Inicio Ahi estuvimos Nunca es tarde para la colorida y pegadiza propuesta de Tribalistas

Nunca es tarde para la colorida y pegadiza propuesta de Tribalistas

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Tribalistas
Foto: Óscar Ribas Torres

Tribalistas

Sala La Riviera, Madrid

(Octubre 24, 2018)

 

Uno de los más singulares casos del mundo de la música latinoamericana lo representa Tribalistas, la unión de tres maravillosos talentos brasileños que a comienzos de siglo se reunieron por breve tiempo para grabar un primer disco, el cual a pesar del éxito de ventas que tuvo, sorprendentemente, nunca tocaron en vivo. Tuvieron que pasar 15 años y un segundo álbum, para que Arnaldo Antunes, Marisa Monte y Carlinhos Brown decidieran organizar una gira para finalmente premiar a su fiel público.

En estas circunstancias siempre cabe preguntarse si el proyecto desaprovechó su momentum sin hacer el esfuerzo de unificar sus agendas, o si por el contrario necesitaban de un nuevo puñado de canciones (muy buenas, por demás), para poder acometer una gira con un repertorio robusto. Lo cierto es que no contaron, al menos en Madrid, con la cantidad de público que probablemente esperaban cuando anunciaron que se presentarían en el Wizink Center. A pocos días del concierto se anunció a La Riviera como nueva locación, lo que a la postre redundó en mayor cercanía e intimidad, algo que se percibió de manera bidireccional. Aunque, tampoco estuvo lleno.

El concierto fue generoso en todos los aspectos: 27 canciones, más un encoré en el que repitieron dos de ellas pero en versiones distintas, dos horas y media de auténtica entrega, con pocos bemoles.

Con “Cirandar”, el tema de Seu Jorge & Almaz de fondo, salieron a escena los tres protagonistas para ubicarse al frente, con Marisa en el medio y Carlinhos ocupando un buen espacio con su enorme y llamativo set de percusión que incluye todo tipo de tambores y artilugios sonoros. Al otro lado, Arnaldo, con una modesta mesita con percusión menor. El impacto visual inicial es notable, un auténtico carnaval como cabía esperar de estos tres emblemáticos representantes de la música popular brasilera. La puesta en escena, que incluye unas llamativas visuales relacionadas con cada canción, magnificas luces (que facilitan el trabajo de los fotógrafos) y una dirección de arte efectiva, es responsabilidad de Batman Zavareze. Eso incluye los atuendos, adecuados a cada personalidad. Brown es el conductor de la carroza carnavalesca, tanto por su colorida vestimenta (con cambio de sombreros y capa) como por su extrovertido comportamiento, animando al público con frecuencia y siempre con una sonrisa; Antunes se manejó con vestimenta holgada de naturaleza andina y espíritu hippie y una actitud comedidamente alegre; mientras que la delgada Monte vistió un vestido semi transparente con lentejuelas y estrellas, una bata de aire indígena, una corona ceñida al cabello y unas gafas redondas, con cierto aire a Cher.

Tras ellos, los cuatro estupendos músicos: Dadi Carvalho (bajo, guitarra eléctrica, mandolina y teclado), Pedro Baby (guitarras acústicas y eléctricas), Pretinho da Serrinha (cavaquinho, percusión) y un oculto Marcelo Costa (batería), esenciales para el entramado instrumental sobre el que se construyen las canciones.

Como cabía esperar arrancaron con el tema que les da nombre, “Tribalistas”, tras el cual Carlinhos da la bienvenida con euforia y dice que “todos somos tribalistas”. Aunque los tres son nombres propios en Brasil, quizá Brown sea el más conocido en España por su participación en el filme de Fernando Trueba, “El milagro de Candeal”, que documenta la música y cultura de Bahía y que en 2005 recibió dos Premios Goya.

El primer segmento incluyó “Carnavália”, “Un só”, “Vilarejo” (la primera de ocho canciones de Marisa Monte), “Anjo da guarda”, “Fora da memoria”, “Diaspora” (una de las mas pegadizas del nuevo álbum) y la exquisita “Agua também é mar”, otra de Marisa en la que Brown tocó por primera vez una especie de conga roja con su nombre.

