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María Arnal i Marcel Bagés haciendo levitar al público del Joy Eslava (Madrid / Mayo 11, 2018)

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María Arnal y Marcel Bagés

María Arnal i Marcel Bagés

Joy Eslava, Madrid

(Mayo 11, 2018)

 

Dentro de la programación del ciclo de conciertos Sound Isidro, donde cabe estrictamente de todo, uno de los conciertos que descolló desde el mismo momento de la publicación del cartel fue el del dúo catalán María Arnal i Marcel Bagés. El sold out del Joy Eslava era elocuente señal del interés que han logrado despertar dentro de ciertas audiencias con apenas un EP y un disco maravilloso editado el pasado año y con el cual obtuvieron varios reconocimientos en los Premios MIN 2018. No hablamos de una propuesta para masas, pero si para un público que cualquier artista de estas características desea: exigente, sensible y abierto de oídos. Desde su primer EP, Verbena (2016), el dúo ha ido consolidándose de una manera sorprendente, sobre todo tomando en cuenta que algunas de sus canciones incomodan al status quo y que no suelen sonar en radio.

La cortina del escenario a medio subir, dos sillas de madera, dos micrófonos y dos estaciones de trabajo repletas de pedales hablaban por si solas. Pocos minutos después de las 9 de la noche aparecieron los protagonistas, con la confianza que les daba saberse queridos pero con el compromiso que conlleva desarrollar un discurso musical sin concesiones, reivindicativo con las víctimas de la guerra civil, crítico con “la socialdemocracia”, duro con las secuelas del franquismo…

María Arnal tiene el don de la palabra y una personalidad que refleja solidez en sus convicciones. Se ayuda gesticulando con el rostro y con movimientos corporales en los que los brazos llevan la batuta. Con ellos impulsa y remarca cada frase, sabiendo que lo que sale de su voz no son palabras triviales y que tienen impacto en la audiencia. En ocasiones se toca la entrepierna, en otras los movimientos de brazos se acompañan de una cierta inquietud y del movimiento ondulatorio de sus caderas, quizá con cierta influencia rapera. Su mirada es a veces muy dulce y agradecida, y en otras rabiosa, según lo requiera la canción. Podría ser una Nina Simone mediterranea por la carga de compromiso sociopolítico que le imprime a sus textos y sus intervenciones entre canciones. En cambio, Marcel Bagés no necesita hablar, con su despliegue sonoro se expresa con creces. Sonríe con frecuencia. Proyecta timidez. Por largos ratos se ensimisma mientras nos envuelve en complejos drones, hipnóticos mantras o arpegios de increíble belleza estética. Es una mezcla de Lee Ranaldo, Thurston Moore, Bill Frisell, Nels Cline, David Torn, Vini Reilly (Durutti Column) y Sufjan Stevens.

Lo de María y Marcel no es fácil de definir, es grande y único en este momento en España. Son arriesgados y atrevidos. En ello reside su encanto. ¿Noise folk? Lo cierto es que en su propuesta confluyen elementos de distinto tenor que van desde la canción folclórica española a las murallas de guitarras, de la canción de autor reivindicativa al dark folk…

La noche comenzó con “45 cerebros y un corazón”, el tema que da nombre al maravilloso LP de 2017 con el que han salido del underground y cuya inspiración proviene del hallazgo de 104 cadáveres en una fosa común del franquismo en la Pedraja (Burgos). Apenas terminada la canción, Arnal explicó y mencionó que allí mismo habían estado en noviembre pasado filmando el video. “Hicimos este disco a partir de grabaciones de campo. Queríamos hablar de este pasado sin nostalgia ni romanticismo, este pasado tabú, incómodo, de estos cerebros y corazones sobre los que se ha construido nuestra social democracia”. Y en medio de los aplausos que le dieron alas apenas comenzando, arrancaron a toca “Bienes”, tema construido con una delicada guitarra acústica.

La primera canción cantada en catalán fue “Jo no canto per la veu” (aunque la parte final es en español), una copla montada sobre un denso colchón guitarrero que en directo suena mucho más áspero e imponente que en el disco. Es durante su desarrollo que por primera vez comprobamos la importancia que iba a tener el manejo de las luces durante todo el show.

Antes de tocar el siguiente tema, María explicó su origen relacionado con María Ginestá, figura icónica del feminismo republicano (inmortalizada por la foto de Hans Gutmann en la terraza del Hotel Colón de Barcelona con un fusil al hombro) que como tantos exiliados de la guerra civil pasó por varios centros de refugiados en Francia hasta ir a parar a República Dominicana. En el barco donde viajaba, la gente cantaba para animarse, y de lo transcrito eligieron la copla de la actriz Carlos Yonmar a la que pusieron música y bautizaron “La canción de María Ginestá”. Está construida sobre una secuencia rítmica que recuerda mucho a “Human Behaviour” de Bjork sobre la que Bagés va dosificando latigazos guitarreros mientras Arnal acerca y aleja el micrófono creando una sensación de angustia. Gran tema.

