Mimi Parker y el impresionista bajo de Steve Garrington y toda su pedalera, quien justo cumple 10 años en Low.

Elle Belga: la inesperada sorpresa

Para muchos fue una sorpresa la presentación previa del dúo asturiano Elle Belga, al cual buena parte de los presentes no conocía. Para nosotros, en cambio, fue una escogencia muy adecuada. Fany Álvarez (voz) y José Luis García (recordado guitarrista y una de las voces de Manta Ray, de los mejores capítulos del rock español), presentaron un corto set, delicado e intenso al mismo tiempo, manteniendo la atención y el respeto del público a sabiendas de estar tocando a un volumen generalmente tenue.




Fueron desgranando el repertorio casi como un continuum, comenzando con la tríada de “Siega”, “Victoria” y “Belleza insobornable”. Un solo micrófono colocado al centro funcionó como el punto focal y de encuentro, en medio de los vaivenes de uno y otro hacia su propia área. Fany y José Luis actúan como cómplices, con letras cargadas de historias rurales, de tierra, de amores y desamores y sobre todo, de honestidad.

Siguieron con “Seres imperfectos” y “Plan de guerra”, para entonces dedicar “Manuel” al bisabuelo republicano de José Luis. Emoción pura. Otra pieza muy sensible fue “Increíble amor”, concatenada con “La voz quebrada”.

Agradecidos y algo apurados por el paso del tiempo, abordaron los temas finales que tocaron sin pausa: la poesía costumbrista de “El pueblo” y “A galopar”, magnífica versión del clásico popularizado por Paco Ibáñez a finales de los 60 con el poema de Rafael Alberti.

Elle Belga es uno de esos capítulos de la canción de autor española que habita un territorio no tan concurrido y que, sin duda, atrapa.

La minimalista y envolvente distorsión de Low

A los minutos aparecieron en escena los tres admirados músicos que componen Low, con la expectativa generada tras su nuevo disco. La simpleza del montaje era evidente: una batería compuesta por granadero, redoblante y dos platillos (sin bombo y sin hi hat y solo tocada con escobillas y mazos), un par de pequeños amplificadores de guitarra, y otros dos Orange para bajo.




El secreto está en las pedaleras de Sparhawk y Garrington, desde donde construyen la telaraña sonora. La Danelectro de Sparhawk, pasada por esos filtros, produce una distorsión maravillosa, mientras que el Fender de Garrington suena envolvente. El equilibrio que logran con la batería mínima y el pausado estilo de Parker es milagroso.

El concierto comenzó con “Quorum” de Double Negative y rápidamente percibimos que las canciones del nuevo disco iban a sonar distintas en directo. Siguieron con “No comprende”, del fantástico álbum anterior Ones and Sixes (2015), del que también tocaron pronto “The Innocents”, esta última con la exquisita vocalización de Mimi.

Entre ambas, deslizaron la languidez de “Plastic Cup” de The Invisible Way (2013), una de esas piezas que sacan lágrimas, sin duda entre las más verdaderamente folk del repertorio escogido.

Volvieron a la experimentación del presente con “Tempest” y “Always Up”, acentuando las diferencias respecto a la grabación para el disco, ya que en directo la primera de ellas no sonó tan deliberadamente saturada con el efecto que parece cuando la aguda del tocadiscos se llena de polvo, mientras que la segunda sonó narcótica.

Low LowAntes de seguir con el reciente trabajo, volvieron al anterior con “Lies”, una de sus canciones más emotivas y grandiosas.

El momento central del concierto fue sin duda la interpretación apoteósica de “Do You Know How to Waltz?”, un auténtico drone-rock que apareció en el disco The Curtain Hits the Cast de 1996 y que aquí se extendió hasta los 20 minutos gracias trance guitarrero de Sparhawk en el que genera una muralla sonora de pura distorsión que envuelve y desorienta como la niebla en una carretera.

En medio del performance se le rompió una cuerda y sin dejar que el tema muriera se retiró y regresó para retomar el mantra. Los aplausos fueron extensos.




El otro tema de los años 90 que abordaron fue “Lazy”, cuya atmósfera le hace honor al título, tema del recordado disco I Could Live in Hope (1994).

Sirvió como puente con la segunda mitad del concierto en el que se centraron en su trayectoria reciente. “Always Trying to Work it Out”, “Poor Sucker”, “Rome (Always in the Dark)” y “Fly”, reafirmaron la calidad de composiciones incluidas en Double Negative, fuera de su área de confort, asumiendo riesgos que una banda con un sonido más que consolidado no suele asumir.

Los loops, distorsiones, clicks y demás sonoridades, combinadas con las vocalizaciones lisérgicas, nos trasportaron a otras dimensiones. Hay algo en Low que es difícil de explicar, pero que tiene relación con experiencias místicas. Quizá la mejor manera de disfrutar un concierto no sea de pie, sino acostados.

El tema “Spanish Translation” de Ones and Sixes, es uno de esos que distingue su sonido, lento y doloroso, como un Swans menos rudo. Y en esa misma tónica casi ceremonial abordaron “Pissing”, del disco The Great Destroyer (2004) y luego la melancólica “Holy Ghost” -que canta Mimi- aquí sin la guitarra acústica.

Fue retribuida con fuertes aplausos. Y ya con toda la audiencia rendida (que no fue tanta como debería), se lanzaron con la rompe corazones: “What Part of Me”, en la que Garrington se luce especialmente con una línea de bajo maravillosa que sirve de hilo conductor a las voces de la pareja Parker-Sparhawk.




Si el concierto hubiera terminado aquí nadie se habría sorprendido. Pero aun faltaban dos de las nuevas, “Dancing and Fire” y “Dissarray”, distintas entre sí, la primera de estructura sencilla y cristalina, y la segunda construida con magníficas armonías vocales sobre una base instrumental densa y repetitiva.

El público no paró de aplaudir y no estaba dispuesto a irse hasta que no salieran de nuevo. Mostrando gran agradecimiento, nos regalaron, para terminar de quebrarnos, “Laser Beam”, de su primer disco del siglo 21, Things We Lost in the Fire (2001).

Conciertos como éste hay pocos. Y no se repiten.  Hay que agradecerle a Son Estrella Galicia por este viaje con retorno incierto a tierra.

Juan Carlos Ballesta (Texto, fotos y videos)

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