Hasta ese momento, a pesar de la presencia ruidosa de muchos seguidores -entre ellos bastantes brasileños residentes en España- parecía faltarle algo de carburante al concierto, incluso a pesar de los ademanes de Brown y los constantes gritos de “¡guapa!” que le dirigían a Monte, quien parecía no inmutarse. Marisa, parsimoniosa, con una tímida sonrisa, tardó en conectarse.

En la sosegada “Um a um”, Marisa tocó la melódica por vez primera, así como Carlinhos una armónica, dando paso a “Ânima”, en la que Brown toca una especie de trompetilla y Antunes un palo de agua cuadrado. Es uno de los mejores temas del nuevo disco, sensible y envolvente. Fue seguido por la nostálgica “Velha infancia”, con imágenes en formato Super 8 de la niñez, cantada por todos al compas del movimiento de brazos. Hasta entonces, casi cada estrofa era cantada por los tres, hasta que en el bolero “É você”, Marisa arranca cantando sola, mientras Arnaldo paseaba por la tarima dando vueltas a una especie de matraca infantil.

La voz de Marisa comenzó a escucharse realmente bien en la delicada pieza “Carnalismo”, en la que casualmente se quitó la capa y las gafas, provocando piropos. “Aliança” sonó mas bossa en directo que en el disco, y en ella destacó especialmente la voz baja en plan crooner de Antunes. Tras ella, Marisa tomó la palabra para contar brevemente que cuando se juntaron a grabar por primera vez tenían ya muchas canciones y habían colaborado entre ellos, aunque paradójicamente las que tocaron de inmediato fueron dos composiciones suyas, la corta “Até parece” y “Não é fácil”, una de sus canciones más conocidas y que fue cantada por muchos de los presentes.

El turno para un tema de Antunes llegó con “Sem Você”, aquí con una orientación funky a lo Prince, quizá recordando a sus tiempos al frente de la recordada banda Titãs. De vuelta al repertorio de Tribalistas abordaron “Lá de longe”, probablemente uno de los mejores momentos con el escenario en penumbra y la pantalla estrellada. Ese mood fue roto por “Lutar e vencer”, otro animado funky en el que Brown aprovecha para animar al público y que sirve de preámbulo a la sambinha “Universo ao meu redor”, otro tema de Marisa en el que ella toca un pequeño cuatro eléctrico y el percusionista Da Serrinho hace lo propio con una guitarrita. La magnífica “Infinito particular”, también de ella, refuerza la tesis de que Monte es la gran compositora del grupo y sin duda, una de las más importantes cantautoras brasileñas contemporáneas.

En “Paradeiro”, tema de Antunes, Marisa hace un estupendo trabajo de vocalización con el segundo micrófono. Los dos siguientes temas fueron también composiciones de ella, y fueron muy bienvenidos. “Amor I Love You” es la canción propicia para introducir el “Madrid I Love You” y para que Antunes vocalice como Serge Gainsbourg. La otra fue “Depois”, una balada romántica en la que aprovechan para unirse y mover los brazos en alto con los móviles alumbrando, efecto que se contagia rápidamente al público.

Otro de los momentos álgidos fue “Trabalivre”, con Brown tocando el birimbau, el famoso instrumento de cuerda percutida construido con una calabaza, un alambre tenso y una vara para golpear. El tema levantó los ánimos y así se mantuvo en “Passe em casa”, una especie de funky-bugalú que incluyó un solo de timbales. Tras ella se despidieron y tocaron “Jai sé namorar”, con la complicidad total de los asistentes. Agradecidos lanzaron rosas al público, mientras se abrazaban con sus músicos.

La misión parecía cumplida, pero todavía tocarían versiones modificadas de “Velha infancia”  y “Tribalistas”.

Fue un largamente esperado encuentro. Demasiado tiempo pasó desde su impacto inicial, pero nunca es tarde para disfrutar de estos emblemáticos músicos. Ciertamente, tribalistas somos todos.

Juan Carlos Ballesta

Fotos: Óscar Ribas Torres