El siguiente, “La canción del taxista” atiende a la explicación dada por María: “según explicaba un taxista en Madrid, es una jota infinita, como infinita era la incertidumbre en los años 40, justo después de la guerra, como infinitas eran las vueltas que daban los presos políticos republicanos en las cárceles”. La comienza cantando acapella, con frases como “Y el cielo se encuentra nublado / No se ve relucir ni una estrella / Los sonidos del trueno y del rayo / Vaticinan segura tormenta / Y son Y son Y son Y son Y son, y son / Y son tiempos borrascosos / Que tienen, que traen / Las lágrimas a los ojos / Y son, y son Y son” y de repente explota un riff de guitarra indómito, retorcido y doloroso que queda en loop, con más rasgueo encima, acompañado de un juego de luces relampagueante al tiempo que María canta desgarrada. El show, a no dudarlo, iba subiendo su propio listón.

Una especie de remanso sobrevino con “Miénteme”, estupenda versión del tema original del admirado Niño de Elche, tras de la cual llamaron a su productor David Soler con quien, apoderado de su guitarra y la otra estación de pedales y efectos, comenzaron tocando “La gent”, introducido por María como “un tema que va dedicado a esa parte de nosotros que piensa que esta frase que voy a repetir como un mantra es una estupidez”. Las luces se apagaron para ayudar a Soler y Bagés en su inquietante paisaje sonoro sobre el cual María repite en catalán “La gent no s’adona del poder que té / amb una vaga general d’una setmana / n’hi hauria prou per ensorrar l’economia / paralitzar l’estat i demostrar que les lleis que imposen no són necessàries / La gent no s’adona del poder que té”. Es un texto de Joan Brossa que se traduce así: “La gente no se da cuenta del poder que tiene / con una huelga general de una semana / sería suficiente para hundir la economía / paralizar el Estado y demostrar / que las leyes que imponen no son necesarias”. El final fue propio de Swans, con ambas guitarras generando espasmódicas ráfagas de ruido blanco sincronizadas con las luces y la voz en trance.

Del público regalaron tres bandanas o pañuelos con la frase “Madrid no se vende” y María se amarró el suyo a la cintura antes de abordar “No he desitjat mai cap cos com el teu”, otro salvaje tema dominado por los riffs distorsionados de guitarras. De inmediato Arnal recalcó que “si hay un hilo que recorre el disco es nuestra manera particular de practicar la memoria” y arranca con una canción inédita construida únicamente con su voz procesada en múltiples capas por Bagés y Soler. Un estupendo experimento ejecutado en la casi total oscuridad.

Un interesante estreno entendido para el siguiente disco fue “Big Data”, que a medida que la van interpretando en directo va madurando. Trata sobre la relación que llevamos actualmente con las redes sociales.

Apenas se asomó el coro “De esta civili-li-li-li-li” el Joy Eslava se sintonizó en un solo canto. Pero antes de comenzar propiamente la pieza María la introdujo como una canción para “nuestros amigos las víctimas civiles…esta canción se llama ‘Canción Total’, por favor destrozad el coro”. Y en una de esas indescriptibles conexiones, todos fueron acompañando con voz y palmas esa letra llena de poética ironía que cabalga sobre una melodía melancólica.

La resonancia o empatía colectiva siguió en punto álgido con “Tú que vienes a rondarme”, cantada a todo gañote por buena parte de la audiencia. Esa relación con el cosmos que toca la canción se estableció entre ellos y el público de manera especial. Fue la primera despedida, aunque era previsible que la euforia sería recompensada. Y así fue. Arnal y Bagés regresaron solos al escenario para interpretar primero la emotiva “Cançó de l’Ovidi” (adaptación de “A la Vida” del cantautor valenciano Ovidi Montllor) y luego el conmovedor fandango tradicional “Ball del vetlatori” que trata sobre el ritual que se solía practicar cuando moría un niño y que en algunos pueblos consistía de uno o varios días cantándole. Fue su primera canción, tal como explicó María, y es muy importante porque ambos han perdido gente muy cercana cuando no tocaba. Fue interpretada sin luces.

Para el último tema “Tu saps”, regresó al escenario David Soler. Arnal ya había demostrado su gran poder para manejar audiencias, así que no le costó nada que el público comenzara a hacer el mantra “na ná na ná”, acompañando el desarrollo de este desgarrador tema cuya base instrumental recordó las deconstrucciones de David Sylvian en Blemish y Manafon, mientras la voz va urdiendo una espesa telaraña hasta que, como cuando una tormenta cesa de repente y se despeja el cielo, queda limpio el coro del público y de María. Un cierre monumental, imposible de superar que dejó a todos en estado de levitación.

El impacto de esta presentación en todos los presentes fue tal que los vinilos, CDs y camisetas se terminaron y la mayoría se quedó frente al Joy Eslava comentando y preguntándose a qué clase de concierto habían asistido. La hipnosis probablemente haya durado días.

Juan Carlos Ballesta @jcballesta (Texto, fotos y videos)